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No existen días de gloria porque no hay dignidad.

La nobleza no es popular, la gente se conforma con hacer alarde de su cobardía como lo hacen los neuróticos en sus reuniones anónimas.

Mierda…

Los cobardes enseñan a sus hijos a ser como ellos y mueren los pobres de infecciones porque son como las ratas y carecen de instinto de auto protección: comen donde cagan; lo que no hacen los animales.

Se eterniza lo malo y lo indigno en forma de religiones y tradiciones.

Y tradiciones y creencias están basadas en el miedo y la ignorancia. Las tradiciones sobre todo, es el cáncer de los pueblos, no permiten progresar y se rinde culto a la ignorancia de los viejos.

No todo es tan malo, cada día hay más enfermos de males mortales; esperanzas de que se regenere la raza humana. Aunque se echa de menos una gran guerra que alivie las apreturas en los continentes con más rapidez y dinamismo, incluso alegremente.

¡Psé…! Nada es perfecto.

Puta madre…

Eso me pasa por comprar sin pensar llevado por la voracidad literaria que no sabe de mi cerebro pequeñito.

La preocupación por la muerte también hoy pasa por ser correctamente reciclado.
Me alimento de mercurio por joder.
Por envenenaros a todos al descomponerme, por mucho que me hagan arder como una rueda vieja.

De verdad que existen las diosas, que además de estar rebuenas, sueltan sus gracias con un desinhibido desparpajo y naturalidad que supera al de cualquier patán macho con creces.
Joder con la Villacís, su cuerpo y su lengua; es absolutamente lamible (carita sonriente y carita de ojos con corazones).
Aun así, es recomendable prudencia, los políticos, machos o bellas hembras, suelen ser venenosos.
Como diría Regan, la niña poseída en El Exorcista: Desconfía del cura.

Sinceramente, tras cuatro horas pintarrajeando un mandala no siento ningún tipo de alegría.
Y mucho menos serenidad.
Místicos y sus autosugestiones…

Si para obtener el don de la invisibilidad la humanidad debe quedarse ciega, que así sea.
Me fascina ese poder y la impunidad que conlleva.
Uno ha de luchar ilusionado para hacer realidad sus sueños.
Los políticos, jueces, sacerdotes, militares y policías son infinitamente más crueles que yo: a la ceguera le suman ruina, tortura y esclavitud.

Y ya están pensando en el excitante fetichismo de Semana Santa, de encerrar, acosar y coartar todo tipo de libertades los dos Caudillos de España, sus secuaces y sus caciques autonómicos.
Es pura viagra la represión, abuso y ruina para los que forman el gobierno del Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus.

Siempre me ha intrigado esa manía, ese deseo desaforado de la especie humana por cantar y bailar.
No creo que haya arte en estas cosas, salvo para algunos y raros genios de tales aficiones. Quiero decir que de modo general se puede decir que cantar y bailar no es una disciplina humanística. Es simplemente instinto. Un largo, aburrido y alcohólico ritual de apareamiento. Salvo en los cantantes y bailarines que cobran una pasta por sus espectáculos, no he visto a nadie que no estuviera borracho cantando y bailando.
Yo no tengo paciencia para tantos preámbulos, me gusta más follar con naturalidad, sin histerias, prejuicios, sobrio y con esposas.
Cuando una tipa le hace un perreo a su macho bailongo, a mi acertada y verdadera forma de ver, pierde un tiempo precioso que podría emplear en hacerle una buena mamada. Porque tras tanto perreo y bailoteo, las mamadas no son tan intensas: las chicas están cansadas y a menudo deben dejar el trabajo para tomar aire. Y dan ganas de “Insert coin” en la oreja tres o cuatro veces para que reanude el ritmo.
Y conste que me gusta la música, pago cada mes rigurosamente mi espotifai para asegurarme de que no aparecerá ni una sola canción reguetonera en mis listas de reproducción. Me preocupa mucho que por un error pudiera sonar alguna de esas deplorables canciones.
Pareciera que por lo aquí expuesto, en las cuestiones del follar pudiera parecer de carácter cerebral, incluso intelectual.
Que nadie se fíe, soy muy sucio. Soy más del chapoteo obsceno, jadeo, insulto y esas lógicas blasfemias al correrme que, de la danza y la musicalidad.
Y no me puedo quejar, afortunadamente hasta la fecha, no he tenido que hacer el ridículo durante horas para follar o hacer madre a una maciza (carita sonriente ruborizada).

Si los zombis (los de las películas, no los reales que votan por simple vicio a cualquier imbécil) existieran, celebrarían su día orgulloso. Y en cada película y serie televisiva, al igual que pasa con los maricas, tortilleras, feminazis y transformers; aparecería uno muy gracioso e ingenioso que haría las delicias de los tolerantes idiotas de las redes sociales. Y por supuesto, comerían sesos de tofu, nada animal, claro.