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Gracias al coronavirus los cobardes han salido del armario después de haber estado escondidos meses en sus casas, atentos a las consignas televisadas del Régimen Español. Lo han hecho sin ningún tipo de pudor y alardeando con absoluto orgullo de su cobardía. Como si de danzarines y vanidosos travelos, maricas y tortilleras se tratara en su señalado día.
Es tan decadente la sociedad española que ha llegado al extremo de alabar la cobardía como virtud con un vergonzoso “quédate en casa y no hagas nada, cabestro”. La ignorante población española mayoritariamente ha aceptado sin rechistar, con sumisión total las consignas del Régimen Fascista del Coronavirus.
La represión ha sido ampliamente aceptada por una sociedad estática y pusilánime que básicamente se siente bien en cualquier prisión siempre y cuando tenga televisor, teléfono y además, forme parte de un gran número de reses en la misma situación.
Nunca un país ha sido tan indigno como España y sus españoles confinados y aplaudiendo cuando así lo exigía la autoridad dictatorial.
Y ahora, con el organismo débil por la inmovilidad solo se atreven a salir a la calle con un bozal, para enfermarse aún más. Usan en masa sus mascarillas aunque tengan a su alrededor veinte kilómetros libres de “distancia social”.
España no tiene una “nueva normalidad”, se trata de una “subnormalidad enfermiza y cobarde”.
Y la vejez, pegada todo el día a su nuevo oráculo sagrado imbécil (la televisión prostituta del Régimen Español), no ha podido caer más bajo en sus niveles de dignidad.
Ojalá se hicieran epidemiológicos los tumores cerebrales y que solo decapitando a los idiotas, se pudiera evitar su transmisión; pero tumores rápidos que mataran en treinta horas a lo sumo. Sería ideal para evitar que se reprodujeran mientras se les administra morfina para bien morir o hasta que les toca turno para una piadosa lobotomía.

Esto es otro ejemplo del periodismo español del coronavirus.
Lo mucho que se ha tenido que prostituir la prensa al Régimen de los Caudillos Sánchez e Iglesias para redactar semejante noticia.
Es como si el puto o puta periodista acudiera a unos aseos públicos para explicar y documentar como se limpian el culo los españoles cobardes con mascarilla.
Es de risa, y si no hubiera tanta ignorancia y cobardía, a más de uno le dolerían los ojos de leer semejante mierda.

Desde este lugar angosto, oscuro, sórdido y absolutamente anodino, es donde perpetro todas mis agresiones literarias contra la humanidad y los actos sexuales que podría cometer sino fuera tan lelo y tan cojo.
El ordenador es de juguete al igual que el teléfono (comprado en un bazar chino). Carezco de medios económicos para acceder al cochino mundo de la informática. El espejo es real porque va incluido con el alquiler del piso. (Por inbox, si estáis interesadas/os, os pasaré el número de cuenta bancaria para que me ingreséis dinero de una forma absolutamente desinteresada y yo os daré las gracias y una dedicatoria en mi próxima diarrea mental).
Tengo multitud de cosas inservibles que hacen que no pueda concentrarme como es debido a la hora de reflexionar. En las cuestiones más metafísicas siempre acabo con el pensamiento disperso cuando me deja bizco la gran cantidad de desperdicios que, aunque convenientemente organizados, no tienen razón digna alguna de ocupar espacio.
Incluso me lo aplico a mí mismo porque soy así de chulo e intolerante con todos por igual.
Y por hoy ya he dicho demasiadas estupideces.
Desde el locutorio de internet del moro de la esquina, un abrazo.

El Caudillo del Régimen Fascista Español Pedro Sánchez ha decretado un nuevo estado de caridad en lugar de preocuparse por crear trabajo. Ha instaurado un nuevo decreto contra la libertad y la salud con la imposición de las mascarillas. Y no le temblará su fascista mano para meter en campos de concentración a los que muestren síntomas de coronavirus.
Es el resumen de su última homilía de mierda.
Es repugnante, tanto como la cobardía.

He visto una pareja en tándem, él delante, ella detrás.
¿Se alternarán la posición al pasear? ¿O siempre tendrá alguno delante de sus narices la triste espalda del otro negándose una visión libre y amplia?
El tándem es un vehículo indigno, una reafirmación de la autoridad del que lleva la dirección o el mando y el poco valor de quien va detrás chupando culo todo el recorrido. ¿Sus relaciones sexuales serán así, basadas en la dominación y humillación?
Y los pedos que se tire el delantero ¿qué? ¿eh? Se los come todos el que va atrás.
Precioso…
Pudiera ser que la de atrás montara sin pedalear, dejando que el guía protector y jefe se ocupe de ello él solito. Sería genial; pero creo con absoluto convencimiento en la capacidad de auto humillación humana. Estoy seguro de que el de atrás pedalea con más fuerza para ganarse una caricia de su amo, el de delante (lo aclaro porque me da miedo que la peña se disperse leyendo mis geniales elucubraciones y no sepa de quien hablo en la posición del tándem).
Otra cosa sería que el de atrás fuera ciego…
Que nadie se engañe, no es cuestión de ceguera, es cuestión de conformismo ir detrás. Conformismo y sometimiento; pero ante todo, idiotez.
No quiero decir que los que van en tándem sean todos masoquistas, depravados humilladores y humillados o tontos del culo simplemente; pero sí una buena cantidad, la suficiente para que yo luzca jocosamente mi ingenio y reflexiones sobre el tema.
En la foto, la de atrás es tan feliz que hace el avioncito. No os lo creáis, es pura publicidad chunga para que montéis en tándem y el de delante haga de pantalla anti-coronavirus.

¿Qué habrá sido de aquellas estafadoras, gitanas de mierda, del centro de Sevilla?
¿Se las habrá comido el coronavirus cuando leían el porvenir en la palma de una mano exigiendo billetitos y no monedas?
Seguro que están más sanas que una mierda.
Joder… Es que cada vez que pienso en el coronavirus, siempre concluyo que ladronas como las gitanacas y como los Caudillos del Régimen Español, no caen muertos, ni siquiera un poco resfriados.
Las putas malas hierbas alérgicas a la muerte…
En cambio, las putas tan hermosas y gratificantes ellas, tienen que trabajar con mascarillas. Las mamadas ya no son lo que eran.
Mejor una mala puta que una gitana guarra y mejor una gitana guarra que un político corrupto.
Y el coronavirus que no acierta a quien matar…

La vida se quiebra con solo un poco de presión, el ser humano es frágil.
Es solo cháchara sensiblera.
La vida no es frágil, han existido esclavos muy longevos. Y hay torturadores que han tenido que trabajar muchísimo para asesinar a sus presas.
La especie humana es dura que te cagas, moragas.
Y debe ser dura consigo misma para no convertirse en plaga.
Las ratas practican el canibalismo con sus crías.
Quiero decir que hay que emplear una fuerza cruel y desmesurada para evitar que dictadores y corruptos vivan muchos años; y mala gente en general.
Si un ser humano vive demasiado, contaminará a las próximas generaciones hasta hacerlas inmunes con los actuales venenos, de la misma forma que hacen inservibles los antibióticos.
Justamente, las ratas tras varias generaciones, se inmunizan contra los venenos que se les pone para su extinción en las ciudades.
¿Veis? Las ratas y los seres humanos comparten muchas cosas además de la basura y los excrementos.

Otro articulito de la prensa del Régimen Español instaurado a costa del coronavirus.
Y efectivamente, si la distancia previene contagios, el agua moja.
Con toda probabilidad una ingente cantidad de imbéciles, gracias a la prensa doctrinal del fascismo, ahora lo sabe.
El periodismo español se ha convertido en el ejemplo a escala planetaria de prensa corrupta y dogmática prostituida al tecno fascismo.
Leer u oír a los medios periodísticos, es una constante agresión a mi inteligencia.

(Una bala en la cabeza)
¿Qué pensar de esos tristes matrimonios o parejas que llevan las mascarillas bien colocadas en sus jetas dentro de su propio coche?
¿No se fían de ellos mismos?
¿Follan con mascarillas en caso de que follaran?
¿Sus hijos están tan domados como ellos?
¿La cobardía es hereditaria?
¿Influye el gobierno de su país en su vida íntima sea sexual o no?
Claro que sí, era una pregunta retórica.
¿No sienten vergüenza de ser unos cabestros?
Y lo peor, con tanta cobardía y sumisión a sus amos presidentes, vivirán muchos años y se reproducirán mientras tanto, eternizando su miseria humana en la genética de sus crías.
Donde el coronavirus no puede entrar, una bala sí. Es el triste consuelo que me queda.