La feria de los monstruos

Publicado: 28 julio, 2020 en Sin categoría

¿Y por qué no puede haber niños con dos cabezas y cuatro patas?
¿Y por qué no deben tener pene las mujeres y menstruar los hombres?
Hay que estar enfermo para intentar manipular lo que es tan obvio con sofismas ignorantes y arribistas.
Que estén enfermos, pase. Pero que además lo quieran torcer con alevosía a su particular paranoia, es francamente de risa.
Bienvenidos a la feria de los monstruos.

El chapo Torra, presidente autonómico de Cataluña (los presidentes autonómicos son caciques con licencia de corso impuestos por el gobierno español de los Caudillos Sánchez e Iglesias para violar los derechos civiles del pueblo); con su institucionalizada retórica franquista de amenaza de prisión para toda la población (no le temblará la mano, es el lema del fascismo español), ha dicho que pasará como en los colegios de toda dictadura: pagarán todos por lo cometido por otros.
“¡Portaos, bien hijos de puta, porque no me temblará la mano!”, es el resumen de su perorata.
No está mal por ser el Chapo Torra uno de los primeros que se contagió y naturalmente contagió a muchos más de coronavirus.
Los fascistas son como cagarros en la playa que te vuelves loco dando manotazos al agua para que se vaya a otra dirección, solo que el cagarro aparece en la televisión amenazando con su mierda, en lugar de flotar en la playa.
Esto no tendrá un final feliz; ni para el fascismo español ni para mí y otros que no tragan con toda esta mierda.

Si pudiera les arrancaría los ojos y les dejaría caminar por el borde de un acantilado con una mascarilla en el puto culo desgarrado con un hierro oxidado.
Sí, ya saldrá el optimista de turno que diga: si quieres puedes.
Y una puta mierda, para arrancarle los ojos a un macho adulto necesitas equipamiento, como un martillo (para golpearle el cráneo hasta que babee), cuchillo para el trabajo ocular, el hierro oxidado para realizar el anal intruder, algo de papel para la limpieza de útiles y de manos; y tiempo de acoso hasta dejarlo cerca del coma para poder acuchillarle los ojos con precisión. Y si además has de matar a otra gente como policías o ciudadanos de mierda dispuestos a ayudar a la víctima, te pueden dar las tantas de la noche y aún no has conseguido ni un par de ojos.
Creo que no podría, por mucho que quisiera, arrancar los ojos de más de cuatro imbéciles por día (siendo muy optimista de mierda), es como vaciar el mar con un cubo de playa.
Así que menos mierda de optimismo de autoayuda de usuarios de facebook fracasados y depresivos.

A la hora de comprar un esclavo, cualquiera que sea la raza que elijáis, es importante que sea idiota, independientemente de si es macho o hembra, joven, adulto o viejo.
Primero por la cuestión económica, ya que hay tanta abundancia de este tipo de esclavo que van tirados de precio.
Segundo, para no amargarte la vida. Si compras uno medio inteligente o algo que se le acerque, se te subirá a la chepa y trabajarás para él. Justo lo que les ocurre a muchos empresarios lelos y al estado con sus funcionarios.
Si a eso le añadís que cualquier comprador de esclavos está muy lejos de la inteligencia y la capacidad de trabajo, ni por asomo compréis alguno cuya mirada pudiera parecer astuta. Porque si lo parece lo es, lo malo siempre se cumple.
Respecto a su raza o color del pellejo, es una simple cuestión estética.
No seáis racistas.

El gobierno español está absolutamente desbocado, no cesa con sus mentiras para acabar con cualquier tipo de libertad, no pueden vivir sabiendo que hay libertades que destruir.
Y es que el fascista español no fuma, solo esnifa cocaína y es alcohólico.
Mentirosos de mierda…

Las manzanas están marchitas, escenifican a la perfección y con precisión una humanidad también podrida, deforme, inútil, cobarde, banal, absolutamente intrascendente en cuanto a si vive o muere.
Solo que las manzanas tienen más elegancia marchitándose que los seres humanos.
Y no apestan, desprenden un aroma dulzón que te hace pensar que hasta su muerte es dulce.
Compota de muerte…
Me he acostumbrado tanto a despreciar a la humanidad de esta sociedad en la que me parieron, que ahora ya no puedo parar de imprecar contra ella.
Si fuera un soñador, pensaría que gracias a mis constantes imprecaciones se ha desatado la pandemia del coronavirus. Los sueños me hacen sonreír para, al instante siguiente sumirme en la tristeza de que es mentira.
Si existiera realmente esa estupidez de corriente empática entre el rebaño humano, también debería existir mi antipatía como una frecuencia venenosa; pero no, todos sonríen imbéciles bajo sus mascarillas-bozal; ninguno cae fulminado por mi descarga de odio.
Bueno, seré tenaz despreciando, no tengo otra cosa que hacer mientras muero, como las manzanas marchitándose dulcemente.

No crecen las cosas hermosas en los lugares con una luz adecuada para poner de manifiesto su pequeña belleza.
Es necesario cortarlas sin miramientos y colocarlas donde la luz las convierte en obras de arte.
Mejor ahí que en una triste tumba ¿no?
Es curioso… La belleza necesita una luz que la bañe y la consienta, una navaja que la corte y una cámara fotográfica que la mantenga viva a pesar de todo el daño que se le ha hecho.
No me parece mal, simplemente me parece curioso. Mi sensibilidad no me lleva a sentir lástima por una flor. Soy demasiado mayor para esas cosas; pero sobre todo, curtido.
Como decían aquellos hijos de puta: “Quien bien te quiere te hará llorar”.
No soy tan puerco como aquellos mierdosos, la flor no llora ni siente dolor.
Los que hacen llorar a quien mucho quieren, sí que deberían de probar el filo de la navaja en sus ojos y entre la carne y la uña de sus dedos. Super amantes…

La abeja idiota me picará y luego morirá.
Y yo blasfemando y rascándome, seguiré vivo, la veré morir.
Siento pena por ella, solo una vez en la vida es capaz de gozar de su poder venenoso y agresivo.
Yo puedo golpear y matar ahora, mañana, y al otro, y al otro, y al otro…
Es una suerte no ser abeja.
La naturaleza no es sabia, solo es puta con algunos seres.
Los gobiernos son igual, tienen a sus favoritos y a quien humillan, aprisionan y asesinan; bien con hambre o con un tiro en la cabeza.
La sociedad es una torpe parodia de la naturaleza.
En las sociedades humanas el más idiota, inepto y vago llega a las esferas de poder con el voto y apoyo de una mayoría: los sin cerebro.
La naturaleza ha hecho cosas buenas; pero las sociedades humanas aún no se han extinguido, simplemente, por causa del azar.
La prueba está en que los mejores momentos de una sociedad: buena economía y libertades sociales de calidad, se encuentran tras una guerra que ha causado millones de muertos, una vez superada la posguerra (cuatro o cinco años) lo nuevo florece encima de las ruinas y los mezquinos cadáveres.
Toda sociedad precisa algún largo periodo de exterminio humano para no asfixiarse a sí misma.
Lo que me hace pensar que, básicamente el coronavirus ha matado a aquellos que no tienen edad para ir a la guerra. Ahora les toca morir a los que sí están en edad de morir en los campos de batalla.
Y es que de morir no te libras, de coronavirus, de tiros o de hastío puro (la muerte más horrorosa y cruel).

Lo que no hay son datos al público sobre el coronavirus: estadísticas detalladas por edades, hábitos de vida de los enfermos, su lugar geográfico de residencia, su situación social, etc…
Cosas de las que deberían dar información y una idea de cómo actuar.
El oscurantismo del fascismo en España, es prácticamente pornográfico.
Y ridículo.
¿Cuánto le paga el gobierno de los Caudillos Sánchez e Iglesias a su prensa prostituta?
Si me pagan bien, puedo hacer artículos más especializados sobre los succionadores clitorianos o sobre los intruders anales que tanto gustan a hombres, más que a mujeres (los hombres empiezan a sentir el ano como un elemento más de su sexualidad en tiempos de coronavirus).
Herramientas para dar por culo al fascismo español no le faltan.
Y prensa de mierda, tampoco.

Lo malo de algunos fabricantes de relojes, es que escriben pequeñas cosas fascinantes en las esferas. Y no es malo, es mágico.
Cada vez que miro la hora no puedo leer otra hora que las 666 en punto, siempre es la misma esperanzadora hora.
Mi personaje y yo nos encontramos en todo lugar, en todo momento. Si no lo busco yo, él me encuentra. Y yo lo acepto.
Y me gusta…
Qué bueno es todo lo que nada tiene que ver con la realidad.
Con la asfixiante y mediocre realidad.