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Hoy, tras dos largas semanas de frío intenso, ha subido un poco la temperatura, hace mucho frío, pero es más soportable que ayer, por ejemplo.
El sol calienta, hace lo que debe y no porque me tenga una especial simpatía.
Y un malvado y gélido viento quiere arrebatarme ese calor. ¿Estará celoso del sol? Romanticismos aparte, el viento también hace lo que debe, además, es su turno, el invierno.
Sin embargo, después de tantos días de intenso frío, el viento causa esa sensación de maldad, como si se hubiera quedado con ganas de congelar todas las cosas, orgánicas e inorgánicas. En este instante es como si se hubiera propuesto intentar enfermar mi cuerpo al saber que estoy al sol.
Sé que no soy el único al que le azota el frío aire; pero para esto escribo en lugar de hablar con nadie; para ser el único humano del planeta.
Quien quiera ser importante que escriba sus propias frustraciones y no molesten con su envidioso y egocéntrico: ¡Y yo también! ¡Y yo también!
Insultar, denigrar y despreciar con ingenio requiere nacer con ciertas habilidades. Ocurre lo mismo con los hijos de puta: nacen.
Y si no nacieron así, aprendieron rapidísimo. La mayor parte se hicieron políticos y luego presidentes; después mediocres dictadores que enferman y aprisionan a sus votantes subnormales que obedecen y aplauden las medidas de represión y hambre, con mucho más entusiasmo que las piaras de cerdos pastoreadas hacia el corral.
Y ya está, es todo lo que tenía que decir: hace un sol acogedor y un viento helado del carajo.

No ha quedado nada de lo que el hombre fue. Se convirtió en una bestia de granja, en una productora de la colmena.
Prostituyó su libertad por miedo, quiso una protección y pagó para ello a un timador que se convirtió en su rey.
Y aquella cobardía se hizo estigma para todas las nuevas generaciones.
No existe ningún pecado original, se trata una atávica cobardía ya inextirpable.
Y yo tengo que pagar, sin tener culpa alguna, de la cobardía de aquellos antiguos y lejanos hijos de puta.

Ya de noche a las 18:30 y a 3º Celsius de temperatura, tomarse una cocacola y unas patatas bravas en la mesa del bar en plena calle y fumando con los pezones duros por el frío, es liberador.
Pero ante todo, de muy macho. Supermacho…
No intentéis hacerlo o se os comerá el frío y el coronavirus que seguro anda por las deliciosas patatas que me como entre eructo y eructo; la cocacola, además de engordar la titola es asaz digestiva. Yo puedo hacerlo porque soy SuperIconomacho.
Y mientras me fumo el segundo cigarrillo, medito profundamente sobre la aleatoriedad de las erecciones y lo dura que es la bragueta del pantalón que me está jodiendo.
Y entre patatas picantes, cocacola y tabaco concluyo que, Los Vengadores llorarían avergonzados de ver la calidad y potencia de mis superpoderes.
Por lo cual estoy pensando en hacerle un favor a la humanidad y donar unos litros de mi preciado semen para mejorar la especie humana de una vez por todas (está visto que si no actúo se convierten todos en cerditos) y de paso, que saquen de ahí también la vacuna para el coronavirus, que la doy gratis si hay suficientes hembras buenorras para desear preñarse de Mí, incluso de quintillizos; no respondo de los superpoderes de mi leche, son tan potentes como imprevisibles.
Y ahora me voy a casa a empezar a sacar leche para el banco de esperma.
Lamentablemente, no voy con mascarilla, ya que en el bar no tenían servilletas y la he usado para limpiarme la boca, los dedos y las manchas de salsa que han caído en el macuto.
Super Iconoclasta os desea unas felices corridas si el coronavirus y el gobierno fascista español (o cualquier otro de las fascistas democracias que existen elegidas al azar) os lo permite.

Hay un pobre consuelo en el refrán que dice: mejor solo que mal acompañado.
Lo que quiere decir tras esas sencillas palabras, es la decepción, el error de haber buscado compañía. El imperdonable error de haber querido a quien no se debía querer.
La verdad es una puta que la chupa mal y te deja con sus besos, un sabor ácido en las muelas que provoca una abundante salivación.
La mentira es salvación y da una vida cómoda, la prefiero mil veces a la verdad.
Sin embargo, es inevitable en caso de tener un mínimo de madurez intelectual; identificar certeramente la hipocresía y su mezquindad. Cosa que lleva a observar cada amanecer como otro apestoso día más.
Solo te queda bajar la persiana para que la oscuridad oculte a tus ojos la miseria que duerme a tu lado.

Y es que el nuevo y normal fascismo del gobierno español del coronavirus, no va a permitir de ningún modo perder el chollo de tener a la gente encerrada con sus toques de queda y de recibir dinero de la UE a costa de la salud de los cabestros españoles. De ahí el que hayan decidido que la vacuna tenga efectos secundarios.
Y si no, esperad a los que ya están haciendo cola para el jaco o chute del gobierno fascista español (nuevo y además, muy normal) empiecen a mutar.

En el supuesto de que viváis entre manadas familiares de cabestros que incluso en su propia casa usan bozal (mal llamado mascarilla), una de dos:
a: Los enviáis directamente a la mierda. Si estáis en el trabajo rodeados de subnormales todo el día y vuestra familia no os paga, no necesitáis pasar un mal rato sin cobrar. Que los follen.
b: Os ponéis el puto bozal para no contagiaros de imbecilidad, le dais una buena paliza a padres, madres, tíos, abuelos, etc. Y luego os vais corriendo para no perder el tiempo con una familia que, desgraciadamente no habéis tenido la culpa a la que pertenecer.
En el caso de que aceptéis a pasar un rato rodeado de ellos con bozal y tenéis una hermana o hermano que estén buenos, mantened relaciones sexuales sin anticonceptivos para que la consanguinidad de la endogamia no se pierda nunca.

En el imposible caso de que al igual que en las películas, la tipa estuviera basada en un hecho real, caben dos posibilidades:
1 – La tipa está enferma; pero de una ponzoñosa envidia.
2- Se debería denunciar a los Caudillos Españoles Sánchez e Iglesias por usar a deficientes mentales para su propaganda ideológica del miedo al coronavirus.
Y por supuesto, por poco que sea posible, calcinar las oficinas de toda la prensa prostituida al coronavirus con sus “redactores” como combustible libre de plomo.

Los graznidos de los dioses y sus iluminados en la tierra, guían a los hombres y mujeres al final del cortante acantilado de paredes sucias de excrementos de gaviotas. Y avanzan empujándose unos a otros.
Otra vez lo que ocurrió ayer…
Con rostros radiantes de fe buscan más allá la hostia que es gratis y una resurrección en un lugar mejor que el mundo que su propio dios les creó.
Los que no caen vuelven a la pequeña choza por la que dan gracias a dios y buenos días todas las mañanas; y se reproducen. Se reproducen con paranoia para preservar la mediocridad.
Es lo único eterno, el bucle que se repite, se repite, se repite…

Las historias de maricas están llenas de sensibilidad y cultura; pero es otro tópico más. Homos y heteros compiten ferozmente por el primer puesto de la mediocridad y mezquindad.
Está bien, por lo visto no tan ferozmente; pero compiten.