Quien a hierro mata, a hierro muere.
Pobre sol… Hoy no puede con el frío y luce indefenso.
Parece que tiene un mal día, como yo tantos.
Necesita un café y un descanso. Y yo no puedo evitar una sonrisa cruel por los tantos ardores con los que me ha castigado.
Yo también tengo frío y una pierna parece que se transforma en madera muerta. No acabo de encontrar los dedos de los pies; pero no hay problema, nunca he sido poderoso, estoy entrenado para fracasar y desfallecer en cualquier momento sin perder un ápice de la gelidez crónica de mi pensamiento
Hoy el sol luce tan fracasado como yo.
No me consuela, solo sonrío porque lo puedo mirar directo a los ojos sin que se quemen mis ojos.
Pequeñas batallas que gano y anoto en mi diario de cosas banales.
La pierna pide calor o virará al negro de podredumbre, le hago caso y dejo que el sol se joda solo.
Camina o revienta… Es curioso, hoy el saber popular parece correcto.
Despellejándome las rodillas, con lumbalgia y nervios buscando a Murf en mi mini-casa, resulta que estaba cómodamente camuflado en el lavabo. Ahora encontraría a Wally en la edición más difícil en cuestión de mili-segundos.
Es un hijjoputa…
Se ha puesto de moda la cobardía gritona en las ciudades hacia las bicicletas y patinetes.
Hay que reconocer que los que van a pie padecen una envidia feroz, les jode que algo vaya más rápido que ellos en la ciudad o el campo y además, pagando menos.
Lo experimento tantas veces, que soy un doctorado en la cochina envidia humana.
Por otra parte, usureros profesionales como alcaldes, concejales, funcionarios y policía, mueven sus anos inquietos y nerviosos por empezar a cobrar impuestos a bicis y patines, además de calcular la potencia fiscal que aplican las piernas de los usuarios para así robar más.
Judiacos de Antiguo Testamento…
Está bien, hay idiotas sobre ruedas que se creen que el planeta les debe algo porque son ecológicos de mierda. Hay de todo en la viña del señor, pero más numerosos son los envidiosas idiotas de a pie o que tienen su cochecito bien aparcado hasta que el fin de semana, sus amos les dan permiso para usarlo.
La próxima norma para el rebaño de la pocilga-ciudad, será imponer el uso de una válvula en el ojo del culo de peatones, ciclistas y patinantes para evitar escapes de metano y sus posibles deflagraciones.
Las ciudades son gestionadas por idiotas, la habitan cobardes idiotas de escasas luces. Y luego estoy yo, perfecto, admirado, amado, deseo de mujeres y envidia de los hombres. Margaritas a los cerdos…
Putos ciudadanos integrados y sus alcaldes…
A ver como te lo explico, hermosa mía… Cuando estoy ante ti, no es simple calentura. Es que soy un obsceno filamento de una lámpara de tres millones de watios. He fundido la cremallera de mi bragueta en tres segundos. ¿Ha quedado suficientemente claro y gráfico mi deseo por ti? El deseo a veces, es un ejercicio de ingeniería electrotécnica.
Una vez has comprendido que la verdad es un acto de imprudencia e inmadurez, y que la mentira te lleva a sobrevivir en esta repugnante sociedad y te da todo tipo de satisfacciones; te haces más guapo.
La mentira es el mejor cosmético.
Os amo a todos.
La Biblia, Antiguo Testamento.
1 Samuel, capítulo 8, versículos 10 al 22.
(1 Sam 8, 10-22)
Reinado de Saúl.
Los gravámenes de la monarquía.
«Samuel comunicó al pueblo que le pedía un rey todas las palabras de Yahveh y les dijo: «Éstos serán los derechos del rey que reine sobre vosotros: tomará a hijos y los utilizará para sus carros y sus caballos, y los hará correr por delante de su carroza. Los nombrará jefes de mil y jefes de cincuenta; los hará labrar sus campos, recoger sus cosechas, fabricar las armas de guerra y el atelaje de sus carros. Tomará vuestras hijas como perfumistas, cocineras y panaderas. Se apoderará de lo mejor de vuestros campos, viñas y olivares y se los dará a sus servidores. Exigirá el diezmo de vuestras cosechas y de vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y funcionarios. Tomará vuestros siervos y siervas, vuestros mejores bueyes y asnos, para emplearlos en sus labores. Exigirá el diezmo de vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis sus siervos. Entonces clamaréis contra el rey que os habéis elegido, pero Yaveh no os responderá».
Sin embargo, el pueblo no quiso escuchar las palabras de Samuel, sino que le respondió: «¡A pesar de todo, queremos tener un rey! Queremos ser como las demás naciones: que nos gobierne nuestro rey y que salga al frente de nosotros a combatir en nuestras guerras».
Samuel escuchó todas las palabras del pueblo y las transmitió a Yahveh. Yahveh dijo a Samuel: «Atiende su petición y nómbrales un rey». Dijo entonces Samuel a los hombres de Israel: «Que cada uno se vaya a su ciudad».»
Que cada uno se vaya a tomar por culo, les debería haber dicho Samuel a esos deficientes mentales, porque no se merecían otra cosa. No es de extrañar que las democracias den como resultado, gobiernos miserables, corruptos y con una programación televisiva de mierda. Viendo el legado de todos aquellos israelitas retrasados, no es de extrañar que el género humano sea lo que ahora respira y habla. Este capítulo es buenísimo porque indica el grado de idiocia de los israelitas. A pesar de que han de ofrecer el trabajo, el culo y a sus hijos e hijas a un rey, exigen tenerlo. No hay capítulo en la biblia donde queda tan patente la estupidez de aquellos judíos y que prácticamente sigue siendo la misma en los actuales habitantes del planeta. Solo una buena epidemia mortal al 100% podría limpiar tanta basura de gente que no debería haber nacido. A veces la biblia regala grandes verdades; pero son tan pocas…
Son tan valientes…
Aguantan todo ese frío y congelación sin gritar piedad a dioses o ministros.
No rezan para que llegue el calor.
Mantienen sus colores y texturas con la misma fuerza con la que el planeta intenta congelarlas; pero solo consigue embellecerlas más.
Hay quien dirá que no gritan porque no pueden, pero si moviera su perezoso culo fuera del caliente y mullido asiento al gélido bosque, y se acercara a ellas; sentiría la fuerza y la serenidad que de ellas dimana.
Su arrojo y fuerza causan una silenciosa e incómoda vergüenza a muchos necios humanos.
La helada no hace más que mantenerlas más vivas, más hermosas.
David contra Goliat. Yo contra Dios…
Con nosotros el frío hace pálidos cadáveres de matadero. Nada que ver con la elegancia de esas pequeñas hojas, flores y hierbas vestidas de blanco cristal.
Solo temo que las pisen y se rompan como vidrio, en un tierno crujido que si te acercas lo suficiente, es un adiós inaudible.