Posts etiquetados ‘Citas’

Sueños y vigilia

Nada que lamentar

Con todos ustedes: el planeta en toda su dramática belleza.
Las ramas descarnadas del invierno se despiden triste y serenamente del día que agoniza y las nubes, se lucen presurosas y casi rabiosas antes de que ya nadie las pueda ver.
De alguna manera, las cosas y los seres nos fundimos entre luz y oscuridad sin drama alguno. Solo con la vanidad de existir en esta belleza.
Dan ganas de llorar un poco en la penumbra por el día que no existiré, ni la noche; para asistir al hermoso espectáculo planetario.
No es miedo, es una tristeza bella.
Nada que lamentar.

De verdad un presidente Puigdemont telemático

O sea, que claman los sectarios por un Puigdemont, un presidente o un funcionario que sin aparecer en su lugar de trabajo cobre su grandiosa nómina y con plena impunidad para saquear las arcas públicas o cometer cualquier tipo de negligencia u omisión de su trabajo. A salvo de cualquier pena legal.
¿Trabajará desde un locutorio belga o desde un hotel de cinco estrellas con una «modelo» flamenca de lujo como “consellera”?
Yo también hubiera querido ser un obrero “telemático”.
Además, soy más guapo, adorno con más clase la pantalla.
Y soy listo como una ardilla.
Margaritas a los cerdos…

 

Natassia Malthe

En Telegramas de Iconoclasta.

Caídas

—Y si vas a caer ¿por qué no paras?
—Porque entonces, siempre debería detenerme. Y no quiero, la inmovilidad lo daña todo.
—Puedes morir (podemos).
—Ocurrirá inevitablemente. Es el final, siempre morimos.
—Yo lo decía por tener algo de tranquilidad.
—Muertos estaremos tranquilos, la muerte es quietud. Mientras tanto, caigamos. No tenemos otra cosa que hacer mientras se nos acaba la vida.
—Es lógico, aunque un tanto temerario. La cuestión del dolor es importante.
—No seamos tan cobardes. Caer y levantarse hace el tiempo más rápido y ameno. ¿O quieres morir frustrado?
— ¿En un sillón frente a un televisor? Eso es pudrirse antes de morir.
—Entonces, sigamos cayendo y deja de tocar los cojones.
—Yo solo quería filosofar, tener un pensamiento trascendente.
—Bueno, entre caída y caída, siempre hay tiempo para un orgasmo. Eso sí que es trascender. Deja las chorradas metafísicas para los que no caen, tienen tiempo.
—Sea como sea, jodemos o nos joden.
—C’est la vie!

Shae Snow

En Telegramas de Iconoclasta.

Ingenuidad y mentira

«El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito. Si aprecias lo que haces, tendrás éxito.»

Albert Schweitzer.

 

Mentira. Pura ingenuidad, pura oratoria de beato para consolar y regalar los oídos y ojos de sus lectores.

Amo lo que hago, pero no tendré éxito jamás. Ni lo considero.

Me basta y me llena con ejercer obscenamente mi vanidad.

¿Éxito? No en este planeta, ni en este tiempo.

No nací ayer.

Y la felicidad es un estado de idiocia, un trastorno como otro cualquiera.

Idiotas por kilo

El kilo de idiota nunca pasará de unos céntimos, sea lechal, adulto o añojo.
Hay tantos que incluso se regalan piezas enteras para aliviar las cámaras frigoríficas.
Yo, aunque cueste más dinero, prefiero la de cerdo (el de cuatro patas) o la de ternera.
Esto me lleva a una duda: ¿Si se consume carne de idiota en coma, se puede considerar comida vegetariana o vegana? Es por lo del estado vegetativo.
La cuestión es que una buena temporada para consumir idiota, porque se han cebado bien y su carne es jugosa.
Aún así, me da asco, soy escrupuloso y un tanto sibarita, yo no como cualquier cosa por muy barata que sea.

Un tiro de gracia

Lo mejor de las fiestas de bondad navideña es hoy, el último día: reyes.
Heme aquí para clavar el puñal en la nuca de los que sufren. ¡Ja!
El descabello…
La montaña estaba tranquila a la mañana, no hay luces ni gente, es igual que siempre, en todo momento. Los jabalíes y otras bestias cagan en el camino y no se nota que hayan comido cosas raras.
La tarde, ya de noche, ha dejado las calles vacías y las bolas y campanas de luces, cuelgan tristes como los cojones de dios o los de un líder; como un mudo arrebato que llama al final, así se mecen por una perezosa brisa.
El ganado se ha quedado en sus casas, intentando ser felices viendo a sus hijos abrir regalos y jugar con ellos; pero no lo consiguen. Están cansados de derrochar lo que no tienen, les acosa el ridículo de una sensiblería farisea de la que han hecho gala estos días. No encuentran ahora la razón de tanta mierda. Cerebros meramente funcionales que se sobrecargan ante lo que no saben definir; pero intuyen.
Los asientos de los cafés están libres, vacíos; como si fuera yo un superviviente que se siente así de bien. Por un momento me hago la ilusión de que no existen, no están.
Espero que no salgan de sus madrigueras, incubando esa depresión formada de hipocresías y banales excesos que han cometido porque así lo ha establecido alguien por ellos.
No importa, pronto les darán otro momento para que se vean obligados a disfrutar: el carnaval.
Mientras tanto, que se jodan.
Sí, lo sé, la empatía es algo que no considero.
Una carencia que no me molesta, una buena deficiencia.
Asumo mi naturaleza misántropa y despótica.
Me ha tocado ser el malo.
Alguien tenía que serlo.
No sé si reír o reír.

Inoportunos llantos