Posts etiquetados ‘manuscritos’

Lleva lloviendo tres semanas.
Dan ganas de quejarse como Sarah:
“– ¡Esto parece más surf que patinar! Podría dejar de llover por una vez”.
Y que alguien como Eric Draven nos responda también, con tristeza y esperanza:
“–No llueve eternamente”.
El Romanticismo y su feroz existencialismo murió devorado por la vulgar y cobarde sonrisa cultivada en el buen y manso ciudadano. Y de alguna forma hay que recrearlo para que el coraje no sea devorado por la cobardía.
No ha habido en la historia de la humanidad causa alguna de optimismo que justifique la sonrisa mansa, el frívolo y artificioso optimismo como el que hoy inunda la decadente sociedad para conjurar sus miedos ignorantes.
Todo comenzó con la banal y caníbal sonrisa optimista de los que han pervertido la historia y la nobleza hasta hacerla mierda: reyes, políticos y sacerdotes de cualquier pelaje.
(Entrecomillado, diálogo de El Cuervo, 1994)

Prosigue la doctrina del miedo, la fe en los jerarcas de las democracias occidentales (sobre todo europeas) convertidas al neonazismo, la mansedumbre, la obediencia y la resignación de la población ante su ruina económica.
Primero con el coronavirus se ablandó a los habitantes; incluso a lo que no tenían fe en el neonazismo: durante dos años los evangelios del coronavirus nazis no han cesado de difundirse en medios de comunicación y redes sociales.
Ahora para que siga blandita la masa amorfa que es la población, le meten la guerra incluso por vía rectal: convierten a los ucranianos en patrimonio de la humanidad (por la Unesco) y cada día hablan de lo muy duro que va a ser vivir con tanta crisis debida ahora a la guerra (que no es más que de Ucrania y Rusia) y sumada a la estafa fascista del coronavirus .
Y así, mientras pasan películas de guerra y peluches preciosos en las noticias; la decadente sociedad obediente y crédula, piensa en adoptar ucranianos, sacude la cabeza con resignación ante la nueva pobreza de la clase trabajadora que están preparando y entre ellos se dicen: “No nos podemos quejar, mira cómo están en Ucrania”.
Y así el crimen perfecto del neonazismo que surgió por medio del coronavirus se extiende en el tiempo como otra mancha de mierda más sobre la faz del planeta.

Hay formas elegantes y elitistas de vivir; pero morir no tiene ningún romanticismo ni sensualidad. Quien fue elegante en vida, muerto será la misma carne fría y cérea que la del mendigo.
Hay cierta poética justicia en ello, contra la vanidad desaforada.

Por si me convirtiera en fantasma tras morir, ya tengo una pequeña lista de hijos de puta a los que atormentar hasta llevarlos al suicidio si no tuviera la suficiente materialidad para decapitarlos.
No son mucho cerdos; pero lo malo es que algunos han muerto y otros morirán muy pronto. Es igual, sabré como torturarlos en el más allá. Y según dicen, allá no podrán morir más de lo que estarán; así que seré su infierno.

Pronto veremos multitud de sábanas colgando con una mancha roja en las ventanas de las casas gitanas y payas.
¿Y ahora que les pasa con la memoria histórica de Cervantes, Mecano y Escobar? ¿Los van a desenterrar y llevar a un vertedero? ¿No tiene trabajo de verdad que hacer el gobierno penitenciario fascista español del coronavirus? ¿Por qué no enseñan a los niños a leer y escribir correctamente de una vez por todas?
¿Prepararán a las niñas payas para sus próximas bodas?
Y esperemos que en el próximo curso, además de aprender a ser gitanos, los niños españoles deban llevar una alfombrilla para orar en dirección a la meca a la hora del recreo, por supuesto con bozal.
Porque la historia universal, mejor no leerla, porque podrían sacar conclusiones, si se les permitiera tal cosa.
Como actividad extraescolar, aprenderán a cocinar mono (o rata) con suela de zapato, una aproximación a la gastronomía africana que los preparará para la nueva crisis del coronavirus/guerra ucraniana.

Y aquí tenemos la primera santa del nuevo santoral español del segundo acto de la estafa del coronavirus: la guerra de Ucrania.
La prensa prostituta va a destajo con sus ediciones de catequesis y hojas parroquiales neonazis.

La vieja neonazi Úrsula sirve para todo: para decretar vacunaciones masivas obligatorias en todo el planeta bajo pena de ruina y muerte por hambre. O bien para decir lo que conviene o no en la guerra que el neonazismo ha provocado como segundo acto de la epidemia de coronavirus.
Inteligentes, los neonazis no lo son. Eso sí, muy voluntariosos para meter sus hocicos allá donde puedan reventar cualquier derecho y libertad.

El que la red social permita algo o no, es lo mismo que leer la prensa prostituida al neonazismo europeo; o sea, pasarse por el coño o la polla sus mentiras de puta o sus permisos de publicación, también producto de la prostitución.
Las Santas Redes Sociales de la Inquisición del Neonazismo y sus actos de adoctrinamiento, es algo que no pasará a la historia porque para eso están ellos, para censurarlo todo.
Facebook: el guardián de la doctrina y la obediencia del nazismo.
Es un titulazo aristocrático que te cagas moragas.

El caballo y yo estamos serenos bajo una fina lluvia que no nos molesta.
Y en el papel se forman diminutos puntos que las agujas de agua decoran, es una pena que se borren o sequen porque queda precioso.
Bueno, no sé si es precioso, a mí me gusta, qué cojones.
Yo me diluyo de otra forma más lenta y sé que no puedo evitar ser menos cada día.
Bueno, es una bella desintegración, no me puedo quejar.
He fumado un par de cigarrillos hasta que la gorra ha empezado a gotear por la visera. Monto en la bici y le digo adiós al caballo, que me responde cabeceando de lado a lado y levantando el belfo para enseñarme los dientes en una sonrisa desconcertante, no sé si es amable o simplemente se ríe de mí. No importa, me gusta lo que sea.
Por el camino pasean dos patos anadeando perezosamente, como si ya estuvieran cansados de agua por abajo (el río) y agua por arriba (la lluvia). A punto de alcanzarlos dan un graznido malhumorado que traduzco como un saludo a mi padre y salen volando como dos caricaturas de bombas volantes.
Lo bueno de que llueve, es que hay tan pocos humanos que los animales nos relajamos y nos encontramos en todas partes.
Y mientras el agua nos diluye lentamente como una acuarela abandonada río abajo; no duele.
Que no es poco.
Una lluvia fina es el encuentro sereno de unos conocidos cansados del sol y su ruido.