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La única forma correcta de amar es la mía.
La humanidad ya ha tenido demasiadas oportunidades para hacerlo bien.
Adiós al «amor» hipócrita de aburrimiento y asco de verse en la misma casa con hastío, adiós a los borrachos que no saben meterla; pero pagan a las putas para que giman una hombría ebria, torpe y precoz; adiós a la dejadez y al sexo anodino, animal, reproductivo y sin cerebro.
Ahora amaré yo con toda la sangre necesaria, sin piedad. Y no podréis esconderos de la vergüenza de vuestra inutilidad, de la obscena leche que se desliza por el monte de Venus hacia los labios que, se contraen entre los muslos aún en espasmos buscando un aire que no necesitan.
Yo y mi Sagrado Cetro Lácteo somos Dios y Uno.

La prensa del fascismo español del coronavirus me recuerda un poco aquel anuncio de una pomada para las hemorroides, para aquellos que “las sufrían en silencio”.
Como teleserie para las tardes, no está mal; tiene de todo, drama, muertes, terror, pánico, aplausos, estafa, sexo, incesto, turismo, campos de concentración y nazismo.

Franco estaría orgulloso de los caciques catalanes.
Saben controlar, prohibir tan bien y durante tanto tiempo; que le caerían unas lágrimas emocionados por su rostro de mojama fascista.
Y Hitler, y Mussolini, y Stalin e Idi Amin…
¿Quién dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor? Ahora la represión fascista es mucho más mejor y con menos protestas del rebaño.

Los caciques fascistas catalanes han de demostrar en todo momento su férrea represión y mantienen, sin que les tiemble la mano, el toque de queda marcial (con la excusa tonta del coronavirus) una horita más de prisión que el resto de las taifas españolas.
Cataluña y su rabioso fascismo jodiendo a plena potencia todo asomo de libertad, aunque sea solo una puta hora más.

Si tienes verdadera necesidad de amor y lo buscas, no lo encontrarás.
El amor es un animal que caza al acecho a víctimas desprevenidas, como cualquier otro depredador.
Así que, relájate y déjate matar; porque de morir no te libras.