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Las extinciones de especies sirven para hacer espacio.
Los dinosaurios se hicieron muy grandes y gordos, así que los extinguieron y crearon primates; cosa que tampoco fue muy acertada. De hecho, muy mal porque los primates se centraron en la masturbación a pesar de lo fácil que era la reproducción y esos eslabones perdidos dieron paso al Homo Mezquinae y éste (no este mismo, sino uno de esos homos inteligentes que de forma accidental son paridos al azar geográfico) inventó el smartphone que hizo la masturbación más fácil y rápida para niños y niñas y adultos en general.
Los creadores no acaban de pillar el truco a su trabajo.
Es pura negligencia, coño, sino sabes no inventes.
Veremos que plantan en La Tierra cuando extingan a la especie humana. ¿Chiles pepinos?

Tras unos minutos examinando la radiografía de los pulmones, el médico le aconseja al paciente:
-Será mejor que piense en arreglar sus cosas.
Cuando el hombre llega a su casa, su mujer le pregunta por el diagnóstico del médico.
-No era un médico, me ha visitado un puto asesor fiscal.

Seamos realistas, el abuso, acoso y la supresión de la más mínima y elemental libertad requieren un nivel de violencia basado en la lesión grave y muerte.
Ante una prisión indiscriminada solo cabe una respuesta: una violencia iracunda y sangrienta.
Nadie ha ganado jamás la libertad perdida obedeciendo y sonriendo a su amo.
La libertad requiere siempre, y así ha sido en toda época, una violencia salvaje.
Cuanto más tarde estalle la violencia, más cruel será; porque nada la evitará.
Quemar basura o romper vidrios es como que te pique el coño o los cojones y te peines. Así de ineficaz e improductivo.
Deberían silbar certeras balas a la cabeza cuando el fascismo del coronavirus pide y ordena prisión y toques de queda marciales para la ciudadanía. Los caudillos y sus caciques son los enemigos mortales, no un virus o una gripe de mierda.
El coronavirus se cura con aspirinas y la libertad se restituye chorreando sangre.
Antes los libros de historia explicaban estas cosas; antes de que el germen del nuevo y normal fascismo empezara a minar y corromper la historia, la cultura, el arte y la educación para crear generaciones de cobardes o cabestros a los que someter mientras aplauden complacidos a sus tiranos.

Se puede amar de las formas más inusuales.
Y cuando en el amor algo es inusual, es dramático; cosa que lo hace aún más fascinante. Trasciende por encima y más allá de la mediocridad en la que ha surgido.
Y yo carezco de la usual alegría de amarte; algo salió mal, cielo.
Algo se jodió cuando no puedo tenerte en todas las horas.
Amo tus muslos cuando suavemente se rinden y descubren impúdicamente el camino a mi boca.
Te amo con las venas del pene y las sienes inusualmente henchidas, a punto del accidente vascular.
Te amo con el pensamiento roto, como el rostro se refleja en los fragmentos de un espejo.
Te amo en silencio, secreto y oculto.
Amarte es el drama más doloroso, lo más bello que jamás pudo enloquecerme.

La verdad es que para encontrar a alguien decente y fascinante hay que vivir muchos años, ser un gran observador y ante todo, tener una buena suerte del carajo.
Nota: Tener rabo o unas buenas tetas no influye para tener éxito en la búsqueda, solo te sirve para trabajar de toallero o de lesbiana en videos porno gratis.

Las noches de cárcel, de toques de queda marciales en la Nueva y Normal España Fascista del Coronavirus huelen a semen rancio de mil pajas, al acre sudor de la cobardía, al moho de la decadencia y su mezquindad…
Al vómito de los borrachos cobardes.
A la picante orina de las ratas.
Al hedor a bofia en las calles.
A los fluidos y jadeos del incesto.
Al seco excremento del miedo.
Los caudillos, caciques y su bofia, han convertido a España en la letrina nocturna de Europa.
Y los portadores religiosamente fervorosos del bozal, aplauden con el cerebro seco a sus carceleros. Aplauden y obedecen, aplauden y están presos con una sonrisa y esperanza piadosa, aplauden y se arruinan. Y enfermos los cabestros, dicen amén a todo con la testa gacha y el culo lleno de mierda.
La mediocridad votante solo quiere mirar cobardemente desde sus ventanas con un teléfono que no entienden en las manos; con la indolencia de la pereza y la fe de que van a ser alimentados por sus amos fascistas.

¡Qué mierda! Cuando te das cuenta de que tienes alma y la localizas (en mi caso en la oreja derecha, tinnitus decía el gilí del otólogo), resulta que el diablo no existe.
¿Y para qué cojones quieres un alma si no puedes comerciar con ella?
Este planeta es imbécil; y todo lo que contiene.
La cuestión es joder.

La muerte tiene esa desvergonzada indecencia que siempre la hace sorprendente y emotiva.
La muy pícara…
O sea, no es como un esnob y original postre emplatado artísticamente como una ruina de un bombardeo en el Berlín del siglo pasado que, a la segunda vez de comerlo nada tiene de sorprendente; no es lo mismo.
La muerte es pura renovación, un crac en la monotonía diaria. Por supuesto me refiero a la muerte de otro y que por ello, rompa tu repugnante rutina diaria. Mala suerte para el finado; pero la vida es así de puta. Luego ya me tocará a mí y no me quejaré, lo juro.
Como diría un chef: “Se debería hacer una reducción de la meliflua vida con unos clavos de bilis, dolor en rama y una cucharadita de muertes de macadamia espolvoreada en frío para corregir su excesiva dulzura y cremosidad; que adquiera una textura más recia y un sabor más intenso”.
Está bien, no lo dice ningún chef; pero debería.
Fuera de metáforas, los consoladores anales y vaginales, deberían contener fibras urticantes para favorecer una mortificación intensa, aquella que hace crecer el vello dos centímetros de largo en apenas un orgasmo.

Las noches cobardes de la grisentería, de la ruina, del miedo, de la represión y la bofia husmeando ávida de acoso.
Porque si la libertad es enfermedad, el nuevo y normal fascismo español es una mala bacteria que se la come.
Son las negras noches de un nuevo franquismo que ha entrado como un parásito de las heces y durar años, extendiendo su manto de cárcel y vigilancia a todas las horas del día y de la noche.
Tardes tan muertas como sus noches, porque son las siete de la tarde.
Y está muerto todo, incluso a su propio fascista coronavirus han asqueado.
Sin libertad la vida no es posible, está abocada a una violenta destrucción.