Ensayo histórico, social y antropológico con el debido rigor y necesario humor de la isla de Pascua o Rapa Nui.
Lo que usted nunca supo, porque realmente, le importaba el rabo de una lagartija el asunto de los rapanuisinos.
La historia como nos hubiera gustado aprenderla de pequeños.
Una obra enciclopédica de Iconoclasta.
En Issuu: http://issuu.com/pablolopez5/docs/rapa_nui_issu/1
Posts etiquetados ‘Reflexiones’
Algo habrás hecho
Publicado: 13 noviembre, 2015 en ReflexionesEtiquetas:abuso, estulticia, Reflexiones, servilismo
Si Dios ha puesto en la tierra y en tu camino a un asesino, a un violador, el abuso, la enfermedad y la muerte de tu hijo; por algo será.
Algo habrás hecho.
Lo dice el juez, el médico y el policía y el sacerdote y el presidente y el empresario y el ciudadano de mierda ejemplar, mientras a sus espaldas hay una puerta cerrada donde aguarda un niño o una niña que esperan desnudos y sin saber que Dios quiere esas cosas: sus sexos y sus anos sangrando democrática, justa y devotamente.
Dios y el juez y el médico y el policía y el sacerdote y el presidente y el empresario y el ciudadano de mierda los quieren desnudos para ellos.
O muertos.
Porque algo habrán hecho.
Como mueren quemados y a tiros los que protestan en tierras de santas creencias, y borracheras ignorantes; porque algo habrán hecho, porque pensar es malo. Porque no se contesta a tu amo. Porque «nacimos perros para obedecer» dicen. «Y ellos si no quieren morir, que callen; como nosotros cobardes», insisten.
Celebrad la Pascua y la Navidad.
Y el culo de un niño o una niña que sangra porque algo habrán hecho y por ello algo les han metido. Seguramente serán los hijos de otro, que también algo habrá hecho.
Celebra la democracia y su voto mediocre e ignorante.
Celebra los designios inescrutables del puto Dios y sus perros adiestrados. Y rinde pleitesía a los penes erectos, sucios de la sangre infantil y la de inocentes, tótems de la justa retribución.
Iconoclasta
El demiurgo
Publicado: 3 noviembre, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismoEtiquetas:Amor cabrón, arcano, caos, coherencia, creación, dios, el demiurgo, Reflexiones

«…bueno, entonces agradezcamos al demiurgo por el reencuentro.
Y ahora sí me voy convenciendo que nunca es tarde para lograr lo que se quiere»
Nunca es tarde. Aún muerto buscaré la forma de lamer tu pensamiento y tus palabras, sólida e inextricablemente unidas a la piel y la carne que deseo .
No hay concepto de amor sin tu pensamiento, sin cada palabra que dices en el momento preciso, con la pasión segura, con la firmeza absoluta.
No basta la carne, lo quiero todo.
Podría haber agradecido a un dios el reencuentro, pero no sería específica, sería demasiado fácil. E infantil.
Y ella puede ser cualquier cosa, pero infantil sería una idea desconcertante, absurda.
El demiurgo en su connotación y en su fonética provoca una turbación atávica en la razón, hace banal al dios conceptual y universal.
Su idea es absolutamente efectiva y acertada, es tan inteligente la muy amada…
El demiurgo… El creador y administrador de un caos o el universo. Como si un idiota (dios usual) creara algo verdaderamente complicado y otro ente (el demiurgo) tuviera que dedicar su tiempo a darle coherencia y orden.
El demiurgo es más que un dios: la parte imbécil de la divinidad, la que crea cosas y seres por aburrimiento, con despreocupada crueldad. Y luego retoca.
Ergo, usa la inteligencia, se da cuenta de lo que mucho que se ha equivocado.
Cosa que explica tantas miserias: a veces sufre accesos de ira contra sí mismo.
A mí me ocurre.
El demiurgo es creador y responsable, un dios es solo un idiota con suerte.
Hay filósofos que llegan a la conclusión de que el demiurgo es el pensamiento humano y otros que es la maldad; pero lo cierto es que no hay maldad en el pensamiento humano, solo una falta de eficiencia intelectual.
Semánticamente dios y demiurgo es lo mismo: creadores.
La semántica me la paso por el culo, hay palabras que llevan encerradas sutiles y subliminales imágenes en su redacción y dicción. Lo culto es tentacular, no se conforma con la versión para dummys.
Me gusta creer en el demiurgo. Y en los centauros si ella los nombrara.
Agradecer al demiurgo el reencuentro…
Como si el demiurgo no tuviera cosas mejores que hacer.
Ella es el demiurgo y si es maldad, beberé maldad entre sus piernas, la sorberé de sus pechos y de sus labios.
Y la he imaginado desnuda, hermosa. Potente ordenando las cosas del universo, poniéndome frente a ella, donde debo, donde quiero estar.
Solo sé que es más inteligente que yo, y es privilegio para un ser de mis características, de mi cultivada brutalidad.
En cualquier caso, sea cuestión de azar o de la voluntad de una entidad divina y oscura, en este reencuentro yo gano y ella no tiene fortuna como yo.
Yo gano su amor, su pensamiento («no dejes de pensarme» me dice y yo siento que me hago jugo de vanidad), su belleza y su piel.
Ella solo gana algo como yo.
Pobre demiurgo cegato.
Necesita lentes.
Urgentemente.
Haré lo posible para que me adore desbocadamente, para que se sienta absolutamente amada, tanto que sentirá que soy lo mejor que ha creado. No tengo escrúpulos, creo en la mentira porque la verdad es mediocridad, desencanto y tedio; es absolutamente innecesaria mentarla. Las verdades existen para ser ignoradas, para estrellarme contra un muro pensando que no puedo morir. Es mi capricho y la verdad no tiene poder de convicción.
Quien sepa de la vida no necesita averiguar verdades, solo usarlas o desecharlas a su conveniencia. Los hay que nacemos enseñados y los hay inseguros que necesitan cantar sus verdades continua e hipócritamente, o buscarlas husmeando y envidiando vidas y espacios ajenos.
Las verdades son para los niños, los hombres solo buscamos el demiurgo y su cegata voluntad para lamer sus ingles deslizándose sin pausa hacia el eje de simetría de sus muslos.
Ordenando el universo a lengüetazos lentos y arrastrados.
Dejando mi vida en sus manos, que le dé sentido, que me haga útil.
Ofrendados
Publicado: 1 noviembre, 2015 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:día de muertos, Reflexiones
Fumo al son de la música recostado en el sillón y observo a papá acercándose translúcido a la ofrenda.
– ¡Has venido, papá! Creí que no…
Papá se gira hacia a mí sonriendo con tristeza.
– No, Pablo. Has llegado tú.
Justo al lado del retrato de papá, hay uno mío también.
– Feliz día de muertos, hijo.
Y me abraza.
Y yo lo aprieto fuerte contra mí, huele como lo recordaba cuando hace mil años era niño.
La ofrenda se hace un planeta, una llanura enorme. Caminamos entre calaveritas de azúcar, pan de muerto, botellitas de rompope, flores y la niebla que forma el copal al arder.
Mi padre coge el paquete de cigarrillos que alguien que nos amaba, nos ofrendó. Y usamos el copal para encender un par. Charlando translúcidos, atravesamos una hoja de papel picado.
Me alegro que sea tan bonito y no como yo temía.
Nos convertimos en todo y en nada contándonos cómo fue la vida, si valió la pena.
Sonrío porque ya está, ya pasó todo, me lo dice papá fumando mientras la trompeta de El silencio suena cada vez más lejana desde los altavoces.
Una ofrenda a mis amigos mexicanos
Publicado: 31 octubre, 2015 en Chusma, Conclusiones, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:antropóloga, México, ordinaria, Reflexiones
Era el uno de noviembre, sábado. Y día de muertos.
No creo en los muertos, hay muerte y todas las cosas se acaban, o retóricamente, fenecen.
Una vez muertos los humanos y los animales, no hay razón para dedicarles nada porque dejan de existir. No hay almas libres y flotantes en el mundo; pero ya se sabe que las gentes necesitan alicientes para vivir y no deprimirse, por ello se crean celebraciones que les haga olvidar por unos minutos su miserable vida esclava.
Los muertos también pueden ser un buen motivo para pillar una buena curda.
Yo no celebro nada de eso, porque nadie puede engañarme sobre mi mierda de vida, prefiero joderme de ira e insultar, a sonreír como si fuera idiota mientras me la meten por el culo sin mantequilla.
La Antorcha Humana hizo un arco en el cielo y sonreí al salir a la calle.
Así que de México me traje esa hermosa tradición de las ofrendas del día de muertos, solo que yo celebro el día de vivos, de mis queridos humanos que ríen y hablan y cantan y juegan.
Lo despreciable tiene también un recuerdo para no olvidar que hay mala gente, no soy tan estúpido de obviar lo repugnante en nombre de lo bueno. Las dos cosas conviven entrelazadas como la sangre y las heces del excremento de un enfermo.
Era un gran día el de los muertos del 2014, mi día escogido. Ansiadamente esperado para obtener la libertad y echar la podredumbre de mi lado. Tras más de dos años de lucha, por fin era el momento propicio para deshacerme de la rémora, ya no tenía el pretexto de sus hijos y un lugar para ellos y continuar su chantaje. Doy gracias a sus borracheras por ello.
Soy lo que rima con joya de rápido aprovechando las oportunidades (obsérvese que me soplo y froto las uñas de la mano en el pecho).
Así que mientras ella se tiraba al deficiente mental de su compañero de trabajo en el almacén (o en un motel de mal gusto, como otras veces y con tantos otros), ambos sacando la lengua y diciendo: «cuidado no nos vayamos a trompezar con las manderas, porque ya vistes: están deshordenadas». Yo salía con un buen amigo al centro de la ciudad a desayunar unos tacos y ver tiendas de electrónica.
Bueno… Solo unos tacos no, mi amigo se comió un plato de fruta y helado que pensé que no se acabaría nunca (XXXL). Eructamos los dos al tiempo, a pesar de que yo no comí de aquella montaña de fruta y dulce; yo devoré un taco árabe con queso que aún me hace la boca agua al recordar aquellas buenas carnes.
Qué buen recuerdo… Empezó bien el día y yo sabía que seguiría así, tenía ese buen presentimiento de que el día de muertos sería a partir de entonces, especialmente festivo para mí.
Supermán surcó el cielo con los calzones por fuera, como siempre, contrastando contra un cielo gris.
Decidí celebrar mi particular día de muertos (por lo que iba a morir) ofrendándome una consola Nintendo con un juego de Super Mario Kart. Ya estaba saboreando mi futura libertad y tranquilidad.
Un sujeto con retraso mental (no patológico, sino adquirido con voluntad) y analfabetismo, no tiene futuro con alguien medio inteligente o un tanto informado. Así que es normal que se estuviera revolcando en mierda con un idiota mientras yo me gastaba una pasta en un buen desayuno y electrónica.
Hacía muy bien, porque ningún ser con ciertas inquietudes o ética puede permanecer demasiado tiempo al lado de alguien como aquella rémora sin sentir que está tirando su tiempo a la basura. Mejor que se quedara con el burro, porque era eso o nada.
Además, los idiotas se aburren si no tienen algo que llevarse a la boca, lo que sea.
Lo que sea por infectado o sucio que esté…
Los tontos con los tontos, es la única forma posible de que sean medianamente felices. Siempre están buscando entre la basura y encuentran algo todos los días: justo lo que yo desecho.
Hulk, con un rugido iracundo, le arrancó el motor a un coche que circulaba por Reforma porque invadió el paso de peatones mientras lo cruzaba.
Cuando vas bien acompañado o solo, el mundo se hace más interesante. Estaba contento aquel sábado, ya sin presión.
Así que tras llegar a casa y despedirme de mi amigo hasta la noche, en la que pasaríamos una velada de juego, charla y música acompañados de mi querida amiga, su esposa, me dediqué a conectar la consola esperando con impaciencia a que la «licenciada» llegara con su rótulo de neón en la frente que decía: he cogido con el tarado esta mañana y esta noche de muertos cojo con él y con otros.
Y me parecía bien, solo quería que desapareciera.
Borrarla con un par de palabras muy claras.
Esas ofrendas mexicanas, son hermosas, son entrañables; aunque no crea en el motivo por el que se hacen. Me encantaba el gusto y el cariño que ponen en crearlas, la cantidad de detalles que habían en aquellas mesas repletas de dulces, velas, papel picado y objetos de recuerdo, fotos, comida y flores.
Y su olor…
Aquella hermosa pequeña queriéndose comer los dulces, montando guardia para hacerse con uno. Como la echo de menos…
Y así, a las cuatro de la tarde apareció con su impecable hipocresía y olor a macho idiota impregnado en la piel y en la ropa; envanecida como una «Reina Midas», solo que lo que toca lo convierte en mierda.
Bugs Bunny me preguntó royendo una zanahoria: ¿Qué hay de nuevo, viejo?
Y ambos la miramos con una media sonrisa.
A las cuatro y media, configurando la consola, comiendo unas croquetas y sin apenas mirarla a la cara, la envié a la mierda, literalmente. Tras llorar un poco porque a partir de ese momento tendría que pagarse ella solita el plan de su celular, se largó con ese aroma rancio de las cogidas reproductoras, conejiles y recientes en moteles y cuchitriles sucios.
La ordinaria cerró la puerta tras de sí y ya no volvería a verla nunca más. Cerré los ojos por fin descansado, fumando sin ser consciente.
Me duché para quitarme ese aroma que dejó en el aire y empecé a pensar en maletas, viajes y apartamentos, en nuevas ciudades y en acabar de configurar la consola para empezar a jugar.
La mañana siguiente fue una mañana de claridad y de paz, de liberación.
El gran día de muertos fue mi día de vivos.
Y todo empezó a ir bien, a la semana siguiente en el cine vi una gran película de ciencia ficción y viajes tristes: Interstellar, mi primer y agradable recuerdo de mi ansiada soledad y libertad. Maravilloso. La primera experiencia que barrió los años de sordidez con aquel burro a mi lado.
Cada día el aire era más limpio, los amaneceres de cafés y música tranquila. Las mañanas y las tardes de chocolates helados y paseos.
Y mi piel más limpia, ya no había rastro de la rémora.
Encontré un paraje precioso para vivir y poner kilómetros de por medio entre aquella y yo; sabía que cuando necesitara dinero, haría lo posible por ensuciar mi vida de nuevo.
Cuando vives al lado de algo podrido, te salpica continuamente, te lo has de quitar de encima y alejarte para no enfermar. Tiene el coste de dejar lo que quieres, nada es perfecto.
Y por ello, por mis amigos, me traje el cariño de las ofrendas, para recordarlos siempre: cigarros, inquietudes, charlas y risas…
Elegí aquel día de muertos a conciencia, con frialdad. No me importaba esperar semana más o menos; me di el gusto de que fuera en ese día tan especial en México.
Día de muertos: una metáfora y una realidad.
Quedaría un entrañable recuerdo de aquellas ofrendas que ya no volvería a ver en mucho tiempo, me dejarían un dulce sabor de la añoranza de un lugar y una gente hermosa: mis amigos que combatían con su presencia la miseria que aquella tipa arrastraba tras de sí cuando entraba en la casa.
Y así ofrendo a lo vivo, a lo que quiero, en este día de muertos.
Tengo una ofrenda de cariños con rummys, juguetes, cartas, canciones, dulces, refrescos, cerveza, botanas, paletas, helados y letras de amor y amistad. Cierro los ojos escuchando la película de Matilda, con mi pequeña amada amiga comiendo cacahuates muy pegada a mí en el sillón. Conservo el calor de su cabecita en mi brazo.
El Capitán América vuela sobre su escudo y rompe una farola. Es espectacular la libertad, te deja ver cosas que antes estaban oscuras. No tener que soportar la miseria de otro ser.
Jugamos al rummy los amigos mientras nos contamos los más increíbles chismes y chistes en noches musicales y nebulosas de placenteros cigarrillos.
Un charco de agua de hielo deshecho en el suelo y risas a la madrugada.
Y tomamos gigantescos cafés y raciones de pastel durante horas de charla, llenando ceniceros.
Risas «jamonas»…
Y ofrendo a lo malo, a lo podrido, para que jamás vuelva. Para no olvidar que existe la ponzoña. Una ofrenda con un cochecito verde y uno gris con gusanos dentro, metidos en un zapato sucio de tacón que reposa en dos tangas sucios y apelmazados. Y un vestidito corto negro, barato y sucio de manchas blanquecinas y vómito. Esa ofrenda la tengo al lado del cubo de la basura.
Yo no ofrendo a los muertos, ofrendo a los amigos siempre vivos, a la libertad que conseguí aquel día, a las mañanas libres y frescas. En mi casa no entrarán muertos, solo acepto cariños y sonrisas en una ofrenda para sonreír al pensar en ellos.
Y tengo ese monumento al asco que me hace suspirar aliviado al recordar que un día como hoy, un uno de noviembre, pude arrancarlo de mi vida. (http://ultrajant.blogspot.com.es/2015/03/adios-putilla-adios.html)
Queridos amigos mexicanos, si un día nos encontramos de nuevo, que sea un uno de noviembre, que es el día (mío) de mis mejores amigos y momentos. Por mucho que digan que es de muertos.
Feliz día grandes y pequeñas amigas y amigos, no os olvido.
Sois tantos, que sois innombrables, vosotros sabéis que os quiero. Eso es lo que importa.
Hasta pronto.
Estoy bien
Publicado: 29 octubre, 2015 en Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:aromas, emoción, perfección, Reflexiones
El cielo pega un último estallido de color para luego oscurecerse rápidamente, más rápidamente de lo que puedo caminar.
Un camión lleva troncos de árboles y deja una estela fragante de madera en el aire que mi alma aspira. Y es bueno.
Oscurece… Un tractor cansado arrastra un remolque con balas de heno que dejan su olor y briznas en el aire.
Y mi alma también lo aspira.
Y es bueno.
Estoy dos veces bien.
Ya apenas se ve el camino, la oscuridad trae un calor extraño que conforta y acentúa todos los aromas de la tierra.
Recortado en una loma, apenas contrastado el color de sus pelajes, un rebaño de ovejas muy juntas, desprende su fuerte olor a lana y a perfecta existencia.
Se extiende alrededor de mí y parece un ser vivo que olisquea mi rostro.
Y mi alma aspira también el rancio olor.
Y está bien.
Cuando llego al pueblo de nuevo, huele a leña ardiendo y la perfección del momento alcanza el grado de una extrema unción.
Porque es un momento que sería perfecto para morir.
Para dejar de respirar sabiendo que has llegado a lo más precioso. Que tantos años de estar en lugares erróneos, se han borrado con solo una hora en la que el alma ha aspirado todo lo que debía, lo que necesitaba. Donde yo mismo era un aroma, una nostalgia, un ser formando parte de ello.
Dan ganas de sentarse en la total oscuridad de un árbol y dejar que la noche me convierta en un aroma, fundirme, dejar la carne. Evaporar, ser humedad, ser todas esas cosas, todos esos aromas que forman una vida tan íntima y tan intensa, capaz de azotar el pensamiento hasta arrancarle un gemido.
Porque hacen de la noche algo que puedes tocar y acariciar.
Debería aprovechar la oportunidad de morir, ahora que es perfecta la vida. Antes de que se estropee de nuevo.
Duele tanto el tobillo y la rodilla que la idea de fallecer es un mero trámite para ser noche en las altas montañas.
Pero pienso que la amo, marco su número y se lo digo: «Ojalá estuvieras aquí». No le digo que quiero morir ahora, no es justo para ella. Me dice que me ama también. Disimulo un gemido con una tos, porque hay simples palabras que se conjugan con los aromas de la más pura vida. Y lo hacen todo más precioso.
Debería aprovechar el momento para hacer mutis por el foro.
No sé cuando se alinearán de nuevo los aromas de la noche; tal vez tarden tanto como los cometas que cruzan el universo ante nuestras narices cada cientos de años.
Mi alma aspira sus propias emociones impregnadas de este universo, en este instante.
Y está bien.
Y es bueno.
En apenas un metro cuadrado
Publicado: 25 septiembre, 2015 en AbsurdoEtiquetas:absurdo, furia, injusticia, Reflexiones
Las setas han salido a la superficie empujando una piedra, venciéndola. Era una piedra apisonada en el camino por el hombre.
Es una imperceptible heroicidad.
Hay que caminar prestando mucha atención para encontrar portentos y realizar así estúpidas analogías con la vida humana.
Como si tuviera algo que ver lo humano con la naturaleza…
La imaginación es difícil de dominar cuando solo prestas atención a lo mudo, a lo que se desarrolla con lentitud. Hipnóticamente.
Estoy cansado de babosas, lo repugnante es lo que más abunda. Con solo las setas me hubiera bastado.
Y es que una babosa se arrastra demasiado cerca con su repugnante traje de leopardo, una prostituta del esfuerzo y la determinación. En poco menos de un metro cuadrado, se han encontrado la voluntad y la mediocridad.
Y yo… Que no acabo de entender que hago aquí.
Es difícil encontrar en la ciudad algo así, es difícil que pueda aparecer la voluntad entre tanta mediocridad y abulia.
Seguramente la babosa va alimentarse de la seta que acaba de emerger a la luz rompiendo la tierra y levantando esa piedra tan grande como ella.
¡Qué mierda! El concepto de justicia es un chiste en este planeta.
Las setas están cansadas, quiero creerlo. Y la babosa viene de cantar en un karaoke «La maldita primavera», imagino que ahora que llega el frío, echa de menos la calidez primaveral.
Las setas reciben sus primeras luces silenciosamente, sin capacidad de hablar. Creo que deberían hablar y blasfemar por el cansancio que comporta la vida. Una vida tan efímera que resulta obsceno el esfuerzo de emerger. Yo me quedaría enterrado, no vale la pena ese desgaste para tan poca vida.
Que hagan lo que quieran, a mí me la pela.
Los cuervos hablan entre ellos desde los cables del tendido eléctrico.
Es desesperanzadora la metáfora que ha montado la naturaleza en tan poco espacio.
Tres especies tan dispares…
Está bien, tal vez no razono como debiera; tal vez me debería limitar a admirar la naturaleza y pensar que no es injusta, que es simplemente ley natural.
Sin embargo, recuerdo aquella estrofa de la canción de los Caifanes, que seguramente la babosa conoce bien, debe estar cansada de cantarla en su karaoke de mierda, del que llega arrastrándose:
*»Cuando veo a través del vaso
veo a través del tiempo,
donde los sentidos se dislocan
donde los temores se evaporan
y aprovecho para desdoblarme
para salir del vaso»
Sí, yo me disloco en este apenas metro cuadrado de camino en el que nos hemos juntado tres vidas distintas. Tan distintas, que hay un pequeña discusión en mi cerebro blando (Dalí me hizo así) sobre quién es más que nadie. Gano yo, por supuesto, mi mente es poderosa razonando rápidamente mirando a través del humo, literal, no es canción. Me gusta fumar a cada momento que puedo.
Gano yo porque me acompaña la fuerza y la crueldad de mi instinto humano.
Alguien ha tenido mala suerte hoy.
Un poco más allá, ya fuera de este metro cuadrado, una rana muerta está cubierta por un enjambre de moscas. Eso me parece mejor, me parece natural.
El cuadro de las setas y la babosa es una burla, escucho a la naturaleza reírse en mi oído, burlona… Tal vez me está provocando.
Se oye un disparo a lo lejos…
Y ahora el silencio me hace creer que he perdido el sentido del oído.
Está bien, ojalá lo haya perdido, los sonidos interfieren, me dislocan también como el humo del puto vaso.
En apenas un metro cuadrado y en unos segundos, están ocurriendo muchas cosas. Tengo que hacer una apertura rápida dar mate y seguir caminando.
Insisto, me la pela.
Me voy.
Dos pasos, tres… Media vuelta.
No puedo irme, la naturaleza no existe, las cosas están bien o mal, se odian o se quieren. Tomo partido, soy superior a todo esto, en cuanto que yo decido y ejecuto.
Sin demoras, no voy a pensar en leyes naturales, ni en justicias.
Y aplasto la babosa. Lo que odias lo matas.
Sin ambigüedades.
Al final, soy una conclusión del universo y los que están debajo de mí, son variables.
Ellos no pueden razonar, o desdoblarse como yo.
Aplasto con el pie las setas, para que ese universo que me creó, vea que soy de naturaleza cruenta.
Orino en el camino para marcar mi territorio y mi obra.
El hecho de que sean seres inofensivos no me hace cobarde, que nadie se crea que lo que he cometido es un acto débil y pueril de una caprichosa vanidad.
Soy peligroso.
Limpio la suela de la bota en la tierra, las babosas hasta muertas dan por culo.
Coño…
El sudor escalda mis ojos y cuando llego a la cima de la montaña, jadeo. Un cigarrillo me hace toser y en pocos segundos me convierto en el ser más podrido de esta montaña.
Bato los peores récords, soy un anti atleta, un anti moral, un anti bueno, un anti piadoso. Mi vocabulario es tan básico que también es un récord.
Si me rompiera la pierna, seguramente me pegarían un tiro en la cabeza como a un caballo, nadie gasta recursos en curar a alguien como yo.
Y está bien, me asegura una vida digna lo poco que dure.
Ahora voy relajadamente cuesta abajo, voy de tranqui. Sin pensar demasiado, no me gusta mirar a través de un vaso de mierda. Mi pensamiento es metálico, no tiene nada de étereo.
Un cazador sube por el camino y lleva dos conejos colgados del cinturón, también arrastra un pequeño ciervo.
– Bon día -me saluda.
– Bon día -respondo observando el pequeño ciervo que arrastra y el cráter negro que hay en el cuello del animal.
– Avui he tingut sort. Feia molt temps que no anava tan carregat.*
*(Hoy he tenido suerte. Hacía mucho tiempo que no iba tan cargado, en catalán).
Siempre hacen lo mismo, si no les haces caso abiertamente alardean.
¿He dicho que no soy cobarde? ¿He dicho que alguien ha tenido mala suerte hoy?
Parece que la mala suerte alcanza a muchos seres en esta montaña. Y de nuevo, en apenas un metro cuadrado, saco la navaja del bolsillo, abro la hoja con el dedo pulgar y la clavo en el cuello del cazador tantas veces como es necesario para matarlo.
La primera puñalada lo ha dejado en shock, las siguientes han sido fáciles. Los conejos muertos se han desprendido de su cinturón cuando ha rodado por suelo con las manos intentando taponar tanta sangre. Era más mayor que yo, pero no importa, también era más alto y pesado. No me dan ningún miedo los grandes machos.
De hecho, tengo algo de suicida cuando decido enfrentarme a algo o alguien.
Mis hombros y trapecios sobredimensionados tienen ese fin: proyectar con fuerza y brutalidad sin control mi sentido de la justicia y la hostilidad hacia aquello que me incomoda.
Los hay inteligentes y estoy yo, que hace tiempo llegué al límite de mi paciencia. Cuando te das cuenta que matar no tiene castigo si lo haces bien, si eres discreto, se convierte en tu mejor pasatiempo.
Es grotesca la escena con tantos cadáveres, me llena de desasosiego. Mi carácter es tranquilo normalmente, pero la anormalidad me hace desdoblarme al mirar a través de un vaso lleno de muerte.
No sé si me entiendo yo mismo.
Pero, si yo no hago justicia ¿quién la va a hacer? ¿Y si me hubiera querido cazar a mí también con esa escopeta de gruesos cañones? Tengo un aceptable sentido de la supervivencia.
Lanzo el cadáver por el inclinado talud de la montaña, es como un infierno verde lleno de espinas y árboles que parecen tragarse todas las miserias.
En unos segundos solo queda en el camino la cantimplora del cazador, la necesito para limpiar de sangre mi rostro, el pecho, los brazos y las manos.
Luego la tiro y se la tragan las zarzas también.
Hace calor. Es hora de un refresco.
Putas babosas…
– Donde los sentidos se dislocan. Donde los temores se evaporan. Y aprovecho para desdoblarme*… -tarareo.
*(Letra de la canción No dejes que, de la banda de rock mexicano Caifanes)
Un campo de energía
Publicado: 9 septiembre, 2015 en Amor cabrónEtiquetas:"ciencia ficción", Amor cabrón, Reflexiones, relato
Entre tú y yo hay un campo de fuerza que no permite el paso de los besos.
Tu humedad se escurre entre los muslos desangelados y mis erecciones son un puntero que indica la dirección hacia lo inalcanzable y lo imposible.
A pesar de que existes y estás en algún lugar.
Hermosa y amada hasta la agonía.
Somos reflejos atrapados en espejos enfrentados.
Fluidos que se escurren por una infranqueable pared de nada y labios aplastados contra un cristal.
Palabras sin sonido que parecen morir apenas nacen de los labios.
«Te amo, mi vida».
Y las palabras se convierten en ceniza que cae sobre mi pecho y tu mirada triste al otro lado me retuerce las entrañas. Tu tristeza es mi tormento.
Almas apresadas a las que nadie presta atención, porque nuestra atmósfera es sorda e incompatible con la de ellos, los otros.
Tus manos se apoyan en lo infranqueable y lanzas miradas de socorro que me doblan con una náusea.
Figuras mudas que nadie ayuda…
Yo no recuerdo haber hecho algo especialmente malo.
Tal vez es tu condena la que me arrastra.
¡Mentira! Intento bromear para no llorar como un crío. No puedes haber hecho algo malo. No puedo aceptar esa idea, es inconcebible.
A menos que poseer la voluntad de un hombre sea delito.
Algo así puedo imaginar, que sin pretenderlo, hayas usurpado el trabajo de Dios al hacer de mi alguien que te adora.
Y ahora pago las culpas por ser alguien que pende de ti, arrastrado por tu pensamiento y el deseo por tu piel.
Alguien hizo ciencia-agonía de la ciencia-ficción.
Somos dos amantes apresados cada uno en un capítulo de una novela del futuro.
No puedo abrazarte ni besarte. No puedo consolarte.
Solo escribir y buscar el método, el sortilegio para romper esta condena.
Asesinar al autor.
Este maldito campo de energía…










