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Es lógico que el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus, decrete que es lo que no deben comer sus habitantes. O que se salga por la tangente con su fascismo de mierda algún sectario trasnochado del viejo Soviet Supremo de la URSS.
De hecho, hace muchísimos años, se prohibió el acceso del marisco especulando su precio (siempre se ha dicho que es un gran alimento para el cerebro) muy al alza, hasta el robo impune. Y también se ha sancionado el inofensivo consumo del azúcar, porque es energía para el organismo, la glucosa es el alimento del cerebro (Cataluña fue pionera en castigar el consumo de refrescos y creo recordar que si no es la única, es de las pocas que roban dinero por algo tan inofensivo. Alegaba el caciquismo fascista catalán que no quería catalanes gordos porque no es el estándar ario catalán. Pero en su pensamiento fascista estaban pensando, que si no hay cerebro ¿para que alimentarlo con azúcar? Por supuesto, las bebidas alcohólicas no se castigaron con sobretasas, porque vale más un votante borracho y obediente que otro con el cerebro bien alimentado). Que ahora el nuevo y normal fascismo español del coronavirus pretenda decir a la gente que no coma carne, es por la sencilla razón de robarle fuerza física y darle una mayor mansedumbre. Si le quitas a un omnívoro su alimentación proteínica, su carácter se hará más dulce y amable y podrán controlarlos a todos (véanse las felices y bucólicas vacas), que irán cogidos de la mano mascando ortigas o cardos con el bozalito en el hocico cantando el “yo me quedo en casa, yo y mi bozal, yo me vacuno y todo irá bien de mierda”.
Y todas estas ideologías fascistas las imponen a pesar de la ruina que representaría para la economía del trabajador. (Y a pesar de que no me sale de los huevos dejar de comer carne y beber Cocacola en la cantidad que también, me salga de la polla ¿Qué tendrá el fascismo que me hace fumar y beber más Cocacola que nunca?).
Así de paso, serenan la posible hostilidad de los futuros pensionistas por el robo a sus jubilaciones y derechos a una vejez digna. Y si además, decretan otros días de prisión por pura maldad; pues nadie dirá ni “muuuu”.
El fascismo español está llegando a unos límites muy peligrosos para la salud y la inteligencia.
Imagino que son los últimos coletazos rabiosos de los caciques autonómicos, ministros, jueces y caudillos que pretenden dominar los más íntimos aspectos de los ciudadanos antes de poner al ejército en las calles para controlar a la población y sus hábitos.

Así lo ha proclamado hoy el cacique autonómico de la taifa valenciana.
Quiere encarcelar a todos los plebeyos valencianos durante la noche (de momento) sine die.
Ya sabía yo que los fascistas, sobre todo los caciques autonómicos, no aguantarían mucho tiempo viendo libres a sus votantes.
Es necesario tener “mano dura contra este pueblo de mala cerviz”, seguro que así parafrasea a Yahveh el fascista.
Se abren apuestas, a ver quién será el próximo cacique autonómico del Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus pidiendo prisión y proclamarse así salvador de la vida y custodio de la fasces de España.

Lo de Ayuso será pura oratoria pero es diferente de la asfixiante propaganda institucional del nuevo y normal gobierno fascista del coronavirus, es necesario un lenguaje duro y directo contra lo melifluo del paternalismo doctrinal, cuasi religioso del fascismo/comunismo. Que nadie sea ingenuo, no es una cuestión de verdades (que no existen en la política), es una cuestión de corrupción, de estafa y de unas libertades robadas con una indecencia propia de un proxeneta.

El pueblo español paga indultos, paga una nómina de gobierno multimillonaria por encima de sus jornales y mientras eso ocurre; el gobierno se preocupa de encarcelarlo, colocarle un humillante bozal, arruinar su trabajo y sus pensiones de jubilación, y secuestrar y encarcelar a sus hijos y asfixiar sus más mínimas libertades básicas y vitales, incluida la del pensamiento gracias a su gran aparato doctrinal que abarca todos los medios de comunicación, con la complicidad primera de las redes sociales.

Sí, hay indultos y favores para los que son de su raza (políticos). Y están jodiendo más de lo aconsejable al pueblo. De tal modo que ahora, España es a China, lo que Cuba a la URSS, pero solo para lo malo: la ruina y la represión salvaje.

Todo el mundo sabe que el político ha nacido para robar (vivir a costa de los demás es lo mismo, el poder máximo y que se escribe con «j» inicial) y así enriquecerse; pero si fuerza demasiado la paciencia, debería saber, en caso de disponer de una inteligencia mínimamente funcional, que las guerras civiles nunca pasarán de moda. Y el hambre hace peligroso al que una vez fue un sumiso cabestro.

No es correcto lo de macrogobierno: es un macrofascismo.
Echar a seis ministros, con una cantidad de funcionarios por cada ministro o ministerio que podría ser de doscientos o trecientos puestos, es ya una buena rebaja, aunque se queda muy corta, claro (estoy seguro de que ni me aproximo, es un absoluto misterio el número de funcionarios que rodean un ministro, un diputado o al Caudillo mismo). Porque al final el funcionario es un pensionista, su nómina está pagada por el trabajador. Y se les quiere robar dinero a los pensionistas y obreros para seguir manteniendo su macrofascismo de mierda. (Con la puta de Franco, la cosa era peor; pero a nadie se le ocurría decir a gritos que España era un estado de derecho).
La península ibérica está absolutamente podrida, vayas a la región que vayas. El fascismo irradia desde el centro y lo alcanza todo descomponiéndolo.
Parece que el problema serio son los “funcionarios boomers” y los puestos de favor del fascismo en curso. Si nadie lo ha visto antes es porque es idiota, es una puta pagada por el fascismo español, o tiene ese analfabetismo funcional que produce la fe en el coronavirus y su variables delta, que es ni más ni menos el empobrecimiento del sistema inmunológico y pulmonar de los que se han pasado casi un puto año con un bozal en el hocico y no han sido capaces de desobedecer. Si respiras mal, te proteges mal. Y lo que se contagia no es solo coronavirus, conociendo al fascismo español y su prensa, bien podrían ser simples catarros, cuantificados como “lacovid” para decretar más prisión y represión al pueblo.
Coño, es que incluso Europa le ha de decir al nuevo y normal gobierno español del coronavirus: “Un poco de clase y decoro, y por favor aflojad con la corrupción”.

Al igual que en Brasil se matan a niños que roban o mendigan en las avenidas con comercios de lujo; en España se crearán Escuadrones de la Muerte para asesinar a los jóvenes que “descontrolan el virus”. No faltarán grupos de justicieros analfabetos dispuestos a atajar el virus matando al joven que lo transmite.
Pudiera parecer de risa, pero llámese limpieza étnica o escuadrones justicieros, las cosas suelen tomar el camino del genocidio o asesinato cuando el fascismo gobierna con mano férrea y tiene a la prensa como prostituta vendiendo culpables y delitos que no existen.
Y cuando maten a los primeros jóvenes, el pueblo español dirá: “Ellos se lo han buscado”.
Como los que morían fusilados por Franco, también se lo buscaron por rojos o sindicalistas ¿no?
El fascismo tiene la franquicia del crimen perfecto en cada decreto y en cada atropello que comete. Hay que recordar, no obstante, que el crimen perfecto del gobierno existe porque existe un pueblo imbécil y mezquino.

Se veía venir, es un acoso a los jóvenes para culparlos de propagar la enfermedad y castigar así a los padres. La represión ya está llegando a límites soviéticos, de gulag.
El fascismo va completamente desbocado, marcha a toda máquina hacia una especie de limpieza étnica, que en este caso sería sanitaria: eliminar a enfermos y contagiados. España, será una segunda parte de la guerra de Bosnia y su genocidio.
Y quien se pierda en el bosque será culpable de ser excursionista, el que se caiga con la bici será culpable de ser ciclista y el que se caiga escalando, será culpable de ser escalador.
Son unos hijoputas los nuevos y normales fascistas y sus colaboradores prostituidos/as.
Es que se masca el odio y la saña en cada una de las declaraciones del nuevo y normal régimen fascista español del coronavirus.
Ser enfermo en España, ya es un delito.
Porque si hay epidemia alguien debe de tener la culpa; y la culpa siempre es del pueblo y no del gobierno fascista criminal y genocida que la propagó para conseguir el poder de encarcelar, oprimir y humillar.

Me he metido tan adentro del planeta en soledad, que en la lejanía podía ver donde habito.
Y es muy lejos, ha sido mucho caminar.
Me envanece ser una bestia con tamaño radio de acción y la fuerza para recorrerlo y morir entre tantos kilómetros de bosque y montaña.
El horizonte más hermoso que existe: un mar de montañas…
En realidad es agotador; pero fumo desde la cima observando mi reino, e irremediablemente se me pone dura (la polla).
Soy incorregible, no puedo ser de otra forma: hombre y bestia. Y así ejerzo, aunque duela, aunque joda.
En lugar de admirar escaparates, mostradores de grandes almacenes, pensar en coches, o tomar algo en la comodidad de un bar; simplemente vivo y padezco la naturaleza.
Nací irreductible, jamás me integré donde me obligaron a crecer.
Y lo he hecho bien, me siento bien aquí y ahora.
Me gusta sudar y echar el humo del tabaco hacia aquello tan lejano allá abajo.
Me la pone dura.
Otra vez…
No es alarde, es biología y vicio.
Los párpados escaldados por el sudor hacen mi mirada hosca y sin embargo, observo todo con ilusión contenida.
He visto una serpiente cubierta de rombos verdes y una fina cola como un látigo esmeralda ocultarse en la fronda.
A una comadreja preciosa pensar si subir o bajar de donde se hallaba. Ha bajado, la muy holgazana.
He oído al pájaro picotear furioso un árbol y los excrementos aún humeantes de un animal que ignoro (no era yo, lo juro).
Un jabalí ha arrancado un gran trozo de musgo que ha caído en el camino, se escondía de mí, bosque adentro y arriba.
Lo maravilloso del bosque, es que no ves la vida que contiene; mas la sientes como una profunda y atávica emoción.
Y lo triste del bosque es que no puedes evitar ver sus grandes y pequeños cadáveres.
También pienso que si tuviera un infarto aquí y ahora, dejaría otro cadáver más.
Y sería más digno que morir donde habito.
Quiero ser una tristeza en el bosque y no una mediocridad en el tanatorio.
Así que cuando intuya que voy a morir (esas cosas se saben de una forma natural, no requiere instrucciones, solo valor y decisión), cogeré mi mochila cargada con tabaco, mis prismáticos, mi cámara de fotos, mi navaja, mi pluma y mi cuaderno.
No necesitaré todo eso (el tabaco sí); pero me da paz cargar con ello.
Nunca he sido perezoso. Solo reacio a obedecer de mierda a nadie.
Y caminaré montaña arriba hasta donde muera.
Unas oscuras nubes aportan un repentino aire fresco a este día de julio, el mes más hijoputa del año. Y se me cierran un poco los ojos como si fuera una caricia.
Vuelvo a pensar que es tan buen momento como otro cualquiera para morir ahora. Lo tengo todo a mano para morir bien y sereno.
Ya verás… Cuando sienta que se me raja el corazón, no me dará tiempo ni a meter la navaja en la mochila. La vida es muy puta con sus jugadas y bromas.
No creo en los malos presagios de un cielo oscuro, porque el cielo oscuro es lo más bonito. Sin embargo sí pienso en una muerte digna tras una vida que me han obligado a vivir indignamente.
Y mira por donde… Ahora me saco la polla y meo, hacia allá abajo donde he vivido la indignidad.
Todo cuadra…
Pequeños rencores que no hacen daño a nadie (desafortunadamente); pero me la ponen dura (la polla).
Debería morir ahora, coño.
Quiero ser un cadáver del bosque y no una rata muerta en una cloaca excrementicia.
Seré romántico: Que Dios o el Diablo, si existieran; aquí y ahora me den muerte.
Pues mierda, no existen o no quieren. Bueno, al fin y al cabo siempre he sido un ateo blasfemo, si alguna vez hubieran existido o existieran me la tendrían jurada.
¡Joder! Ahora tengo que volver a caminar todos esos kilómetros.
Como me maten cuando llegue a casa, me cagaré en la puta que los parió.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La vaca con mucho cuidado, come de donde puede y a juzgar por la desmesura con que abre su ojo, desearía ser jirafa en ese momento tan embarazoso.
Ser jirafa y no haberse metido en una senda tan estrecha. Seguramente estará pensando que si dios hubiera querido que comiera de las altas hierbas, le hubiera dado un cuello muy largo. De color amarillo con motas negras.
Tan estrecha la senda y tan cerca de los alambres electrificados…
También debe estar ahora saludando telepáticamente al padre del ganadero que a bien tuvo hacer un caminito pegado a la alambrada. O tal vez fuera, que alguna “amiga” que aún ríe mugiendo allá atrás en el prado; le dijo hace media hora: “Por allá, por donde el camino es tan estrecho, encontrarás los mejores pastos, te lo juro, hermana vaca”.
Y la hermana vaca decidió probar pastos más sabrosos porque aquella amiga suya, de gran talante cristiano, así la ilusionó. Y de paso aprender algo que no tenía por qué saber y que maldita la gracia, ya que no es una vaca electricista.
Porque la expresión de su ojo, no solo indica que tiene hambre, sino que ya ha tenido una buena lección de sabiduría sobre la electricidad y sus voltajes.
También, o al menos yo lo haría, debe pensar que es una tarde mierda.

Y es que los nuevos y normales fascismos buenistas y protegevidas del coronavirus (y de antes del coronavirus), hace tiempo que llegaron a la conclusión de que el pueblo es absolutamente imbécil y no se entera de nada (cosa que supe apenas a los seis años de haber nacido y sin que nadie me lo enseñara; tampoco son unos lumbreras los nuevos y normales dictadores arruinadores).
Por ello, impunemente cargan contra los pensionistas, cuando el gran robo lo ejerce el mismo estado con una nómina desmesurada de funcionarios y miles de políticos cobrando como diputados, senadores, ministros, altos cargos, policías, jueces, etc… Y todo ello por cuadriplicado por decir lo mínimo.
No, el jubilado no tiene la culpa. Es el estado ladrón el que hunde la economía mes a mes, día a día.
Que la chusma o pueblo trague con todo sin rechistar tiene unas cuantas razones a cual más simple:
Una vez la gente se ha acostumbrado a ser encarcelada en sus casas por decreto, prohibiéndoles las funciones básicas de trabajo y esparcimiento; obligada a respirar insanamente los restos que expulsan sus pulmones y que no deberían tragar jamás por un bozal impuesto sin pudor y criminalmente, llevada al paroxismo del pánico gracias a una eficaz prensa colaboracionista y una televisión que se ha convertido en un catecismo diario del fascismo; cuando se ha forzado el uso de vacunas y denostado la aspirina (es de risa) y con un pueblo dependiente de una administración soviética o china, acobardado, humillado y enfermizo con consignas como “libertad es enfermedad”, “la juventud es mala”, “quédate en casa, arruínate y da gracias que te salvamos la vida”. Una vez el pueblo ha asumido con tácita resignación la dictadura, y que sus hijos puedan ser secuestrados, encarcelados y vigilados por policía fuertemente armada; todo lo demás es pan comido. Como la subida criminal de la luz también. El Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus ha creado el pueblo más manso, castrado y sumiso que dictador alguno pudiera soñar.
Y por ello, un pueblo castrado de pensamiento, servil y cobarde, se resigna a que le arruinen su pensión o jubilación; porque si han podido sobrevivir al resfriado con que se les ha infectado, no importa lo demás. Ni siquiera que un cacique autonómico decrete cárcel para tu hijo que no ha cometido delito alguno. El pueblo se dirige directamente a una ruina garantizada tecleando y leyendo cosas que no comprende en un teléfono, sin rechistar, con todas sus libertades liadas en un tubo y metidas en el culo, con un bozal del que no se atreve a desprenderse y con sus hijos como menú diario del nuevo y normal caudillo español.
Bienvenidos a la dictadura del miedo y la sumisión (normal, nueva y española, por supuesto).

Sinceramente, yo tampoco iría a un país o región donde por capricho y voluntad del fascismo me encarcelaran por la simple sospecha de poder estar enfermo; y mucho menos con una policía armada preparada para pegarme un tiro si ellos (los fascistas) consideraran que fuera necesario.