Archivos para marzo, 2019

Claro y Roma debe pedir perdón por sus invasiones a España, Francia, Turquía, Austria, Viena, Gran Bretaña…
Los griegos deben disculparse por dejar suelto alegremente a Alejandro Magno (el ambiguo sexual) por haber invadido Egipto, Siria, Gaza…
Y el mundo Árabe también debe disculparse con España por haberla ocupado durante 800 años.
Lo que ocurre verdaderamente es que los políticos se cansan de “trabajar” y como no hay nadie que les pueda sancionar con empleo y sueldo, se dedican a divagar desidiosamente sobre conquistadores y soñar que ellos llevan una corona de laurel en el tarro, como los césares.
Hay que trabajar más, sobre todo cuando se tiene un país hecho una mierda y es considerado como la representación máxima de una dictadura longeva y la corrupción como forma de vida y pago cotidiano.
No hay que perder el tiempo en tonterías.
Hay un exceso de desidia, eso es todo.

Soy un fetichista; pero no de esos que se meten cosas en el culo y luego se embadurnan el pecho con los excrementos de su puta o los de su septuagenaria madre.
Mis indecencias son pulcras.

Como todo buen «demócrata de mierda», metiéndose en cuestiones que no le importan.
Porque si una mujer aborta o no, nadie debe cuestionarlo, nadie debe meterse en la vida de nadie, cojones.
Estos subnormales no aprenden.
Lo que ocurre con una persona, solo atañe a la persona.
Gilipollas fasciosos…

Son tan pequeños…
Con sus ojos cerrados (si los tuvieran), y sus piernecitas semiflexionadas parecen muñequitos de un roscón de reyes.
Muñequitos flotantes en sus frascos de formol.
Al que le falta un brazo se llama Raúl (concluyeron que algunos de sus órganos internos no se habían desarrollado).
El de la cabeza deforme, dividida en dos partes asimétricas es Jordi.
Y de la columna partida (si agito el frasco, se puede ver como asoma un trozo de columna vertebral a través de la espalda) es Borja.
Son mis hijos muertos abortados para evitar sufrimientos, seguramente poco tiempo antes de que murieran por si mismos.
Los salvé de ser incinerados pagando a los encargados de los deshechos biológicos de los hospitales donde no nacieron. Me los entregaban en bolsas amarillas cerradas con una brida y dentro de una bolsa de supermercado.
Mi naturaleza crea seres deformes, mujer que dejo preñada crea un monstruo, un tarado.
Mi polla escupe mierda, por así decirlo.
Sacando el polvo a los frascos de conservas de legumbres donde flotan, siento cierta pena de no haberlos conocido, cómo serían sus sonrisas; pero dudo que sonrieran.
Hubiera sido un padre que tendría que haber oído sus lamentos y la absoluta vergüenza de tener hijos aptos para nada. O abrir una feria ambulante de monstruos.
Al final, los hubiera acuchillado y ahora estaría en la cárcel. O no, soy bastante más inteligente que cualquier policía, que cualquier ser humano.
Cuando desde la ventana incide un preciso rayo de luz en sus frascos, se iluminan en color dorado y parecen pequeñas divinidades que duermen plácidamente; podrían despertar de un momento a otro con una sonrisa piadosa hacia su padre.
Sé que la culpa es mía; pero sentí un odio peligroso hacia sus madres y me divorcié de ellas. No sin antes darles una buena paliza, claro.
Úteros de mierda…
Y en mis cojones la podredumbre y la miseria.
A lo mejor soy uno de esos hijos míos que flotan en formol.
Solo que por dentro, con mi capacidad motriz intacta y la tara es mi pensamiento y mis testículos ponzoñosos.
Toda esta amargura que contengo bajo un rostro impasible día tras día.
Ni siquiera cuando acudo al banco de esperma para donar me siento mejor.
Si un día llegara a saber qué mujer va a parir/abortar/escupir mi próximo hijo flotante, acudiría al hospital en el momento adecuado. Los hermanos deben estar juntos.
Los amo, esos pequeños fetos, o niños a medio formar, representan la inocencia absoluta y la práctica demostración de que hay razones por las que algunos humanos no pueden crear descendencia.
La naturaleza no es sabia, es solo cruel.
Y mis pequeños hijos flotantes, pequeñas y mártires divinidades de un mundo extraño.

Iconoclasta

“En boca cerrada no entran moscas”.
No es una metáfora de listillos de taberna y sabios beodos. Es literal.
Se podría decir que Yo y las moscas compartimos el mismo gusto por los lugares.
Precioso…. Soy deprimentemente singular.

Hoy es un día de esos que deseo con vehemencia que ocurra alguna catástrofe nuclear o sísmica para que quite de en medio a tanto gilipollas sin equilibrio y con un exceso de torpeza. Y al igual que Napoleón, piensan de mierda que el mundo es suyo.
Es que no saben ir en bici (es obvio, sacan la lengua al pedalear), y además llevan el perro atado al manillar con una larga correa, ocupando toda la pista. Así que su deficiente coordinación motriz, unida a un perro que es más inteligente que ellos, crea situaciones de peligro y en las que nadie se puede escandalizar si les gritas con efusión: GilipollasHijosdeputa.
Si se cruzaran con otro tan idiota como ellos, se matarían; que es lo que viene ocurriendo en los accidentes de tráfico con coches y motos, solo que no llevan al perro atado al retrovisor correteando de un lugar a otro.
Conclusión: está tan sincronizada la estupidez y vulgaridad de la chusma que, coinciden todos con absoluta precisión en tiempo y lugar.
Estoy abandonado…
(Y de entre todas esas decenas de imbéciles, aparece el listillo de turno con patines, con perro y del que no tengo nada que objetar porque lo hace putamente correcto.
Joder, con lo que me gusta denigrar a la peña…)

En Telegramas de Iconoclasta.

Dada la actual filosofía de vida emocional, en la que todos son más jóvenes de lo que aparentan y los tontos no quieren dejar de creer en los reyes magos por una ñoña ilusión e inquietud a envejecer; no tardará la industria relojera en fabricar relojes que giren al revés para una mayor tranquilidad de los idiotas (hablo de seres humanos cualquiera que sea su sexo y edad, que ninguno se sienta excluido de mierda).
Las 16:43, es una buena hora para morir, gire o no al revés.

Cuando veo cielos tan enormes siento un deseo suicida de hacerme un punto, desaparecer en el horizonte, aunque fuera para siempre.
Tal vez por eso soy un tullido, para que el dolor me frene, me detenga. El cuerpo se protegió de mi mente en algún momento, cuando supo que no habría final feliz.
Es tan grande el mundo y mi pierna tan mierda…
Es tan bello el cielo y mi pierna tan negra…