Si la frustración y el desánimo se extienden por la piel, si la rabia al salir de la garganta, no da consuelo; es hora golpear todo lo cercano sin control.
Lesión y dolor son remedios eficaces para aliviar la presión.
Cuando la violencia se retiene demasiado tiempo, se convierte en sadismo y es infinitamente peor; cuando se derrama sangre ajena con una violencia reprimida, se crea fascinación y narcosis.
No se debe prolongar lo inevitable.
Y al fin y al cabo, la violencia es la más alta, legítima y auténtica expresión de la libertad.

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