He aprendido que la muerte y el dolor van a horcajadas de la alegría.
Es un hecho tan previsible como inevitable. Tan trascendente como aciago.
Porque no puede haber alegría sin dolor.
Sin embargo, sí que hay dolor sin alegría.
No es pesimismo, no hay una sola brizna de depresión o angustia vital en mí. Es la pura comprensión de la vida.
En el lomo de la muerte no monta nada, asusta incluso al dolor. Al menos no engaña a nadie, salvo a quien pretenda ser estúpido hasta en su último latido.
Que también los hay: los que se están muriendo y dicen que todo irá bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s