Me gusta el momento previo a la lluvia, cuando los animales humanos y los dignos contienen el aliento en sus refugios, y yo me dispongo a salir en busca de la limpieza del pensamiento y la piel. De la caricia del planeta.
Bajo la lluvia estoy todo lo aislado que se puede estar.
Y es mágico.
Porque estar encerrado, a cubierto, es más de lo mismo y ahoga más que el agua.

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