Es correcto que los dioses vivan eternamente (todos los que aparecen en la güiquipedia y algunos más olvidados); ya que al no existir, no hay vida que gastar.
No existe nada tan gratificante como aplicar la lógica a la irritante y machacona superstición de la hostia, que si el cerdo es malo, mutílate la polla para ser puro, la libertad es enfermedad, o el bozal y la vacuna te libran de morir.
Y si mueres siendo creyente y cumplidor, tienes un gran burdel tras la muerte con bufet libre.
Sin embargo, todos los que he conocido y que han muerto (padre, madre, abuelas, abuelos, tíos, primos, perros y gatos), ni uno solo se ha manifestado, ni para decir: ¡Qué rica es esta nueva vida, carajo!
Idos a la mierda con los dioses y sus impuestos y leyes de la puta polla.

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