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Muertes grandes y pequeñas

Si esta noche muero, no pasará absolutamente nada. No habrá un túnel y al final una luz que me lleve a otro lugar. Solo alguna pena, algún pesar de algún amigo si se entera.
Eso imagino. Y si no es así, no importa, la muerte te libera de sentimentalismos inútiles, hay quien se plantea que pasará, que sentirán los demás, que si lo recordarán.
Cuando la muerte es la absoluta liberación, cuando mueres o decides morir, puedes dejar encima de una mesa las fotos de tus órganos genitales y masturbaciones con absoluta tranquilidad. Que las vea quien quiera como epitafio.
Me gusta…
No resulta tan dramático morir, miles lo hacen cada día.
Es simplemente algo cotidiano.
La mía será una muerte pequeñita, que apenas dará que hablar. Hay muertes mucho más importantes, como la de mi padre.
Lo mío será poca cosa, algo suave…
Es que el sueño ya no me da descanso, debo necesitar algo más fuerte.

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Ramas tenaces que se enmarañan para detener la luz, como si no quisieran esperar aburridas a que la primavera las vista de nuevo.
¿Por qué deberíamos asentir serviles a las leyes aunque sean naturales?
Somos iguales: desnudos, sin apenas defensa. Ni amo ni dios, escupimos al cielo.

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Ellos no saben lo muy muertos, lo muy podridos que están hasta que el viento los parte como paja seca.

Medio podrido ya, no me partiré ignorante, no me sorprenderá morir.

Fumaré mientras llega la muerte y los latidos se apagan.

A cada paso que doy soy consciente de la fibra que se rompe.

A cada segundo soy consciente de que ya queda menos.

Pobres árboles indignos que parecen vivos y están tan podridos.

Imitan la humana cobardía.

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Si hubiera otra vida tras la muerte, sería lo peor que pudiera ocurrir. Posiblemente, los muertos mirarían la tierra como su «cielo» inalcanzable en una eterna frustración.
Y una mierda, no pienso vivir más estupideces. Me paso por el forro de los huevos resurrecciones y metempsicosis.

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Solo soy un trozo de carne.
No deja aún de sorprenderme, como toda esa masa orgánica es capaz de generar pensamiento.
Es difícil de entender cuando en la sección de carniceria del súper veo trozos como yo colgados de ganchos.
A veces siento mirar otra cosa ajena a todo pensamiento y acabo pensando en el precio de un bistec.

La memoria bastarda

(Foto de Óscar París)

 

Soy la bastarda e impúdica memoria que saca de entre los excrementos y alza las secretas insignias de la humanidad: una compresa usada y un condón pegajoso, sucios de mezquindad y mediocridad.
La leprosa reproducción de los idiotas…
Los alzo para que todos se sientan incómodos, para que giren la cara y con hipocresía ladren: «Eso no va conmigo».
Trapos sucios y mi pene latiendo y goteando… Completamente animal, tenazmente ajeno a todo.
Sudo soportando el peso de la bastarda memoria.
Soy la calavera sin carne de un zorro que se suicidó en la acogedora oscuridad.
Al que mataron sin tiros cazadores degenerados sin dignidad.
Sucios, idiotas.
Soy un paria de la realidad, que la ensucia, que se mea en ella y la cubre con horrores y sexos de ciencia ficción.
Con amores imposibles.
Mi amor… No eres imposible, eres insoportable. Disculpa al pregonero de la miseria, al escritor sin drogas que llora sin consuelo alguno el asco y tu amor potente y desesperante.
Estoy acabado ahora, mi bella, mis muslos húmedos, mi coño, mis pezones preciosos… No es por ti, es cansancio. Es explosión.
Soy la memoria bastarda iluminada por un rayo casual de sol. Una pena que se remueve incómoda al ser descubierta.
Y mantengo en alto todo el peso de vuestras miserias que embarazosamente ocultasteis, por ello mis ojos lloran y se escaldan por el esfuerzo; bajo el peso de todo el excremento moral con el que habéis creado la capa de la tierra que pisáis.
Tú no, mi amor, tú estás allá en un lugar limpio. Eres mi luz, la que da textura a mi cráneo, la que me hace trascender. Déjame que acabe con ellos, denigrarlos hasta hacerlos estiércol; y luego ante la calavera del inocente, te beso y te follo.

(Mi gratitud y admiración por la foto que el artista de la luz Oscar París, tuvo a bien prestarme y la que provocó este vómito desesperante y atroz).

 

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Iconoclasta

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«Los placeres sencillos son el refugio de los hombres complicados» (Oscar Wilde).
Estoy de acuerdo a muy grandes rasgos, pues no puedo ser complejo sin mi vanidad. Por ejemplo: un sencillo lápiz de madera no me da refugio ni placer (me encalambra los dedos, por decir poco, por decir lo mínimo).
Mi refugio está en el elegante y complicado plumín de oro de una Montblanc.
Aún así, un aprobado para Wilde y sus pocos sofisticados placeres.
Me cae bien el hombre.

 

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No sé cual es el final: si salir de la oscuridad o entrar en la luz.
No sé si la salvación es blanca o negra.
Lo único que sé, es que en la oscuridad estoy bien, hay paz.
Y la luz me aterroriza, no quiero que me traspase la carne. Quiero ser un latido en la negritud antes que un borrón que se funde en la luz.
Por eso espero tras ellos, para observar atentamente si la luz los desintegra y gritan de dolor.
No tengo prisa y mi curiosidad es cautelosa.
Soy astuto.
Acabad, avanzad más allá, puede que haya ángeles.
Yo fumo mientras, observando vuestra desintegración.

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Nos ha jodido, vaya descubrimiento…
Llevan un retraso de cojones.
(La vida es larga y el placer corto, en catalán).

Anna Morna

En Telegramas de Iconoclasta.