Imagino que como lleva ese bozal negro, se siente a salvo de la vergüenza de su vanidad de patán. Como esos nuevos ricos con complejo de grandeza que en las películas se montan una copia de algún monumento famoso en el jardín. “Nosotros, los veinte líderes”.. No jodas. ¿Líderes de qué? Será que ahora Ali Babá, tiene solo veinte ladrones en lugar de los cuarenta. Diecinueve fascistas del coronavirus y el del bozal negro con banderita española, como enlace sindical a lo sumo.
Los designios del Señor son inescrutables porque no domina bien el lenguaje. Y además, padece dislexia ya que confunde la bondad con la maldad y la libertad con la esclavitud continuamente. Dios necesita un buen logopeda. O una lobotomía si el profesional no puede solucionar esa deficiencia.
Como a esta enferma, el nuevo y normal gobierno fascista español, ha asesinado a miles de personas con graves enfermedades, por curar con paracetamol una gripe o resfriado como el coronavirus. El gobierno español lleva cometiendo genocidio sin descanso desde hace más de ocho meses. Y en Europa, en la vieja decadente e indecente Europa, han masacrado a decenas y decenas de miles de personas. Y en el mundo a centenares de miles. Ya no hay otro medio para defender la vida y sobrevivir al fascismo de la cobardía y la ignorancia que, recurrir a la violencia y la guerra en que se convertirá. La razón está clara y justificada: si te van a asesinar, empieza a matar a tus asesinos. Muerte con muerte se paga. Y no puede acabar simplemente así, con violencia; los actuales gobiernos del fascismo del coronavirus o “la covid 19”, al igual que los nazis de la última guerra mundial, deberán ser acusados y condenados por genocidio, a prisión o a muerte. Y confiscar sus cuentas bancarias en paraísos fiscales para recuperar todo el dinero que han robado.
Los actos de fe nacen de necesidad, ambición, carencia e indolencia. El ser humano abrazó la religiosidad cuando perdió el coraje para sobrevivir en la naturaleza y la libertad para vivir donde necesitara o eligiera. Todo lo demás es cháchara.
Toda dictadura necesita asfixiar libertades y asesinar sistemáticamente para hacerse fuerte e instaurar su tiranía del miedo. Se trata de una cuestión de estrategia si: asesinar con fusilamientos y tortura; o bien con terror, ruina, hambre y enfermedad. En cualquier dictadura, la más mínima y elemental libertad de movimiento está limitada a lo que los genitales de presidentes, ministros y la bofia dicten. Es esencial entender que no existe ninguna enfermedad que destruya la libertad. Los actuales gobiernos fascistas han inculcado en el imaginario de la chusma que libertad es enfermedad. Gobiernos con políticos que se han formado exclusivamente en docencia y educación para deficientes mentales; de ahí el éxito de sus dictaduras y bozales. Quien se crea que la libertad es enfermedad o su causa, debería hacer lo posible por suicidarse y mientras se decide, que no se reproduzca.
Son noches muertas las que dictan los tiranos, estafadores electos que las decretan oscuras y con una libertad podrida. Dictadores que han sido elevados a rango de presidentes o ministros por una turba de cobardes e ignorantes votantes. La enfermedad no es un coronavirus, la enfermedad es la dictadura y la destrucción de la libertad más básica, que apenas existe ya. Gracias al coronavirus y el terror el gobierno ha instaurado su absolutismo sin violencia sangrienta; pero dejando morir a miles de personas (no sé qué grado de homicidio será, tal vez sea simple genocidio) con los aplausos de una sociedad degenerada y su miedo enfermizo e inmovilizador. Todo lo que es mayoría es mediocridad e indignidad. Ahí radica el secreto de que la mezquindad, la envidia y la cobardía se hayan convertido en un gen más en el ADN humano. Han follado tanto en una orgía endogámica, que han clonado en sí mismos todas las miserias. Los caudillos han resucitado las noches más negras, las noches prisión en las que patrullan como animales venenosos los asesinos de la libertad; ávidos de encarcelar y sancionar, corruptos de una moral marcada por la miseria de sus amos votados. Cobardes, porque al final, también son populacho votante. España y su desmesurado amor por los dictadores… Tiene necesidad de ellos; debe ser porque su población considera que es mejor un cerebro podrido que ninguno. España no puede sacudirse de encima la espina de los caudillos, de noches muertas e hipócrita paternalismo. Porque la letra con sangre entra ¿verdad, hijoputas? A los sumisos cabestros les excita sexualmente como el “no me temblará la mano al ir contra vosotros”, que tanto gusta de perorar a los dictadores españoles. El fetichismo de la dictadura es la peste real.
En muchas películas gore los cerdos son alimentados con humanos vivos o sus cadáveres. En la democracia, son cebados con los votos con los que son elegidos y por los robos, expolios y prisiones que dictan con sus tripas ya satisfechas de miserias. Y así, en las noches de prisión que decretan los cerdos o caudillos electos, pueden rondar impunemente por las ciudades que les pertenecen con sus fieros lagartos venenosos patrullando criminalmente.
Enseñar a tu hijo a ser sincero, además de ingenuidad, debería ser un delito de agresión al intelecto y la autodefensa. Y si además lo educas en la cobardía, tendrás a la mejor y más grande de las gallinas calvas. La idea de la verdad es un mito, cualquier ser medianamente inteligente no necesita que le digan ninguna verdad. Yo lo sé todo de una forma natural e incluso coloquial. Es más, cuando una boca me suelta una verdad, pasa automáticamente a ser mentira; siempre y cuando el sujeto sea merecedor de ello. No soy buen psicólogo, pero mis oídos pésimos para la música, captan las indecentes vibraciones de la mentira en rangos tan altos y profundos que los murciélagos me veneran. Las mentiras siempre son graciosas y la verdad atufa tanto a mediocridad que resulta deprimente. Soy suspicaz como un dios, susceptible y sistemáticamente escéptico. Las putas por ejemplo (profesionales y profesionales sin cobrar y sin saberlo), en toda conversación y con mucha dignidad siempre dicen que van con la verdad por delante. Es irónico ¿no? Porque luego, durante o tras el servicio, te dicen que eres un machote y aún mastican chicle aburridas. No lo dicen para que te lo creas, pero tampoco estamos ante esa sinceridad desgarradora, ser puta no está reñido con ser mediocre también. Ocurre lo mismo con los electricistas como yo. También hay hombres que alardean de ultra sinceridad; pero yo no me acerco a ellos porque no soy maricón; prefiero a las putas por muy sinceras que sean. Es una constante que, quien alardea de ir siempre con la verdad por delante, es un mentiroso de mierda. Una cosa es ir con la verdad y otra cosa es que te creas tus propias mentiras y las divulgues como dogmas grabados en piedra por un Moisés que ha fumado demasiada maría. La verdad es tan voluble que no se puede exigir debido a su mutabilidad. Hay un dicho: Si no quieres que te mientan, no preguntes. Estoy de acuerdo. Así que esos grandes ejemplos vivientes y monumentales, tótems de la más humana sinceridad, que usen sus verdades para hacer el desayuno de sus hijos o para la higiene íntima personal. Y a trabajar, que la jodida sinceridad ni da de comer ni ganas de follar. Ni siquiera os da carisma, sinceros de los cojones.
Hoy es viernes 13, mal día para las sociedades supersticiosas del cine de habla inglesa. Y como hay globalización, también para los gitanos. A mí al igual que el martes 13 español, me la pela. Es viernes 13, y para mayor inri, con coronavirus. Es un tanto morboso observar a la gente caminar atemorizada y deprimida por dos frentes a la vez, por la enfermedad y la superstición. Bueno, ambas cosas son nada en este momento, pura estafa y engaño; pero ellos se cagan por la pata abajo, como si Jason, que además lleva mascarilla, (es un maníaco profiláctico, no sé a qué vienen tantos remilgos y miedos) les rondara el cuello con un puñal de trescientos metros de largo cargado de pelotitas de virus. Hoy definitivamente me da la risa también; a pesar de tanto peligro, Valiente Cabrón son mis apellidos. Precioso… ¡Buuu!