¡Recién salido del horno! Un ensayo en clave humorística y sarcástica. Aunque pudiera ser que de vez en cuando, levante ampollas en la dignidad; cosa que nos ayudará a entender la mezquindad que hoy día vivimos. La Biblia es muy larga, con muchas páginas repetitivas y muchas páginas aburridas; pero para eso estoy aquí, para darle interés, diversión y comprensión a los misterios que no lo son. Lo podéis leer en Issuu: https://issuu.com/pablolopez5/docs/la_20biblia_20for_20dummys_20o_20la_20iconoclasta_
O bien, por demanda en comentario, os puedo enviar el pdf por email.
Más que dictar, no dejan de amenazar y continúa el sistemático robo de libertades, así como la prisión y ruina de la clase obrera. Sus navidades estarán llenas de muchos y muy valiosos regalos que podrán lucir con la impunidad que todo dictador, sea comunista o sea franquista tiene. La infección es el nuevo fascismo español, no hay más vector de mierda que ellos.
Ocurre que lloriquear por todo y tener miedo a cualquier cosa es la forma de vida habitual en las ya viejas sociedades degeneradas. Y trabajar duro causa un temor paralizante a la chusma que bala aburrida. Lo extraño es la independencia y el pensamiento libre. La libertad y la autonomía no son una simple cuestión de inteligencia, es una genética que está desapareciendo asfixiada entre la mediocridad, mezquindad y envidia. Ser feliz en las granjas humanas o ciudades es auténticamente ser imbécil. No hace falta que ningún iluminado explique lo obvio, bueno… A los idiotas sí.
Claro, seguro que con cubos de basura harán fogatas y cantarán villancicos con los mocos congelados y guantes con los dedos rotos. El entorno seguro es tener una cuenta bancaria repleta de dinero, y una casa de un millón de metros cuadrados, hijos de puta. No me jodas, con tanta mierda. ¿Es que no va a cesar nunca el nuevo fascismo español del coronavirus de pagar dinero por artículos de prensa imbéciles?
Una epidemia en una sociedad decadente, ignorante y cobarde es causa de destrucción. Son tiempos, además, en los que se castiga el valor y la determinación de vivir para que los políticos cobardes y sus también cobardes votantes, no queden en evidencia ante unos pocos, muy pocos. De nuevo, junto con la epidemia surge otra infección paralela: la envidia. Una sociedad cobarde jamás debería sobrevivir a una epidemia, estropearía peligrosamente a la especie humana. Las sociedades decadentes deben morir, extinguirse definitivamente. Y mientras ocurre, la muerte, aconsejo dosificar en la red de agua potable anticonceptivos para evitar su reproducción, ya sea voluntaria o accidental.
Hay desesperados que piden un tiempo de amistad con la esperanza de que surja el amor; se equivocan. Jamás la amistad se convertirá en amor, y si por algún azar (es mucho suponer) hubiera sexo, sería ebrio. Los amigos que esperan el amor, serán siempre patéticos conocidos. El amor es un ataque repentino, si no prende al instante, se convertirá en indiferencia o una aséptica amistad. Existen mejores formas de perder el tiempo que intentar transmutar la amistad en amor. No vale la pena perder el tiempo y el dinero en romances que solo existen en la propia imaginación.
Pocos animales existen tan valientes y libres como los gatos. Mueren cazadores; no dejarán de serlo por mucho que vivan entre humanos, y ahí radica su mayor valentía: moverse entre seres humanos. Esa capacidad de habitar dos mundos sin prostituir su esencia es proverbial. Y es la principal causa de la atávica antipatía que sienten muchos humanos hacia ellos. Antipatía que nace de la envidia de que un animal pueda vivir entre dos mundos y no corromper su naturaleza; es inquebrantable. Su inteligencia supera con mucho a la de un gran porcentaje humano. La envidia es veneno para todos los seres vivos, incluyendo a la humanidad misma que se canibaliza por ella. Es tal su naturaleza independiente que se reconocen a sí mismos con cierta vanidad. Y pobres… A veces esa vanidad los mata, los lleva a caer de alturas elevadas, lanzarse hacia una presa cegados por el instinto… No están exentos de errores, ningún ser vivo en el planeta lo está. Es lo primero que te muestra la naturaleza: los cadáveres de animales que tuvieron un pequeño o gran error. He visto ardillas caer de una rama. En los gatos, debido a su casi humana vanidad, se da más. Los admiro por ello. Dicen que la curiosidad mató al gato; pero yo sé que intentó dar un gran salto desde una gran altura y falló por milímetros. Desde que conozco la esencia y el carácter del gato, no quiero otro compañero de vida. En contraste con su independencia y naturaleza depredadora, exigen momentos de un íntimo roce. Ellos dicen cuándo y yo estoy de acuerdo; es cuando se revela su profunda naturaleza de crueldad con sus presas en contraste con una desconcertante ternura. Siempre saludo a un gato, por admiración; porque son tan pequeños, fuertes y osados… A los humanos saludo en ocasiones por una inevitable norma social de simple supervivencia, sin afecto o admiración alguna. No es fácil vivir sin morir para ningún ser. A veces hay que escribir lo obvio para no restar mérito al movimiento.
La gente critica a quien aborta, va en bici, en patín, a quien se suicida, al que fuma, al que bebe, al que no lleva mascarilla… Y todo se reduce a envidia. Las críticas suelen nacer de esa envidia que los corroe de no saber usar la libertad que otros ejercen. Y para ejercer la libertad es necesario valor y determinación, que tampoco tienen los carroñeros envidiosos. La envidia es en esencia, el único pecado capital de la biblia, el resto de los pecados nacen o se derivan de ella.