Archivos de la categoría ‘Conclusiones’

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Las butacas no están vacías, hay muertos silenciosos esperando que comience la película.
Por eso observo bien las butacas, no quisiera sentarme encima de un alma. A mí no me gustaría.
Me conforta saber que hay cine en la eternidad.

La mentira de la verdad

De pequeño intentaron educarme en la verdad, en la sinceridad.
Y una mierda, yo no digo verdades ni las busco.
Ya sé todo lo que es verdad o mentira.
Siempre lo intuí.
Y la verdad es un supositorio que me hace cagar.
Soy escritor y los escritores inventan mundos mejores y peores que esta mierda que vivo.
Decir la verdad es ser tonto con complejo de iluminado.
Buscar la verdad es no tener inteligencia para ver lo que tienes delante de las narices.
Santiago Rusiñol escribió: «Los que buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla».
Justo lo que yo pensaba en mi infancia; si alguna vez la tuve.

Hogueras y nacimientos

Ni las fiestas religiosas, ni las paganas (religiosas también, las mismas supersticiones).
En ninguna de ellas arde quien debiera, solo basura y madera.
Y cuando toda esa miseria se ha quemado, se acuestan a dormir sobre su propia mierda.
Estoy abandonado en este global sanatorio para deficientes mentales, todas las fiestas.
Todos los días.
Da igual que sea el puto solsticio de verano (ver-culo es lo mismo), o la gran parida cristiana de la navidad; soy alérgico a sentirme feliz y empático de mierda.
Soy tenaz, no caeré en la jocosa imbecilidad.

No del todo imperfecto copy

Soy la imperfecta esencia de la inconformidad, si fuera perfecto, no amaría, no desearía.
No sé si es bueno o malo.
Soy la perfecta incongruencia humana. No soy humano; pero sí.
No sé, es confuso.
Soy el que besa los labios de su rostro y los labios secretos e íntimos que esconden sus muslos.
Soy una obscenidad imperfecta contaminada ocasionalmente de amores y ternuras. Y de iras babeantes.
Soy una muerte perfecta, imparable, incansable. Cada día más cerca de ser nada, cada vez más lejos de su coño.
No hay días perfectos, no hay días gloriosos.
Solo agotadores, como cuando la lluvia hierve sobre la piel y el sol evapora mi pensamiento.
He visto una pequeña serpiente muerta en el camino, demasiado pequeña. Le he dicho adiós con el pensamiento y he mirado al cielo.

Malena Morgan

En Telegramas de Iconoclasta.

Tribunal superior copy

La misma foto serviría para retratar a los miembros reunidos de un tribunal superior, consejo de ministros, consejo de administración de una empresa, consejo de directivos bancarios o el alto mando militar; de cualquier país elegido al azar.
La única diferencia es que cuando matan a las vacas, sirven de alimento.
Los otros rebaños citados solo sirven para robar, cobrar sin trabajar y hundir y arruinar personas.
Además, las vacas piensan y son hermosas.
Debería haber mataderos específicos para las especies no alimenticias.

Resurrección por abrasión

Ese sol cabrón que hace hervir la sangre de los árboles y sus cadáveres.
Resucita la savia impregnando el aire de resina caliente que hace la respiración espesa.
De ámbar redivivo.
De sangre que hierve.
Revivir para abrasarse…
Pobres mis árboles.

Despertando

Mi despertar es trauma: el cuerpo se niega a vivir un mismo día.
No se relaja, no nos relajamos a pesar de los años.
Como si no fuéramos de aquí, de esto.

El clima y la chusma. Junio 2017. Tel Samsung

Existen dos climas para que la chusma se quede en casa o vaya por la calle lamentándose en alto con gran pesar. Como si tuvieran un cáncer en el culo que los irritara continuamente: el de «mucho calor» y el de «mucho frío».
Como si tuvieran un termómetro insertado en la polla o el coño, sus biorritmos y movimientos se rigen por esos dos parámetros que los inmoviliza o aletarga como gusanos que son.
Y como tienen un cerebro más básico que una pelota, dedicado casi en exclusiva a gobernar las tareas excrementicias, carecen de memoria a medio plazo y dicen siempre lo mismo: «este tiempo no es normal».
Y esto es bueno para mí porque la chusma que se mueve poco o nada, deja mucho espacio libre. Puedo mear con tranquilidad en cualquier parte sin que aparezca nadie para mirarme la polla.
Si tuviera el termostato del planeta, primero los abrasaría y luego congelaría los restos para evitar hedores nauseabundos.
Prefiero morir de insolación o congelación que de asco al seguir sus hábitos climáticos.

Missy Peregrym

En Telegramas de Iconoclasta.