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Si no puedes matar a Dios ¿qué esperanza te queda de vivir una vida plena?
Porque Dios lo estropea todo.
Dios no sabe hacer las cosas bien. Ni siquiera es un dios, es un impostor.
Dios es un chapucero.
Así que, si no puedo pegarle un navajazo en la garganta estoy perdido.
El viento puede arrastrar las cosas muertas sin son vegetales y ligeras; pero los cadáveres, su putrefacción y los excrementos de sus intestinos, se quedan en el lugar haciendo el aire irrespirable.
Enterrar a los muertos es un ritual higiénico.
Algo salió mal con la invención de Dios y su apestoso hálito de vida/obediencia/muerte/descomposición/hedor/paraíso.
Se debería poder asesinar a Dios; solo haría falta que para ello, existiera. Y luego no sería necesario rajarle el cuello, la simple certeza de que podrías matarlo, te relajaría con la tranquilidad de una fundada esperanza de que algo empiece a ir bien.

¡Hala! Otra más de muchas…
Es que no hay mejor y más económico procesador de textos que la tinta y el papel.
Causas una extraña sensación; pero nada es perfecto.
Es que si no plasmo primero mi pensamiento en un soporte sólido y táctil, es como si descargara demasiado rápido la cisterna del inodoro, sin saber qué cosas han ocurrido debajo de mí durante todo ese tiempo.

¿Es posible lo que estoy viviendo? ¿Que la imbecilidad haya llegado al límite de que gobernantes y gobernados crean que escondiéndose y dejando de vivir, la enfermedad se marchará aburrida al espacio exterior?

Que lo hagan los avestruces y caracoles es comprensible; pero ¿qué espantosa e indigna inteligencia puede tener un avestruz humano para dejar en manos de un político caracol, ladrón y analfabeto su libertad, salud y comida?

El planeta necesita una lepra fulminante, veloz como un infarto para depurar de una vez a la especie humana. Y extinguirla si no hay otra. Mientras muere la gente batiendo récords de velocidad, los crédulos podrían rezar así, con verdadero fervor y fe. Morir beato, es entrada gratuita al cielo.

Entre morir de asco o de enfermedad, me quedo con lo último, al menos con una aspirina calmas el dolor de cabeza. El asco no tiene paliativo alguno.

La imbecilidad requiere de sacrificio cruento, bien por tiro en la nuca, bien por veneno en las redes de agua potable. Algo parecido a lo que ahora se ha puesto de moda: matar visones por divertimento de coronavirus.

Siempre lo he dicho, con la fertilización artificial de hembras humanas, solo podía ir todo a peor.

El coronavirus intenta arreglarlo, pero hay tanto imbécil/avestruz/caracol, que no llega a pudrir los pulmones de los muchos y necesarios para ser una bendición.

Al final, lo que el coronavirus no mate, lo hará el hambre y la violencia.

Con lo rápido que sería una epidemia de derrames cerebrales…

Mierda, la cuestión es joder.

Por si fuera poco tener que vivir en un país fascista y cobarde, España, of course (sé inglés aunque prefiero que me hagan un francés), además de la mascarilla y de la frustración de que no muere quien debe (los fascistas disminuidos mentales que gobiernan la nueva normalidad española del coronavirus), además de todo eso: ¡Han vuelto a joder con el cambio de horario al de invierno! Me cago en Dios…
¿Por qué nadie les retrasa una hora la cabeza girando su cuello porcino trescientos sesenta grados, aproximadamente?
Es que la poca inteligencia que tienen, solo la usan para joder.
Lo cierto es que si estos tarados que gobiernan la nueva normalidad, tuvieran cerebro, no serían políticos ni ocuparían cargos importantes.
Y así en el trabajo, y así en la literatura, y así en el cine, y así en el supermercado, y así en la escuela.
La subnormalidad sí que es vírica y lo copa e infecta todo.
Estoy abandonado…

El pecador hace algo contra su fe.
Yo no creo en nada, ergo estoy libre de pecado.
Los pecadores tienen la enorme ventaja de ser perdonados si se comen una hostia.
Yo no puedo ser consolado con ningún rito supersticioso, y en cualquier caso, el que administrara las hostias sería yo.

Sí, ya sé que son tiempos de coronavirus o covid 19.
Sé que hay mucha angustia humana por la posibilidad de contagio y sus consecuencias: calvicie, caída de pies o manos, amputación más concretamente (como la propaganda televisiva que el fascismo español transmite de vez en cuando para potenciar el miedo de la chusma), rotura de uñas, muerte, muerte, muerte e incluso toser y estornudar mocos. El simple catarro deprime y aterroriza a los millones de cabezas de ganado humanas que portan su bozal personalizado o de molón diseño.
Pero no es mi preocupación, soy un metafísico que reflexiona sobre cosas serias de verdad:
¿Por qué la pinche tortilla de patatas está tan requetebuena en la montaña?
Mucho más que en casa, que incluso la acompaño con los putos tomatitos Cherry que no saben a nada; pero son tendencia como se le llama ahora a la moda o mediocridad.
Igual es que soy un poco susceptible con el asunto de la libertad y me sugestiono… Pero no, mi inteligencia es perfecta bien entrenada e inasequible al mimetismo con la chusma. Soy de otro planeta, resumiendo.
Incluso he pensado que el buen sabor se debe a que se ha contaminado con esas bolitas erizadas e invisibles que son las cargas víricas, esas que flotan horas y horas como drones premium ante las narices de los miedosos y aguantan la respiración para no quedar impotentes o frígidas (otra secuela del coronavirus, fijo).
Si es así, no me puedo quejar, no pueden ser más malas esas bolitas del coronavirus que el hummus.
Pinche tortilla… Está que te cagas, moragas.

Esto no ha acabado aún, volveré.
Siempre he sentido unas ganas tremendas de decirlo.
Soy un terminator frustrado.

El odio con violencia se paga.
Y el amor con besos, caricias y sexo.
La monotonía y su mediocridad con ira.
La frustración con una lágrima y luego otra, y otra, y otra…
La tristeza vital y una enfermedad mortal se saldan con suicidio.
La locura con camisa de fuerza y destrozando el cerebro con un punzón se paga.
La cobardía con una puñalada o una bala en la cabeza.
Muerte con muerte se paga.
Nacer con llanto se paga.
Morir es gratis.
Pero lo más interesante de toda esta reflexión es que amar follando se paga.
Síiiii… Ya sé que me he repetido.
Es tan solo un recurso literario para dar más énfasis al texto, un pleonasmo divertido y excitante.
Pretendo ser clarísimo y explícito en el aspecto de joderte hasta el alma por este amor que me esclaviza a ti todos los días todas las horas.
Sí, ya sé que locura con lobotomía se paga; pero sinceramente, no ha nacido el que tenga unos buenos órganos genitales como para acercarme el puto punzón de mierda a un ojo.
Pues eso, cielo, solo quería recordarte que el amor con sexo se paga y con el redondeo de los céntimos, con un cigarrillo y un café frente a ti, admirando como el amanecer te ilumina como a una diosa en un altar.
Bye, amor.

Si no eres capaz de respirar en este lugar y ahora, déjalo.
El suicidio es un acto absolutamente necesario en tal caso.
Piénsalo bien, estás sufriendo para luego morir igualmente.
Porque vivir paralizando la respiración libre por el miedo, es agonizar. Ya estás muerto.
Hay alturas, trenes, venenos, filos cortantes, drogas y gases para elegir la forma de dejar la vida; si es que se le puede llamar vida a la tuya.
Vamos… Deja ya de sufrir y deja espacio y aire a otros.
Nadie sentirá demasiado tu muerte. Los cobardes son hojas de periódicos ajados al viento. No tienes nada que hacer aquí más que lloriquear.
Y si me haces una jugosa transferencia bancaria ahora mismo, alivio al instante tu agonía. Incluso evitaré que tu ropa se ensucie con la sangre que manará de tu cuello con un tajo rápido e indoloro.
Será tan rápido como un parpadeo y no es necesario que te quites la mascarilla. Será profiláctico también.
Y si eres crédulo, te dejaré morir con una biblia para asegurarte de que vas al paraíso. Como a ojos de tu dios serás un asesinado y no un suicida, entrarás al cielo con un certificado de buen tipo en general, sin trámite alguno. Directo y rápido como un infarto.
Y ya sabes ¿no? Los muertos no necesitan ni pueden hablar, ni respirar, ni llorar.
Nadie sabrá que fuiste cobarde hasta el colapso nervioso; y si alguien lo supiera, callará el muy zorro porque hay millones de cobardes como tú. No es algo de lo que sentirse orgulloso.
Es más, dirán que fuiste un valiente al suicidarte. Te aseguro que yo no diré nada de mi intervención.
No será una tragedia, en absoluto. Verás que pronto se olvidan de ti tus seres queridos. Y los que no te quieren, ni siquiera saben que existes, qué más da.
Todo son ventajas con el suicidio.
Y sobre todo, dignidad.

Hay asaz de tontos del culo yendo en bici grabándose con el móvil, y estoy pensando que están infectados de algún coronavirus que provoca una imbecilidad profunda.
Aunque no es tan fácil para ellos el que sea una enfermedad. Los idiotas son producto de una genética sucia y repetitiva.
Los accidentes no ocurren por estas cosas.
Un accidente es un hecho fortuito. Que un primate con teléfono móvil se rompa la crisma haciendo el idiota, es una consecuencia lógica.
O sea, que no basta con llevar cuidado de uno mismo, sino que además has de vigilar de evitar toparte con un tarado con móvil.
Y el hecho de que en verano se prodiguen más los idiotas que en invierno, se debe a que además de idiotas son débiles y pusilánimes; se cagan y marchitan con el frío.
No es extraño que en su propio coche conduzcan con una piojosa mascarilla o bozal para hacerse una puta selfi y demostrar que son buenos ciudadanos o cabestros más específicamente.