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Ojalá nunca se ocupen los bancos vacíos de humanos. Siempre así…
Ojalá las nubes me llevaran lejos, allá donde acarician obscenamente a las montañas.
Aunque ya estoy en el bosque… En mi cabello aún hay briznas de hierba y en las pestañas alguna pelusa de polen que no me molesta demasiado.
Soy un caprichoso.
Ocurre siempre, los horizontes te atraen sin ser necesario, porque no hay nada mejor allá que aquí. De hecho, si estuviera allá, quisiera volver aquí por la misma compulsiva razón.
Solo se trata de caminar, avanzar. Cuanto más avanzas, cuanto más cielo te cubre y más amenazador, más vida acumulas. Y más valor tienes entre las cosas que pueblan el planeta. Me acuerdo de un tiempo en el que no avanzaba y la muerte me mordía los tobillos, la hijaputa…
Tengo cicatrices vergonzosas que ocultar.
No sé si así se sentiría Moisés allá solo, esperando a recibir los mandamientos de dios; pero yo estoy tan bien, tan solo, tan desidioso y sin necesidad de nada; que si se me apareciera alguna divinidad, bien en forma de rayo, de anciano venerable o como puta de lujo de televisión o revista porno, diríale con displicencia: ¿No tienes nada mejor que hacer que venir a tocarme los cojones ahora? Guárdate tus mandatos, tu bondad y tus mamadas, coño. Vete de aquí con tu poder de mierda. Vete, vete, vete…
Sinceramente, si alguien tuviera que entregar unas tablas con mandamientos, debería ser yo; porque ahora mismo soy el mismísimo dios. No se las daría a nadie, las dejaría caer sobre los vacíos bancos para prevenir futuras plagas u ocupaciones indeseables cuando el sol brille en todo su asqueroso esplendor.
Ahora mismo, bajo el cielo salvaje que baña de gris los colores y mi piel, soy lo más parecido a alguien afortunado.
Feliz no sería correcto, la felicidad está solo en las risas bobas de los idiotas.

Desde este lugar angosto, oscuro, sórdido y absolutamente anodino, es donde perpetro todas mis agresiones literarias contra la humanidad y los actos sexuales que podría cometer sino fuera tan lelo y tan cojo.
El ordenador es de juguete al igual que el teléfono (comprado en un bazar chino). Carezco de medios económicos para acceder al cochino mundo de la informática. El espejo es real porque va incluido con el alquiler del piso. (Por inbox, si estáis interesadas/os, os pasaré el número de cuenta bancaria para que me ingreséis dinero de una forma absolutamente desinteresada y yo os daré las gracias y una dedicatoria en mi próxima diarrea mental).
Tengo multitud de cosas inservibles que hacen que no pueda concentrarme como es debido a la hora de reflexionar. En las cuestiones más metafísicas siempre acabo con el pensamiento disperso cuando me deja bizco la gran cantidad de desperdicios que, aunque convenientemente organizados, no tienen razón digna alguna de ocupar espacio.
Incluso me lo aplico a mí mismo porque soy así de chulo e intolerante con todos por igual.
Y por hoy ya he dicho demasiadas estupideces.
Desde el locutorio de internet del moro de la esquina, un abrazo.

Los peores y más mortíferos microbios se desarrollan en España, ya que, la población es tan débil y pusilánime que encuentran el hábitat perfecto para reproducirse, engordar y evolucionar.
En España los virus tienen un tamaño cinco veces superior a los italianos, los franceses o los alemanes. Son auténticos perdigones, por eso matan tanto.
España no es diferente, es ignorante y por tanto cobarde.
No tardará mucho para que los íberos se dediquen de nuevo a quemar brujas.
No solo se trata de una sociedad decadente; es una sociedad degenerada que aún cree estar entre los países más democráticos de Europa. Ningún camello ve su propia giba.
Actualmente, si eres español y te preguntan por la nacionalidad, mejor carraspea.

Estoy debajo de un puente mientras llueve.
Entre montañas y seres vivos que no son humanos.
Son instantes que se viven cada mucho tiempo.
Instantes de una belleza indescriptible.
Un lujo que no puedes gozar si no estás en el lugar adecuado, o no tienes el valor y la entereza para vivir momentos de intensa soledad y frío.
Hay pájaros que cantan sin miedo y árboles que rugen eufóricos con las rachas de viento que intentan tumbarlos.
Y de vez en cuando el cielo se ilumina con un rayo y el trueno llega sacudiendo la tierra y erizando los vellos de la piel.
Tengo suerte de ser lo que soy, me siento orgulloso de mi fracaso social y de mi absoluto triunfo en el individualismo y total autonomía.
No importa la ropa mojada o la piel fría, importa estar allá, ser con la naturaleza por dura que pudiera ser.
Ni amo ni dios, ni miedo ni pudor.
Si hay que morir se muere, coño.
Y si puedes escribir y describir el momento íntimo entre el planeta y tú, ya no necesitas conocer nada más.
Porque todo lo demás es más de lo mismo, artificial e hipócrita.

No puedo administrar mi imaginación.
No puedo dominarla.
Contigo, cielo, fracaso estrepitosamente a cada momento.
Es imposible asistir a las cosas hermosas de la tierra y no evocarte.
Y cuando te sueño, la soledad que tanto deseo y protejo, se torna un monstruo que desgarra mi ánimo.
Tengo cicatrices profundas que me hacen deforme ante la humanidad.
Sería perfecto que no existieras, que no te hubiera conocido; para que mi soledad fuera inviolable e indestructible.
Tú no puedes imaginar cuanto te quiero. Ignoras que tu amor es un ariete que rompe todas las barreras que levanté para protegerme del mundo y su injerencia.
Desear compartir contigo cada momento de belleza que encuentro en mis solitarios paseos me deja indefenso, destruye mi soledad y la convierte en angustia y una espera quejumbrosa.
Y lo que es peor, cielo, espero que lo hagas a cada instante.

Aunque más que perdiz, me gustaría compararme con algo más exótico, como un ornitorrinco.
No importa tanto la estética como la exclusividad.
Es pura especulación infructuosa, porque ni la perdiz, ni el ornitorrinco, ni yo tenemos esa característica llamada felicidad todos los cochinos días.
Dijéramos que soy feliz como una perdiz cuando el bosque me rodea y no hay a mi alrededor ningún idiota con mascarilla, un policía tocando los cojones o el puto presidente pidiendo encarcelamiento y represión, llamándolas prórrogas del estado de alarma por coronavirus de la puta madre que lo parió.
A mí si me dejan en paz y no se me acerca nadie, incluso puedo cometer un amago de sonrisa.
Pero que nadie se fie, soy de naturaleza hosca y si sonrío es porque realmente estoy solo.
Las ardillas no cuentan, ni los jabalíes, ni las putas moscas…
Bueno, como ya he realizado mi reflexión del día, voy a seguir fotografiando con mi costosa cámara porque soy odiosamente vanidoso también.
Y después de montar en bici, fumo más a gusto que dios si existiera, un alarde de mi vitalidad y generosidad con mi propia salud.
Joder, no puedo parar de hablar de mis virtudes…
Es un asco ser tan asquerosamente fascinante.
Al menos no ocurre los que a los héroes Marvel de las películas Disney, que se deprimen como mariconas por la responsabilidad de su poder.
Y…
¡Ya! ¡Shhh!

La vida es maravillosa hasta que se te abre la conciencia a la injerencia de los otros, aquellos absoluta y ridículamente distintos a ti. Es entonces cuando lo maravilloso es tormento y prisión.
Y el buen humor un sarcasmo constante.
Y cuando estás solo, es un placer no hablar, no sonreír.
Y cuanta más soledad, más profunda la buscas.
O la necesitas.

Yo no necesito que ningún idiota me diga que distancia de seguridad he de guardar.
Siempre he guardado una inimaginable distancia de seguridad de todo humano.
Y no por temor a contagios, simplemente por misantropía congénita. Me distancio de ellos como del veneno.
Guardo la misma distancia de los humanos que las nubes de mí.
Ellas saben que no soy buena cosa.
Bueno… Follar ni que decir tiene que junto con agredir, es una excepción a la distancia social de mierda.
Qué más quisieran contagiarse algo de mí.
No lo permitiré.

Una vaca come pasto a mis espaldas y de vez en cuando tose como lo haría yo, cosa que me incomoda un poco: ¿Es la vaca la que se parece a mí o yo a ella?
Como no tengo otra cosa que hacer, la fotografío.
Y de pronto, en el prado de enfrente una vaca muge fuerte y prolongadamente.
La vaca deja de pacer y me mira con sus grandes ojos bobos. Como si me preguntara por que mujo.
¡Qué susceptible!
Y yo le digo: ¿Y a ti qué te pasa, te parezco de las tuyas?
Qué tiempos de mierda… El Régimen Español del coronavirus del caudillo Sánchez, consigue estresar hasta el ganado.

Y cuando pase esta puta mierda del estado de encarcelamiento que el Régimen Español ha decretado con una pistola en la nuca con la excusa del coronavirus; tocará arreglar cuentas con esos ciudadanos ejemplares de mierda que desde los balcones y ventanas de sus pocilgas, han delatado rastrera y servilmente a la bofia a gente con el valor y decencia que a ellos les falta. Que los jodan
Que los jodan dos veces.