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En Telegramas de Iconoclasta.

Siguen los tiempos oscuros donde cualquier sujeto está autorizado para escribir una noticia o reseña de arte, independientemente de su nivel cultural, intelectual o incluso si es un moralista mojigato.
Lo del cuadro “El origen del mundo”, no es un vientre (aunque lo haya) es un primer plano de una vagina, un coño peludo.
El “periodista” de La Vanguardia debería ir a un psicólogo por su problema de moralina vieja, a un oftalmólogo por si tuviera un defecto en la vista; y sobre todo aprender un poco de cultura para expresarse con corrección y sin prejuicios moralistas.
Los censores están presentes hasta en los más intrascendentes lugares y momentos de la vida.
Son como las pulgas o las chinches. Algunos no matan; pero me provocan cierto prurito testicular que hace que me mueva incómodo en la silla acariciando distraídamente mis huevos cansados.
Por lo visto, todos los tiempos son una mierda.

Entrevista realizada por JUAN CARLOS VÁSQUEZ.

 

Revista Almiar.

 

Y yo nací ayer… ¿Tolerancia y basura patriótica? No jodas…
¿No es divertido que los actuales enamorados de sus patrias, se sientan los mejores seres y más privilegiados por ser de una determinada nacionalidad y además vayan con el cuento de la tolerancia, cuando en sus fueros internos piensan que todo lo que no es de su sociedad es basura?
“Yo respeto todas las culturas”, dicen creyéndose su propia mierda.
Porque ellos son mejores que nadie. Lo proclaman a cada momento que pueden y luego se meten un jaco o inyección de tolerancia hacia homos, travelos o inmigrantes.
Porque eso es auténticamente lo que se lee cada día en los diarios y en las redes sociales, la caricatura aumentada de la analfabeta e hipócrita sociedad.
La historia se repite sin que varíen las interpretaciones, los actores viven y mueren; pero todos dicen absolutamente lo mismo.
Por eso, tras tres mil años de civilización moralista, follar es feo decirlo; pero no hacerlo.
Es lo mismo que un puto borracho esté mejor considerado que un fumador.
Mierda para los patriotas putos.

En Telegramas de Iconoclasta.

Hay que ser prácticos y evitar sentimentalismos anales.
Si los humanos pudieran comprarse y venderse (no necesariamente para ser esclavos), la especie humana mejoraría y las malas madres y padres no causarían tanto daño a sus hijos.
Hay que empezar a invertir en buenos ejemplares de crías humanas y sus reproductores.
Porque dejando de lado moralismos falaces e hipócritas (como lo son todos desde que el hombre tuvo la infeliz idea de votar en una piojosa urna buena para nada, que instaló alguna hija de puta- en inclusivo-): ¿Por qué no comprar y vender seres humanos en lugar de torturarlos, esclavizarlos, violarlos, aplastarlos, machacarlos, quemarlos, matarlos, arrancarles las uñas o educarlos para ganado llorón, víctima hasta el martirio, pacífico, manso y de buen talante obediente?
El comercio es mucho más humanitario que cualquier gobierno que haya existido, exista o existirá.
Porque si quieres vender hay que cuidar el producto (los productos de bazares chinos no encajan con esta filosofía, es una rara excepción que triunfa dada la pobreza del trabajador).
¿Para cuándo un adolescente sin granos, de buena genética y con un cerebro medianamente operativo por dos mil novecientos noventa y nueve euros en cuarenta y ocho meses sin intereses? O un rollizo y simpático bebé de tres años para usarlo en videos de juegos tiernos entre animales y niños, de esos que a la chusma se le cae una baba espesa mirándolos. Los bebés tal vez sean más caros; pero triunfar en yutup, aunque sea efímeramente, bien lo vale.
Incluso habría una sección de saldos: padres y madres que han matado a sus crías a palos, o bien los han cebado con droga y veneno hasta tornarlos azules o violetas. Se podrían vender a precio de leña para usarlos en las hogueras de San Juan en las verbenas familiares. La leña grita ardiendo y junto a los sonidos de los petardos se crea así una noche mágica. Es una cuestión de saber vender, hasta la mierda se vende. Precioso…
Qué emoción, estoy hasta nervioso.

 
ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Eso de no fumar en el coche…
¿De verdad se puede pensar alguien que en mi casa y mi coche no haré lo que me salga de la polla?
Idiotas, chapuceros Gran Hermanos de mierda…
Patéticos dictadorcillos.

Aunque no sea elegante decirlo, mi pose no es casual, no es relajada.
Es todo lo contrario: tensa y premeditada.
Cerca de ti reacciono con animalidad.
Y siento vergüenza de mis bajos, duros y húmedos instintos.
Intento ocultarlos; pero sin darme cuenta presiono más de lo necesario.
¿Y sabes, cielo?
No tienes aptitudes de psicóloga, causas emociones hermosas; pero entre ellas no se encuentra la relajación.
No es un reproche, es desesperación por sentarte cuanto antes en mis rodillas no relajadas.

Primera fase: bien de mañana, al despertar cualquier cosa que veo en las noticias o en la calle me altera, me cabrea; me ofende la idiotez nuestra de cada día como el mejor de los panes rezados al padre suyo. Me transformo en El Grito de Munch (más bello) y grito absolutamente descontrolado lindezas tales como: subnormales, puercos, asquerosos, tarados, hijos de puta e hijas de puta.
Segunda fase: ya más tranquilo me depuro la nariz y sus miserias con absoluta concentración y total indiferencia hacia la raza humana y sus alegrías y dolores. Me las van a pagar.
Tercera fase: mi poderoso cerebro y portento de vanidad justificada, ha sintetizado y descifrado las frecuencias misantrópicas y codificado en sabias e hirientes palabras, la suerte está echada. Escribo lo peor, de la peor manera. Después, con un buen cigarro colgado de mis sensuales labios, miraré al horizonte con mirada épica y provocaré las más rotundas humedades en las entrepiernas femeninas; accidental y desgraciadamente en algunas masculinas también; hay cosas que se escapan a mi control aunque nadie lo crea posible dadas mis aptitudes cerebrales.

Como si un cocinero paranoico hubiera batido el cielo para crear una enorme y apocalíptica nube con el único fin de inquietarme.
Y mientras esa enorme muralla ocupaba todo el horizonte, yo pensaba en un ataúd y la hermeticidad.
He encendido un cigarro y al final del día he sonreído. Tal vez, imaginar el fin es alentador cuando has vivido asaz.
Gracias cocinero loco, no te olvides la medicación.