Un triste final

Publicado: 16 octubre, 2020 en Sin categoría
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Quisiera que mi muerte fuera triste, tanto como el final de Cien años de soledad.
No es por vanidad, es que la vida ha sido tristeza durante muchos años y quisiera ser consecuente.
Es incongruente una vida triste y una muerte muda, sin gritos; es humillante.
Sé que mi final será una mediocridad más en el planeta, la imaginación no me hace ingenuo. Me ato muy corto a la tierra, para que mi cadáver no se rompa demasiado al caer.

No hay un día mundial del miedo, y en los tiempos que corren debería designarse uno.
Un día en el que los cobardes hagan marchas, orgullosos de serlo.
Muy juntos para sentirse protegidos y abrigados de norte a sur y de este a oeste.
Con bozales para no respirar cosas malas, con manga larga para evitar picaduras de insectos, con gafas de sol super polarizadas para cuidar los ojos que tienen la virtud de la envidia, con sus hijos atados con cuerdas para no perderlos, con orejeras para mirar siempre al frente, formando largas colas en los comercios para no sentirse solos…
De hecho, todos los días son celebraciones del miedo, simplemente basta con institucionalizar uno al azar.

El pecador hace algo contra su fe.
Yo no creo en nada, ergo estoy libre de pecado.
Los pecadores tienen la enorme ventaja de ser perdonados si se comen una hostia.
Yo no puedo ser consolado con ningún rito supersticioso, y en cualquier caso, el que administrara las hostias sería yo.

Y esto apesta a otra de esas mentiras bíblicas de amenazas y catástrofes divinas que en la biblia ponen en boca de Yahveh continuamente.
Es de una tremenda ingenuidad, con toda probabilidad de la misma calidad intelectual que el pueblo español.
“Postraos con vuestros bozales ante los caudillos y sus caciques porque ellos os salvarán de todo mal. Y ahora, mamad, hijos míos.”
Si se gastan el dinero en comprar tantas mentiras, es porque esperan distraer a la chusma (atemorizándola aún más) de su estafa para hacerse con el dinero que recibirán de la UE que (teóricamente) recibirán como ayuda de rescate tras arruinar a España concienzudamente. Botín que se repartirá el gobierno fascista español de la nueva normalidad del coronavirus en las respectivas cuentas de paraísos fiscales de sus miembros y miembras.
La marihuana, la imbecilidad y la estafa son los únicos que causan niebla y diarrea mental, para todo lo demás mastercard de mierda.

Sangre fría

Publicado: 13 octubre, 2020 en Sin categoría
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A veces siento un frío que corre por debajo de mi piel y entra como una gélida cuchilla hasta el tuétano de todos los huesos.
Me siento como un cadáver al que no le importa nada más que buscar algo de calor.
¿En qué momento, yo un mamífero, me pasé al bando de los reptiles?
Cuando sentí el gélido aire con el que mi padre muerto impregnaba de nada aquella habitación.
Una vez se enfría la sangre ya no hay forma de calentarla si no es frotando con fuerza y decisión el pene, a veces gimiendo placer, a veces llorando sin consuelo. A él acude toda la sangre de la vida, la sangre que ama con fuerza, la que hierve. Mi pene es un corazón redundante…
Lo que aún, apenas me distingue de un reptil. Y si no hubiera distinción, cielo, estarías enamorada de un lagarto.

A las propiedades asociativa, conmutativa y distributiva, habría de añadirse la propiedad idiota que, desconoce las tres anteriores y solo operan (los lerdos) con la follativa a la que aplican la conmutativa sin saberlo.
Y así es como confunden el bisexualismo, ya sea accidental, depresivo, frustrado, temporal o por narcosis con la propiedad conmutativa que es la más simple y facilona de todas. Debe ser la tribu de los llamados queer; que además de la ignorancia, le dan un toque de decadente exotismo a algo tan banal, para convertirlo en una farragosa y aburrida metafísica.

Siempre es tarde cuando la dicha es buena. O sea, cuando te toca la lotería a una semana de morir no es como para tirar cohetes.
Son cosas que pasan a menudo y que mandan a la “dicha” a tomar por culo, salvo por algunos casos aislados, de esos que siempre se dice “todos los tontos tienen suerte” o “a todos los tontos se les aparece la virgen”.
Para todos los demás, insisto, la dicha siempre llega tarde.

España es un país al que le espanta el trabajo, tanto a los fascistas dictadores de la nueva normalidad española del coronavirus como a sus esclavos y productores. Y además, si consiguen que los propios ciudadanos se encarcelen y autocastiguen con objetos contundentes, se ahorrarán la contratación de más personal para ejercer la represión, el robo de libertades y derechos. Y además, los miedosos les harán una buena mamada (sin mascarilla, claro) agradecidos por esa libertad de autojoderse que les han otorgado.

Lo que había aprendido al llegar a la madurez intelectual, es que millones de humanos estaban equivocados y yo no. Justo lo contrario que dice el saber popular.
A partir de ese momento, de esa iluminación a los trece años, todo fue a peor.
Es deseable poseer una mente simple en un cerebro sin rugosidades para conseguir un estado de gracia espiritual en esta pocilga que llaman sociedad.

Sí, ya sé que son tiempos de coronavirus o covid 19.
Sé que hay mucha angustia humana por la posibilidad de contagio y sus consecuencias: calvicie, caída de pies o manos, amputación más concretamente (como la propaganda televisiva que el fascismo español transmite de vez en cuando para potenciar el miedo de la chusma), rotura de uñas, muerte, muerte, muerte e incluso toser y estornudar mocos. El simple catarro deprime y aterroriza a los millones de cabezas de ganado humanas que portan su bozal personalizado o de molón diseño.
Pero no es mi preocupación, soy un metafísico que reflexiona sobre cosas serias de verdad:
¿Por qué la pinche tortilla de patatas está tan requetebuena en la montaña?
Mucho más que en casa, que incluso la acompaño con los putos tomatitos Cherry que no saben a nada; pero son tendencia como se le llama ahora a la moda o mediocridad.
Igual es que soy un poco susceptible con el asunto de la libertad y me sugestiono… Pero no, mi inteligencia es perfecta bien entrenada e inasequible al mimetismo con la chusma. Soy de otro planeta, resumiendo.
Incluso he pensado que el buen sabor se debe a que se ha contaminado con esas bolitas erizadas e invisibles que son las cargas víricas, esas que flotan horas y horas como drones premium ante las narices de los miedosos y aguantan la respiración para no quedar impotentes o frígidas (otra secuela del coronavirus, fijo).
Si es así, no me puedo quejar, no pueden ser más malas esas bolitas del coronavirus que el hummus.
Pinche tortilla… Está que te cagas, moragas.