Están enfermos de poder, es patológico y sucio. Muy sucio. El Caudillo de La Nueva Normalidad Española del Coronavirus y sus caciques o presidentes autonómicos, gimen a gritos con ansia lasciva, por volver a decretar prisión para los ciudadanos. Cuando el cerdo prueba la sangre, no le temblará la mano otra vez. Precioso. El fascismo español está completamente desbocado en su ansia de poder y control. A pesar de que la primera prisión (estado de alarma, le llamaron) que decretaron (instaurando así una dictadura satélite de la china), solo sirvió para crear a un pueblo enfermizo y cobarde. Y con las mascarillas obligatorias como su ley primera de control ganadero, han conseguido debilitar más aun a los ciudadanos. No es más fuerte el virus, es más débil la población. Se veía venir. Cuando el cerdo prueba la sangre, no le temblará la mano de nuevo. Las noticias y sus políticos y expertos mierdosos del fascismo de la nueva normalidad española, crean una capa de mierda debajo de mi piel que no me puedo quitar. Es asqueroso todo lo relacionado con ellos. Cuando el cerdo prueba la sangre, no le temblará la mano de nuevo.
En lo más profundo del planeta. ¡A que no me pillas, cara de papilla! A veces me dejo llevar por un indigno infantilismo. O eso, o las neuronas ya escasean alarmantemente. Da igual, estoy aquí adentro, aunque sea con el cerebro podrido.
Qué mierda… Hay un día dedicado a los defectos de cada cual: el del tartamudo, el del gay, el de la mujer, el del niño, el del padre, el de la madre, el del abuelo, el del docente y el del Alzheimer. Hasta los muertos tienen su día. Y yo no tengo ni uno solo de esos defectos. El que tengo no tiene día que lo celebre. ¿Acaso soy el único al que mortifica el picor del culo? ¿O es que está censurado el culo en su modalidad “picor” o “comezón”? Porque en la modalidad sexual no lo está. Incluso se le dedican sambas. Si fuera yogui, me lo depilaría a conciencia, a lo mejor es solo algo tan sencillo como eso y no requeriría de un día mundial para sanarme. Pero si puedo depilarme el culo, también podría dar un buen repaso bucal al pene, que es mucho más edificante. Bueno, sea como sea, a los que les pica el culo que se jodan ¿no?
Junto con el coronavirus, como daño colateral ha surgido una serie de parásitos que pomposamente se hacen llamar epidemiólogos, sanitarios, economistas, periodistas que nunca lo fueron… Los expertos son, ni más ni menos, que idiotas con mucho dinero, tiempo libre y mucho espacio e inmunidad para moverse. De ahí que insistan en seguir robando todo asomo de libertad. Así que sus consejos de mierda, no son de aplicación para ellos mismos. Por una suerte o un azar, tienen mucho dinero y están muy alejados de la realidad. Tanto que son los ciudadanos bien situados de la nueva decadencia de la Roma de Nerón, en la España fascista de la nueva normalidad del coronavirus. Que callen los putos expertos que no tienen puta idea de nada. Y que el coronavirus infecte sus bien situados y acomodados genitales.
Como norma, un precepto religioso o una ley de los actuales códigos penales, se basa en la envidia. La persona más libre, creativa, independiente y valiente será penada por los sacerdotes o jueces de la mediocridad. Y es que una persona libre deja en evidencia a la gran parte de la población de esclavos eunucos que forman las actuales y multitudinarias sociedades y ciudades-granja. Seres humanos castrados y condicionados mentalmente hasta descender al rango de rumiantes. Por un bienestar de la chusma, los libres y creadores serán castigados. Para que ningún de los mediocres que forma la chusma, intente jamás sentirse libre o pensar libremente. La chusma… Esa que da los votos y con ello el consentimiento de robar a los políticos. El escarmiento es la más vieja artimaña del poder civil, militar, religioso y laboral. Por otra parte, los que velan por la eternidad de la mediocridad, han de ser cautelosos para que los mediocres no sepan de su condición y los libres no sospechen que existen esas leyes de la más pura envidia oscurantista. Las vacas que van al matadero no pueden avisar al resto para que escapen, solo saben su final de trayecto cuando es tarde para escapar y para avisar. Es justamente lo que hacía ese fascismo formado por los tarados y maricones que formaban el gobierno del III Reich con sus trenes de la solución final judía.
Deben tener miedo a que el 13 sea un reservorio del coronavirus y fuente de infección. Se han tomado tan en serio su cobardía que, no son capaces ya de pronunciar ni escribir el número 13 (de mala suerte para los supersticiosos). Ya era habitual; pero ahora se trata de evitar acobardar más a los cabestros cobardes, sean machos o hembras. Y es tanta la cobardía y la hipocresía fascista, que quieren joder a unas enfermeras porque han hecho una comedia simulando una muerte por coronavirus. Seguramente, los cobardes de mierda que han visto el video horrorizados, al ver que era una broma se han sentido engañados de no ver una muerte real. No hay nada peor para las bestias de pasto cobarde como ver que alguien sea valiente y con humor. Porque la cobardía es el traje de la envidia. Un solo valiente pone en evidencia a millones de cobardes. Ser cobarde no es algo de lo que sentirse orgulloso. A los cobardes se les pega palizas por el simple hecho de serlo (no se puede negar el placer cinegético de cazarlos, es puramente instintivo) y se les mete en duchas de Ciclón B en rebaño. O se les mata de hambre, mientras se esconden en sus casas por miedo a respirar aire libre. Me temo que la cobardía ya no es simplemente una emoción temporal o un sentimiento. Es tan fuerte y virulenta hoy día, que debe ser un tumor, un cáncer, alojado en el cráneo (los cobardes tienen un cerebro pequeño y siempre cabe algo más ahí dentro), que no los mata; pero los hace más imbéciles de lo que en un principio nacieron. Es muy urgente e importantísimo que el coronavirus, la guerra, el hambre o un incendio planetario mate a millones de seres humanos para limpiar esa cancerígena cobardía. De lo contrario, se habrá perdido la característica humana más importante que permitió sobrevivir y evolucionar a la especie humana durante cientos de miles años: el valor, la nobleza. Sin valor, el ser humano se convertirá en una mutación entre rumiante y roedor que servirá de alimento para una especie superior; y por tanto será su extinción. Que la especie humana no vea la entrada del próximo año, ésta es mi voluntad (que se muera, a ver si así lo entienden los lelos). Si yo fuera el nuevo mesías o el anticristo, ahora mismo no habría esperanza de vida para nadie.
Morir tiene un precio, y las funerarias tienen un gran número de tarifas que se acomodan a cualquier extracto social al que pertenece el fiambre. A excepción de los gitanos que viven en barracas y cuando mueren les montan un mausoleo digno de un narcotraficante mexicano o colombiano. No son elegantes; simplemente grandes como tómbolas de feria.
Debo lamentar un hecho dramático en mi familia: Justo, mi primo lejano por parte de madre, ha pasado por uno de los momentos más temibles de su vida. Solo se quitó la mascarilla unos segundos para echar un trago de la lata de cerveza durante el desayuno. Un instante que fue decisivo en su vida. A los veinte minutos, mi pobre Justo, sudaba copiosamente debido a una repentina fiebre. Y tosía hasta sangrar, la mascarilla (que se la puso heroicamente a pesar de no poder respirar) se anegó de sangre. No solo perdió el olfato camino del hospital (anduvo los cinco kilómetros a pie para no contagiar a nadie en el transporte púbico; es muy buena persona, mi buen Justo), también perdió el sentido del oído. Cuando llegó a urgencias hospitalarias, le confirmaron que era coronavirus tras meterle un palito de algodón de medio metro de largo y observar el color de sus mocos. A Justo se le saltaron las lágrimas y el personal sanitario le aplaudió con mucho cariño. En los peores momentos, hombres y mujeres sacan lo mejor de sí mismos. Respecto a la sordera, los médicos (eran cuatro por paciente debido a la extrema gravedad y lógica alarma social) dijeron que se debía a que el coronavirus había colonizado los pabellones auditivos y creado un denso cerumen absolutamente atestado de bolitas erizadas de púas: la dichosa covid 19. Le observaron detenidamente las manos y, al cabo de unos interminables minutos, le dieron la buena noticia de que no era necesario amputarlas. Se comunicaban escribiendo en el tablet ya que Justo no se coscaba de nada. Le administraron ibuprofeno y paracetamol y lo sondaron analmente para que al toser no ocurrieran accidentes no deseados. En dos horas la fiebre remitió y dejó de toser; solo carraspeaba con mucho cuidado esperando que le quitaran la sonda. Mi primo es un tipo que practica mucho deporte, creo que eso le salvó de morir. Tan solo sentía una comezón en el ano que no acababa de desaparecer. Los médicos decían que por tener coronavirus, el culo dolía más; algo completamente normal. Sin embargo, la sordera persistía peligrosamente para su vida. Le amputaron las orejas y tras veinticuatro horas en observación, le dieron el alta con una bolsa reciclada del Mercadona llena de comprimidos de paracetamol y una mascarilla autoadhesiva como un posit (pobre Justo sin orejas…). Le avisaron por medio del tablet de que, si quería evitar problemas con el ejército, con la guardia civil, con la policía nacional, con la policía autonómica, con la policía local, con los de protección civil, con los paramédicos en ambulancia, con los barrenderos, con el vigilante del aparcamiento de zona azul, con la cajera del súper y con el vecino; que guardara diez días de cuarentena en casa. Señaló sus conductos auditivos cubiertos por gasas y esparadrapo reciclado (esos pedazos que han usado para fijar en la papada de los pacientes los tubos de los respiradores), seguía allí el cerumen, no podía oír nada aún. El médico le escribió que esa cera, letalmente atiborrada de covid 19, caería fácilmente ahora que no tenía orejas. Cosa que le daría una mejor calidad de vida, porque con solo inclinar la cabeza a un lado, la cera se deslizaría fácilmente por la mejilla evitando colonizaciones indeseables. Han pasado los diez días y se ha puesto ya en contacto con la familia (le previnieron que no usara el teléfono, porque el virus permanece en el micrófono y el auricular durante una semana plena y letalmente activo), por eso he conocido esta desgracia de mi pobre primo hace apenas unos minutos. Le he pedido por guasap, que por favor, cuando se quite las gasas me envíe una foto para poder conocerlo por la calle si sobrevivimos a esta pandemia. Por el amor de Dios: no os quitéis jamás el bozal; sería el peor error de vuestra vida. Por vuestra vida y vuestro culo, obedeced las consignas de nuestro gobierno, de nuestro presidente, de nuestro epidemiólogo, del ministro de sanidad, de los programas de televisión, de la prensa y de los memes de los usuarios de las redes sociales que padecen el horror paralizante al apocalipsis que es esta terrible pandemia. Sin todos ellos, estaríamos muertos ya.
¡Pues ya está! Una vez publicada en las redes sociales mi mentira institucional, a esperar a ver si hay suerte y me dan trabajo de redactor en El País, El Periódico, La Vanguardia, el ABC o en cualquier cadena televisiva. Van necesitados de mentiras durante las veinticuatro horas. Incluso el ministerio de sanidad ha creado su propio departamento de prensa para inventar más noticias y filtrar las no deseadas. Hay muchísimas oportunidades de trabajo intelectual. En el peor de los casos, si envías tu mentira por email, te la pagan por ¡palabra! Vale la pena perder veintitrés segundos en inventar una buena mentira. Si algo tiene de bueno la nueva normalidad del fascismo español del coronavirus, es que las mentiras se han convertido en la mejor inversión para el gobierno y por ello dedican grandes sumas de dinero a su creación y publicación en todos los medios posibles. ¡Bye! Y buen sexo si podéis.
Europa ve la reforma del poder judicial español demasiado parecida a la polaca. Y es que si algo tiene el fascismo español, es que absorbe lo peor de cada país, como ocurre con sus estados de alarma por coronavirus que calca de la dictadura china y de los asuntos judiciales que calca de los polacos. El gobierno español se alimenta de excrementos.