Demasiada filosofía, teología, política, precisión y detalle en una película, al igual que la iteración de escenas, conducen al bostezo.
Estoy experimentado en ello, en el aburrimiento.
Y cuanto más tardas en leer un libro, tan malo es.
Muchos críticos, por lo visto, pueden llegar a leer hasta treinta páginas por minuto; de ahí el gran éxito de muchos autores y sus cosas.
La velocidad lectora de los críticos: ¿se paga o es espontánea?
Con la música no ocurre lo mismo, es mucho más fácil, tan solo requiere repetir la canción siete u ocho veces al día durante cinco semanas para que se convierta en super éxito.
Bueno, las novelitas de Harry Potter, escapan a esta norma, son un híbrido de los críticos de gran velocidad lectora y una cancioncilla cientos de veces repetida. Parecen música encuadernada, coño.
Precioso…

Lo bueno de tener una pierna hecha mierda entre cáncer, venas podridas, piel negra, articulaciones con artrosis y además, torcida como un tirachinas con una rama rota; es que no tengo que ir a trabajar. Vamos, que no me dejan trabajar.
Por mí, de puta madre; pero es que si quisiera, ninguna empresa contrataría un tullido con tanta mierda ni para vender caramelos en un quiosco, por muy guapo y fuerte que sea.
Un tullido no es negocio si tiene tantos números para que todo le vaya a peor, y no pueda aguantar sin descanso tres o cuatro horas caminando, sentado o de pie.
Ya sé que un día me subirá algún trombo al pulmón, un trozo de cáncer al cerebro o se me desprenderá la pierna caminando y la tendré que recoger para reciclarla y que no me multe la bofia fascista; pero todo eso carece de importancia, porque mi enfermedad es mi libertad.
Y por otra parte no voy al médico porque solo quiere verme para aconsejarme sobre la amputación (uno de ellos). Otros no, simplemente me dicen que hay que cuidarla y me dan una bolsa de supermercado llena de ibuprofenos para que me coloque durante tres o cuatro meses.
Y yo no me desprendo de un miembro ni de mi polla tan fácilmente. Por mucho que joda o me duela; por poco que pueda, conseguiré que mi cadáver pese lo que debe pesar en canal y entero.
Bueno, pues cuando tenía la mala suerte de tener que acudir al trabajo diariamente, todos los putos días de cada semana en algunas ocasiones; una mañana al salir del vagón del metro, me tropecé con un tipo.
-Perdón -le dije sin sinceridad ni afabilidad, era un puro trámite.
El tipo olía a marihuana desde la barba hasta los pies descalzos, en los cuales, sobre cada empeine lucía una cicatriz circular, de esas que se hacen algunos con el cigarrillo por puro aburrimiento. O eso, o le habían clavado unos clavos a martillazos o golpeando con una piedra, no sé…
Y no quiero hacer comentario alguno, para no ser aburrido en detalles, de su sotana de jipi, o la cuerda de esparto a modo de cinturón. O de sus serenos ojos tristes. Ni de su media melena castaña y tan sucia como la barba. O de aquella franja de cicatrices pequeñitas, como una viruela, que lucía en la frente y le bajaba hasta las cejas.
-No… La culpa ha sido mía, perdóname por no haber estado más atento y haberte molestado por ello -respondióme con humildad.
Había juntado las palmas de las manos como saludan los chinos en las pelis (porque nunca en las tiendas chinas me han saludado así, ni de coña); pero sin mover rápidamente la cabeza arriba y abajo. En el dorso de cada mano tenía también una cicatriz circular, como las de los pies. Parecía que se hubiera quemado por puro aburrimiento con sus porros (tanta maría provoca reacciones raras o adversas hacia uno mismo). O bien, también la habían metido un clavo en cada mano a martillazos o golpeando con un taco de madera, no sé…
Por un momento tuve un deyavú (también se francés, aunque prefiero que me lo hagan), que mi hizo pensar en alguna película que había visto de pequeño; cuando el hijo de puta de Franco ordenaba que la televisión emitiera en semana santa películas de romanos y leones comiendo cristianos. Aburridísimas, un auténtica mierda bostezante. Y cada año la misma basura.
-No te preocupes, no ha pasado nada -le dije otra vez con idéntico nivel de sinceridad y afabilidad que hacía unos segundos.
Y me di la vuelta para continuar mi camino hacia el calvario laboral.
-Quiero que sepas que lamento mucho mi torpeza. Perdóname por ello, rezaré por ti.
Me giré ya con la paciencia a niveles de hierro en sangre de anémico y díjele:
-Oye, no tengo tiempo para esto, y no llevo nada suelto para darte.
¿Y sí además de jipi era marica? ¿Eh? ¿Eh?
Y con decisión, sin esperar más, me puse en marcha y me alejé camino a las escaleras mecánicas; yo no hago esas estupideces de subir escaleras a trote de atleta gilipollas. Y es que tenía unas tremendas ganas de salir de la puta estación para encenderme un cigarrillo.
Solo por no encontrarme con pirados así, vale la pena ser un tullido y la libertad que conlleva. Duele, pero nada es perfecto.
Coño, es que parecía el mismísimo Jesucristo Superstar. Y ese olor a porro…
Qué gusto, ahora, no entrar en el metro y así en el campo, aspirar el efluvio de la mierda de vaca y el podrido estiércol tan propio de los ambientes rurales, cuyos labriegos y ganaderos tienen también ganas de aportar su granito de arena para que nada sea perfecto con su: “vamos a tocar los cojones para que se enteren lo que es oler mierda de la buena” (sinceramente, es mejor el olor de aquel pirado, eso sí).
Como yo me entere de que rezó por mí, vuelvo al metro para encontrarlo, tropezarme con él cojeando y meterle un clavo en cada ojo y otro en la lengua.
Buen sexo.

Iconoclasta

Los actuales políticos y su ambición de ser reyes, presidentes y tiranos, pueden meterse sus falsos y comprados títulos universitarios y másteres en el culo; la única formación que precisa cualquier tirano de las democracias de hoy día para dirigir y exprimir los grandes rebaños humanos, es un profundo conocimiento de ganadería, cuya herramienta imprescindible son las redes suciales o sociales.
Para ser ministro de sanidad, basta con ser un buen criador de cerdos.
Y ya.

¡Qué bien combinan bala y muerte! Todo encaja de una forma natural.
Bendita vanidad y sus complementos…

He decidido, en vista de que el nuevo y normal fascismo del coronavirus parece que va a durar cuarenta franquistas años más, sacrificar mi alma al diablo por un bien para mí mismo.
Y de rebote, desgraciadamente, que os libere a vosotros, ¡oh gandules y decadentes seres!
Soy tan asquerosamente generoso, que mi propia conciencia me insulta.

Siempre asqueado de esta sociedad: Iconoclasta, el hombre.


En estas entrañables fiestas navideñas del Año de los Hijoputas del Fascismo del 2020, deseo que los que intentan robar y controlar mi libertad mueran entre fuertes dolores, vomitando sangre por la boca con las vísceras en descomposición.
A saber quiénes:
Así deseo que mueran reyes, presidentes y ministros; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran los altos funcionarios; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran los médicos y periodistas que propagan las mentiras que intentan robar mi libertad; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran jueces, militares, bofia y serenos de las noches negras, carceleros de la libertad; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Así deseo que mueran vecinos acusadores y confidentes; y así mismo sus seres queridos, familia y amigos.
Y que a los cobardes se les seque la sangre en las venas.
Mi alma (si la tuviera) será tuya cuando haya muerto todo aquel aquí designado. Solo pretendo ver morir hasta el último mono y sentirme en paz. ¡Oh Mi Negro Señor de Maldad y Muerte!
Mi sangre te pertenece, con ella pacto ante vos, el pago por mis deseos cumplidos.
Que la sangre de los que deben morir en estas entrañables fiestas, forme ríos visibles desde el profundo espacio. ¡Oh Mi Negro Señor de Maldad y Muerte!

Iconoclasta

Manuscrito de Iconoclasta.

Imagen  —  Publicado: 17 diciembre, 2020 en Conclusiones, Humor, Manuscritos, Reflexiones
Etiquetas:, , , , , , , ,

Mirad a vuestro Caudillo.
Oíd al tirano amenazar.
Os dice que vosotros sois los culpables y lo pagaréis caro: con más prisión, más penuria y mucha más enfermedad.
El dictador os dice en estas navidades, que sois la verdadera enfermedad.
No está lejos el día en el que ordenará encerrar a los enfermos en campos de concentración, para quemarlos como a judíos de la Alemania Nazi. Con su fiera policía y sus venenosos serenos de la noche empujando a los enfermos a los hornos crematorios. Sin que a los asesinos les tiemble la mano, como gusta de decir la ideología del nuevo y normal fascismo español.
Y es que se acerca la navidad y el fascismo nuevo y normal del gobierno español, se siente obligado a proclamar su poder y así, estar presente en todas las mentes y casas de sus cabestros votantes o ciudadanos españoles (de una España muy profunda y endogámica).
Retóricas y romanticismos aparte, el Caudillo está tan apoltronado en su dictadura y en su creencia de ser el Nuevo Salvador de España, como una garrapata en oreja de perro. Así de bien.

Estrenar un objeto de escritura, aunque sea un simple lápiz, es un acto de renovación y esperanza en el cambio; combate los días mediocres y los hace mágicos.
Y cuando estreno una libreta, es una alegría semejante a estrenar nueva casa en el campo.
Solo quien escribe sobre el papel, padece estas pequeñas y neuróticas alegrías.
Ser un simple no siempre tiene que ser indigno y angustioso. Bueno… no siempre.

Hoy en mi pueblo es día de control veterinario, cribado masivo de rebaño, le llaman. Es normal, vivo en un medio rural eminentemente ganadero.
En principio, al ver todos aquellos animales tan bien formados y separados entre sí, como si fueran reclutas en el ejército, tan callados y con sus bozales perfectamente colocados en el hocico; pensé que sería una exposición de belleza ganadera de tantas que se hacen.
Según me he informado, cuando entra la res (oveja, vaca, cabra o cerdo) en la consulta del veterinario, le meten un palo de medio metro por los agujeros de las napias hasta llegar al cerebro y luego se la meten en la boca hasta las cuerdas vocales mismas. Las cabezas de ganado salían con los ojos llorosos; pero felices. Como esos abducidos por extraterrestres que en los 80 y 90 trotaban hacia sus casas más felices que mierda en bote arrastrando la sonda anal que les habían metido, como una antena de FM.
Luego, cuando los dejaban salir tras el cribado masivo, creaban pequeños rebaños en los cuales cada oveja o cerdo, guardaba una distancia aproximada de cinco o seis metros mientras balaban y gruñían sus experiencias.
Da gusto como ha vuelto la normalidad a mi pueblo después de tantos aplausos y alegrías durante meses.
Y es que si algo es gratis, todas las reses se apuntan; cualquier cosa les va bien e incluso la exigen si es muy, muy barata o gratis.