
Hay personas tan y tan malas que les pegas fuego y en lugar de arder se derriten como un mal plástico.
A éstas es mejor cortarlas en trozos para obtener alguna satisfacción con su asesinato.

Hay personas tan y tan malas que les pegas fuego y en lugar de arder se derriten como un mal plástico.
A éstas es mejor cortarlas en trozos para obtener alguna satisfacción con su asesinato.

La violencia es el don más precioso que Dios nos ha dado. Es un pecado mortal castigarla.
El dolor es otro don de Dios; pero nadie lo prohíbe o castiga.
Es la hipocresía de lo obvio llevada a la indecencia pornográfica.

Ante la rápida propagación del corona(beer)virus, se han convocado masivas manifestaciones en todo el mundo para condenarlo con el lema: «No te temo, yo no me lavo las manos».
Finalizarán los actos con una cadena de besos y abrazos de paz y amor entre los participantes.

Sigo pensando que esto del coronavirus es muy oportuno. Al poder y a los supermillonarios les ha proporcionado la excusa ideal para declarar otra crisis económica y robarle el dinero a los trabajadores y así, acaparar más poder y riqueza con el beneplácito del silencio de los corderos temerosos del carajovirus.
Y no deja de tener cierta apariencia de oráculo aciago, al estar próximas las fiestas religiosas de la semana santa.
En las fallas de Valencia arderán como en la edad media montañas de cadáveres. Soy único imaginando películas distópicas.
Afortunadamente los solitarios están razonablemente a salvo de las epidemias globales.
Tal vez el coronavirus sea también una buena herramienta de la naturaleza, para que los valientes solitarios dejen su mensaje genético con más fuerza.
El coronavirus tiene un remedio eficaz al igual que todas las enfermedades contagiosas: mantener una distancia digna e higiénica de otros seres humanos. La soledad, además de hermosa, es profiláctica.

El planeta tiene un gran defecto: los insectos, los repugnantes insectos, los feos insectos, los crujientes insectos, los sucios insectos, los putos insectos. Los exterminables insectos.
¡Ah! Y los radicales, los repugnantes radicales, los feos radicales, los crujientes radicales, los sucios radicales, los putos radicales. Los exterminables radicales.

Hombre hastiado de observar el mundo contempla sin interés lo que aún queda de él sin ningún tipo de alegría o angustia.
Hombre hastiado se ha fotografiado porque no estaba seguro de aún existir.

No hay prisiones en la luna.
La luna es la que, a través de las ciudades y sus rejas, nos convierte en ávidos y tristes prisioneros contemplativos.
Baña de luz blanca y resalta lo que hace miles de años perdió la mezquina humanidad por firmar un repugnante contrato social de obediencia y esclavitud.
Inocentes condenados injustamente a ver el universo por encima de las rejas de una prisión.
Y así hasta morir sin ningún tipo de alegría.

Gracias a los documentales televisivos en HD de naturaleza, además de deslizarme suavemente a un dulce y entrañable sopor de siesta (aunque nada hay como un telediario para dormir a pierna suelta); he sacado conclusiones verdaderamente apasionantes sobre la naturaleza y lo contrario, el ser humano.
Los ñus, junto con las gacelas son los animales más tontos de la sabana.
Vendrían a ser algo así como los adictos a las manifestaciones festivo-ñoñas en las ciudades. Así de tontos y así de mediocres.
Además, tienen en común que cuando se los come un león, es un hecho absolutamente intrascendente. Hay tantos de ambos, que incluso es un alivio.

Si sometes el camino a un análisis bajo visión infrarroja, observarás las huellas ensangrentadas a lo largo de los tiempos. Y no será entonces, el bosque lo que no te deje ver el camino.
Será el camino el que difumine el bosque y la vida.
Porque la muerte es fascinante en su terror y su conclusión. En su quietud.
Ya no apartarás la mirada de las huellas de los muertos y de los que aún sangran. De tus pasos de muerte, los más recientes y brillantes si miras atrás.
Hubiera sido mejor que los árboles hubieran mantenido oculta la via morta ¿verdad, carajo?
Pinche camino…
Que los árboles oculten el camino y la certera muerte.
Nos dejaron caminos anegados de sangre, es la única enseñanza bajo la luz enferma de lo infrarrojo. Del inframundo…
Es la única sabiduría bajo cualquier luz.
Vivir es un continuo sacrificio que alimenta el bosque.
Todos los caminos conducen al mismo lugar; y no es la puta Roma.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Es absoluta serenidad toda esa luz que parece convertir en ángeles las flores de un cerezo.
Como si todo estuviera bien.
Un poco de pureza entre toda esta mediocridad y banalidad, no puede hacer daño.
Intento con todos mis medios hacer más hermoso el mundo.
Hubiera sido un buen alquimista al que quemar por modificar las creaciones de los dioses.