Esa lluvia que cae sobre vuestras cabezas es la piel de Dios deshaciéndose por la vejez.
La sangre que corre por vuestras venas, es la misma que menstruaba la madre de Jesús, el bastardo de un carpintero.
Dios se deshace en lluvia furiosa por los remordimientos de sus errores creados.
Los truenos son mis estentóreas carcajadas.
Me río del patético cuarteto que se forma con el propio Dios, su paranoica virgen, el cornudo carpintero y Cristo el idiota predicando: «todas las mujeres son prostitutas ante Yahvé, menos mi madre que es una santa» (sic). Ellos inventaron un pastiche pseudo filosófico, aberrante y sectario. Solo apto para primates de escasas luces y cobardes hasta el vómito.
Yo lo vi.
El nazareno solo era el hijo de una degeneración endogámica, nació de una menstruación de María.
«—María, deberías hacerte una revisión, esos coágulos no son normales —díjole José». (sic)
«—No es un coágulo, es un hijo «. (sic)
«A lo que José respondiole:» (sic)
«—Puta». (sic)
(La verdad de 666, pag.: 4678, párrafo 15003)
José creyó firme e inocentemente que era enfermedad o basura aquello que expulsó su mujer por aquella vagina inviolada.
Y Dios reía con ganas, ante todo ese expresionismo en estado puro.
No lo creáis, Cristo no tuvo dignidad alguna cuando lo sodomizaron y luego crucificaron: chillaba como un marrano en el sacrificio. Blasfemó contra su madre, su padrastro y Dios.
«—¡Judíos de mierda! Que crucifiquen a vuestra puta madre y a vuestros hijos. Ojalá os coma la lepra a todos —gritaba ante la vergüenza de María, su madre». (sic)
(La verdad de 666, pág.: 7083, párrafo: 23134)
Hay que decir que en arameo sonaba mucho peor y más largo.
Esta es la verdad revelada, la auténtica que sostengo porque soy el eterno testigo del fraude y la misería. Por eso Dios se preocupa más en desacreditarme por medio de sus sacerdotes, que en proporcionaros paz y amor.
Dios y sus miserias…
Vosotros, deficientes creaciones, no podríais aceptar ni entender la verdad aunque os la metiera en el cerebro con un martillo y un clavo sucio de la sangre del crucificado.
Éste es mi sermón para todos los días de vuestra vida de crédulos, hasta vuestra muerte, necios.
Por mí como si usáis mi hoja dominical para limpiaros el culo.
Os mataré a todos, lo mataré todo.
Siempre sangriento: 666
Mi compañero Cooper
Publicado: 19 abril, 2015 en ReflexionesEtiquetas:amor, magia, Reflexiones, viajes
No sé si fue una maquinación del destino. Una situación creada por el planeta, un acto de empatía voluntario: la de la Tierra con uno de sus habitantes.
O simplemente fue un azar, algo fortuito.
Prefiero escribir que tuvo la magia de lo primero, porque simplemente, es más bonito así.
A pesar de lo que escribo, mi pensamiento no se engaña. Soy un espécimen adulto que jamás he experimentado más magia que la creada con mi imaginación.
Acababa de romper una relación enfermiza, de hecho estaba muerta hacía más de dos años. En aquellas fechas en las que conocí a Cooper, se puede decir que más que una ruptura, conseguí la libertad y el bienestar, aunque a costa de sacrificios y tristezas batidas con esperanzas.
Solo que las alegrías no pesan suficiente para luchar contra las tristezas, la vida es así.
Al menos la mía.
En esas fechas me compré un buen reloj, me hice tatuajes nuevos y… Conocí a Cooper un domingo, era 9 noviembre del 2014. Ya hacía muchos meses que iba solo al cine, solo a todos los sitios.
Me senté en la butaca muy cerca de la pantalla, como siempre.
Iba a ver Interestelar.
Desde que iniciaron las primeras escenas me olvidé por completo de los malos años de engaños, corrupciones, vanidades hipócritas y enfermedades mentales ajenas que viví.
¿Por qué disfruté tanto de Interestelar hasta el punto de convertirse un hito en mi historia, en mi vida?
Las analogías surgieron luego, tras el impacto visual y emocional de la película. Argumentadas a mi conveniencia, es inevitable; pero había razones para ello.
La música penetró profundamente en mi cerebro. Marcaba con su persistente ritmo un tiempo urgente, que se comía la vida velozmente. La vida de la familia de Cooper, la de él mismo.
Aquella música se convirtió en una banda sonora de mi vida, que marcaba segundos de engaño, estafa, avaricia y paranoia corrupta de aquella mujer. Un tiempo que se lo comía todo, como se comía todo lo que Cooper amaba.
En aquellos momentos, cuando el astronauta lloraba ante mensajes viejos de sus hijos y por los años perdidos en un instante, en un error; yo en mi butaca sentía en mi carne el cáncer que comía a Cooper y el alivio de haber dejado atrás ese tiempo de mierda. Yo estaba a salvo, fui Cooper, hasta que pude escapar de la relatividad del tiempo y de la órbita de un planeta venenoso.
Tenía que decirle a mi compañero que todo se arreglaría, amigo mío.
Debía partir en busca de un planeta mejor porque la Tierra estaba enferma.
Y decidió sacrificar el tiempo de vivir con sus hijos, con su familia.
Se equivocó, pobre…
Yo tenía que partir de aquella casa que no era mi hogar. Todas sus paredes evocaban una torpe e ineficaz estafa, la hipocresía de una mujer ambiciosa y su más vulgar vanidad.
Y mi angustia, como la de Cooper, era la de dejar atrás a los seres queridos. Tenía que sacrificar el amor, el cariño y la ternura de una muy pequeña amiga. Una niña que vi crecer y aprender a hablar y caminar; la ayudé un poco en esas cansadas tareas. Sacrificaría a mis amados amigos, dejaría atrás a dos preciosas gatas que me querían con maullidos y suaves garras, se sentaban en mi regazo para dar y recibir calor en las noches, fueran cálidas o frías.
La angustia de Cooper la entendía tan bien, que me encajaba en el estómago como un puñetazo.
Mi hijo estaba lejos, y necesitaba acercarme a él, me quisiera o no.
Al igual que Cooper, eligiera lo que eligiera, de un modo u otro causaría dolor la decisión.
Mientras tanto, el tiempo para nosotros, pasaba veloz sufriendo tristeza y miedo a perder lo que queríamos por cada segundo que pasaba.
Sufría pensando en como resolver el asunto de una partida amando a tantos seres, unos en el punto de origen, otros lejos.
Ambos mirábamos por las ventanillas del Ranger, de la nave espacial. Cooper observaba la Tierra corrupta y peligrosa para la vida, cada vez más lejos y pequeña. Yo evocaba el rostro de aquella mujer ya borroso en el espacio y el tiempo. Tan irreconocible ya, que llegué a no entender como un día pude sentir algo de aprecio por ella.
Fue a través de la pena y tristeza de Cooper, de todo aquello que perdió en el viaje: años en los que sus hijos se hicieron adultos sin él, esa juventud inhumana que le dio la relatividad del tiempo y le hizo sobrevivir a ellos.
A través de toda esa tragedia tuve el consuelo de que yo no viviría esos horrores. Mi pequeña amiga, mis amigos y mis gatas me sobrevivirían, moriría antes que todos ellos, no sería como Cooper y su triste e inacabable soledad.
Cooper y yo iniciamos el viaje de partida con el peso de los muertos en nuestras espaldas. Ambos perdimos seres amados mucho antes del gran viaje. Eso nos hizo valientes, pero no certeros.
Hubieron errores.
Llegó el final y la hora de viajar a otro lugar y hacerlo bien, si fuera posible.
A pesar de toda la tristeza, la decepción y la soledad; partimos con esperanzas, con ilusión y ánimo rumbo a otro lugar donde no teníamos que respirar el engaño, el dolor, la corrupción, el peligro y la muerte. Cruzamos el espacio y el tiempo en busca de amor y serenidad.
Salí emocionado del cine y comparé tristezas. Concluí que yo tuve más suerte que Cooper, obviando que yo era real.
Aquella mujer, su forma y palabras se desintegraron en el momento que encendí el primer cigarrillo al salir del cine. Sonreí y se iluminaron con fuerza los rostros de aquellos a quien amaba y de los cuales sabría a cada momento como se encontrarían, podría saludarlos, hablar, expresarles cariño y añoranzas. Vivir con ellos en un presente común.
Con aquella música de un tiempo veloz y voraz aún en mis oídos, me sentí libre y afortunado.
Interestelar se constituyó así en un hito en mi historia, en mi vida. Como el toque de un hada buena… Se convirtió en el agujero negro que se tragó una era de meses y meses de engaño y paranoia, representados en aquella silueta desdibujada de una mujer de la que ya apenas recordaba su rostro.
Verifiqué y chequeé los sistemas de navegación de la nave con alegría, sabiendo que mi viaje no sería tan triste y solitario como el de Cooper hacia una nueva galaxia.
Ambos nos equivocamos en algún momento, concienzudamente, porque creíamos hacer lo mejor, lo que menos dolía. Que nadie nos haga pagar errores, mi amigo Cooper, que nadie sea juez. Porque todos los seres de este planeta son imperfectos y falibles.
Yo llegué, estoy bien.
Seguro que también has llegado feliz a tu destino, Cooper, me lo dice mi alma.
Se acabó, compañero. Cambiamos un tiempo atroz por el de la esperanza y la sonrisa franca.
No te olvidaré, amigo mío, te recordaré siempre. Recordaré el día y la hora en que te conocí, igual que disfrutaré de mis seres queridos en este presente, ahora.
Programa a TARS con estos parámetros, compañero:
Nivel de humor: 100 % (aunque no te guste).
Nivel de felicidad: 100 %
Nivel de sinceridad: 0 %, no la necesitamos, conocemos si algo es sincero sea cual sea el parámetro programado.
Tal vez nos encontremos en algún agujero negro que nos haga compartir un ahora común, espera a que muera, no tardo.
Un abrazo a ese personaje, su dolor y esperanzas que de una forma (quiero creer mágica) compartimos.
Amar no es un acto
Publicado: 17 abril, 2015 en Amor cabrón, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Ultrajant
Amar no es un acto, los actos requieren voluntad y determinación.
Amar es metamorfosis, es transformación. Somos pupas esperando el momento de salir y que las alas se sequen.
Y volar y ser cazado y morir…
Amar es la desintegración de una vida y la creación de otra pegada a otra.
Es un hecho cósmico, una simbiosis preciosa.
Imprevisible.
Da miedo amar y dejar la vida en manos de otro ser tan enloquecido como tú.
Y sin embargo, es inevitable como una enfermedad.
No hubo acuerdo final entre el mundo y yo.
Y tuve la suerte de no dormir.
Fui yo quien lo asesinó en nombre de los amores muertos y los no natos que hay tras de mí formando un rastro interminable.
Un genocida por amor y mi devastado rastro de cariños muertos en tierras yermas, eso es el apocalipsis.
Cumple años Liz Ashley
Publicado: 16 abril, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Humor, Pablo López Albadalejo, Ultrajant
El árbol humano, una novela de Iconoclasta
Publicado: 16 abril, 2015 en Libros, TerrorEtiquetas:árboles, Terror
«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)
Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656
Defecto de fábrica
Publicado: 16 abril, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Ultrajant
– ¿Señor López? Soy Lidia Ginés de Final Rápido y Feliz. Hemos detectado que el nano cristal direccional que le inyectamos ayer en el riego sanguíneo tiene un defecto de programación de fábrica y en lugar de alojarse en el cerebro, irá a la vejiga. ¿Podría acercarse ahora mismo para reemplazarlo?
– ¡Ah! ¿Ya está en la recepción? Ahora mismo le ingresarán…
– Por supuesto, señor López, podemos usar el método clásico, pero no se reembolsará la diferencia a sus…
– Sí, no se preocupe, en un minuto le atienden…. Sí en la sien 9 mm. Parabellum.
– Tirador 32 y equipo de limpieza, preséntense en recepción urgentemente.
Depilación extra
Publicado: 15 abril, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Ultrajant
Hay cosas que no cambiarán nunca: la estupidez, el abuso, la gravedad, los muertos y su hedor y el chocolate caliente.
Uno se afeita a la mañana para parecer civilizado, y a la tarde con el fresquito y el cansancio de un buen paseo, apetece un chocolate caliente. Con un toque de caramelo para ser más exacto.
Pero existe una norma no escrita que dice: indefectiblemente te has de quemar los labios, no hubiera sido necesario que te afeitaras.
Muy zorro yo, he esperado minutos enteros sabiendo de esa ley no escrita, he fumado cigarro y medio luchando contra mi ansia de tomar ese chocolate deliciosamente dulce. Y he cumplido con el plazo de seguridad.
Da igual, ahora mismo no siento los labios, me siento identificado con los elefantes porque creo que ya no son labios, sino una probóscide grande como la madre que parió al elefante.
Eso sí, cuando he recuperado el sentido del sabor en el paladar y el del tacto en los labios, he conseguido disfrutar de su dulzura y cremosidad.
Lamadrequemeparioamiyalchocolate…





