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Hay desesperados que piden un tiempo de amistad con la esperanza de que surja el amor; se equivocan.
Jamás la amistad se convertirá en amor, y si por algún azar (es mucho suponer) hubiera sexo, sería ebrio.
Los amigos que esperan el amor, serán siempre patéticos conocidos.
El amor es un ataque repentino, si no prende al instante, se convertirá en indiferencia o una aséptica amistad.
Existen mejores formas de perder el tiempo que intentar transmutar la amistad en amor.
No vale la pena perder el tiempo y el dinero en romances que solo existen en la propia imaginación.

Beethoven… ¿En qué estaría pensando este hombre cuando decidió componer el Himno a la Alegría (o crear una música para la Oda a la Alegría?) ¿Era cuestión de sexo o dinero ese ataque de inspiración dichosa?
Porque no veo más razones para ser feliz como la idiota de la perdiz.
Tal vez, la suerte de ser sordo y no tener que escuchar a los imbéciles continuamente lo hacía un tanto optimista. No sé…
Cuanto más viejo soy, más dudo de los más elevados sentimientos humanos y acepto como dogma lo carnal y lo material sin pudor alguno.
Seré el más cabrón del cementerio.

La gente critica a quien aborta, va en bici, en patín, a quien se suicida, al que fuma, al que bebe, al que no lleva mascarilla… Y todo se reduce a envidia.
Las críticas suelen nacer de esa envidia que los corroe de no saber usar la libertad que otros ejercen.
Y para ejercer la libertad es necesario valor y determinación, que tampoco tienen los carroñeros envidiosos.
La envidia es en esencia, el único pecado capital de la biblia, el resto de los pecados nacen o se derivan de ella.

Imagino que como lleva ese bozal negro, se siente a salvo de la vergüenza de su vanidad de patán.
Como esos nuevos ricos con complejo de grandeza que en las películas se montan una copia de algún monumento famoso en el jardín.
“Nosotros, los veinte líderes”.. No jodas.
¿Líderes de qué?
Será que ahora Ali Babá, tiene solo veinte ladrones en lugar de los cuarenta.
Diecinueve fascistas del coronavirus y el del bozal negro con banderita española, como enlace sindical a lo sumo.

Los designios del Señor son inescrutables porque no domina bien el lenguaje.
Y además, padece dislexia ya que confunde la bondad con la maldad y la libertad con la esclavitud continuamente.
Dios necesita un buen logopeda. O una lobotomía si el profesional no puede solucionar esa deficiencia.

Como a esta enferma, el nuevo y normal gobierno fascista español, ha asesinado a miles de personas con graves enfermedades, por curar con paracetamol una gripe o resfriado como el coronavirus. El gobierno español lleva cometiendo genocidio sin descanso desde hace más de ocho meses.
Y en Europa, en la vieja decadente e indecente Europa, han masacrado a decenas y decenas de miles de personas.
Y en el mundo a centenares de miles.
Ya no hay otro medio para defender la vida y sobrevivir al fascismo de la cobardía y la ignorancia que, recurrir a la violencia y la guerra en que se convertirá.
La razón está clara y justificada: si te van a asesinar, empieza a matar a tus asesinos.
Muerte con muerte se paga.
Y no puede acabar simplemente así, con violencia; los actuales gobiernos del fascismo del coronavirus o “la covid 19”, al igual que los nazis de la última guerra mundial, deberán ser acusados y condenados por genocidio, a prisión o a muerte. Y confiscar sus cuentas bancarias en paraísos fiscales para recuperar todo el dinero que han robado.

Tópicos:
Cuando lloran las mujeres es por la regla.
Los hombres no lloran, si no es por alguna alergia y la próstata (¿?).
La verdad revelada:
Si llora un idiota, ni él sabe por qué. Y además se mea encima.

El coronavirus, el principal problema orgánico que provoca en las reses humanas es que pudre el cerebro de las prostitutas (vale para machos y hembras) que cobran por escribir idioteces en los medios de información. Al menos, Epi y Blas tenían gracia al dar sus lecciones, mucha.

Y como los caudillos del nuevo y normal fascismo español del coronavirus están deseando inyectar a toda su aterrada población el veneno, además de los restaurantes, también se irán a la ruina las sombrererías.

A mí los contagios del coronavirus no me preocupan.
Me sudan la polla.
Nunca he perdido el tiempo con las mentiras del franquismo y mucho menos con las del nuevo y normal fascismo español del coronavirus y sus caudillos Sánchez e Iglesias.
Lo que sí me causa cada día más repugnancia es el gran número de cobardes castrados que, como ratas saliendo de la alcantarilla, salen con sus bozales a la calle; imbécilmente convencidos de los dictados de sus amos caudillos, con la fe que el analfabetismo otorga a los idiotas. Son tantos que siento que voy a vomitar.
Ver a un ejemplar de cabestro con un bozal negro en plena naturaleza, me hace soñar en cómo sería destriparlo a puñaladas, las suficientes para que sus intestinos se convirtieran en exotripas. Como si se apoderara de mí una tentación narcótica, debo frotar las palmas de las manos contra el pantalón porque me pican de una forma inexplicable. Talmente como le ocurriría a algún poseso que pisara dos pajas en forma de cruz.
Estoy convencido, cada día más, de que la naturaleza exige que se derrame sangre idiota, ella sabrá que hacer con esa mierda.
Por lo demás, que se infecte quien deba y se joda como yo me jodo.
Y que me dejen en paz.