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Está roto y da mucha pena, es muy pequeño.
Misericordia…
Un bebé ha caído del cielo con un llanto y ha quedado inmóvil y mudo en el suelo. Hay sangre en su cabeza.
¿Cómo puede caber tanta muerte en algo tan pequeño? El cielo ríe pérfido, entrecortadamente.
Mi mundo es sórdido y temible.
Y una luna de manteca rancia, canta desafinada la inaudible canción del horror haciendo coro a los silencios mínimos.
¿Qué pasa conmigo?
El bebé parece un amor roto.
Por favor…
Porque los amores son pequeños para hacerlos secretos. O para que quepan en el corazón.
Y a veces se caen al suelo y se rompen y ya no se mueven más.
Como bebés que llueven llorando.
Y tú te rompes un poco con ellos. Mucho…
Mi mundo es sórdido y temible.
Misericordia… No más, no más lluvia, por favor.
Me quiero ir de aquí.
ic666 firma
Iconoclasta

Es un muñeco…

Publicado: 6 junio, 2015 en Reflexiones
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Es un muñeco

Cric-clic-cric (el corazón ha cambiado su potente latido por el ruido chirriante de un engranaje roto) algo está mal.

Se ha jodido el día, quiero volver a casa y empezar de nuevo. Esto no está bien.

No quiero otro descenso.

El aire es una delicia fresca que confortaba mi piel y mi ánimo.

Es una mañana preciosa, no era necesario ésto.

Llevo una cantimplora con agua y hielo, ahora hace frío en la sangre.

No puede ser… Eres un muñeco ¿verdad?

Me cago en Dios…

¿Cuánto ha tardado en morir?

Levanta pequeño, no seas perezoso.

Tienes que cazar el sol quema ya.

La Hostia Puta Consagrada…

Por favor…

Ningún ser vivo permitiría que las moscas se le metieran tan adentro.

Qué ganas de llorar… Qué mierda.

Puto Dios y lo que creó…

Puta pena…

Los animales de pelo al morir parecen peluches, muñecos de infinita y desoladora ternura.

No le hablo al cadáver, le hablo a la vida que antes contenía. Porque quiero pensar que está cansado y dormidito.

Clic, cric, clic, el corazón duele sordamente entre trinos de pájaros y el sonido de las hojas de los árboles.

La sección de agua la orquesta un pequeño riachuelo cantarín que toca graciosamente las piedras unos metros a mi espalda.

Algún coche veloz pone la nota de la justa realidad en esta desesperanza.

¡No, basta ya! Sigue caminando, déjalo que duerma.

Para siempre…

Hay días que no deberían existir y que fuera eterna la noche anterior a lo aciago.

Nadie tiene la culpa. Solo él es el responsable de su muerte; pero no se merecía pagar el error.

Es muy pequeño, no era necesario ensañarse.

Se equivocó y murió.

El error se transforma de una forma repugnantemente fónica en orror. A la muerte le importa una mierda la “h”. El orror no necesita una correcta ortografía, basta con que lo sea, a nadie confunde.

Alguien quiso ser demasiado eufemístico respecto a lo que comporta un error, y lo diferenció con un “h” y una “o” para que nadie viera la dramática relación y viviera tranquilo lo que le quedara de vida mientras la “e” se transformaba en “o”.

Doy una palmada; pero ni las moscas se mueven, siento una metástasis de tristeza, y miro a las montañas hermosas y frondosas que no nos prestan atención. Miran a otro lado ante mi inusitada pena.

Y bajo el rostro hacia el suelo cuando me cruzo con alguien, no es un buen momento para saludar.

La muerte es igual para todos los seres, cualquiera que sea su tamaño. Es por ello que en los animalitos pequeños, es más doloroso, hay un exceso de muerte.

La muerte los aplasta y la ternura se aferra al corazón clavando las uñas, hay una hemorragia que no consigue salir y se queda en el cerebro dando vueltas, coagulando la alegría y el ánimo.

Me cago en Dios y su justicia de mierda, en su desproporción repugnante.

No estoy bien, a veces no es bueno caminar tan despacio y captarlo todo en su realidad y consecuencias.

Por última vez, despierta y ve a cazar, pequeño, es tarde para estar al sol.

Corre a tu madriguera.

Por favor…
f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta