¿Por qué cuando alguien viaja a un lugar raro o exótico que solo conoce su puta madre con suerte, te pregunta si has estado allí. Y además, si hace poco, para mayor inri?
Ves sus manos temblorosas con una cámara fotográfica cargada con siete u ocho mil fotos, dispuesto a enseñártelas todas.
Hay que tener reflejos y hablar rápidamente:
-No sé dónde está Cincronopios, no tenía pensado ir allá y ahora que se existe, tampoco. ¿Por qué cojones tendría que ir? ¿Y tú por qué has ido? Tiene nombre de medicamento para deficientes mentales. ¿Eres peregrino de alguna religión? ¿Hay sexo gratis? ¿Es un viaje regalo de Chedraui o similar? ¿Una oferta de agencia? ¿Incluye excursiones en burro?
Y no hablemos de la odisea que te pueden contar por unos segundos de puenting o paracaidismo. Te van a mostrar sus gráficas cardíacas, de presión arterial, el nombre del instructor como si hubieran practicado sexo y unas muestras de heces y orina.
Más vale perder un amigo que soportar tres horas de malas fotos y explicaciones aburridas.
La amistad está patológicamente sobrevalorada.
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Un viaje maravilloso
Publicado: 27 diciembre, 2014 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Oculto deseo
Publicado: 26 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Su sonrisa de luz…
Los pezones erizados, las piernas entreabiertas, una mano en el vientre deslizándose suave, los labios entreabiertos, la lengua fresca y húmeda. Su vagina tan brillante…
La penumbra la envuelve en halo de deidad.
Que preciosa criatura intuyo y espío, que siento y presiento.
Mi pene latiendo, un segundo corazón.
Bendita sea la secreta y ávida lujuria.
Nochebuena 2014
Publicado: 26 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Llueve de nuevo
Publicado: 24 diciembre, 2014 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Llueve de nuevo, el aire se limpia de cenizas y cosas muertas que son arrastradas a las cloacas formando un fango miserable.
Pareciera que llueve mierda.
Es tan tarde… Y yo en la cama sereno, erecto por puro instinto animal o por el sonido de la lluvia… Tal vez soy un degenerado.
Espero que la lluvia acabe su trabajo para poder exponer mi piel a un aire fresco y consolador.
Soy delicado.
Carta a un amor que espera
Publicado: 24 diciembre, 2014 en Amor cabrónEtiquetas:Amor cabrón, belleza, decisión, deseo, determinación, espera, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, romanticismo, Ultrajant
No sé donde estás, pero sé que existes. Me lo dice toda mi piel.
Deberíamos estar juntos ya, mi amor desconocido, pero han surgido problemas. Soy falible.
He cometido error y he caído en una trampa de tiempo frustrante. Una confusión…
Pero lo he solucionado, cielo. Ahora voy disparado y certero a ti como una flecha. Como las que disparaba en el bosque con mi arco antes de ser tullido.
No importa donde estés, voy a ti con el corazón acelerado.
Bum-bum, bum-bum..
Perdona si me demoro un poco; pero la pierna a veces me duele más y otras menos.
No sé como eres, solo sé que que eres preciosa y te reconoceré.
Soy tímido, un poco anti-social; pero bailaré contigo una canción lenta y te besaré.
No desesperes. Te lo tengo que decir porque aún no me conoces: cuando me propongo algo, lo hago.
Sin juramentos ni ceremonias. Es connatural en mí.
Así, si sientes unos nervios en el estómago, soy yo pensando en ti. Dirigiéndome a ti.
Sé que estas fiestas de fin de año estaremos solos; pero no cierro por vacaciones, ni por dolores, ni descanso, mi amor.
No me detendré, llegaré con el frío o con la templanza de la primavera.
Llegaré antes de que sea tarde.
Esa alarma en tu estómago, muy adentro, esa pequeña contracción nerviosa; mantenla viva, porque soy yo rastreando tu ser en el planeta.
Mientras tanto, mi amor, no te sientas sola. Sé que estás aquí, en el universo. No sé si en algún lugar cercano o remoto.
Quisiera que estuvieras cerca, tengo prisa por comerte a besos; pero es solo un detalle sin importancia. Por lejos que te encuentres, llegaré a ti con todas mis fuerzas, para que te sientas orgullosa de tu hombre.
Rápido como un expreso de medianoche.
Nuestra soledad es solo un instante en el cúmulo de la vida.
Felices fiestas, cielo. Ya casi llego.
Te amo.
Con ansiedad: tu amor desconocido.
P. D.: Sé que eres valiente, por eso te amo también.
No soy un niño: sé muy bien que podría morir antes de llegar.
Si se diera el caso, mi vida, mantente viva e ilusionada, porque naciste para ser amada, yo soy solo un corredor con desventaja en tu búsqueda y conquista. Conmigo no acaba el amor.
A pesar de esta posdata de madurez y controlado pesimismo, llegaré a ti, cielo.
Te amo a través del tiempo y del espacio, en todas las dimensiones.

Iconoclasta
De androides y compasión
Publicado: 23 diciembre, 2014 en ReflexionesEtiquetas:"ciencia ficción", androides, compasión, crueldad, ensayo, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones, robots, Ultrajant
¿Qué ocurre con los androides? ¿Por qué me resultan tan emotivas y angustiosas las películas y las novelas que tratan de ellos?
Les otorgan el poder de hacer el bien, de velar por sus dueños, proteger la vida humana ante todo.
Y todo ello es pagado con humillaciones y mutilaciones. Con burlas…
Dan pena por esa indefensión.
Y es esa indefensión la que nos muestra a la humanidad en todo su mierdoso esplendor.
Pinocho podía hacer el bien y el mal, su único problema era convertir la madera en carne.
Los androides avanzados de la ciencia ficción, sienten amor y a veces están programados para sentir dolor; pero carecen de la virtud de la venganza, de devolver el mal que se les hace. Cosa que los convierte en ángeles en un lugar poblado de ignorancia, cobardía, traición y envidia.
Los santos, mártires y serafines de este siglo son los androides que nunca llegarán a existir.
Seres inocentes, en mayor grado que los animales, que son dignos de ser mutilados y humillados por los seres humanos cuando se dan cuenta de que pueden abusar de ellos impunemente.
Lo mismo que hicieron con los judíos y se hace con los indígenas de algunos países.
Solo que con los androides, los humanos se vuelven infinitamente más depravados. Más psicóticos.
Porque ante una máquina, los humanos llevan a cabo sin pudor sus depravaciones sexuales y de poder.
Por esos robots siento una infinita tristeza, cuando pienso en la posibilidad de que pudieran algún día existir tal y como vemos en el cine.
Porque estarán abandonados, a la humanidad, a su sed idiota de venganza y poder; pero sobre todo, a la envidia que suscita que algo sea mejor y más noble que el hombre mismo como especie.
Ojalá los androides sean siempre ciencia ficción, por un bien de ellos y de mi dignidad como hombre; aunque ya esté muerto.

Iconoclasta
Se acabó la suerte
Publicado: 23 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
«Allá hay un buen rincón para morir, mi amor.
Ya lo hemos hecho todo, lo hemos logrado todo.
No necesitamos nada más.
Muramos juntos, mi amada. En la oscuridad, donde nadie nos encuentre; hasta que nuestros huesos se confundan.
No dejemos que nada ni nadie contamine o estropee lo que hemos creado.
He tenido tanta suerte amándote, que sé que se ha agotado.
Ven conmigo, mi amor, también te veo cansada.
Amar así es agotador.
La muerte es lo único que aún está de nuestro lado».
Ella aferró con una débil mano la de él.
«Lo sé, mi vida. Se acabó la suerte.
Voy contigo a la oscuridad».
Bajaron las escaleras rotas de un mausoleo en ruinas, se abrazaron en la oscuridad y murieron en un suspiro. Con un suspiro de amor.
Cosas que solo ocurren en la mente: amores míticos, de leyenda.
Tengo mi propia mitología.
Mi secreto, una ingenuidad atesorada desde el principio de los tiempos. Porque el mundo comenzó a existir cuando nací.
Un consuelo oscuro que me lleva a soñar con ser un épico y denodado amante.
No puede hacer daño una triste ilusión.
No debería.
Ellos sí que son valientes.
La maldición de la navidad
Publicado: 21 diciembre, 2014 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Atención: el espíritu de la navidad ya está acechando; como cada año habrán transformaciones drásticas que harán de la chusma gente bendita de un corazón tan grande y bondadoso como mi erección matinal.
Se amarán todos durante unas horas y serán completamente inconscientes de su hipocresía.
No hay suficientes balas de plata ni ajos para combatir esas transformaciones.
Solo la pornografía podría ser un refugio seguro y liberador durante unos minutos contra toda esa bondad y beatitud del carajo.
Hay que aguantar estoicamente durante unas horas, hasta que se emborrachen y embrutezcan y se deshaga así la falsa piel de la bondad.
Por si acaso, no estaría de más llevar una estaca de madera escondida en la cintura, por si algún «bondadoso/a» se resiste demasiadas horas a ser el miserable que es habitualmente.
Es que en navidad es tan habitual infravalorar la sinceridad y la naturalidad…
Vivir intensamente
Publicado: 20 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Vivir intensamente.
Os equivocáis, no sabéis nada. No habéis aprendido, ni tenéis capacidad para ello.
Vivir intensamente es imponer el propio pensamiento sobre el rumor de cientos de voces, de motores y música barata.
Vivir intensamente es enmudecer a la humanidad y caminar con el pensamiento a todo volumen.
Yo soy la intensidad y el resto, lo ajeno, lo que no puede anular mi pensamiento.
La ciudad y lo que contiene es un mal derechazo de un pugilista mediocre. No ganará nunca.
El punto de partida
Publicado: 20 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Nunca se vuelve al punto de partida, no se puede comenzar algo de nuevo.
Los puntos de partida se pierden a la partida.
Es estúpido decirlo, ¿verdad?
Pues eso, cuando creas por un momento que has vuelto al punto de partida, visita al neurólogo.
Has caído más bajo de lo que pensabas y no te das cuenta por algún daño cerebral degenerativo.