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Se puede amar de las formas más inusuales.
Y cuando en el amor algo es inusual, es dramático; cosa que lo hace aún más fascinante. Trasciende por encima y más allá de la mediocridad en la que ha surgido.
Y yo carezco de la usual alegría de amarte; algo salió mal, cielo.
Algo se jodió cuando no puedo tenerte en todas las horas.
Amo tus muslos cuando suavemente se rinden y descubren impúdicamente el camino a mi boca.
Te amo con las venas del pene y las sienes inusualmente henchidas, a punto del accidente vascular.
Te amo con el pensamiento roto, como el rostro se refleja en los fragmentos de un espejo.
Te amo en silencio, secreto y oculto.
Amarte es el drama más doloroso, lo más bello que jamás pudo enloquecerme.

La verdad es que para encontrar a alguien decente y fascinante hay que vivir muchos años, ser un gran observador y ante todo, tener una buena suerte del carajo.
Nota: Tener rabo o unas buenas tetas no influye para tener éxito en la búsqueda, solo te sirve para trabajar de toallero o de lesbiana en videos porno gratis.

Las noches de cárcel, de toques de queda marciales en la Nueva y Normal España Fascista del Coronavirus huelen a semen rancio de mil pajas, al acre sudor de la cobardía, al moho de la decadencia y su mezquindad…
Al vómito de los borrachos cobardes.
A la picante orina de las ratas.
Al hedor a bofia en las calles.
A los fluidos y jadeos del incesto.
Al seco excremento del miedo.
Los caudillos, caciques y su bofia, han convertido a España en la letrina nocturna de Europa.
Y los portadores religiosamente fervorosos del bozal, aplauden con el cerebro seco a sus carceleros. Aplauden y obedecen, aplauden y están presos con una sonrisa y esperanza piadosa, aplauden y se arruinan. Y enfermos los cabestros, dicen amén a todo con la testa gacha y el culo lleno de mierda.
La mediocridad votante solo quiere mirar cobardemente desde sus ventanas con un teléfono que no entienden en las manos; con la indolencia de la pereza y la fe de que van a ser alimentados por sus amos fascistas.

¡Qué mierda! Cuando te das cuenta de que tienes alma y la localizas (en mi caso en la oreja derecha, tinnitus decía el gilí del otólogo), resulta que el diablo no existe.
¿Y para qué cojones quieres un alma si no puedes comerciar con ella?
Este planeta es imbécil; y todo lo que contiene.
La cuestión es joder.

La muerte tiene esa desvergonzada indecencia que siempre la hace sorprendente y emotiva.
La muy pícara…
O sea, no es como un esnob y original postre emplatado artísticamente como una ruina de un bombardeo en el Berlín del siglo pasado que, a la segunda vez de comerlo nada tiene de sorprendente; no es lo mismo.
La muerte es pura renovación, un crac en la monotonía diaria. Por supuesto me refiero a la muerte de otro y que por ello, rompa tu repugnante rutina diaria. Mala suerte para el finado; pero la vida es así de puta. Luego ya me tocará a mí y no me quejaré, lo juro.
Como diría un chef: “Se debería hacer una reducción de la meliflua vida con unos clavos de bilis, dolor en rama y una cucharadita de muertes de macadamia espolvoreada en frío para corregir su excesiva dulzura y cremosidad; que adquiera una textura más recia y un sabor más intenso”.
Está bien, no lo dice ningún chef; pero debería.
Fuera de metáforas, los consoladores anales y vaginales, deberían contener fibras urticantes para favorecer una mortificación intensa, aquella que hace crecer el vello dos centímetros de largo en apenas un orgasmo.

Las noches cobardes de la grisentería, de la ruina, del miedo, de la represión y la bofia husmeando ávida de acoso.
Porque si la libertad es enfermedad, el nuevo y normal fascismo español es una mala bacteria que se la come.
Son las negras noches de un nuevo franquismo que ha entrado como un parásito de las heces y durar años, extendiendo su manto de cárcel y vigilancia a todas las horas del día y de la noche.
Tardes tan muertas como sus noches, porque son las siete de la tarde.
Y está muerto todo, incluso a su propio fascista coronavirus han asqueado.
Sin libertad la vida no es posible, está abocada a una violenta destrucción.

Son las cosas que ves pasar cuando hay una pandemia de represión, miedo, acoso… Una pandemia de fascismo.
Cosas difusas, apenas reconocibles.
Borrones que van y vienen. Y así hasta desaparecer.
Y así para siempre.
Sin identidad.
Es la globalización total, tan soñada, tan cacareada… La gris uniformidad. Los bozales del fascismo.
No es triste, solo anodino. No conmueve; pero dan ganas de escupir un mal sabor de boca.
Quien soñaba con una comuna, ya la tiene. Que se joda.

La imaginación es el más poderoso y maravilloso don de la especie humana, el único que excusa a algunos individuos de su existencia.
El resto sería un buen paliativo a la hambruna mundial si se les dedicara a la industria conservera cárnica.

“No es como antes” porque sencillamente, cuando se instala el tumor o infección de un fascismo, un totalitarismo cualquiera; las libertades individuales más básicas y esenciales, se las pasan por el culo los caudillos golpistas, sus colaboracionistas y el pueblo decadente y cobarde que tiene un pánico maricón de respirar.
Por eso nada “es como antes”, hijo de puta.
Esta noticia o artículo de la prensa puta del nuevo y normal fascismo español del coronavirus, precisa una traducción simultánea porque alguien tiene que decir las cosas con madurez, decencia y tal como son, sin fantasías o miedos de castrados:
“Vais a llevar el puto bozal, hasta que nos salga de los cojones y los coños, nenazas hijos e hijas de puta.
Y respecto a las noches de prisión, se prorrogarán hasta el 2050, cabestros y cabestras de mierda.
(Decreto del Nuevo y Normal Fascismo Español del Coronavirus Febrero 2021).”