Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’
El Día De Los Enamorados, en Binibook
Publicado: 16 febrero, 2015 en LecturasEtiquetas:binibook, descargas, escritor, lecturas, literatura, Pablo López Albadalejo, Relatos de Iconoclasta, Ultrajant
El fracaso ajeno.
Publicado: 16 febrero, 2015 en Conclusiones, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
No es bueno, no es ético.
No es bonito.
Huir, esconderse del dolor o el esfuerzo y recostarse en el ajeno.
Es la conducta insana. Mirar de reojo las lágrimas ajenas, para obtener un consuelo mísero.
Cuando hay seres en peor situaciones que nosotros, nos consuela. Y caminamos bien erguidos y ufanos. Sus penurias son nuestra superioridad.
Desde los inicios de las sociedades sedentarias y urbanizadas, el ser humano ha conseguido alcanzar la más alta perfección en la miseria y la envidia.
Desde los tiempos en el que hombres y mujeres despertaban a la conciencia de que no era ya necesario esforzarse en sobrevivir, idearon la ley del mínimo esfuerzo propio y máximo esfuerzo ajeno en todas las actividades: trabajar, crear, educar… Bastaba que otros fracasaran o sufrieran para sentirse confortados.
Esos inicios de la sociedad competitiva y alejada del pánico de la noche, la intemperie y la caza, dio lugar a lo que respiramos hoy: esta basura de gobiernos confabulados que pretenden hacer a todos igual de pobres, igual de ignorantes, igual de cobardes, igual de iguales.
Anular al individuo y su capacidad creadora, que no despunte para que los que están en el poder no se sientan amenazados por intelectos superiores. Todas las actividades se han de hacer en equipo, en comunidad, para que nadie pueda asumir el papel de creador o innovador. Lo enseñan en las escuelas como una machacona doctrina.
Es una competición de arribistas.
Y así, de la misma forma que se busca el fracaso ajeno por satisfacción personal o arribismo, se busca el dolor ajeno.
Los mediocres no quieren curarse, buscan el consuelo en un dolor ajeno superior al suyo. Es la forma fácil de sacarse el miedo de encima, de pensar que vivirán más que otros más enfermos.
La soledad es el único refugio a las huestes envidiosas que buscan nuestro fracaso y dolor para solapar su estulticia.
Y la distancia. Habría que poner miles de kilómetros entres ellos y yo.
Y ése es mi fracaso: no hay suficientes kilómetros para alejarse de ellos.
Ni suficiente vida para recorrerlos.
El Gran Fumador
Publicado: 16 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Si no tienes la suerte de estar en el lugar y momento adecuados, te has de conformar con admirar al «Gran Fumador» por encima de sórdidos edificios. Entornar mucho los ojos y para que se conviertan en bloques de sombra negros que oculten su fealdad. Amputar los detalles.
Es entonces cuando todo cuadra y la luz de un farola podría pasar por ser la luna.
Y ya estás preparado para admirar ese magnífico volcán que escupe sus cenizas sobre nuestras cabezas con desprecio.
Yo lo haría.
Los que no tenemos privilegios, tenemos que esforzar mucho la visión para sacar lo hermoso intrincado en la fealdad.
Supongamos
Publicado: 16 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Dijéramos que te amo. Dijéramos que me convulsiono con tus labios (los cuatro).
Pongamos que construyamos una vida juntos.
Pongamos que no existe muerte que nos separe.
Supongamos que nuestros despertares en las mañanas serán obscenos actos.
Ahora que está todo supuesto. ¿Te importaría si empezamos ya?
Lo de la muerte no es del todo cierto, me pisa los talones. Es envidiosa porque te quiero más que ella.
Y ahora dame uno de tus convulsivos besos.
Los accidentes cerebro vasculares
Publicado: 15 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Que parezca un anuncio en una pared de una prisión, es un error, la lona publicitaria se encuentra en un solar vacío, sucio y al que ni las ratas quieren entrar. Es absurda la alambrada.
Solo así. por medio de un accidente cerebro-vascular se puede entender esta exótica forma de anunciar tortillas, porque escribir «arina» en lugar de «harina», es lo mismo de patológico que escribir «uevo» en lugar de «huevo».
Hay una posibilidad, muy remota, pero que podría salvar de la idiocia profunda al redactor del cartel: se refiere a que son tortillas hechas a mano por Arina, su prima rusa que está trabajando por quince pesos al día, «hocho» días a la semana.
Es muy remota la posibilidad de que una rusa se llame Arina y haga tortillas; pero es eso o mejor que lo lobotomicen.
Yo que pensaba que habría cola de gente pagando entrada y expectación para fotografiar tamaño «evento» y no había nadie. Es más, me miraban todos los peatones al fotografiarlo pensando que interés podía tener esa mierda lona.
Una compra absurda
Publicado: 15 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Esto aconteció un día que me decidí ir a comprar un foco a la ferretería, acababa de llegar a México. Pensé que hablando el mismo idioma, español, podría hacerme entender. Pudo ser peor, pude salir con una tapa de inodoro dadas las dificultades semánticas de tan solo dos palabras.
— ¡Hola, buenos días! Quiero un foco de cien vatios, por favor.
—Solo tengo focos de cien vatios, güero —díjome una ferretera desde el fondo de la tienda.
Me asusté, me asusté mucho porque no imaginaba tamaña complicación por una simple bombilla. También pensé que tenía una irritación cerebral o algún problema de dicción.
Repetí prestándome mucha atención y casi silabeando.
— ¿Tiene focos de cien vatios?
La ferretera apareció con la cabeza llena de pelos de cáñamo y arrastraba un trozo de cinta adhesiva de cinco metros que se le había pegado en las chanclas.
—Pues solo tengo de cien vatios —dijo un tanto irritada plantando un foco de cien vatios en el mostrador.
— ¡Ah… Ah…! No se preocupe, me irá bien ese mismo —dije sudando.
Mientras me daba el cambio imaginé que en algún lugar de aquella ferretería, había una mano de hombre con una navaja de afeitar cortando el ojo de una mujer frente a un espejo, pensé en el surrealismo, Dalí y Buñuel, en Un perro andaluz y en la falta de higiene de los canales auditivos.
Salí de aquel reloj derretido de Dalí con mucha prisa.
Llegué a casa intentando descifrar qué fallo en aquel diálogo en el que solo intervenían aquellas dos palabras: cien vatios. ¿Quién puede perderse en dos palabras? ¿Solo me pasa a mí y estoy abandonado en este planeta?
Decidí a partir de entonces comprar los focos en el súper y tener la boca bien cerrada.
Y ha ido bien.
Desintegración, en Binibook
Publicado: 15 febrero, 2015 en LecturasEtiquetas:binibook, descargas, escritor, lecturas, literatura, Pablo López Albadalejo, Relatos de Iconoclasta, Ultrajant
La madre más abnegada del mundo
Publicado: 15 febrero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Consejos y virtudes de la madre más abnegada a su pareja:
– Sal con la bici mientras me hacen un bukake los técnicos güeros de la noria. No quiero malas caras cuando llego a casa. Soy de útero alegre.
– Haz dibujos todo el día, que tengo que ir al motel a que me la meta mi nuevo compañero. No quiero que estés pensando todo el día que soy una puta. Soy de útero alegre.
– No quiero que estés todo el día escribiendo. Sal a hacer un curso de lo que sea, que me he de poner ciega de chelas y mota y luego darle una buena mamada a mi jefe que tiene infección de riñón, luego le ha de clavar unas agujas mi hermana. Soy de útero alegre.
– Espérame de cinco a ocho de la tarde en el centro, que me he gastado la plata y no puedo ir al motel con mi taradito borrachito, me lo voy a coger rico en casa. Y me compras un mixiote.
Y no quiero malas caras, que soy una madre abnegada de útero alegre.
Porque tú no sabes lo que amo a mis hijos. Aunque llegue tarde, borracha, fumada y sucia, los amo. Daría todo por ellos. Hasta mi útero alegre y mi Peugeot de las mamadas felices.
Está visto que la inteligencia nada tiene que ver con ser madre abnegada. De hecho, todas las burras acaban siendo madres abnegadas y felices de serlo. Ninguna burra ve su propio útero alegre.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac…
De nuevo el diario
Publicado: 14 febrero, 2015 en Conclusiones, Lecturas, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
El Día De Los Enamorados
Publicado: 14 febrero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:"ciencia ficción", amor, Amor cabrón, cobardía, Iconoclasta, miedo, Pablo López Albadalejo, Reflexiones, relato, sexo, tiranía, traición, Ultrajant
El amor se encuentra alojado en huecos ocultos, casi secretos, donde es difícil acceder. El amor se protege escondiéndose y constituye una prueba de fuego encontrarlo en esos rincones.
Si no fuera así, correría el riesgo de que muchos pudieran encontrarlo y convertirlo en algo vulgar.
Quien ha superado esa prueba, no admite nada más que lo que ama, su deseo se reduce a ellos mismos, crean su universo solos. El amor no son dudas, no provoca celos ni recelos, se limita a ser exclusivo.
Los amantes denodados temen y sufren cuando se aproxima El Día De Los Enamorados. Se esconden en sitios oscuros, se abrazan ocultos. Se juran que sobrevivirán y tiemblan de miedo ante la separación. Hay amantes que sobreviven, otros mueren juntos ante el terror de ese día; pero los más, se enamoran de nuevo, renacen en sus mentes otras esperanzas y el mundo se sigue poblando con las sonrisas idiotas de sus rostros.
Se han encerrado en el sótano de la casa, viven en la planta baja de un edificio de once pisos, ese sótano lo construyeron ellos en secreto, con cuidado. Con amor, paletada a paletada de tierra que sacaban.
Se han colocado una toalla con hielo encima del corazón y hablan en susurros.
—Tengo tanto miedo, mi bella… Este terror de cada año. Un día no lo superaré, soy fuerte; pero es tanto el castigo, mi amor…
— ¡Shhh…! No pienses en ello, mi amor. Eres el hombre más fuerte del mundo. Serénate, no te dejaré, no me separaré de ti jamás.
— ¿Cuánto queda para que pase el día?
—Veinte horas. Respira profundo, lo superaremos, como cada año.
Desde su encierro lleno de respiraciones contenidas y cautas llega el eco de las patrullas del Día De Los Enamorados: «¡Nuevas esperanzas, nueva vida, un amor apasionado! Disponemos de alianzas de oro a veinticuatro meses sin intereses. Desde tan solo seiscientos dólares. Ven a Walmart a celebrar tu nuevo amor en El Día De Los Enamorados». «¡Disponemos de las mejores fragancias a precios de escándalo! Con Sears el amor es un universo de aromas. Compra un pack especial Día De Los Enamorados y te llevas un ramo de rosas irisadas gratis. Recuerda: solo en Sears».
Los amantes se llevan las manos a los oídos, sienten que sus cerebros van a estallar. Se besan en la oscuridad torpemente por el ansia que provoca el miedo.
—Tres años no son nada, mi bella. Yo sueño con morir contigo día a día, hasta que las pieles se agoten. Si me encontraran y me indujeran el amor a otra mujer… Mátame, clávame ese cuchillo en el corazón, justo cuando el láser ilumine el pecho.
—No será necesario, no pienses en ello, cariño. No saldremos de aquí, no nos moveremos hasta que pase el día.
—Dijeron en el telediario que van rastrear las casas de los sospechosos. Los vecinos nos conocen, pueden delatarnos para llevarse un cupón de Hugo Boss. El del quinto piso ayer nos observó con mucha atención ir de la mano y sonrió de una forma rara. Si superamos este día, lo tendremos que asesinar.
—Lo haremos, dentro de un mes, cuando ya nadie se acuerde de este día, tiraremos alcohol bajo su puerta e incendiaremos su casa cuando duerme. Tiene piso laminado, lo he visto.
El hombre se encuentra cada vez más agitado, la mujer mete la mano en la bragueta del pantalón y masajea su pene rítmicamente, lentamente. El hombre se relaja, le abre la blusa con cuidado de no apartar las toalla con hielo y besa sus pechos con fuerza al ritmo que su placer crece.
—Así, mi hombre. Suéltalo, cálmate. Suelta esa carga de leche para tu amada. Soy tu puta, soy tu puta.
—¡Puta, puta, puta…! —susurra el hombre eyaculando.
Ella toma la mano de su hombre y la lleva a su vagina húmeda. Los dedos la penetran, le pellizcan el clítoris tan duro y sensible haciendo que resbale dura y repentinamente. Su orgasmo sube intenso y retiene el gemido mordiendo el cuello de su hombre.
Ahora respiran agitados, con las manos enlazadas.
Alguien toca el timbre del apartamento. Dos, tres y cuatro veces… Luego oyen el sonido de un taladro en la cerradura y la puerta se abre.
—Si hay alguien en la casa, aún están a tiempo de salir a recibir su nuevo código de amor para este año. Walmart, Sears y Hugo Boss, se lo agradecerán con un descuento del cuarenta por ciento en las compras de los regalos de sus nuevos amantes. Si los encontramos a la fuerza, recibirán el código de castración emotiva por un periodo no inferior a diez años. Serán incapaces de tener relaciones sentimentales y se les destinará a las fábricas y almacenes de nuestros patrocinadores durante ese período de tiempo en categoría de esclavitud. Muchos mueren, recapaciten —es la voz de uno de los agentes, sin interés, con frialdad; recita el discurso como una grabación.
De repente el sótano se ilumina y los agentes bajan rápidamente por la escalera de madera con sus codificadores láser iluminando las rústicas paredes hasta dar con la pareja.
La mujer se abraza a su hombre y éste, toma su cuchillo rápidamente del suelo, bajo sus piernas, retira la toalla del pecho de su amada y le destroza el corazón con un certero golpe.
Acto seguido, tira su toalla y ofrece su corazón al agente. Éste codifica su transductor con precisión durante cinco segundos.
—Gracias por su cooperación, Sr. Angelo, aquí tiene sus diez cupones de descuento. Su recompensa. Salga, salga a la calle y disfrute del Día De Los Enamorados. Hace un sol radiante.
El hombre se apresuró a subir las escaleras del sótano, se dirigió al baño, se duchó, se vistió con ropa limpia y salió a la calle con una sonrisa en la boca.
En el cruce de la calle 5 Este, se encontraba esperando que cambiara a verde el semáforo de los peatones y la vio.
— ¡Esther! No sabes lo que te he extrañado durante estos años. ¿Te acuerdas de aquella tarde en el zoo, cuando estábamos aún en la preparatoria? Te amo, siempre te he amado.
— ¡Mi Angelo… ! ¡Cuánto tiempo! Te amo…
Se tomaron de la mano y se dirigieron a Walmart Union para comprar sus alianzas de enamorados.
A la salida del comercio, se pusieron los anillos prometiéndose amor eterno.






