Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’

Es tiempo de vacaciones, ergo de chovinismos.
Lo malo de ser chovinista (no tiene nada de bueno; pero soy generoso y hoy no me apetece denigrar demasiado), es que son todos unos ingenuos.
Vamos a ver: chovinista es el fanático de su patria, aquel que camina sobre un manto de mierda y piensa que son pétalos de rosas por caminar sobre su “tierra”.
No jodas…
Por supuesto, y aquí reside esa espantosa y patética ingenuidad, se creen que todo el mundo ama y reverencia su país como el propio.
Es por culpa de exaltados patriotas por el que el precio de kilo de estúpido va tan barato. Hay tantos, tanta oferta, que incluso los venden para quemar en las chimeneas.
Hay que tener en cuenta que los países o cualquier región habitada del planeta, son como las madres: la de cada cual cocina mejor.
Y una mierda… He comido en restaurantes cuyas cocinas avergonzarían a muchísimas madres y entre ellas, la mía aunque esté muerta.
“Y como en casa en ningún lado”, eso lo dicen mucho los muertos de hambre con presupuesto muy ajustado en sus vacaciones.
Países, patrias, madres y paletos…
Y el calor que no cesa.

Las nubes no cubren el sol. Las usa para protegerse de mi hostilidad.
El sol me lanza sus rayos a traición y se agazapa tras una tormenta el muy traidor.
Teme que vuele hasta él y lo destruya, lo apague para siempre; y con él a todos los seres y las cosas que calienta.
Yo también temo que un día no pueda controlar mi ira, y como tantas veces, devolver el daño que se me ha hecho, aunque me joda.
Sé que el sol teme que cuanto más viejo me hago, menos me importarán las consecuencias.
Sin embargo, crea unos momentos tan dramáticos, tan parecidos a mis caóticas emociones que en secreto, muy astuto yo, escondo un llanto emocionado por la belleza planetaria que me obsequia.
Blasfemo alguna cosa usual para que siga escondido, para que el drama en el cielo y la tierra, no cese jamás.
Y la uniformidad y la paz se demoren, incluso no vuelvan jamás.
Pérfido sol, creas llantos hermosos.
Qué hijo puta…

“Y Jesús le preguntó: ¿Cuál es tu nombre?
Él le dijo: Legión es mi nombre porque somos muchos”.
(San Marcos, 5:9)

Es pleno verano y como cada año: Mercado Medieval.
Los Mercados Medievales venden absolutamente lo mismo que se vende a lo largo del año en las distintas ferias, solo que se añaden un par de puestos de flechas y espadas de juguete y una decoración medieval en la que han tenido a bien, no dejar que corriera mierda y orina por las calles (eso es solo para las noches de viernes y sábado, en las zonas de bares todo el puto año).
Como soy dado a la introspección, independientemente de la cantidad de carne con la que hay que rozarse para caminar, mi cerebro poderoso no deja de procesar con absoluta obscenidad y libertad.
Y sueño que soy conde y que ellas me pertenecen, todas.
Cada día, con los dedos sucios de grasa de venado, ordeno a un par de soldados que pillen una doncella de buen ver, me la traigan al castillo y así follármela gratuitamente; y si no me lo hace bien, su padre deberá pagarme con las tres cuartas partes de la cosecha.
Ser conde y follarse toda hembra que esté casada, soltera o inconsciente.
¡Qué tiempos aquellos!
Sería el Conde Iconoclasta y el condado (Iconoclastaland) estaría lleno de pequeños iconoclastitos saltarines y maridos que me han mirado mal, cortados en piezas en los puestos de carne tapizados de moscas y orugas.
Y con una notoria erección, me enciendo el trigésimo tercer cigarrillo de la mañana y me detengo. Hay una gran muralla de gente interceptando el paso a otra muralla de gente que respira con la boca abierta y la mirada perdida.
No sé porque; pero el vulgo, chusma o vasallaje, se apiña histérico frente a las creperías. Se comen las creps como si fueran uvas durante las campanadas de año nuevo. Supongo que es más barata una tortilla grande rellena de algo que un buen corte de carne o un bocadillo de embutido. Una de las ochocientas creperías del mercado medieval, tiene trabajo para rato. Decido pasar con gran escrúpulo entre toda esa carne que espera su crep, aguantando todo lo que puedo la respiración. Tomo nota de la buenorra morena de tetas sueltas, libres y pesadas, con pantaloncito-braga que deja ver uno de los labios vaginales con gracia y sensulidad, para que mis soldados la traigan está noche a mis aposentos.
La voy a embarazar de trillizos.
Y si tiene novio, lo mandaré ir a recoger boñigas de vaca a los límites del condado, allí hay una epidemia de peste.
Para ser feliz basta con sentirse poderoso.
Bueno, ya he divagado bastante por hoy.
No vuelvo a salir a la calle hasta que hayan limpiado las calles de paja y leprosos.

La confusión piadosa y absolutamente hipócrita de compañía por amor, es la más extendida del planeta.
La peña busca compañía y así ser cuidada en la enfermedad y la vejez.
Lo primero que piensa la chusma cuando su cerebro ya se ha estabilizado (cuando el sexo ebrio ya no es una necesidad perentoria y semanal) es: ¿Y el día que me pase algo y no tenga a nadie?
Por efectos electoralistas y piadosos para no denigrar demasiado a la chusma y no haya merma en su auto estima (los votantes son más maleables si están cómodos), la cobardía pasó a ser cariño en estos casos de corrupción y prostitución del amor.
No hay culpa en ello, aunque existan velos y confesiones susurradas en templos para ocultar la vergüenza. La cobardía a la soledad es un tara característica de la raza humana, igual que el cáncer, la chepa, las malformaciones congénitas de orejas y nariz, las tetas pequeñas, el culo caído, los huevos que no bajan y los mini penes.

La brutalidad del peso de las gotas de lluvia era tal, que los pájaros caían rotos al suelo. Caminar se hacía peligroso, todas aquellas plumas muertas formaban una capa resbaladiza y mi pierna podrida se resistía a pasar por encima de ellas y romperse. Otra vez…
He pensado en lo oportuno de la situación: un hombre roto caminando sobre rotos cadáveres.
Y he sonreído torcidamente.
No hay romanticismo ni ventaja alguna que consuele en ser un tullido; pero si consigues un alto umbral de tolerancia al dolor y la vergüenza, el sarcasmo cae por su propio peso.
Como esta lluvia apocalíptica.
Si me drogara, me pregunto qué tipo de absurdos escribiría.
Tal vez, si me drogara, no los escribiría.
No lo necesitaría.
Hay pájaros que suenan a patata frita cuando los pisas.

Iconoclasta
201808111932

“Nunca llueve eternamente” (película El Cuervo, 1994).
Ya…

http://manuscritosiconoclastas.blogspot.com/2018/08/a-solas-lluvia-apocaliptica.html

Sorpresivo e indoloro,
profundo se ha hundido
en la carne de la mano
el filo de un bote podrido.
Parece la mano de un cristo…

De la vagina estigma brota
como reloj de arena sin fondo
harina de cerezas y fresas,
desde venas muertas y secas.
Como leche en polvo
para el bebé lívido del diablo.
Como corazón rallado
en la cocina de un triste loco.

He rezado a la coagulación
de las almas y la vida,
y un semen de cráneos
pequeñitos se me escurre
purulento por las raíces
de uñas melladas,
uñas sin uñas…

Se ha desprendido el alma
como piel de bruja abrasada
en el desierto de la Fiebre.
Y me he bañado vestido
en un arroyo hemoglobínico
de espeso plasma que hiede
lento, ponzoñoso y atávico.
Me he empapado
de ojos muertos.

Con el cuervo forense
y su enojado graznido,
certifico de cuerpo abierto
en una fría mesa de acero
que morí hace demasiado.
Que no queda alegría
tras tanto tiempo coagulando.
Que estoy podrido.

Proceda, Doctor Cuervo.
Yo rezaré por la divina coagulación
y los ojos turbios de un río ciego.

 

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.

Hay drogas y otras adicciones.
Intento relajarme, no escribir, no inventar; pero el puto cerebro no tiene freno. Está cansado y no cesa.
Duelen los huesos del cráneo por la presión e insiste en escribir cosas sin sentido, sin utilidad. Mentiras para alimentar un ego.
Prometo no escribir.
Pero la tinta es heroína pura y me aleja de todo lo que me rodea.
Lo que no pedí.
Lo que no soporto.

La más patética prueba del sentimiento borreguil de la humanidad (dejando de lado las manifestaciones que se “disculpan” por algún sueño de mejora social o económica) son los maratones populares.
Todos los que se inscriben en ellos (salvo cinco o seis de los cien miles), lo que buscan es pasear sin prisas, acompañados y en continuo roce con un número en el pecho y otro en la espalda.
Por lo visto les da miedo pasear solos, ya que la libertad asusta a todos los animales condicionados a sus jaulas y granjas.
Es una neurosis como otra cualquiera, como las de guerra y las de creerse inteligente o buen ciudadano votante.
Lucir un número les llena de simpatía y ansía de camaradería hacia el prójimo, posiblemente los judíos se debían sentir igual con sus números cuando los amontonaban en un vagón de tren con destino a un horno crematorio. Mierda…
Los maratones populares son una ocasión ideal para que los amantes adúlteros puedan encontrarse “por casualidad” a pleno día y no en el sucio motel o en el coche donde joden sin elegancia alguna. Suelen ser colegas en el trabajo y así se lo presentan al cornudo del cónyuge (macho o hembra, qué más da) durante la maratón.
Al final, de todos los inscritos solo diez o tres llegan a la meta con dignidad y la camiseta mojada.
Si un león viera por televisión un maratón popular, se le haría la boca agua ante tal magna concentración de cebras y antílopes pastando a dos patas.

En la presentación de la horrorosa Megalodón, película de verano y público poco exigente, Jason Statham dice: “Es una fantasía sobre los peligros del mar”.
¡Olé! Tiene un pico de oro…
Qué orgulloso debe estar su padre.
Si la película hubiera ido de un mamut hubiera dicho: “Es una fantasía sobre elefantes peludos”.

Y ya solo queda mencionar a Televisión Española y el equipo móvil que ha llevado al puerto de Algeciras para cubrir la noticia de la llegada del barco Open Arms con tropocientos refugiados africanos en sus bodegas.
En algo tienen que tirar el dinero en verano y un puerto siempre es refrescante.
La tripulación despidiéndose con besos y abrazos…
¡Ay qué chocho!
No sé si alguien ha seguido la noticia, porque oigo ovejas balar por un aburrimiento desesperado.
Si el barco fuera cargado con conejitas de Playboy, Yo hubiera seguido la noticia sin fingido interés, sinceramente.
El verano es un mal tiempo para las noticias, el cine y la soledad.
Aunque en cuestión de periodismo y noticias, todo el año es patético y falso.