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¿A qué precio se encuentra actualmente una cría humana, de pongamos, unos seis meses; vacunada con sus cinco dosis contra el coronavirus, el sarampión, la varicela, el tétanos, la polio y la tuberculosis. Sea de la raza que sea (aunque preferiblemente europea) y que tenga completas sus extremidades y operativo el cerebro? Y por supuesto, garantizada hasta el año o hasta que haya demostrado su capacidad para caminar por sí sola.
Sea cual sea, las crías humanas han triplicado su precio.
Deberían ir más baratas ya que gracias a la maniobra del coronavirus mundial, han muerto muchos progenitores y hay superávit de crías humanas.
Pero no es así, el tráfico de humanos (sobre todo crías) es como el mercado del oro, está siempre en alza. Comprar un humano da prestigio y exclusividad dado su precio si está sano y no se dedica al tráfico de órganos.
Lo que es seguro, es que a los compradores no les importará apenas nada, por su riqueza y natural corrupción, se pueden permitir todo tipo de gastos por muy costosos que sean.
Tras la compra los exhibirán en insta, tiktok, tuiter y feisbuc, cosa que provocará muchos “me gusta” y muy pronto el dispendio de la compra de la cría humana, quedará amortizada y los amos admirados por su poder, dinero y ternura que proporcionan al cachorrito.

Iconoclasta

Es increíble, absolutamente absurda la fe de la cobardía.
Les han robado la libertad más básica, la del movimiento; los han encarcelado en sus propias casas, les obligan a usar un bozal que les cubre el hocico y han dicho amén a la ruina económica.
Incluso han dejado entrar mezquinamente la desconfianza y la cobardía en sus casas, entre su familia y amigos.
Es increíble, absolutamente absurda la fe de la cobardía que, ha accedido a prostituir su libertad de respirar libremente para nada.
Son incapaces en su cobardía de ver la estafa y el ansia de control de los tiranos que votaron.
Ni siquiera con la rotundidad matemática de la duplicación y triplicación del coronavirus, son capaces de razonar que todo ese control, prisión y dominación que ha decretado el nuevo fascismo de las democracias, ha servido para duplicar y triplicar muertos y contagios. Aunque muertos, no; porque cada vez quedan menos vivos susceptibles de morir por coronavirus. Es una purga.
Sus mesías políticos no han conseguido frenar la enfermedad, la han hecho más virulenta porque por ignorancia y ambición de poder, han minado el organismo de los habitantes que han aceptado debilitarse por una cobardía injustificada. La imagen de las ovejas amontonadas entre ellas, ofreciendo sus cuartos traseros a los lobos es la verdad de esta sociedad que algunos pocos hemos tenido la mala fortuna de ver, oír y sentir.
Es fascinante en su sordidez observar la fe de la chusma que, a pesar del engaño obvio y en presente, siguen llevando con fe indigna su bozal de moda, creyendo que pueden morir si respiran con decencia y dignidad.
Es fascinante en su sordidez la fe de la chusma, en sus políticos electos, estafadores y dictadores que ven como auténticos mesías y padres salvadores.
Y se dejarán inyectar el veneno de la mezquindad con agradecimiento y reverencia.
Ni siquiera es necesario esperar un tiempo para tener una perspectiva histórica de esta decadencia político social.
Es tan patente ahora que vuelve a ser increíble, absolutamente absurda la fe de la cobardía.
Es sucio incluso de escribirla; y no hay un gel, filtro de aire o vacuna que cure la mezquindad y la cobardía, estoy abandonado…
Nunca como ahora, los límites entre ganadería y política, veterinaria y medicina, nazismo y democracia, voto y sumisión, oscurantismo y educación, y madurez e infantilismo; han sido tan confusos y difusos.
Tal vez, el gran visionario que haya conocido la humanidad en toda su historia, fuera Kafka.

Iconoclasta

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