Es como para masturbarse delante de la cruz ante tanta santidad y beatitud.
Resulta que hay millones y millones de Teresas de Calcutas en el planeta.
Y es que los seres más despreciables, hipócritas y más malos que las ratas hambrientas, resultan ser ángeles y santos porque son madres y padres ejemplares.
Vienen con la entrepierna manchada de mierda y cerveza, han dejado a los hijos solos durante más tiempo del debido; pero son la bondad y la felicidad puras.
Aunque sus hijos caguen donde comen.
Felices como mierda en bote, siempre y cuando se la metan o la metan.
No jodas…
Me lo parece a mí ¿o los idiotas sobrevaloran la maternidad y la paternidad?
O tal vez no sepan de que hablan porque van muy borrachos.
Como si tras tanta mierda que cometen diariamente, sus hijos fueran la redención. Una puta redención.
Los fariseos extendieron su mierda desde los tiempos bíblicos y es lo que más perdura en la historia.
Ego os absolvo, marranas y marranos madres y padres.
Archivos para diciembre, 2014
Los seres más angelicales
Publicado: 18 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Países pobres
Publicado: 18 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Los de escasos recursos naturales (por desidia de sus habitantes y merecidos gobiernos corruptos), con enseñanza fascistoide, con medios de comunicación comprados y censurados, amplio espectro de ignorantes con titulaciones universitarias…
Toda esa miseria se refleja en un sexo rápido, mediocre, múltiple (como no hay habilidad para follar y pasarlo bien, buscan y buscan), meramente reproductivo y enfermo.
Sin elegancia.
Y es que en algo se han de entretener: métemela, te la meto y «asu mare que rico», al salir del motel o del barracón.
Y cuanto más tontos, más se creen los verdaderos ejecutores del Kama-Sutra.
Sin distinguir bien entre el agujero del coño o del culo.
Siempre se junta culo y mierda. Vanidad y miseria. Mediocridad e ignorancia.
La vida es una mierda y nada mejora.
Qué suerte, coño.
Un cuento de navidad lineal
Publicado: 17 diciembre, 2014 en Amor cabrónEtiquetas:amor, Amor cabrón, encuentro, espacio, esperanza, Iconoclasta, líneas paralelas, Pablo López Albadalejo, pasión, tiempo, Ultrajant

Cuando estaban cerca, cuando las líneas estaban superpuestas, no era el momento; y se trazó una línea paralela que aisló a los dos en un tiempo de sus vidas.
No se cruzan las líneas paralelas, no hay forma de saltar de una a otra; pero a veces el Gran Delineante comete un error, o tal vez, tenga un arrebato de compasión; cosa improbable, pero esperanzadora.
Y traza dos líneas paralelas muy juntas. Demasiado para su forma de actuar, tal vez porque se le haya metido humo en los ojos.
A veces fumar es beneficioso para alguien.
De alguna forma, una gota de tinta cae entre esas dos líneas. Posiblemente debido a un estornudo del Gran Delineante. Tal vez haya sentido un ataque de compasión. Aunque no es un hecho verosímil; pero sería agradable que lo fuera, aumentaría las esperanzas en el planeta.
Se crea así un espacio por el que cruzar. Con una serena pasión entran en el espacio borroso, irregular. Cautamente por experiencia, pero con todas las ilusiones entre los dedos, como un póker de ases. Y saltan las líneas porque es el momento adecuado. Se han preparado para ello durante tiempos y desilusiones.
No hay grandes eventos cosmológicos, no hay señales premonitorias, solo el rumor de unos árboles mecidos por una suave y húmeda brisa.
Discreta y contenidamente se acercan. Ilusionados a pesar de todo. Tal vez un poco confundidos por nuevos horizontes, por posibilidades razonables.
Las palabras saltan de un muro a otro derribando amarguras y errores, cañonazos que abren brechas en el tiempo y el espacio.
Es poderosa la palabra…
El Gran Delineante mira a otro lado, sería bonito que lo hiciera por piedad. No importa el porqué, el paralelismo se ha interrumpido.
Querer entender es perder el tiempo y ese ser podría usar corrector.
Y hay suerte, el Gran Delineante ha ido a mear.
Las palabras, escritas con cautela y letras pequeñas, se convierten en pasos paralelos que se dibujan tranquilos como por arte de magia, a veces se entrecruzan debido a un beso o un abrazo; desde la perspectiva del Gran Delineante, una hormiga con las patas sucias y colocada con marihuana está haciendo de las suyas.
Pasos serenos, cálidas y otoñales confidencias…
El Gran Delineante toma la hoja de papel y la clava con chinchetas en la enorme e infinita Pared del Destino, junto a miles más. Y cuando se da cuenta de la mancha y esas líneas pequeñas y erráticas, no hace nada. La observa y sonríe con el cigarro entre los labios.
Tal vez esté cansado de un paralelismo monótono y cansino. Cuasi eterno. Tal vez se sienta el Dalí de las líneas paralelas.
Toma otra enorme hoja de papel, se coloca unas gafas y comienza a crear otro universo de líneas paralelas, con decisión. No quiere sentar precedentes.
Es un cuento de navidad feliz, aunque el Gran Delineante sea un perfecto cabrón escondido entre los bastidores de un teatro.

Iconoclasta
Un espejismo
Publicado: 16 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
En algún lugar llueve y unos hombros de mujer erizan su piel de melancolía y vagos recuerdos de amor.
Y a través de la ventana que un desierto ha abierto como espejismo; unos dedos tiemblan al llevar el cigarrillo a los labios, esos dedos rudos y cortados se crispan en el cristal mojado al otro lado. Y los ojos observan con gravedad, sin pestañear, el trémulo dormitar de las suaves rutas de besos que son esos hombros tan solitarios como él mismo.
El espejismo, abruptamente, se acaba.
Solo queda el eco de una blasfemia entre las dunas y unos dedos inmóviles crispados en la nada.
Una condena
Publicado: 16 diciembre, 2014 en Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Te propones no escribir por un día o por muchos.
Y uno piensa en como es posible que alguien no pueda llenar un papel en blanco.
Tal vez, escribir sea una patología. Porque es imposible no escribir. Es imposible no tomar la pluma entre los dedos.
Cocaína epidérmica, dactilar…
Siempre hay algo o alguien dispuesto a robar el descanso de un escritor.
No es quejarse, es poner de manifiesto una condena.
Un tedioso paseo, en Binibook
Publicado: 15 diciembre, 2014 en LecturasEtiquetas:binibook, descargas, escritor, lecturas, literatura, Pablo López Albadalejo, Relatos de Iconoclasta, Ultrajant
Llamando a La Tierra
Publicado: 14 diciembre, 2014 en Lecturas, Música, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Por M-Clan (versión de Serenade from the Stars, de The Steve Miller Band).
«He visto una luz
hace tiempo Venus se apagó.
He visto morir una estrella en el cielo de Orión.»
Yo no he visto esas cosas, pero no pierdo esperanza.
«No hay señal…
No hay señal de vida humana y yo
perdido en el tiempo, perdido en otra dimensión.»
Perdido en una atmósfera densa, pesada y pegajosa, donde los sonidos hieren y las imágenes insultan. Salvo las de ella, la que se tiñe la piel de fragancias hermosas y danza su sensualidad entre sábanas revueltas.
«Soy el capitán, de la nave tengo el control.
Llamando a La Tierra, esperando contestación.»
No necesito más que un mensaje desde el pasado en este mar infinito de estrellas, solo dos besos en un café y una ilusión improbable.
«Soy un cowboy
del espacio azul eléctrico.»
No lo soy; pero por favor, que alguien lo crea, me gustaría. No tendría miedo alguno.
No soy cobarde, lo juro.
«A dos mil millones de años luz de mi casa estoy.»
Es la masacre del tiempo en el infinito, no hay esperanza, es tarde…
«Quisiera volver
no termina nunca esta misión.»
Y abrazar a un trozo de mi mismo que amo más que a mí mismo, antes de morir yo, a ser posible…
«Me acuerdo de ti, como un cuento de ciencia ficción.»
Una secuencia que no ocurrió, pero viaja a velocidad lumínica por el espacio directa a mi cerebro. Estoy abandonado a ella. A la imagen, a los besos que se quedaron en un dibujo en los labios.
«No estoy tan mal…
Juego al póker con mi ordenador.»
Y las palabras y las imágenes y los sueños y las esperanzas fluyen en esta oscuridad tachonada de estrellas y gases venenosos, hermosos…
«Se pasan los días
no hay noticias desde la estación.»
Estamos abandonados, Iconoclasta, somos nuestro propio sueño de ciencia ficción, casi hecho realidad. ¿No es hermoso, amigo de ti mismo?
Adoro la ciencia ficción porque desata mi mente en lugares de muerte y nada, donde todo es imposible, donde los sueños se hacen reales en una locura cósmica y psicótica. Fría y mortal…
Yo quiero ser un cowboy del espacio azul eléctrico, aunque duela la pierna…
Oscuro y oculto, en Binibook
Publicado: 13 diciembre, 2014 en LecturasEtiquetas:binibook, descargas, escritor, lecturas, literatura, Pablo López Albadalejo, Relatos de Iconoclasta, Ultrajant
Un tedioso paseo
Publicado: 12 diciembre, 2014 en ReflexionesEtiquetas:aburrimiento, ciudad, crueldad, hastío, Iconoclasta, mediocridad, Pablo López Albadalejo, piedras, Reflexiones, relato, ruido, suciedad, tedio, Ultrajant
Paseo distraído fijándome en el suelo, porque no me acabo de relajar cuando me cruzo con alguien.
Así que doy patadas a fragmentos de hormigón y asfalto que aparecen en mi camino.
Tal vez debería dar patadas a seres humanos; pero no sería un paseo suficientemente tranquilo para mi gusto.
Aunque tranquilidad no define bien un paseo por las calles sucias, donde los coches dejan estelas de irritantes olores y sonidos en el aire.
Unos gritan sus frutas, otros venden gas, otros son chatarreros…
Me duelen los oídos y alguien con voz monótona y cansina como una letanía, vende tamales.
Me roban hasta el pensamiento…
Le doy una patada a una piedra y ésta golpea la matrícula de un coche estacionado.
Menos mal que hay piedras. En dios no creo; pero las piedras tienen una lúdica inutilidad.
Pateo otra piedra que golpea contra el portón metálico de un garaje particular.
Unos perros ladran furiosamente tras la puerta y un deficiente mental ya mayor, sentado en el bordillo de la acera, cesa de contar unas monedas dentro de una lata de pintura vacía. Me mira con la boca abierta durante un eterno segundo y vuelve a meter su cabeza en la lata.
Hay más piedras y pienso en como sonarían al impactar en la cabeza del idiota. Sonrío.
Cuando la vida ha cometido una crueldad contigo, te sientes autorizado a cometerla también.
De cualquier forma, las crueldades lo son cuando se cometen. Cuando se piensan son simplemente banalidades de un cerebro recalentado por el sucio y polvoriento sol de mediodía.
«Partirá la nave partirá…!». Pienso en la vieja canción italiana y mis ganas por salir de este momento de calor, hastío y aburrimiento.
Doy otra patada a un trozo de asfalto y golpea con fuerza contra el plástico de las luces traseras de otro coche estacionado.
Hay un placer insano, casi inmoral, en el sonido de algo que se quiebra. Sea lo que sea.
Llego a un cruce don se acumulan en las esquinas bolsas de basura y otros desperdicios que huelen mal. A mierda pura.
Cosa que no aporta ningún beneficio a mi ánimo.
Y por si fuera poco: «¡Empanadas de atún, empanadas de crema…!». Atruena de golpe el anuncio a través de un megáfono abollado que asoma por una ventanilla de un viejo coche que me rebasa.
Me sobresalto, me irrito, me enfurezco.
Un trozo de hormigón del tamaño de un puño, restos de un tope anti-velocidad, vuela y luego rueda veloz por una patada furiosa que le he propinado.
Adelanta al coche sin tocarlo, para mi desilusión, y queda en el centro de la calzada.
Una de las ruedas del vendedor ambulante lo pisa lateralmente y sale disparado por el aire a una velocidad de mierda, peligroso como puta infectada.
En ese instante, una mujer de unos treinta cruza la calle y su cabeza se cruza en el vuelo de la piedra.
«Hay un placer insano, casi inmoral, en el sonido de algo que se quiebra. Sea lo que sea.»
Desde diez metros atrás, lo observo con la nitidez de una proyección Imax.
La piedra golpea la sien de la mujer y cae en el suelo como un robot de juguete sin pilas, sin un solo grito. Su rostro se ha deformado por el impacto, de los ojos, nariz y orejas mana sangre. Su cabello corto y oscuro parece gelatina de café. Durante unos segundos, los pies patalean frenéticos para quedarse abruptamente inmóviles después.
«¡Empanadas hawaianas…!». El ambulante apenas reduce la velocidad, observa por la ventanilla a la mujer tirada en la calle y acelera repentinamente llevándose su mierda de sonido a un volumen de la hostia.
En parte ha sido culpa mía. O totalmente, me importa poco. Y no hay nadie en la calle que lo haya visto. Y es que paseo cuando a nadie le apetece demasiado.
Saco el teléfono del bolsillo para llamar a la policía. Desde la ventana de una casa, un televisor habla veloz y atropelladamente de cuarenta y pico de estudiantes torturados, mutilados, asesinados y calcinados, no siempre en el mismo orden, en un lugar que me recuerda un reptil: Iguana, aunque habla tan rápido el locutor que no podría asegurarlo.
Ya con más tranquilidad y ambiente festivo, dan paso a los resultados de los partidos de fútbol.
Guardo el teléfono, le doy otra patada a otra piedra y golpea contra la cabeza de la mujer tendida en la calzada.
«Cuando la vida ha cometido una crueldad contigo, te sientes autorizado a cometerla también.»
La rebaso sin dirigirle una mirada y prosigo mi camino. Hace mucho sol, quiero llegar al frescor de mi casa.
Tampoco es para ponerse nervioso por una muerte accidental cuando la costumbre es que mueren por veintenas.
La crueldad en exceso aburre y lleva a la indiferencia. No es que sea malo ni bueno, es así.
Hay días tan mediocres que te arrepientes de haber salido a la calle.
Cumple años Jennifer Connelly
Publicado: 12 diciembre, 2014 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant

