Archivos para agosto, 2018

Soy la consecuencia de una infancia traumática, perdido en la dimensión esquizofrénica de los Looney Tunes, Los Picapiedra y Pepe Pótamo.
Y ahora por fin disfruto de un electrodoméstico de los que tanto soñé: Gatosaurio Lava Rocavajillas.
Lo próximo: una troglodita de piedraroca hinchable y vagina rellena de helechos y musgo para practicar un sexo más vigoroso.
(en Amazonoceno 100 rocaeuros).

A veces la amo con tranquilidad.
Solo a veces…
Por norma general es desesperante verla aparecer, saber de su existencia diosa en todas las cosas de mi universo.

Y una polla.
¿Y para cuándo libres de borrachos y sus botellas?
Porque el tabaco es lo menos preocupante.
Los borrachuzos y alegres ciudadanos de mierda con sus botellones y verbenas crean miles de toneladas de desperdicio. Orines y excrementos incluidos.
La hipocresía y el ansia recaudatoria de los ayuntamientos es propia de los fariseos de la biblia. Y es que no tienen cojones, ovarios, ni medios para penalizar el consumo de alcohol de tantos que son los putos borrachos.
Por otra parte el analfabetismo de la ciudadanía borracha y ciega, es lo más oportuno y sostenible para los gobiernos de la basura mental.
Hoy más que nunca es necesaria una catástrofe natural, nuclear o químico-biológica que limpie el estigma de la imbecilidad de la población.
Playas libres de puercos sería lo correcto.

Yo no escribo un diario. Escribir un diario en público es un acto de vanidad y por el mismo concepto de vanidad, es injustificada la importancia que se da el que escribe y describe su vida.
Yo no caigo en esa trampa estúpida de mirarme al espejo y ver el reflejo de un ser guapo, inteligente y sobre todo, interesante.
Hace eones que aprendí que todos los humanos son (creen) especiales. Y cuando los especiales son numerosos, se convierten en plaga y apestosa vulgaridad.
Me gusta escribir cosas interesantes que tras un tiempo YO pueda decir: “Hostia puta, la virgen… ¿Yo he escrito eso? Soy el puto dios”; pero jamás contaría cosas de mi asquerosa y aburrida vida.
Escribo para mentir y llegar a ser el más perfecto, creíble y detestable mentiroso.
La admiración me la paso por la raja culo con un trozo de papel todos los días.
Me suda la polla el electorado, los me gusta y el número de visitas. Si estuviera solo (qué hermoso) en el planeta, escribiría en la misma cantidad y condiciones. Tal vez más debido a la paz.
Ahora tan solo me basta con ver mis mentiras fabulosas e ingeniosas flotando en ese mar de mierda donde todos depositamos nuestros excrementos que es internet. Bueno, hay que reconocer que las figuras públicas y los que más seguidores tienen, cagan a ritmo de diarrea y verdaderas montañas. Se las deberían comer ellos y sus hijos y sus descendientes en treinta generaciones.
Por todo lo demás, si la misantropía fuera cancerígena se me debería agradecer y premiar por las millones de muertes que provocaría con solo unas palabras.
Odiar es más intenso y satisfactorio que amar.
Hay un salvaje deseo de sangre y destrucción en cada una de mis mentiras.
Los hay beatos, filántropos, amadores profesionales y estoy yo un poco por encima de la cadena alimentaria para equilibrar tanta mojigatería.

Con dieciséis años, una mujer de cuarenta y pocos (madre de un amigo) me hizo una mamada en el baño de su propia casa, estaba caliente porque se había divorciado hacía meses y no follaba. No me lo pidió, entró en el baño y giró mi cintura hacia ella cuando iba a mear y se la metió en la boca.
He pensado en denunciarla, porque ahora puedes sacar una pasta por estas cosas; pero me da vergüenza decir que tenía dieciséis años y que me tomen por un retrasado mental que no sabía lo que era una mamada y el semen corriendo por las comisuras de los labios de aquella mamá salida como una perra en celo.
De todas formas, me informaré con un abogado especialista en cometer fraudes y perjurios en la línea de #metoo a ver qué pasa.
ic666 firma
Iconoclasta

Dieciséis enfermeras han sido cogidas al mismo tiempo y se han quedado preñadas formando así uno de los más grandes y chirriantes monumentos a la más absoluta mediocridad.
Y como todo esto es una mierda, habrá quien vea este insulto a la dignidad con los genitales húmedos de tierna simpatía y empatía mierdosa.
YO en el mismo instante que he visto la noticia he soltado un vómito verde de cinco metros de longitud a 12 BAR de presión. Mi gato se ha asustado y con un cigarro he empujado a mi interior otro chorro más por lo larga de la noticia de mierda.
¿De qué cojones se ríen las preñadas?

– ¿Dónde reside Dios?
– En mi rabo de venas palpitantes.
– ¿Hablas con Dios?
– Le lloro por el ciego ojo sin pestaña de mi glande. Lágrimas espesas y blancas que caen cálidas en mis pies de dedos contritos, crispados desde el vientre.
– ¿Te cuida Dios?
– Me ofrece su hija predilecta, con los muslos separados, con los pezones duros. Con la lengua que lasciva, busca mi polla.
– ¿Realmente quieres a Dios?
– Nadie quiere a un proxeneta, simplemente se le tolera como a los ministros, reyes, generales y comisarios. Eso te hace la vida más cómoda y fácil.
– ¿Amas a la hija de Dios?
– Lo suficiente. Son cincuenta euros por una clavada divina. Treinta si solo me la chupa.
– ¿Es necesario creer en Dios en estos tiempos?
– Es caro; pero al menos la higiene y la profilaxis sexual están razonablemente garantizadas. Follar no es un credo, es un acto que no requiere fe.
– ¿Crees en la resurrección?
– No. Normalmente la polla se pudre en pocas horas. ¿Ya soy teólogo?
– Sí.
– Bien. Pues amén.

 

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

Matar es una actividad a la que es fácil y gratificante habituarse. No causa adicción, es meramente instintiva.
¿Verdad que respirar no es una adicción?
Pues eso pasa con matar.
Y cuando se hace un par de veces y nadie te molesta e incluso te pagan y premian por ello, se convierte en aquello que siempre buscaste cada mañana al despertar y que te causaba tristeza al no saber qué.
Precioso…
Y si no que le pregunten a soldados, policías, pilotos de cazas y bombarderos, sicarios, traficantes de droga e incluso políticos: algunos son más ricos que otros, se sienten plenos y felices gracias a la caza; a matar.
Y los que están en la trena, si no fuera por esa adversidad, también serían felices.
A veces siento deseos de ser optimista por alguna espora alucinógena que habré aspirado entre el polen de una forma totalmente aleatoria y afortunada.
Mierda… Esta incontinencia verbal me agota.
Me duelen los dedos de no matar, de tanto escribir, quería decir.
¿Erdogan es una cadena de gasolineras y suministro de gas?
¿Cuánto cuesta un martillo de Thor con un millón de horas de autonomía de vuelo? ¿Y una elfa como esclava sexual?


Cabronas… Están enfadadas y además, corren como si tuvieran que ganar algún premio.
O eso, o saben que soy cojo y me quieren joder por pura maldad.
Qué más quisiera yo que algo tan importante quisiera joderme.
Ya soy mayor para engañarme, cuanto más grandes son las cosas, más anodino me hago.
Lo que pasa, es que es muy difícil evadirse de cierta vena romántica que tira a la tragedia.
No me preocupa el agua, soy sumergible.
Los rayos son otra historia.
Aunque no debiera, seguramente, lo único que pasaría es que ante mis preciosos ojos verdes, aparecerían clavadas en un suelo carbonizado un par de tablas con unos mandamientos mal tallados en ellas.
Yo le diría a Dios: “No jodas, menudo susto me has dado”.
Y con ellas me sacaría una buena pasta en un anticuario.

Es una cuestión de negocio y política.
Y universal sea cual sea el país: convertir el luto en espectáculo y usurpar dolores ajenos.
Son tiempos extraños, la chusma está necesitada de espectáculo y las instituciones alientan el miedo como forma de control: uniformar y estandarizar los sentimientos.
El dolor requiere silencio e intimidad.
Demasiada música, demasiada gente, demasiado dolor mimético…
La sociedad padece una seria ludopatía.