Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

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Te tengo en la punta de la lengua.
Podría ser mucho más obsceno si fuera sincero del todo.
Acabo de serlo ¿verdad?
¿Cómo se pueden decir estas cosas con el rostro tan grave? No puedo ser un mentiroso desenfadado y relajado. Amarte, decir tu nombre y encontrarte en la dureza de mi miembro es metafísica aplicada al ánimo y a cada nervio que recorre mi cuerpo.
Es un colapso generalizado de la razón.
No me río, no tiene nada de gracioso amarte.
No es una broma, mi amor.
Tengo un te quiero que se me escapa por las puntas de… la lengua.
Dios… Cómo te necesito…

Académico

Publicado: 28 agosto, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones
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Soy una fuerza vectorial inflamada de sangre buscando la intersección de tus muslos y el vértice duro y casi esférico que corona el triángulo irregular que forma tu coño.
Soy eje y tu concavidad.
Amarte y follarte me hace experto en la geometría que jamás llegué a entender.
Y lamer tu sexo me hace un experto somelier.
La enología también tiene sus aplicaciones sexuales.
Tu cuerpo es una auténtica universidad y yo un tosco alumno.

El precio del amor

Publicado: 28 agosto, 2015 en Amor cabrón
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El precio del amor

Amar es dedicación absoluta,
ergo tiempo.

Y el tiempo es el bien más preciado
dicen los que saben, los que triunfan.
Y si eres egoísta las cuentas no salen.
Y sientes que pierdes más que ganas.
Y amar es un mal negocio.

Ergo el tiempo es más fuerte que el amor,
y el amor se muere de decepción
asfixiado por el vertiginoso torrente
de la tragedia de la arena de un reloj.
Y no es justo.
Pero… ¿Qué lo es?

Y toma el pequeño reloj de arena
y cristal cruel
entre sus dedos de uñas granates
como sangre oscura
y el reflejo de los carnosos labios
de terciopelo negro,
para observar la ampolla del tiempo
y el rostro cuasi sepulto en la arena
sobre el que llueven unos últimos granos
sobre los claros y húmedos ojos
que lloran sin comprender aún
la atroz usura del tiempo
parpadeando barro de amor.

Y las cuentas comienzan a cuadrar.

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Iconoclasta

Telegrafistas sin tiempo def

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Son breves momentos de amor y apresuradas palabras de alegría escritas en un morse eléctrico y rápido.
Fulgurantes trallazos de ternura electromagnética.
Son antiguos telegrafistas que en pleno siglo XXI, lanzan besos en código morse. Apenas hay tiempo, pobres…

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Urgentes besos e ilusionados abrazos antes del trabajo, antes de comer, antes de la cena, antes de dormir, antes de todo…
Instantes que pueden hacer hermoso el día de una forma rotunda y sorprendente.
Como si existieran los milagros.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Durante una convalecencia se cuentan dolores de uno y otro con besos y alegría. Tecleando los pulsadores para enviar todo el amor posible en el menor tiempo.
No saben ni ellos mismo como lo hacen, no entienden como se puede transmitir tanto cariño y ternura tan velozmente.
Los enamorados baten extraños y absurdos récords secretos.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Telegrafistas que ganan tiempo no escribiendo de ansias incumplidas e inconsolables.
Telegramas de ilusión y besos, rápidos y eficaces, sin tiempo para las melancolías.
La melancolía atacará con dureza luego, cuando el martillo del telégrafo quede en reposo en la oscuridad de la oficina de correos. Cuando estén solos y el tiempo no amenace la dicha del encuentro eléctrico.
Los telegrafistas enamorados imaginarán luego, en su aislamiento entre la multitud, los besos carnales, la humedad de las pieles acaloradas y cenar juntos en el mismo lugar sin despedidas con puntos y rayas.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Esperarán impacientes un año, un día del dragón que vuele llevando en sus garras palabras palpables de tinta y papel que den consuelo a la melancolía que a veces les detiene peligrosa y dolorosamente el corazón. En cualquier momento.
Que esas palabras combatan el vacío de las manos cuando los telégrafos dejan de sonar su morse de amor. Cuando la quietud de los martillos del telégrafo deja vía libre a tristezas, distancias, tiempos, esperanzas y alegrías. Cuando queda demasiado tiempo para que la realidad les aplaste el ánimo y esbocen una sonrisa cansada que nadie entiende.

ti-titi-tititi–titi–ti—-titi–titi-ti-tititi–…

Por ello cuando el morse habla solo hay alegrías, amor y ternuras. Rápidos e inequívocos mensajes cortos: «Te quiero – Stop – Te pienso – Stop – Eres una mujer impresionante – Stop – Eres bárbaro – Stop…
Stop, stop, stop…»

¿Cómo es posible querer tanto en tan poco tiempo y con tan pocas palabras?
Porque el amor corre veloz como la luz, como la electricidad que lleva un código morse de amor y esperanzas.
Dragones de plata, hojas de papel embebidas en tinta de amor y pulsaciones electromagnéticas que dan vida al corazón…

Se quieren – stop – Sonríen cuando deberían llorar – stop – Combaten el tiempo a sabiendas que pierden – stop – Triunfan amando cada día robando tiempo al tiempo – stop.

Fin de la transmisión.

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Iconoclasta

El excelso amor

El amor tiene la faz dura de una erección, la lúbrica humedad de unos muslos brillantes, los jadeos incontenibles e incontenidos expresando lo que los sexos sienten porque no tienen cuerdas vocales.
¿A quién coño se le ocurrió «enaltecer» el amor a una «mística» comunión de las almas, cuando hay que ir con cuidado de no resbalar cuando alguien se acerca a nosotros?
Y a mí que lo vergonzoso es que me confundan con un patán babeando a la luz de la luna…
Mierda, tengo que retener mi lengua, al final, soy escritor y me voy a quedar sin trabajo.

Calor y amor

Publicado: 19 agosto, 2015 en Amor cabrón, Conclusiones, Lecturas, Reflexiones
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No puede ser que haya tanto calor. No es bueno, el pensamiento se estropea.
La degeneración de las células se acelera con estas cosas.
Al final, Dios es un calefactor con el termostato estropeado. No es extraño que la gente muera.
Y la gente busca amor como si fuera la solución a una vida de un calor triste e incoloro; sin embargo, el amor lo amplifica todo para bien y para mal.

Ven conmigo

Publicado: 15 agosto, 2015 en Amor cabrón
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Ven conmigo def

Ven conmigo,
ven conmigo.
Estoy tan muerto…
Es una mañana fresca
nos prometeremos el necesario calor.
Una serena e incontenida pasión.

Ven conmigo
ven conmigo…
Para que caminar no pese
porque eres vida que falta,
fantasía e irresistible realidad
el palpable y desesperante deseo.

Ven conmigo,
ven conmigo…
Quiero hablar en susurros secretos
con íntimas sonrisas sin sentido
en la cena más hermosa
y las sábanas plenas de ti.

Ven conmigo
ven conmigo…
Eres creación y cuerpo
refugio de mis tristes albas,
carne brutal que desafía mis venas.
Desbordas mis lágrimas agotadas.

Ven conmigo,
ven conmigo.
Estoy tan muerto…
Eras razón de mi tristeza
ahora no me queda ni eso
ven conmigo ahora que existes,
no puedo
no quiero morir ahora que estás.

Ven conmigo,
Ven conmigo.
Por favor…

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Iconoclasta

Él pabellón de los enamorados

Hay un ala especial en el manicomio: el pabellón de los enamorados.
Somos los enfermos más ridículos del mundo.
Dicen que amar no es locura, es virtud, es necesidad; pero somos la práctica demostración de que el amor tiene sus leyendas.
La enfermedad comienza al convertir el amor en sueño o fantasía, en esforzarse en otorgarle toda esa importancia que lo constituye como un elemento necesario en la atmósfera para poder respirar.
Ahí radica el problema, porque hacer sueño del amor es despertar y sufrir la paranoia de que es una pompa de jabón estallando en el aire.
El amor es demasiado volátil, voluble…
Te despiertas aterrorizado ante la posibilidad que el amor sea el sueño que muere al despertar. Requiere convencerse de que es táctil y suplicas palabras de amor a quien amas.
Y quien amas, se asusta de toda esa paranoia.
Dime que no me faltarás nunca, mi bella diosa de la locura…
El amor requiere no despertar jamás, estar en ese limbo de romanticismo y sexo. Porque si un día faltara, faltaría el aire.
Si un día no está ocurre esto: la cordura es la que estalla en el aire.
En el pabellón de los enamorados los locos observamos inmóviles durante horas el aire a través de las ventanas enrejadas, buscando el amor en forma de amebas translúcidas, que es el ideal de espejismo para algo tan sutil y tan efímero como es el amor.
El amor no se entiende sin lo carnal y el sexo se convierte en devoto, sagrado, puro, pornógrafo, cruel, humillante, sucio, sangriento… Según la paranoia de cada cual.
Demasiado sexo, demasiado complejo, el amor lo complica todo.
O tal vez sea que complicamos el amor. No podría asegurar nada, al fin y al cabo estoy loco.
Al sexo le basta con ser brutal en su pasión.
Ojalá lo pudiera decir siempre y no solo bajo el efecto de los medicamentos.
No debí convertir el amor en una representación teatral; pero mi vida, mi rostro es el ejemplo que figura en las enciclopedias como mediocridad tipo.
Soy aquello que nadie jamás debe ser.
Tuve la ilusión de que el amor me haría especial.
Me dosifican drogas para no soñar con el amor. Y sueño que soy lo que veo en el espejo, algo anodino, algo banal que no importa.
Me despierto con la certeza de ser un mierda y todo está perfectamente controlado para no desangrar toda esa miseria que soy con una cuchilla, o colgarla por el cuello de un cinturón, o de una sábana en una tubería. No me dejan intimidad ni libertad para salir de aquí en una camilla con ruedas hacia la morgue.
Los sueños son efímeros, ergo el amor lo es.
Y por ende la cordura.
Todas estas consecuencias, hacen la vida desesperadamente larga.
¿Cómo no estar loco? Es una condena, un filo constante en el cuello ante la posibilidad de morir asfixiado porque faltas en el aire.
No puede ser… Fue un sueño. No te corté la cabeza, para tenerte siempre cerca de mí y besarte al despertar. Fue una pesadilla, no fue real.
Yo no follé tu cuerpo sin cabeza. ¿Cómo pueden pensarlo?
Toda aquella sangre que inundó mi boca al besar la tuya…
Aquella erección brutal…
El sueño a veces se hace pesadilla.
Es la pesadilla de ellos, los que no tienen amor.
Los enfermos del pabellón de los psicópatas asesinos son los seres más patéticos del mundo cuando no pueden bañarse en sangre.
Los celadores del pabellón de los enamorados no nos dejan suicidarnos, pero nos lastiman los genitales con cigarrillos y nos dicen que no es real, que es un sueño.
Y ríen, y ríen, y ríen, y ríen…
Y sueño que beso tu lengua púrpura sin sangre sosteniendo tu cabeza entre mis manos, cuando la brasa del cigarrillo crepita en la piel de mi glande y ellos ríen.
Pero no duele porque te sueño, porque te amo.

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Iconoclasta

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No pienses mal, no te engañes, mi amor. Sabes que la vida es precisamente lo que no parece.
Tengo la justa lágrima cuando te pienso.
No es por tristeza ni dolor.
Es la emoción de amarte.
Eres el contraste en mi vida, el color que barre lo gris.
Es una alegría incontenible.
Y es la justa y necesaria lágrima devota, para que jamás se asemeje a la pena.
No hay una sola medida de tristeza en amarte, mi amor.

Drakhonhé

Es mi mitología.
Un bálsamo de dulzura y sensualidad que desprende con vanidosa generosidad sus esencias con una sonrisa perfecta. Ofrece el tesoro de su ser sin preocuparse del corazón que lo goza-sufre.
Y siempre ocurre que cuando se va, cuando deja su esencial estela de sensualidad en el aire, es como si el mundo oscureciera de repente.
Cuando se va, queda el vértigo de una ausencia.
Adiós, Diosa Drakhonhé la próxima vez, por favor, no te lleves mi corazón, lo necesito para adorar el mito.