Archivos de la categoría ‘Conclusiones’

Esas pequeñas alegrías

Existen mañanas que contra todo pronóstico, se convierten en gloriosas.
Puede parecer una vulgaridad; pero no lo es. Que ocurra algo como lo de hoy se da pocas veces en la vida.
Cuando se empieza un nuevo rollo de papel higiénico todo el mundo sabe lo angustioso que es el proceso de separar la primera vuelta pegada.
Tirar del filo de la hoja y que se desgarre hasta tres vueltas, obteniendo un irritante papel irregular, estrecho, muy estrecho y corto que en caso de llevarlo al culo, acabarán los dedos haciendo el trabajo del papel sin protección alguna.
Y hasta que se consigue obtener la medida correcta en toda su amplitud, el tiempo pasa y la mierda se seca. Es prácticamente la forma más nefasta y angustiosa de empezar el día.
Sin embargo, como decía no sé quién, porque no soy musicólogo (lo mío es más la física cuántica y esas cosas): “de vez en cuando la vida toma conmigo café”.
Et Voilà! La primera vuelta se desenrolla suave y entera, rápida y sorprendentemente.
Y siendo ateo, me limpio el culo dando gracias a Dios.
Es tanta la sorpresa y la alegría, que pienso que el papel está contaminado de Viagra, porque se me ha puesto dura.
¡Ah, esas pequeñas alegrías!
Esas que hacen de repente, una mañana, la vida maravillosa. Y por ellas vale la pena cagar.
Precioso.

Artificios

Me quito las gafas de sol y el mundo me ofrece sus auténticos colores, los que mis ojos asimilan por si mismos.
Y es mucho más hermoso, con diferencia.
¿Qué explica la necesidad de protegerse con gafas de sol cuando cientos de miles de generaciones no lo hicieron? Porque nosotros somos el resultado de los que jamás las usaron.
El macho no necesitaba gafas de sol, sus ojos eran más fuertes y mejores o el pelo sobre los ojos era su defensa.
El macho no tenía necesidad de protegerse del sol porque su piel era dura, o no se afeitaba y la barba le protegía del sol y del frío.
La función de la hembra era parir y criar. No era apta para la caza, su masa muscular no era tan grande como la del macho. Por otra parte, si menstruaba podía ser olida por la presa u otro predador más fuerte que los humanos. Su tórax tiene más puntos débiles.
El macho muere antes que la hembra y no es tan eficaz y ágil mentalmente como ella.
Sin sexismo, solo es biología de cuando el ser humano era una bestia más.
No hay comparación alguna con el presente, donde ambos sexos combaten entre sí por formar parte notoria e importante de la sociedad.
Los hombres ahora quieren compartir el descanso de su mujer tras haber parido. Es indigno, es usurpación.
La envidia consigue rasgar las más elementales éticas. Y la pereza, y el miedo, y la avaricia…
Gracias a la artificialidad de la sociedad, las mujeres practican deportes para los cuales no están preparadas y los hombres pueden volver a follar gracias a la química.
Y en general, todos viven demasiado tiempo, el suficiente para despertar el hastío en mi cerebro lento, pesado y hostil.
Quisiera el cerebro de la hembra…
Es razonable que ingenuidad y cobardía se extiendan tan rápidamente entre la maraña del genoma humano.
Las plagas evolucionan con más rapidez que los individuos.
Hay cosas que están bien: hablar con ella, sonreír con ella, crear con ella, estar dentro de ella…
Y lo que está bien no se ha de mentar para que no lo estropee nadie.
No es malo el presente, es artificial.

 

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Iconoclasta

Llorar sangre

Lo malo de llorar sangre, es que es imposible.
Si fuera posible existiría la sinceridad y la valentía.
Y habría muertes por auténticas tristezas sangrantes y desangrantes.
Querer elevarse por encima de la mediocridad comporta ciertos riesgos. El maldito romanticismo dice que donde no hay tragedia, no hay coraje y una nobleza que demostrar.
Es lo que tiene el verdadero y salvaje romanticismo: es trágico y absurdo.
Tengo libros y libretas en la mesita de noche para sentirme tranquilo y preparado para anotar unas últimas palabras sangrientas en una última fría y oscura noche, o en un amanecer que pudiera ser temible en su similitud con el de ayer, y el de anteayer, y al otro, y al otro, y al otro…
Tengo papel y pluma para transformar los vulgares gritos de los borrachos, en los alaridos de mi alma condenada. O el sonido de una tos matinal, en el rugido de un volcán por el que subo con una pata de palo buscando una muerte épica.
Lo que sea para disfrazar la insoportable realidad de los días y noches iguales.
Bellas lágrimas de sangre que no caerán jamás. Tragedias imposibles…
No soy nada, no soy nadie.
Un réquiem por el hombre que murió en el momento de nacer y no lo supo hasta que ya era tarde para desnacer.

Nicki Minaj

En Telegramas de Iconoclasta.

Su presidente no el mío

Han hecho carteles idealizados de monseñor Puigdemont, casi alegorizándolo como a los más ilustres dictadores contemporáneos: Primo de Rivera, Stalin, Hitler, Franco, Mussolini…
Como el más gallardo de los héroes falangistas…
Casi escupo el cigarro al verlo, porque me ha venido a la mente aquellos primeros años de colegio y los libros de la dictadura, donde aparecían todos aquellos asesinos de la dictadura idealizados como héroes y mártires.
Me pregunto quién ha sido el genio de diseñador gráfico que ha cometido semejante bodrio. Porque se ha pasado dos pueblos de lo que es “vintage”.
Por favor, qué miedo…
Y además, eso de “El nostre president” (nuestro presidente) es de una cursilería, paternalismo y fascismo que huele a rancio de años ha. Evoca las mejores y más largas limpiezas étnicas que han habido, incluida la de Milosevic.
Aparte de esto desearía matizar que no tengo ni amo ni dios. Y mucho menos presidente.
A mí no me preside nadie.
Los presidentes lo son de un país o de la cocacola; pero míos no.
YO no rindo culto más que a mi pensamiento absolutamente desinhibido e inescrupuloso.
Quiero decir que, si veo a dos hermanos/as follando, en pleno coito, yo digo: “Pues que bien” y me enciendo un cigarro de la misma forma que observo pastar a las ovejas o las vacas. Sin más sobresalto ni implicaciones éticas, morales o legales. Que cada cual haga lo que le dé la gana mientras no me molesten.
Y el que alguien diga que Puigdemont es mi presidente, me jode. Era el presidente de ellos y de Cataluña; pero mío: nasti de plasti, nein, nada, cero, una mierda.
Además, de lo muy cursi y paterfascista que queda el lema.
El nostre president…
No mames (no jodas, en mexicano en el original; sé idiomas).

Un término medio

La humanidad no acaba de encontrar el término medio entre reír y llorar.
Como si el planeta fuera pura neurosis.
El término medio debería ser la moderada reflexión en soledad, entre risa y llanto; pero la chusma lo confunde con depresión, cosa que no siempre, desafortunadamente, deriva en suicidio.

El fracaso de la 2ª República Española

Se ha escrito demasiado de este asunto, lo malo es que estos escritores suelen creer en la política y con una increíble ingenuidad aceptan, transcriben, razonan y disculpan los datos acumulados en las hemerotecas y documentación oficial de ese período. Todos vienen a decir lo mismo, desde su simpatía teñida hacia la izquierda, la derecha, el catolicismo o el ateísmo.
Cuando no caen en la hagiografía, pretenden ser cuidadosos para no parecer radicales a unos y a otros bandos.
El peor delito de un escritor es ser ambiguo, porque la ambigüedad va en contra de la claridad del mensaje que un medio escrito debe ofrecer. La ambigüedad ya tiene su propio medio que es la retórica, sobre todo la discursiva.
Lea lo que lea sobre la república y la guerra civil, la sensación que siento, es que me sumerjo en una penumbra que no dice nada y ofende mi inteligencia: tantas palabras escritas para decir nada, es una tomadura de pelo.
Cuando leo libros y artículos referentes a la 2ª República Española, debo detenerme, no dejarme engañar por las supuestas estrategias que los sesudos historiadores y politólogos desean destacar y explicar para alardear de un profundo conocimiento.
Debo dejar de leer para escuchar a mi propio pensamiento y sacar la auténtica razón de ese fracaso de gobierno y la guerra que acabó con él.
Y entonces, todo es más sencillo y razonable: a veces es necesaria la amputación y otras veces, sacrificar al animal que padece sin esperanza de vida, sea racional o irracional.
España por aquel entonces (1931-1939), era un organismo podrido hasta la médula por la metástasis de un cáncer que dejó el rey Alfonso XIII y su lacayo y ahijado José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange Española, que quiso eternizar la miseria con cruces y yugos en la clase campesina del sur.
Por mucho que pese reconocerlo, el aborto que era Franco no acabó con la 2ª República Española.
Franco fue la consecuencia, el germen infeccioso de una sociedad caótica, sin gobierno ni leyes que paliaran el hambre y la desmesurada ambición de la burguesía catalana, los amos de los esclavos mineros y fundiciones del País Vasco, los señoritos latifundistas del sur, los falangistas que eran los burgueses de Castilla y así un listado que llenaría varias páginas.
La república fue destruida por la negligencia e ingenuidad de unos políticos burgueses, tan bien acomodados, como lejanos del hambre que padecían obreros y campesinos en toda España.
Solo en casos excepcionales, cuando había asesinatos de funcionarios policiales o militares, miraban a los pobres con sorpresa; no se habían dado cuenta de que en su país de mierda había esclavitud y muerte por hambre.
E inadvertidas también pasaban las muertes de niños y hombres esclavizados en las empresas textiles catalanas.
Cataluña siempre ha sabido llevar con secretismo el abuso de su burguesía fascista contra sus trabajadores.
La gente pasaba hambre y moría por ello. Esclavos en el norte y en el sur.
Entiendo que antes que morir de hambre, hay que robar o matar (yo lo haría). Es una ley básica de la dignidad, la supervivencia no está sujeta a ninguna ley o moral.
La negligencia y dejadez de presidentes y jefes de gobierno de la 2ª República permitió que creciera el hongo infecto del patriotismo militar. Alimentándose de él, un corrupto oficial que compró con el dinero que robaba de los presupuestos de dotaciones militares en Marruecos, el cargo de general (como tantos otros); engordó como el gusano de la putrefacción que se alimentaba de mierda: Franco.
El ejército español en África era un auténtico gobierno militar de corruptos, y además obvios y visibles. No era una sociedad secreta, ni por asomo.
Los anarquistas esnobistas tiroteándose en las calles contra los falangistas hipercatólicos y recalcitrantes
Los sindicatos eran una nulidad absoluta en el aspecto laboral y constituían una mafia que cobraba protección a los obreros. No hacían absolutamente nada por ellos.
Y en el parlamento español, no se hacía otra cosa que tertulias de taberna lujosa y peleas de burócratas por conseguir un cargo público de importancia. Las discusiones en las cortes eran solo un pedante concurso del ingenio y la retórica de esos niños mimados que eran los políticos de la 2ª República. Un alarde banal e injustificado en un país que se había ido hace años a la mierda.
Todo ello bien entrado el siglo XX, cuando en el Reino Unido ya había un potente sindicato que defendía (o lo intentaba) a los mineros, por ejemplo.
España era una aldea atroz, el hecho de que se dijera en Europa que África se encontraba tras los Pirineos, no era un chiste.
Semejante caos había creado un gobierno y una sociedad irrecuperable.
Debía destruirse completamente el país y volver a empezar de nuevo.
Es lo que ocurrió con el peor individuo que existía: Franco.
Ya no hubo libertad de expresión, ni tregua en los asesinatos y torturas diarias del régimen franquista, hasta que ETA en 1973 salvó a España de ese goteo de asesinatos y abusos matando al sucesor de Franco: Carrero Blanco.
Tantos años perdidos hasta entonces y cuántos borregos domados y condicionados a la férrea moralina del marrano generalísimo, germen desasosegadoramente longevo de la podredumbre de una sociedad.
No se puede olvidar que gracias a lo que hoy es una organización mafioso-terrorista, en su día abrió el paso al espejismo de la libertad que, en segundos, degeneró en democracia.
Porque al fin y al cabo, la democracia no tiene nada de libertad ni justicia. Simplemente es una metodología de gobierno, en el que la represión hacia el pueblo se lleva a cabo por medios electorales haciendo así responsables a los votantes de las malas actuaciones de los políticos que han elegido. Eso sumado a una tasa de impuestos que culmina con una declaración de renta anual, es la forma más sombría del poder.
Una forma de control copiada de la burocracia soviética, con la que se atemoriza a la clase obrera con fuertes multas y penalizaciones, creando una angustiosa sensación de control total en el núcleo mismo de las familias.
Por medio de los impuestos, con algo aparentemente tan banal, las democracias ejercen la total e íntima represión en los ciudadanos, tan profunda, que se mete en sus hogares como un miembro más de la familia.
Siempre es mejor esto que un general salido de la mierda, tome el mando y asesine indiscriminadamente y con el apoyo de la Iglesia, a todos aquellos que no le gusten, según su humor, según la cantidad de azúcar en su café de mierda, si ha follado o no, etcétera…
En cuestiones políticas y sociales, solo se puede optar por lo malo o lo menos malo, porque no hay nada bueno.
Lo único en común que hay entre aquellos tiempos de caos, y los de acomodada ingenuidad actuales; es el ejército.
Sea cual sea el país, existe el ejército para proceder a la destrucción de lo que está podrido. Al igual que los curas, los militares son una institución absolutamente dogmatizada hacia el amor a la patria y no les cuesta una mierda declararse protectores de la nación, sea cual sea.
Es necesario afirmar esto, porque hay muchos que piensan con su teléfono móvil en la mano, que en estos tiempos no puede haber una guerra.
Bueno, Santa Claus entrará pronto en sus casas, seguro.

 

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Iconoclasta

 

Las distancias de la imaginación

Las distancias y los espacios son relativos en su tamaño según los seres y su tamaño.
Y según su imaginación si se da el caso.
Para mi gato Murf, un pequeño salón es una pradera.
Me provoca una insólita ternura su pequeñez en el medio que ambos compartimos y en el que me ahogo.
Su imaginación no me preocupa; los animales nacen completos y adaptables.
Por ello no necesitan soñar, no tienen que padecer el estigma de la imaginación.
Soñar es para los inadaptados, para los que no encontramos un lugar adecuado en el planeta, y posiblemente, ni en el universo.
Todo está mal hecho y nos asfixia.
Y la imaginación es una constante que nos lleva a la frustración.
Los animales no dudan ni por un segundo de su esencia y pertenencia, toman posesión del territorio que les da soporte y viven mirando al cielo y lo que se pueda cazar.
Nacieron perfectos e incorruptibles.
Yo no, por muy bestia que sea.
Soy mutación extraña.

Engaño y sinceridad

Lo malo de mentir es no parecer creíble.
Si no mientes bien estás acabado.
La política lo confirma.
Y que nadie se engañe, la política es el reflejo mismo de la sociedad y los que la habitan.

Son muy graciosos esos fanáticos ingenuos de la sinceridad.
Aquellos que dicen ir siempre con la verdad por delante o la exigen con rostro grave y severas palabras, solo hacen vanos intentos por ocultar su torpeza e incapacidad para discernir la mentira.
Y por ello muestran sinceramente su inseguridad e ingenuidad.
Hay que recordar que la ingenuidad en un adulto es el producto de la ignorancia o de una tara cerebral.
Nada de lo que sentirse orgulloso.
Es muy cómico que alguien exija la verdad y crea que se la van a ofrecer.
Es muy cómico que un cura pueda creer que lo que escucha en el confesionario es cierto.
Los tribunales de justicia son ferias de la estupidez: “Juro decir toda la verdad”.
No jodas…
Pardillos.
Al otro lado de la sucia ventana del vagón, hay nieve. Es pura sinceridad, una de las pocas verdades que no tiene peligro decir.
Es la máxima sinceridad que quiero ofrecer, cualquier otra cosa sería arriesgado e imprudente.

Mentiras políticas

Si no se tiene criterio propio y una buena formación intelectual, al escuchar a un político corres el riesgo de creerle.

Porque el político miente. Y miente la mentira para disfrazarla.

Es la naturaleza de la política.

Para una sola verdad, los políticos mienten dos veces.

No es una negación matemática, dos veces no, no es sí. Porque una mentira no es negativa, ni por metáfora.

Es lo que tienen las matemáticas, son irrefutables y la oratoria de los ambiciosos, cuestionable hasta en los silencios.

La mentira es una herramienta, algo necesario. Puede ser protección y fraude.

La mentira, simplemente es otra afirmación más.

No hay nada tan irracional y a la vez tan obvio como la ambición política.

No hay nada más obvio y manejable, que el comportamiento de la masa humana.

Para captar las mentiras de la boca del político, si no eres un tanto hábil mentalmente; precisas los servicios de un torturador experimentado.