Archivos de la categoría ‘Conclusiones’

anonimos-muertos-nov-2016-ruta-hierro-fuji

Todo muere y el árbol es ahora un cadáver en mitad del camino.
Nadie llora la muerte de un árbol, ni la de ningún ser vivo cuando ocurre en la naturaleza. Es cotidiano, lo que debe ser.
Su rito fúnebre será una autopsia devastadora con una sierra mecánica.
Unos metros bosque adentro y se hubiera podrido lentamente, sin que ningún humano supiera de su muerte.
La naturaleza es absolutamente impermeable a la resurrección. Sin drama ni pena.
Somos indiferentes, vivas o mueras.
Una de vida y otra de muerte. Es el equilibrio de la naturaleza y del pensamiento.
«Recuerda que has de morir». Bien, no hay problema; pero ahora tengo hambre.
A lo lejos tañen campanas; no es por la muerte del árbol. Es la una del mediodía.
En libertad somos anónimos cadáveres en potencia.
Me gusta.
Maldito romanticismo letal…

inhumana-ternura-nov-2016-ruta-hierro-fuji
A veces tengo que tragar saliva y con ella una emoción profunda que me hace daño aquí, en el corazón.
Es una puñalada de la realidad más hermosa.
Cuesta no llorar cuando lo sabes todo, cuando es cobarde creer en divinas justicias y bondades inventadas por pura hipocresía.
Esa ternura, esa muestra de afecto no es humana.
Es excepcional.
No pueden tener un mal final, no es justo.
Es una mierda.
Puta pena…

kati-cassidy

En Telegramas de Iconoclasta.

666-lo-mas-facil

Si nunca has matado a otro de tu especie, tu vida es incompleta.
Es más difícil follar que matar.
Los primates sois unos estúpidos animales incapaces de optar por lo más fácil y gratificante. No es culpa vuestra, es culpa de Dios que os hizo a su imagen y semejanza.
Es vergonzoso; pero es así.
Mataré por vosotros, sin dejar de follar, claro.
Siempre sangriento: 666.

el-consuelo-de-la-muerte

El único consuelo que ofrece la muerte, es que a todo el mundo, independientemente de su riqueza o poder, de su libertad o esclavitud; convierte en carne putrefacta.
O sea, es la hostia puta de justa e indiferente al dinero.
Cosa que es de agradecer, porque soy pobre de mierda.
Y todo lo que tuvieron o no pudieron conseguir, se queda para los vivos que con gusto, parasitarán los despojos de toda una vida.
Haz lo que te salga de las pelotas porque siempre te joderán.
Y al final, alguien como yo se reirá de vuestras bondades y esfuerzos.
No tiene nada de malo, no estaréis presentes, no existiréis en ninguna dimensión para sentiros ofendidos por mi sarcasmo nada sutil.
Y cuando yo muera, ídem, por mí como si os hacéis una paja.
La sabiduría popular viene a decir lo mismo que yo sobre la muerte; pero tiene miedo de que sea verdad. Todo rebaño, toda manada, es un conjunto de cobardías y dependencias que se rozan mientras pacen.
A mí me encanta dar la razón a la verdad que intenta esquivar la chusma con su sabiduría gruesa y burda.
A ver cuántos muertos se han manifestado en sus muros de las redes sociales…
Mierda, cuanto más escribo de idiotas, más insultos se me ocurren.
Me voy a fumar.

guerra-y-paz

No entiendo porque los hay que desean la paz en el mundo (aunque solo es una frase hecha, los hay que padecen; pero no por los que sufren, sino por otra razón que ya explicaré), si ellos no viven una guerra ni de lejos; al contrario, se lo pasan de miedo con sus teléfonos fabricando o copiando mensajes como «bienaventurado hasta el más hijo puta porque tiene derecho a no ser decapitado».
Deberían meterse en sus asuntos y atender sexualmente a sus esposas y maridos.
Pero como pasa con todos los cobardes, se preocupan más por lo que tiene el vecino y por lo que pueda pasar, que por lo que está pasando. Y cuando ven países en guerra, se cagan por la pata abajo divagando y temiendo lo que ocurriría si ellos se vieran envueltos en una guerra: se tendrían que meter su teléfono de la bienaventuranza y mensajes edificantes por el culo.
La chusma, el pueblo no tiene buen corazón, solo miedo. De ahí ese espantoso refrán paradigma de cobardía e injerencia ajena: Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar.
Lo único mojado que me gusta, son los coños.
No deseo que hayan guerras; pero si las hay y no me atañen, no me importan.
Las guerras, al fin y al cabo son la única forma efectiva de planificación familiar. Amén de los beneficios sociales que aportan.
Sin guerras, habrían muchas menos ONGs para poder facilitar pasaje y alojamiento gratis a muchos estudiantes ociosos en época de vacaciones.
Gracias a las guerras, se crea trabajo en la sanidad y en la industria metalúrgica.
Y eso no es todo: socialmente, los más desfavorecidos por la genética, los que padecen una deficiencia mental o incapacidad intelectual, encuentran ocupación. Han habido retrasados mentales que han conseguido trabajo y notoriedad mundial como: Franco, Pinochet, Hitler, Stalin, Mussolini…
Son todo ventajas.
Qué manía de ponerse la túnica de José o María (los padres bastardos del hipotético Cristo) para disfrazar la cobardía y la sensiblería cívica o institucional, de bondad y solidaridad de mierda.
Con los esmarfones deberían regalar un rosario para el sexo anal.
Eso de meterse una bolita y luego otra y otra y otra…
La gran mayoría de los que piden la paz en grandes concentraciones ganaderas, serán los que se follarán a un niña violándola en tiempos de guerra.
Bajo el disfraz de buenas personas hay buenos cerdos.
Bosnia es una buena granja como muestra, por lo contemporánea.
Cualquiera que haya vivido una dictadura sabe de estas cosas.
Cuántos murieron fusilados o torturados por envidia y por capricho de los colaboracionistas (gente de bajo nivel cultural y económico sobre todo) que le comían la polla al cabo rural del ejército dictador.
Pues eso; si hay guerra no seré yo quien se queje.
Porque no es cierto esa falacia ambigua que os decían para demostrar gran juicio y sensatez: «En una guerra no hay malos ni buenos».
Y una puta mierda: en una guerra los hay menos malos y auténticos puercos dando y obedeciendo órdenes, que en la vida cotidiana y laboral son incapaces de leer con soltura el rótulo de un comercio.
Claro que los hay que merecen morir.
Y cuando un malo muere, se demuestra y se ejercita la justicia.
Porque la injusticia existe sin guerras, te la regalan al nacer.
Me importa el rabo de la vaca la paz en el mundo.
Conque no me toquen los cojones, me basta.
Porque la guerra y la paz, me las busco yo solo.
ic666-firma
Iconoclasta

15128826_10211409523574821_1093580121003496459_o

Porque en un día gris de próxima tormenta, Lorca ilumina la tierra con un sol oscuro de sangre y mortificantes deseos.
Y caminas esperando encontrar al amargo y al jinete en un recodo de un camino incierto.
La montaña es un buen decorado para leer al poeta.

15056496_10211403478583700_1631155332650190298_n

Los tres estamos relajados, cada cual a un lado de una alambrada ridícula que podemos saltar cuando queramos.
No importa quien está dentro o quien fuera, es subjetivo.
Importa que nos oímos respirar, que nos observamos sin envidias ni frustraciones.
Importa que mañana nos encontraremos de nuevo. No puede hacer daño un asomo de optimismo.

15037290_10211372822857326_1993918479939395872_n

Hay que refrigerar la biela aprovechando el aire frío del Pirineo.
Me gustaría que ese aire se llevara el dolor y la fealdad, no solo el exceso de calor de esa biela casi podrida.
Pero nada es perfecto, así que seguiré caminando y pedaleando como si no doliera, soy orgulloso.
Y así hasta que se caiga o me la desguacen.
Y cuando eso ocurra, evocaré tiempos de sudores en aires gélidos mientras pienso en qué modelo de pata de palo me quedará bien. Porque del ataúd no me tendré que preocupar.
Un par de iracundos cuervos me distraen con sus gritonas blasfemias, porque parece que siempre están enfadados.
Algo huele a podrido en Dinamarca, deben pensar.
Y yo.
Es hora de una sonrisa.

Cubrirte

Publicado: 14 noviembre, 2016 en Conclusiones, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Reflexiones

15003266_10211363803791855_3346399204391812667_o

No quiero ser un superhombre, no pretendo poseerte. Me bastan pequeñas cosas.
Me conformaría con ser nube, bajar hasta ti y cubrirte por unos minutos.
Como la montaña es amada por el cielo.
Aunque no te des cuenta de mi caricia.
Y luego diluirme con el corazón sereno de haber cumplido la misión para la que nací.
Ser vapor me basta, no pido demasiado.