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Otro pedazo de mierda
Publicado: 14 enero, 2021 en Chusma, Citas, Conclusiones, Histéricas, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

Democracias podridas
Publicado: 13 enero, 2021 en Chusma, Conclusiones, Histéricas, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

La libertad está por encima de toda consideración ética y legal.
Por encima del dinero y poder que ambicionan los corruptos presidentes y ministros electos de las dictaduras europeas, extintas democracias degeneradas y decadentes para ser más preciso.
Por encima de cualquier vida sea cual sea su edad.
Si eres humano, no perteneces a un rebaño, a menos que estés castrado, cabrón.
La libertad está por encima de cualquier miedo y el mezquino que lo padece hasta el punto de prostituir su más básica capacidad de movimiento.
No existe nada que valga más que ella, porque todo lo que no es libre, es animal sin cerebro, no es humano. Los esclavos son bestias de carga y máquinas sexuales para los actuales políticos demócratas de mierda.
Cualquiera que robe una libertad, es un criminal, alguien susceptible de ser asesinado. Cortarle la cabeza y pincharla en un poste de una plaza, como antaño, es lo único que puede saldar el crimen del robo de la libertad.
No me engaño, no ha habido suerte en la historia con este tema, salvo con el Duce, en Italia. Las buenas cosas no abundan; pero solo pensar en la decapitación del cerdo, sinceramente, se me pone dura.
Solo en el mundo
Publicado: 11 enero, 2021 en Absurdo, Chusma, fotografía, Humor, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

Pues nada, que no hay manera.
Me he sentado en un banco a 0º C de temperatura, a las 19:08 de una tarde que es noche. He comido unos churros y me he chupado los dedos, he fumado un par de cigarrillos con cierta impaciencia, he sacado la mascarilla del invierno pasado del bolsillo y me he limpiado los mocos con ella; y en todo ese rato no ha aparecido el coronavirus.
O soy un super macho, o simplemente tengo mala suerte; porque ni algo gratis como el coronavirus me toca.
Estoy tentado de dejar que me caigan los mocos y entrar en el ambulatorio (antes habré acercado el humo del cigarrillo a mis preciosos ojos para irritarlos) y decir además que me duele la cabeza cosa mala y me cuesta respirar por el culo. Así al menos tendré un certificado de ser un humano tan mediocre como todos, y sentirme un poco menos solo en este mundo de mierda.
Y si de paso me chutaran una vacuna sería precioso.
Si no hay que pagar, me metería lo que fuera. Igual me convierto en un mutante de esos con poderes tan extraordinarios como la teletransportación y la invisibilidad para tener sexo impune y vicioso con total anonimato.
Es que siento que antes de morir, debería experimentar ser uno más del rebaño para intentar imaginar lo que sienten las ovejas.
El frío de los pusilánimes
Publicado: 10 enero, 2021 en Chusma, Humor, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

Comedietas de la epidemia
Publicado: 9 enero, 2021 en Chusma, Conclusiones, Histéricas, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

De un coche patrulla de la bofia se bajó el madero e interrumpió mi relajado paseo.
– ¡Señor! Debe usar mascarilla – díjome con autoridad y evidente hostilidad, a pesar de que con la mascarilla parecía un poco retrasado hablando.
Le dan trabajo a cualquiera que tenga un buen enchufe, como siempre.
-Mi abuela era puta en Barcelona- le respondí con cordialidad y una sonrisa.
-¿Y qué tiene que ver…? -preguntó con evidente malhumor.
Pero no le dejé de acabar la pregunta, mi cerebro es muy rápido procesando.
-Que igual tu abuela y la mía trabajaban en la misma calle, lo que nos hace paisanos- le respondí con rapidez, poniendo en jaque su única neurona que rebotaba dentro de su gran cráneo, como una pelotita de aquellos antiguos juegos de tenis electrónico de los bares de los setenta.
Me recetó una buena multa que, cada vez que la muestro a amigos, conocidos e incluso enemigos, nos partimos el pecho de risa.
Hasta los buenos momentos requieren de cierto poder adquisitivo.
La epidemia delacovid tiene cosas buenas y jocosas además de aliviar de peso humano al planeta.
Y dicen que hasta a las focas en el Polo Norte y la Antártida, se las ve más relajadas gracias al efecto cagadero del coronavirus.
La mediocridad de la sociedad y sus accesorios
Publicado: 7 enero, 2021 en Absurdo, Chusma, fotografía, Histéricas, Humor, Maldito romanticismoEtiquetas:higiene, Humor, Iconoclasta, inodoro, medidas, mediocridad, Reflexiones, sarcasmo, sociedad, Ultrajant

Lo han hecho todo mal, todo se fabrica con y para la mediocridad; y los seres sobresalientes mal vivimos en medio de medidas y calidades despreciables.
Por ejemplo, los inodoros. Cuando cago he de hacerlo con un cubo entre las rodillas, puesto que mi pene no cabe dentro del inodoro; y si me esfuerzo por mantenerlo vertical, rozo la porcelana con la consiguiente inquietud y frío para mi ánimo y bienestar.
¿No podrían medir veinte centímetros más de longitud los cagaderos?
Es difícil, incluso, limpiarse el culo. He de asir el pene en vertical para que no caiga contra en el agua. Le deberían haber dado otros veinte centímetros de profundidad.
Pero lo peor llega cuando aprieto. Lo normal es mear ¿no? Pues por eso el cubo, porque como el pene reposa horizontalmente como una venosa serpiente albina, apoyado en el asiento del minúsculo inodoro, el chorro sale directo contra el armarito de las toallas y condones. Hay instantes de urgencia que ni el cubo sirve para nada.
Por que si vas con prisa o diarrea, no te da tiempo de apretar, mear y a la vez mantener el cubo en la línea del caño de orina. Hay días que salgo estresado y agotado después de cagar.
Cuando era pequeño, recuerdo el momento de soltar los truños como una dulce y relajada intimidad mientras me la pelaba con las guías de televisión y sus anuncios de ropa interior de mujeres: las modelos luciendo braguitas. No se les veía la cara, pero siempre me ha importado el rabo de la vaca el color de ojos de la maciza que lucía la minúscula y tersa prenda, realzando sus tan maravillosos muslos y el vientre liso y deseable con un perfecto ombligo, colocado con precisión en la justa perpendicularidad de la raja de su sexo, Siempre observaba detenidamente si en alguna foto se podía ver un asomo del vello del monte de Venus; pero nunca tuve suerte hasta que encontré una baraja de póker de mi padre con tías en pelotas y las piernas tan separadas que me mareaban. No tenían vello; pero era innecesario para mi trabajo.
Como iba diciendo, en esta sociedad mediocre de medidas y accesorios más mediocres aún, para cagar preciso de una logística comparable a la de Amazon y sus envíos.
Masturbarme, sin embargo, es dulce y suave. Uso el cubo porque ya que está, lo aprovecho; pero no soy melindroso con la leche si me cae en los pies o en los muslos y a veces en mi pecho cuando pierdo el control durante el orgasmo. Vaya donde vaya la lefa, siempre me hidrata graciosamente. Además, es ácidamente dulce, cosa que la orina no.
Insisto, el tamaño de los inodoros es una vergüenza para alguien especial.
Y vamos a ver, el tamaño de la ducha no es como para tirar cohetes; pero si me sitúo en un extremo de la diagonal, puedo mantener una distancia de seguridad, un par de centímetros libres hasta el extremo opuesto y así, no tener que pasar el glande por las baldosas continuamente con la consiguiente irritación que ello conlleva. El problema es que en cuanto meto un pie en la ducha, me sobreviene inevitablemente una erección, cosa que es buena porque facilita la higiene íntima y lo que después será incontenible durante el suave, metódico y jabonoso roce.
Ser sobresaliente en una sociedad mediocre, es incómodo por decir poco; por decir lo mínimo.
Es el drama de la excelencia, qué le vamos a hacer…

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
El fango primigenio
Publicado: 5 enero, 2021 en Absurdo, Chusma, Conclusiones, Humor, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

Dios vomitó en la tierra justo antes de inventar al hombre.
Y por ello, por ese barro que se formó así es ahora la humanidad.
Nos hizo a su imagen y semejanza, corruptos de un fango innombrable.
Con dios ocurre como con las novelas de terror o de ciencia ficción: es un cuento; pero pasas un rato distraído elucubrando cosas, perdiendo el tiempo generosamente.
Pero que personas adultas se ilusionen con la superstición de los reyes magos a pesar de los malos, mezquinos y peligrosos conocimientos que ignora y a su vez, ha acumulado la humanidad es patético, incluso cómico.
Y tan peligroso como dios vomitando sus miasmas, o Alien.
No soy espiritista
Publicado: 4 enero, 2021 en Absurdo, Amor cabrón, Humor, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

Yo no busco presencias, busco los cuerpos tridimensionales, opacos, sólidos, parlantes, sensibles, hermosos, voluptuosos en su feminidad arrolladora.
No puedo permitirme prestar atención a nubes de formas variadas por muy del más allá que sean y desatender a la belleza palpable, la que se toma, se besa y esperas que cada mañana despierte a tu lado, entre otras cosas para hacer el café.
Bueno, siempre hago yo el café; solo pretendía no ser demasiado melifluo y de alguna manera, marcar territorio como macho.
Los instintos van en el pack de oferta.
Donde nace el amor
Publicado: 3 enero, 2021 en Absurdo, Amor cabrón, Humor, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

El amor nace en el pensamiento libre, en el odio a normas y cumplimientos, en la ausencia de necesidad. Nace en la miseria y en la pobreza sorpresivamente. Nace entre la cobardía y valentía. Que ciertos amores puedan causar náuseas es una cuestión de gusto.
El amor no se puede ni debe justificar.
Enamorar o enamorarse para combatir un cansancio, soledad, dolor o miedo es prostitución y deja para siempre un estigma imborrable de indignidad.
El amor brota por razones innumerables, que nada tienen que ver con condiciones o necesidades. No se puede evitar que surja del instinto reproductivo, que sea parte del ritual sexual; pero si es así, el amor morirá pronto para convertirse en condena, en otra de esas cosas menos malas que tiene la vida.
Cuando muere el amor, no se debe honrar su ataúd, es blasfemia cobarde y rompes con la esperanza de que surja otro de nuevo.
Pocos lloran el amor muerto; realmente se llora la soledad y la nueva condición social.
Si no hay amor no lo conjures, no lo fabriques; porque será ponzoña para el alma. Todo aquello que se crea por una necesidad de ambición o vanidad, es una infección.
Y si te enamoras en tiempos y lugares ajenos a ti en esta época de cercanías meramente electrónicas, exprime lo que puedas del amor, porque es inevitable enamorarse de un pensamiento hermoso, de una voz que viaja como un fluido a través de una red de intrincados e indescifrables semiconductores, de una fotografía que supera en belleza aquella que en tu mente era el paradigma del deseo; pero no te engañes, es un amor de corto recorrido condenado a una muerte súbita.
El amor se adapta a todo tiempo y lugar y por ello, a tiempos veloces, el amor nace y muere rápidamente.
Con el paso de los años te esfuerzas en no amar. Al final sale mal la constancia y la perseverancia y te enamoras; y a la soledad la tratas como una mierda enviándola al carajo a sabiendas de que llegará el momento que la busques.
El amor es un accidente habitual; la química humana es impredecible.
Tal vez el error ha sido, desde tiempos inmemoriales llamar amor a la reproducción.
No hay mucho más que decir, salvo que no siempre vale la pena perder la soledad por una calentura.
Cuando veo una majestuosa escultura, me pregunto si la plantaron para que las palomas tuvieran donde cagar y esa pátina de mierda fuera un efecto deseado. El cinismo siempre da una conclusión grosera a las grandes cuestiones filosóficas.
No quiero un año 2021 feliz, quiero que sea violento
Publicado: 1 enero, 2021 en Absurdo, Chusma, Citas, Conclusiones, Histéricas, Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

Hacía meses que no veía la televisión española, cualquiera de las cadenas que el nuevo y normal fascismo español ha comprado para instaurar su dictadura plagiada de la china.
Y sentí que se había metido mierda en mi casa al ver el spot doctrinal del coronavirus del fascismo en la televisión. El anuncio es repugnante en cada escena. Apesta a la cobardía de una familia española al uso (o lo que debería ser según el nuevo y normal fascismo español): la madre que se pone con estúpida ilusión (talmente como si nunca hubiera follado y fuera madre por el espíritu santo del fascismo español y no por el coño) el bozal para recibir a alguien que entra en casa, los propios familiares se dan el codo en una perfecta coreografía, abren las ventanas y llaman a la puerta de los abuelos a su casa, a una muy prudente distancia, para que por la calle de por medio, se puedan ver cenando.
O sea, la mezquindad elevada al más alto grado: los viejos desconfiando de sus hijos y nietos, porque “seguro que esos cabrones de mierda están enfermos y nos quieren matar con el coronavirus”. Los menos viejos desconfiando entre ellos en una misma mesa, porque al fin y al cabo son tan hijos de puta y se conocen tan bien a sí mismos que saben que, a sabiendas de que tienen el coronavirus, sus hijos o hermanos los infectarán por pura maldad.
Y a todo esto, el criador de cerdos, el ministro de sanidad; amenazando y advirtiendo a la chusma de los controles aleatorios que ha impuesto: en su paranoia, ha decretado (lo sueña sudando todas las noches con obscenas imágenes) que la bofia asalte e irrumpa en casas elegidas al azar para comprobar que el ganado cumpla las normas dictadas por el Caudillaje español y sus caciques autonómicos. Y que nadie se salte el puto toque de queda de mierda.
No quiero ni deseo un bueno año 2021, deseo una violencia inusitada, algo que me lleve a olvidar que por un desliz, dejé que en la puta nochevieja del 2020, entrara mierda en mi casa a través de la televisión. Y eso sí que es infeccioso; no puedo conseguir, a pesar de abrir las ventanas, que se vaya de la casa el hedor a mierda del fascismo español.
La violencia no tiene por qué llevar necesariamente la desdicha, puede ser edificante, liberadora y divertida. Y sobre todo, aportará una cultura y una dignidad ya muy necesarias a través de la purificación de la muerte.