«Por el calor os ponéis ropa fresquita y bebéis con frecuencia». Las instituciones han agotado su imaginación para hacer a las cobardes ovejas más estúpidas y dependientes. Lo siguiente será decirle a sus lelos votantes: «Y no os olvidéis de respirar, nenas». Deben tener unos baremos estadísticos sobre la idiotez de la población para mearse de risa.
Todo ser humano al nacer es recibido con honores de aristócrata y prodigio para morir anodino. Es por esa manía de sobrevalorar al neonato y celebrar que sus genes serán tan potentes como los de mamá y papá, e incluso mejores (si el niño despide chorros de inteligencia láser, papá y mamá algo tendrán que ver ¿no?). Y luego está la otra manía, que al final es la que cuenta: la de ir creciendo y con ello, haciéndose más mediocre hasta conseguir la invisibilidad absoluta. Hay excepciones; pero lo único que cuenta son las estadísticas. Como en las elecciones. No es de extrañar que se hayan inventado tantas cosas de Jesucristo (él incluido). Llegando incluso, a prostituir la historia con esas ridículas coletillas de “A.C. y D.C.”, y no me refiero a la banda de heavy metal australiana, genios. Lo que sí es cierto y un efectivo prodigio de táctica digna de admirar es aquello de “una mentira mil veces contadas, se hace verdad”.
Parece mentira que gente con cierto nivel intelectual se preste al debate sobre algo tan claro y sencillo como la esencia, la idiosincrasia de jueces y magistrados. Es una ridícula ingenuidad discutir sobre esa parte del poder que es más de lo mismo, solo que ostentan una impunidad absoluta y los sitúa en la cúspide de la cima social depredadora. Aunque estoy seguro de que no es ingenuidad, se trata de dinero, de llenar espacios en los que poder insertar publicidad y que la gente piense en la colonia que le gusta tanto cuando escucha el resultado de una sentencia en televisión o la lee en la prensa. Me refiero a ese debate infantil sobre los capos de la legalidad y su independencia de las modas sociales (moralidad) del momento y la respetabilidad de sus criterios. Para escribir “respetabilidad” de jueces y magistrados, he tenido que mear para no tener una súbita incontinencia. Jueces, magistrados y toda esa parafernalia legal, son tan vulgares, incapaces, zotes, iletrados y holgazanes como cualquier otro trabajador de la fauna urbana. Sus sentencias dependen del humor con el que se han despertado, si han follado, si el café tenía el punto de azúcar que les gusta y si acusados y demandantes son gordos, feos o idiotas. Carece de respetabilidad alguna jugar a los dados y decidir. Alguien les regaló un título. Alguien muy importante que luego, los colocó allí donde es necesario tener este tipo de gente. Ante las sentencias judiciales, no se requiere respeto a menos que seas absolutamente imbécil. Se requiere paciencia y cerrar con fuerza los puños. Tengo una toalla bordada con la palabra “respeto” que uso para secarme exclusivamente las ingles (iba a decir la polla; pero me siento lírico). Dejando de lado todas estas deficiencias y taras de los capos del sistema legal, comprar un juez o magistrado siempre es una inversión segura. Si ya sé que requiere mucho dinero; pero en un par de juicios se suele amortizar lo invertido, es mucho más beneficioso que la inversión inmobiliaria. Lo malo es que los artículos de lujo, como es sabido, solo están al alcance de unos pocos selectos. Hay quien cometería el peor error de todos: comprar un político. No podría ser peor inversión, los políticos son absolutamente idiotas a full time y su función es meramente ornamental. El objetivo del político es hacer creer a los ciudadanos que viven en una sociedad justa que los protege (justo todo lo contrario para lo que fueron redactadas todas las leyes). Lo dicho, tontos del culo. Los políticos ni tocarlos, es tirar el dinero. Los jueces son una fauna peligrosa y mala; pero eficaces al ostentar el verdadero poder.
El reportero se debía encontrar en una encrucijada: redactar y documentar la noticia sobre el presidente mexicano, o bien inmortalizar un hombre con una pesada carga en su vientre luchando por mantener el capó de su tartana abierto. Se requiere mucha dosis de sarcasmo e inquina para quitar protagonismo al busto de Obrador (si fuera verdad que lo es) y ensalzar la silueta del embarazado con chanclas y pantaloncito corto. La prensa es tan cruel… Solo resta desear que el embarazado, tenga un feliz parto. Y que feisbuc no censure sus pezones. Y que Obrador pida que la prensa se disculpe también.
Si fueran inteligentes y menos perezosas, las palomas deberían huir de los humanos; pero parecen perros que se acercan a cualquier lisiado como yo para mendigar algo de comida. En cambio, unos metros más allá y en vertical, hay un río en el que los patos graznan como enfadados y no dejan de meter la cabeza en el agua en busca de comida. En la naturaleza hay de todo, como verdaderos vividores y sufridos currantes, como en la humanidad. Yo solo soy un lisiado, no picoteo cosas. Entre vagos y tullidos de todas las especies nos entendemos y conocemos.
¿No es cómico y una aparente contradicción que las empresa tecnológicas inviertan tanto dinero en fomentar la ignorancia y la estupidez con el sectario empeño de hacer de todos los individuos una piña, un colectivo unido con un solo pensamiento por el bien de la humanidad (tal y como son de sectarias sus relaciones laborales con sus obreros)? Y no es una contradicción: cuanto más idiotas son los consumidores, mayor necesidad tienen de comprar tecnología que les haga fácil entender las cosas. Ya no se necesita escribir para dar una orden a un aparato electrónico, y en un tiempo no lejano, leer será algo esporádico. Ok, Google: Masturbación. ¿No es precioso? (A ver, para esos que están respirando con la boca abierta en el gallinero: esporádico no tiene nada que ver con las esporas, significa ocasional. Ya podéis cerrar la boca)
¿Cuál es la razón por la que los palestinos tienen tantos simpatizantes en las sociedades occidentales de los países desarrollados?
No se trata de razones humanitarias, las sociedades occidentales de los países desarrollados, son auténticas granjas de gallinas. La decadencia de esas sociedades lleva al conformismo, a la sensiblería barata y la capacidad para no tener reparos en vivir y pensar indignamente.
La hipocresía y un activismo cobarde de red social es su forma de responder al terrorismo.
Hace años que no han visto sangre abundante y se marean al ver unas gotas.
Israel es una sociedad occidental; pero no se ha domesticado como los europeos, estadounidenses o incluso como en algunos países de Centro y Sur de América. Los israelíes llevan una vida cotidiana cargada de violencia y amenazas, están rodeados de enemigos por todas partes.
Y como occidentales que son, los occidentales europeos y americanos sienten vergüenza de ser tan decadentes; pero sobre todo tienen miedo de que por culpa de esos “malditos judíos de Israel”, el islam un día se pueda cebar en todos ellos que son inocentes.
No hay razones humanitarias por parte de las gallinas occidentales para apoyar a los terroristas islámicos de Palestina. Las razones son de envidia hacia un pueblo que tiene el valor de vivir en una constante guerra en la que por ejemplo, sus mercados han sido mil veces masacrados por terroristas suicidas. Y no cesan los ataques diarios.
Si en Palestina hay agua en las casas y verduras frescas, tras siglos y siglos de aridez y hambre hasta para las pocas cabras que hay, es gracias a Israel.
El judaísmo además de una religión es una férrea disciplina de aprendizaje y formación desarrollando mentes analíticas y fortaleciendo los valores de estudio, valentía y determinación. El cristianismo y el islam, fortalecen los valores de esclavitud y obediencia ciega. Borreguismo puro, rebaños humanos con caminos muy señalizados hacia el matadero. Todo lo cristiano e islámico tiene un tufo de servilismo que insulta la dignidad.
Por estas razones, muchos son los judíos con dotes y empuje para crear empresas y negocios rentables. El judaísmo es estudio continuo, incluso asfixiante a ojos de las acomodadas gallinas geográficamente occidentales.
Gracias a los israelíes, no hay más atentados en occidente. Si el islam venciera a Israel, las hipócritas y blanditas gallinas occidentales cambiarían en pocos meses sus iglesias por mezquitas en señal de buena fe y de su respeto a todas las razas y religiones por putas que sean.
Y los musulmanes los matarían en pago a su tolerancia.
¿De verdad se cree alguien que el islam no es un enemigo?
La ingenuidad de esta puta sociedad decadente es repugnante.
A los israelíes se les tiene por los malos y por los fascistas, por miedo a que un día el islam pudiera extenderse más por Europa y Estados Unidos y el consecuente miedo a la guerra.
Hay que madurar, no existe ni un solo ser humano bondadoso, ni buenas intenciones tras ningún gobierno judío, cristiano, budista o islámico.
Solo hay malos y menos malos.
Hay que agradecer y admirar a Israel.
Porque tras las emotivas hondas que lanzan piedras, hay decenas de individuos cargados de cobardes y miserables explosivos para reventar gente inocente por su religión, su ignorancia y su servilismo hacia un dios que les dice que son vacas y se han de sacrificar a sí mismas.
Churchill dijo: “Pudieron elegir entre el deshonor y la guerra, eligieron el deshonor y por tanto la guerra”. Y no hace muchos años de esto, y en este punto de indignidad se encuentran gran parte de ciudadanos occidentales que lloran por el valor de una influencer de Instagram, de abofetear a un soldado israelí. Idiotas…
Cuando alguien te amenaza, has de actuar; no lamer sus genitales, cobardes.
(Una alusión a Palestina en un post (18/06/19) de mi amiga María María en Facebook, me ha llevado a reflexionar sobre este tema de nuevo, por enésima vez.)