Posts etiquetados ‘sarcasmo’

¿Crees en los augurios?
Solo creo en la cronología de los hechos y sus secuencias y consecuencias lógicas.
¿Y si no hay lógica, solo basura?
Soy perspicaz, lo sabré.
¿Qué le dirías a quien lee tu futuro?
Le daría las gracias, algunas monedas sin valor y escupiría con displicencia cuando le diera la espalda.
¿Se han cumplido tus cálculos?
Con absoluta precisión; salvo en las grandes distancias que son insalvables para según qué. No he llegado donde debía.
¿Crees que siempre hay tiempo?
Mentira. Cuando el soporte vital es viejo el tiempo triplica su rapidez y observas el ataúd en el horizonte, es el único jalón de orientación que te guía.

Dios vomitó en la tierra justo antes de inventar al hombre.

Y por ello, por ese barro que se formó así es ahora la humanidad.

Nos hizo a su imagen y semejanza, corruptos de un fango innombrable.

Con dios ocurre como con las novelas de terror o de ciencia ficción: es un cuento; pero pasas un rato distraído elucubrando cosas, perdiendo el tiempo generosamente.

Pero que personas adultas se ilusionen con la superstición de los reyes magos a pesar de los malos, mezquinos y peligrosos conocimientos que ignora y a su vez, ha acumulado la humanidad es patético, incluso cómico.

Y tan peligroso como dios vomitando sus miasmas, o Alien.

Yo no busco presencias, busco los cuerpos tridimensionales, opacos, sólidos, parlantes, sensibles, hermosos, voluptuosos en su feminidad arrolladora.
No puedo permitirme prestar atención a nubes de formas variadas por muy del más allá que sean y desatender a la belleza palpable, la que se toma, se besa y esperas que cada mañana despierte a tu lado, entre otras cosas para hacer el café.
Bueno, siempre hago yo el café; solo pretendía no ser demasiado melifluo y de alguna manera, marcar territorio como macho.
Los instintos van en el pack de oferta.

El amor nace en el pensamiento libre, en el odio a normas y cumplimientos, en la ausencia de necesidad. Nace en la miseria y en la pobreza sorpresivamente. Nace entre la cobardía y valentía. Que ciertos amores puedan causar náuseas es una cuestión de gusto.
El amor no se puede ni debe justificar.
Enamorar o enamorarse para combatir un cansancio, soledad, dolor o miedo es prostitución y deja para siempre un estigma imborrable de indignidad.
El amor brota por razones innumerables, que nada tienen que ver con condiciones o necesidades. No se puede evitar que surja del instinto reproductivo, que sea parte del ritual sexual; pero si es así, el amor morirá pronto para convertirse en condena, en otra de esas cosas menos malas que tiene la vida.
Cuando muere el amor, no se debe honrar su ataúd, es blasfemia cobarde y rompes con la esperanza de que surja otro de nuevo.
Pocos lloran el amor muerto; realmente se llora la soledad y la nueva condición social.
Si no hay amor no lo conjures, no lo fabriques; porque será ponzoña para el alma. Todo aquello que se crea por una necesidad de ambición o vanidad, es una infección.
Y si te enamoras en tiempos y lugares ajenos a ti en esta época de cercanías meramente electrónicas, exprime lo que puedas del amor, porque es inevitable enamorarse de un pensamiento hermoso, de una voz que viaja como un fluido a través de una red de intrincados e indescifrables semiconductores, de una fotografía que supera en belleza aquella que en tu mente era el paradigma del deseo; pero no te engañes, es un amor de corto recorrido condenado a una muerte súbita.
El amor se adapta a todo tiempo y lugar y por ello, a tiempos veloces, el amor nace y muere rápidamente.
Con el paso de los años te esfuerzas en no amar. Al final sale mal la constancia y la perseverancia y te enamoras; y a la soledad la tratas como una mierda enviándola al carajo a sabiendas de que llegará el momento que la busques.
El amor es un accidente habitual; la química humana es impredecible.
Tal vez el error ha sido, desde tiempos inmemoriales llamar amor a la reproducción.
No hay mucho más que decir, salvo que no siempre vale la pena perder la soledad por una calentura.
Cuando veo una majestuosa escultura, me pregunto si la plantaron para que las palomas tuvieran donde cagar y esa pátina de mierda fuera un efecto deseado. El cinismo siempre da una conclusión grosera a las grandes cuestiones filosóficas.

Lo único que ha funcionado en esta mierda del nuevo y normal fascismo español del coronavirus, es el ministerio de igualdad que ha puesto a todos a la misma altura con absoluta eficiencia.
Ahora no se puede distinguir al perro de su dueño, a Sánchez del perro o al amo de Sánchez.
Lo único que los distinguiría sería la sonrisa, al perro maldita gracia le hace el bozal; los otros más felices que mierda en bote con su igualdad de mierda.
J(P)odemos unidas y su ministerio con mascarilla, ha cumplido con su función.
Precioso…

Están acabados como seres humanos, no hay forma de que entiendan la vida sin un libro o consejo de auto ayuda, sin una norma o ley. Sin un decreto.
Hay asaz de ellos, de los que necesitan el precepto escrito o el protocolo para actuar. Los pocos que existen con un pensamiento libre y autónomo (tres o cuatro por cada cuarto de millón de reses) se reparten en dos que se dedican al robo, estafa y/o política, y el que queda es de alguna forma artista o simplemente, una persona decente.
Qué mierda de dependencia.
Ahí, en esa dependencia radica el popular éxito de los grandes tiranos fascistas o comunistas; de las dictaduras en general (hayan surgido de una votación como Hitler o de una golpe de estado como Franco): liberan a la chusma de intuir, pensar y actuar de modo propio sabiendo que tienen entre manos a un rebaño quejumbroso y manso de cerebro básico, meramente funcional para la nutrición y la reproducción ganadera.
Y cuanto más “cultos” e integrados en su sociedad de mierda, más necesitan las reses la norma escrita y una buena vara a la que no le tiemble la mano para que los guíe.
Luego, cuando muere su tirano lloran y se deprimen. Y no saben que hacer con la libertad.
Uno de los viejos ejemplos, aunque sea en forma de cuento, es el de Moisés bajando la montaña con sus tablas de piedra grabadas con los diez mandamientos. A partir de ahí, la imbecilidad se convirtió en virtud.
Son salmos de la experiencia.

Hacía meses que no veía la televisión española, cualquiera de las cadenas que el nuevo y normal fascismo español ha comprado para instaurar su dictadura plagiada de la china.
Y sentí que se había metido mierda en mi casa al ver el spot doctrinal del coronavirus del fascismo en la televisión. El anuncio es repugnante en cada escena. Apesta a la cobardía de una familia española al uso (o lo que debería ser según el nuevo y normal fascismo español): la madre que se pone con estúpida ilusión (talmente como si nunca hubiera follado y fuera madre por el espíritu santo del fascismo español y no por el coño) el bozal para recibir a alguien que entra en casa, los propios familiares se dan el codo en una perfecta coreografía, abren las ventanas y llaman a la puerta de los abuelos a su casa, a una muy prudente distancia, para que por la calle de por medio, se puedan ver cenando.
O sea, la mezquindad elevada al más alto grado: los viejos desconfiando de sus hijos y nietos, porque “seguro que esos cabrones de mierda están enfermos y nos quieren matar con el coronavirus”. Los menos viejos desconfiando entre ellos en una misma mesa, porque al fin y al cabo son tan hijos de puta y se conocen tan bien a sí mismos que saben que, a sabiendas de que tienen el coronavirus, sus hijos o hermanos los infectarán por pura maldad.
Y a todo esto, el criador de cerdos, el ministro de sanidad; amenazando y advirtiendo a la chusma de los controles aleatorios que ha impuesto: en su paranoia, ha decretado (lo sueña sudando todas las noches con obscenas imágenes) que la bofia asalte e irrumpa en casas elegidas al azar para comprobar que el ganado cumpla las normas dictadas por el Caudillaje español y sus caciques autonómicos. Y que nadie se salte el puto toque de queda de mierda.
No quiero ni deseo un bueno año 2021, deseo una violencia inusitada, algo que me lleve a olvidar que por un desliz, dejé que en la puta nochevieja del 2020, entrara mierda en mi casa a través de la televisión. Y eso sí que es infeccioso; no puedo conseguir, a pesar de abrir las ventanas, que se vaya de la casa el hedor a mierda del fascismo español.
La violencia no tiene por qué llevar necesariamente la desdicha, puede ser edificante, liberadora y divertida. Y sobre todo, aportará una cultura y una dignidad ya muy necesarias a través de la purificación de la muerte.

¡Feliz Año Nuevo de un nuevo, normal y más fuerte franquismo 2021!
Y recordad: vacunaos para que los Caudillos que todo lo saben, aquellos que os salvan la vida cada día; no os jodan trabajo, economía y la poca libertad que no han podido arrasar aún.
Porque ellos y su bofia sabrán con precisión quien sí y quien no lleva cosida la estrella de David amarilla en el abrigo.
Y para celebrar todo lo perdido, aquí una bonita estrofa de canción (de aquellas inteligentes, divertidas y libres que se han ido censurando con paranoico oscurantismo año tras año, gobierno tras gobierno) de aquellos ingeniosos y transgresores Los Toreros Muertos y su Mundo Mágico.

“Es divertido estar aquí,
puedes hacer una canción
con alcalde y gilipollas, por ejemplo:
Alcalde gilipollas
Alcalde gilipollas
Alcalde gilipollas
Alcalde gilipollas.
Es fácil.
Vivimos en un mundo mágico
puedes hacer una canción
con fin y con de las
fin y con de las…
Magic world! Magic world!

Que se metan el puto reguetón y “tú eres mi bebé” en el culo.

Siempre hay errores de cálculo en las “democracias” franquistas/comunistas.
Tres ejemplos al azar de los millones que cometen los dictadores y sus caciques:

Cuarentena no significa centuria.
Enfermar no es forma de curar.
Solo un idiota aplaudiría a las siete de la tarde todos los días a sus represores y carceleros (presidentes, ministros y bofia).

El analfabetismo nunca ha sido una ciencia exacta.
De hecho, aunque los fascistas electos no se lo crean, ni siquiera ha sido ciencia.

Puta nochevieja de bozal y prisión…

La ruta de la seda era la internet de la antigüedad: estafas, bulos, robos, pactos hipócritas, sonrisas venenosas y sinceros asesinatos; pero por encima de todo, la máxima expresión de la humana avaricia.
La autopista por la que circuló la corrupción, la usura y la esclavitud entre Asia, Europa y África. Que además sirviera para expandir cultura, tecnología e idiomas, fue un hecho secundario e inevitable; nadie pretendió hacer semejante cosa.
Hasta el romanticismo facilón tiene un límite: donde el conocimiento de la verdadera idiosincrasia humana dice “basta de estupideces”.