Posts etiquetados ‘soledad’

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

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«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

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Vacas y humanos

Ya no existen seres solitarios, se han extinguido.
Ahora los creadores, en realidad, son simples colectivos. Los «creadores» precisan de compañía y halagos. Justamente lo contrario de lo que significa crear.
El miedo a la soledad define a la humanidad de la misma forma que define a los rumiantes como especie.
Seres cobardes que no soportan una horas de soledad. Se ha convertido en vergüenza tomar a solas un café.
Se ha creado en la población una necesidad de constante comunicación, no dejar tiempo para la soledad. Y es que no existe nada tan peligroso para el poder como el individualismo.
Nadie disfruta de la soledad (no son representativos los escasos humanos que puedan disfrutar de ella), la cobardía y la vanidad se han convertido en forma de vida.
Hasta tal punto que mueren en grupos, en manada.
La humanidad ha sido dominada con espectáculos masivos cada vez más elaborados, llegó la televisión, luego internet, y por fin el golpe maestro: el teléfono móvil. La razón de sus vidas, la tabla de salvación de un intelecto pobre.
Las distancias se han acortado y las capacidades individuales de supervivencia, cultura y criterio, se han retraído hasta tal punto, que apenas hay diferencia entre las expresiones de los adolescentes y los adultos.
La manada se retroalimenta de emociones que no son suyas, porque es necesario tener amigos como sea, con total hipocresía.
Se identifican los seres entre ellos por miedo, por desesperación a caminar solos, sin que nadie los vea teclear mensajes.
Follan y se reproducen por una conveniencia de compañía. Porque ser un mediocre, es una mala compañía para uno mismo.
El amor ha retrocedido entre los idiotas como lo hace el mar al anochecer.
Los asesinatos, las desigualdades sociales y la pobreza se han convertido en temas que exponer en las redes sociales como escaparate para ser admirados; pero no saben lo que es una simple devaluación monetaria.
Ya no hay creación, porque en algo íntimo no hay nadie que presione el botón de «me gusta».
Se acabaron las cartas escritas a mano íntimas y discretas, desde lugares lejanos.
Se han globalizado los idiotas, y ahora tienen todos la misma identidad, las mismas esperanzas y sueños, los mismos gustos, las mismas quejas…
Mientras se odia a los judíos por defenderse de los palestinos, se toman cervezas durante horas. A veces ni siquiera hablan. Los ves en grupo llevarse la botella a la boca, como las vacas comen forraje, en silencio y observar si la pantalla tiene un aviso de mensaje.
Se calientan porque no tienen otra cosa que decir, porque no les gusta discutir; es mejor estar de acuerdo en la ignorancia y el miedo. Y follan rápidos; porque al final, comen la misma mierda, son la misma cosa vacía y pretenden olvidarlo con un sexo aburrido, rápido y de aliento apestoso.
Los gobiernos y las grandes multinacionales han conseguido llevar a la manada humana justo al punto y momento que siempre han deseado.
Han convertido a la chusma en seres predecibles y sin opinión, de sexo fácil; como animales de granja.
Alimentados con mierda, chat y videos.
Se recrean en sí mismos pensando que son guapos e inteligentes, el celular es un espejo que no funciona bien y les lleva a sobrevalorarse.
Gentuza que se conforma con un «me gusta» que ponga a salvo su vanidad. Y que les tengan por autores de algo. Comparten la misma basura, de tal modo, que internet es una gran repetición de todos los tópicos y toda la ignorancia planetaria.
Al mirarse en el espejo todas las mañanas, no puedo explicarme como no se suicidan al ver lo que son. Imagino que la ignorancia alimenta una injustificada vanidad.
La tristeza de todas esas mentes debidamente acotadas, sus incapacidades para sostener criterios y su cobardía hacia la soledad se ven compensadas y consoladas con un zumbido en el bolsillo, un sonido que anuncia un chat de otro ser que come mierda como ellos en ese mismo instante, en un trabajo similar, y por ello precisa decir obviedades y banalidades que lo salven de la imbecilidad propia.
Perros que se lamen el culo el uno al otro.
Todo está controlado para que los más pobres y los ignorantes (no necesariamente pobres) hagan héroes de asesinos millonarios que son igual de mediocres y lerdos que ellos mismos; porque les da esperanza ver que un subnormal pueda ser millonario.
Me da vergüenza como hombre que suene mi teléfono en público, que alguien me vea teclear con expresiones idiotas ante la pantalla; tal y como yo los veo.
Mi libreta y mi bolígrafo salvan mi dignidad y me dan ese precioso tiempo en soledad necesario para reflexionar y concluir que ahora, el hombre como especie, solo se diferencia de las vacas y ovejas por una cuestión de peso y volumen. En lo demás, follan y piensan igual que esas bestias.
Esto está mal, cada día se hace más difícil encontrar seres humanos a los que no quemar.
Y no me puedo quejar, conozco unos pocos a los que admirar; pero moriremos y no quedará nada.
Cosa que me alegra, porque el hombre debería extinguirse cuanto antes como medida de dignidad y supervivencia del planeta.

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Iconoclasta

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

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y
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«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

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Salgo a fumar a la calle cuando es de noche y el viento sopla fuerte, cuando llega veloz arrastrando la gelidez de la cima del volcán nevado. Al oeste… Aunque poco me importa de donde viene ese viento helado. Del infierno o del paraíso, del mar o de una cloaca.
Ese aire arranca de mi boca el humo en una fracción de segundo, como si me lo robara de los labios. No hay una voluta-ameba flotando ingrávida, haciendo pantalla de mis recuerdos o emociones.
Enfría la piel y el pensamiento.
Veloz, rugiente…
No se desvanecen las emociones lentamente, es una amputación rápida como un escalofrío incontenible.
Los ojos se entornan porque hasta las lágrimas se lleva el viento.
Si las hubiera… Pero el viento no lo sabe.
Se lleva las emociones que la piel retiene.
El corazón palpita rápido y por algún misterio que no me interesa investigar, me la pone dura.
Excepto eso entre mis piernas libre de calzones, no hay presión. Es vacío, es liberación.
El viento me convierte en un guerrero solitario en un páramo de familias, amistades, de sus voces y ruidos de platos en las cocinas.
Quedamos yo, la luna, el viento y alguien que me mira desde su ventana bien cerrada con notoria curiosidad, preguntándose por mi salud mental.
Mi hijo lejos, mi hijo hombre ya. Lo hice bien con él… A salvo del viento helado.
Me tranquiliza.
Tal vez, cuando tenga más edad haga lo mismo que yo, tiene mis genes. No es motivo de gozo para él.
Aspiro otra bocanada de humo, potente y nociva. Ideas y emociones se ralentizan dando prioridad a las defensas térmicas del organismo.
Solo queda una lucha contra el temblor de las extremidades y llevar el cigarrillo certero a los labios. Como luchan las flores cerradas por no ser arrancadas de sus tallos.
Lanzo la colilla y el viento la arrastra creando chispas que mueren apenas las ves.
Y está bien, tristes recuerdos y emociones se van tras ella, dejándome vacío, dejándome en paz.
Al entrar en la casa el calor me acoge con ternura y las intensas pupilas de las gatas, me observan serenas como si fuera de ellas, de su naturaleza. Como si no fuera hombre.
La piel se templa con una calidez de renovación. Solo queda el frío en las fosas nasales, como una melancolía. Un lugar donde abrazarse uno mismo.
Solo queda esperar, una serena espera.
Lo nuevo… Lo desconocido… Buscar, luchar, cazar, amar, doler…
El frío ha arrastrado lo muerto, como un bautismo arrastra una culpa convenientemente inventada.
Bendito frío.
Y bendito el calor que de nuevo me llena.
Bendito el tabaco que me hace épico y loco.
Maldita la realidad que me hace vulgar…


Iconoclasta

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

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El vegetal se retira y da paso al hombre.
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Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

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