Posts etiquetados ‘Ultrajant’

Solo se ama lo que se conoce íntimamente. Porque para amar a mis semejantes indiscriminadamente, dicen que hubo un tal Jesucristo y algunos mesías por el estilo.
No soy un ambicioso de mierda.
Amo a un solo ser y quiero a unos pocos, el resto de millones de seres no me importan en absoluto; ni siquiera considero su existencia habitualmente. Mi pensamiento se extiende a muy pocos seres y rechaza toda otra injerencia que es pérdida de tiempo.
Yo no busco ni trabajo o vivo por un futuro mejor, no me importa lo que ocurra cuando esté muerto.
Quiero un buen presente ahora. Ya. Para quien amo y los pocos que quiero.
No gasto energías o recursos por el futuro, las gasto para mí y ahora. Los del futuro deberán trabajar como yo. O joderse como yo en mi presente.
No me importa quién viva o muera.
Y si algún megalómano siente que tiene que hacer algo por el futuro, es porque se trata de un ambicioso usurero hambriento de poder, o un loco mesías de esos que aparecen en la tele o en la historia a lo largo de los tiempos.
Lo que hoy no pueda follar, como se dice coloquialmente: “mesimportaunamierda”. Que se busquen la vida.
El futuro no es mi problema y siento alergia por los santones.
Yo solo soy un buen tipo, muy sencillo y con poco tiempo.

 

En Telegramas de Iconoclasta.

Es inevitable a veces ser débil y sonreír ante un pensamiento grato.
Dejarse llevar por la ilusión relajadamente, como si no importara lo acumulado y que pesa más que nada: el dolor, los muertos y los fracasos.
Por proyectos que jamás se realizarán porque he cruzado el punto sin retorno de la vida. Cuando ya no queda tiempo y es tarde para todo.
Te das cuenta de que sueñas y te sobresaltas de repente. Y te preguntas: ¿A qué viene esto? ¿Es hora de morir? ¿Estoy tonto?
Y acto seguido concluyo con pensamiento eficaz y sin amabilidades pueriles: ¿Para qué más tiempo? No necesito más. No lo quiero.
Me enciendo el enésimo cigarro y los pulmones, como que se duelen con un silencio enfisematoso. No les hago caso.
Para ellos tampoco hay retorno.
El cuerpo no acaba de aceptar la muerte, es muy ingenuo. Por ello hay que tratarlo con mano dura.
Por ello le permito sonreír en muy contadas ocasiones.
Empieza el fundido en negro.
Y está bien.
Dos veces bien. No problem.

No sé si aprende; pero tanta atención llega a ser inquietante.
No me gustaría que fuera más rápido que yo resolviendo pasatiempos. No quiero más humillaciones.

Me gustaría gozar del superpoder de vaciarme y seguir, a pesar de ser mierda, pareciendo elegante. Como un sobre de azúcar que mantiene su forma a pesar de estar desgarrado.
Vaciarme de emociones, ergo de dolor.
La vida no es un bien preciado si estás lleno.

En Telegramas de Iconoclasta.

Hay un espacio vacío entre ella y él. Es tierra de nadie y no se puede cruzar si no acompaña la suerte.
No existen las horas felices.
No hay un café en la mañana frente a frente.
Y la suerte no existe, ambos dan constancia con sonrisas tristes y besos que intentan trascender el abismo; consiguiendo tan solo un escalofrío de gélidas imposibilidades recorriéndoles el espinazo. Por eso cruzan con pena los brazos sobre sus propios pechos, por tener algo de calor en el corazón.
Un consuelo inútil: solo da una aparente templanza a la frialdad de la tragedia más vieja de todos los tiempos.
No ocurrirá nada entre ellos.
Lo saben con la misma certeza que hay sangre bajo la piel.
El abismo es el generador de sueños abortados.
Intentan llenar el vacío con palabras; pero causa el mismo efecto que sacar un cubo de agua del mar.
Y es desesperante.
Lanzan una palabra y se desintegra dulce y melancólicamente en el abismo de la nada, sin ocupar espacio.
Sin aliviar la altura y la distancia.
Y es desesperante.
Nunca se llenará, es insalvable el abismo de amar contra el mundo.
Y ambos, cada cual en su extremo, lloran la muerte de lo que aún no ha nacido. Cada día… Pobres…
Cuando ambos caigan al abismo y desaparezcan, no cambiará nada: a nadie le importará, nadie sabrá del drama.
Están abandonados a sí mismos.
También saben que el dolor no conduce a nada, el amor no hace ignorante a nadie que no lo sea de nacimiento.
Hay una valentía y una entereza inhumanas en amarse frente a la ausencia.
Hay un abismo insalvable entre dos tierras de amores baldíos.
Podría haber un final feliz, pero no necesitan engaños.
Ellos saben.

 

ic666 firma
Iconoclasta

Es una época tan intelectualmente decadente que, a cualquier cosa se le llama arte.
Y como toda decadencia, usa la palabra «arte» para justificar algo que no tiene ningún valor estético o plástico, escudándose en la mayoritaria falta de criterio de los usuarios de las redes sociales.
No se debe confundir una protesta social con arte. Una fotografía pixelada y sin interés alguno, la puede hace cualquiera en su teléfono. De hecho, las televisiones practican ese «arte» en multitud de reportajes cuando pixelan rostros de niños, policías o cualquier otra persona que sea «delicado» mostrar en público.
La protesta social me parece genial, sea o no cierta. Que cada cual se queje y cuestione lo que le pica; es la esencia de la libertad.

La tan cacareada obra de «presos políticos» que ha sido «censurada», es mera crítica y protesta social; sin ningún tipo de arte.
Hay que tener claro lo que es arte, lo que puede conmover la sensibilidad mediante la plástica para bien o para mal. Y en esa obra ha de haber una cualidad especial que la constituya en algo digno de exponerse.
Llamar arte a esta obra, es puro oportunismo y una falta de respeto para otros artistas que sí merecen exponer y son ninguneados durante toda su vida.

¿No es estúpido el espacio tratándose de una nota?
Notas de las notas, de las notas, de las notas, de las notas…
Como tuits mierdosos y aburridos de políticos y famosillos, que se repiten y repiten y repiten y repiten…
Los cerebros se pudren y nadie presta atención.

Crimen y castigo, de Dostoievski.
Delirante y tronchante descripción personal, habla Razumijin.