Cada vez más cercano…
Los medios de desinformación y miedo, avanzan y asientan el futuro gran robo a la población: un impuesto por vivir que se suma a todos los que ya hay.
A medida que la población está más homogeneizada con los mensajes institucionales y aumenta el número de obreros con teléfono móvil conectado a internet, las premisas histéricas de fin del mundo se hacen cada vez más vistosas.
Solo es una cuestión de muy poco tiempo que instauren un nuevo impuesto por vivir y la chusma lo acepte, aunque le jodan gran parte del poco dinero que ganan.
Es tan obvio, que me asiento en mi conclusión de que la especie humana tiene un deficiencia mental; una tara que por alguna aberración natural, le ha llevado a evolucionar.
Mientras lanzan mensajes del peligro del planeta, los ricos y poderosos de mierda, se frotan las manos con el dinero que van a robar con absoluta impunidad y con el beneplácito de los idiotas que teclean imbecilidades y sentimentalismos infantiles en sus telefonitos inteligentes (más que ellos mismos).
“En boca cerrada no entran moscas”.
No es una metáfora de listillos de taberna y sabios beodos. Es literal.
Se podría decir que Yo y las moscas compartimos el mismo gusto por los lugares.
Precioso…. Soy deprimentemente singular.
¿Sueñan las feministas atómicas y recalcitrantes con acosos, discriminaciones, tocamientos, violaciones y con ser madres por culpa de un espermatozoide salido de pene? ¿Sueñan con todo eso para luego hacer un tuit ilustrado con pelos de sobaco que sea la hostia puta de retuiteado y con miles de likes? (De la misma forma que, por ejemplo nacionalistas, soberanistas o independentistas de territorios con una economía más o menos de bienestar y demasiado tiempo libre; sueñan con ser subyugados u oprimidos y llamar así a Robin de Locksley para nada; por puro capricho de niño bien con un buen coche y una universidad que le vende un título.)
Benditos los caracoles, su autosuficiencia sexual, su casa a cuestas y su absoluta falta de electricidad para lloriquear.
Y por favor, borrad esa sarcástica sonrisa del rostro. Los caracoles además, no son transexuales, son otra cosa que no os voy a decir porque no quiero ser maleducado e incorrecto. Eléctricos borregos de eléctricos tiempos de eléctricos mensajes. Con lo fácil y refrescante que es decir: “Vete a la mierda”.
“Womanhood: La Realidad Desnuda” de Laura Dodsworth, es un álbum fotográfico de cien vulvas y las anécdotas e historias de las mujeres que han posado. “Ninguna parte del cuerpo inspira amor y odio, y miedo y lujuria de la misma manera que la vulva”. “Nuestro principal punto de referencia es el porno en internet. Por eso las mujeres, especialmente las jóvenes, se comparan con una vulva pulcra, suave, rosada y ‘perfecta’. Pero las tenemos de todas las formas, tamaños y colores; ninguna es igual a otra”. “Como las vulvas están escondidas y son tan misteriosas nos cuesta vérnoslas a nosotras mismas”. “Hay mujeres que han visto la suya por primera vez en el visor de mi cámara. Para algunas no fue gran cosa, las hay que comentaron lo bonita que era y otras me preguntaron si eran normales. Aunque se hubieran visto antes en un espejo, mirar una fotografía es mucho más claro. Lo sé ¡por mi propia foto!”. (Laura Dodsworth)
Y de aquí a una nueva disciplina adivinatoria: la coñomancia.
Por los pliegues de vuestros coños, os conoceréis, dijo Yahvé.
La autoayuda a través del coño: si te sientes mierda, mírate el coño un buen rato a ver que pasa.
Será muy metafísico, rompedor, liberador y todo lo que quieran; pero los coños me gusta verlos en el contexto sexual. Charlar con ellos es absurdo y desagradable.
Y a mí los coños no me inspiran amor, temor u odio.
Ni los veo misteriosos, soy bastante relajado en el aspecto anatómico humano.
Todo artista o quien cree serlo, defiende sus obras y les da una razón por la cual pueden ser interesantes. Es normal, porque ser artista conlleva una insoportable dosis de narcisismo, rayana en la metástasis de la estética y la ética. En cuanto a la ética, me refiero al “todo vale para vender”.
Lo cierto es que hay demasiada gente que cree serlo: artista.
Los coños me encantan; pero para hablar, comprender y aceptar a una persona, prefiero mirarla al rostro. Si tienes la suficiente habilidad, no necesitas mirar atentamente sus genitales para entenderla.
Lo del gran desconocimiento y misterio de la vagina (y por tanto vulva) de sus usuarias y dueñas, es un mito de lo más idiota, un amarillismo útil para vender más ejemplares de performance sin gracia alguna, más que la de la oportunidad del momento #metoo. No hay ya coño que no haya sido retratado por la cámara del teléfono de su dueña o espejo que no los haya reflejado.
En definitiva: yo no hablo con coños (los beso, los lamo, los penetro, los toco, los muerdo, me los como, me hacen babear). Hablo con sus dueñas y observo sus rostros, fascinantes ademanes y sus escotes. Ya superé (nunca sentí vergüenza o incomodidad, es pura retórica) el cacareado hasta el aburrimiento “tabú sexual”.
Una de las expresiones más terroríficas y repugnantes que está de moda usar por políticos, prensa y que hacen suya ciudadanos que escriben cartas al director y mensajes pseudo-democráticos en las redes sociales es: “La inmensa mayoría de…”. Para completarla se deben sustituir los puntos suspensivos por un gentilicio o adjetivo político o religioso. La inmensa mayoría es una inmensa bola de mierda. Las inmensas mayorías aclamaron a grandes genocidas como Hitler, Stalin, Milosevic, Idi Amín, Trump, Franco, Mussolini, Chávez, Maduro… Y con ello, eliminaron a “inmensas minorías”. Las inmensas mayorías disfrutan cuando se congregan festivamente para ver arder un hereje o falsa bruja en el fuego purificador, cuando el puto conde manda ajusticiar a un niño muerto de hambre por cazar un conejo o para apedrear la cabeza de una mujer cuyo cuerpo se ha enterrado cobardemente en un hoyo. Cuando existe una “inmensa mayoría”, existe un feroz analfabetismo, una absoluta carencia de entendimiento y una ingenuidad que hace de esa “inmensa mayoría” un conjunto de deficientes mentales hermanados. Es ahora cuando de alguna forma (la única que es rápida y eficaz es una guerra mundial), el planeta tiene que eliminar inmensas y feroces mayorías para, crear nuevas líneas sanguíneas y erradicar así esta endogamia global. La inmensas mayorías que crean grandes corrientes morales eliminando y ensuciando todo asomo de ética, deben morir. Es la única forma de eliminar la náusea, la mía. Cuando pienso en “la inmensa mayoría”, sufro visiones de vulgaridad, ingenuidad, crueldad y un injustificado elitismo. La inmensa mayoría no lo sabe; pero son todos ellos los que deben acabar en hornos crematorios. Y es que ninguna “inmensa mayoría”, al igual que un camello, ve su propia giba. Las “inmensas mayorías” son tumores que gangrenan la libertad, el humor, el arte y el individualismo que hace digno al humano. La inmensa mayoría es una piara de envidiosos y frustrados. Que nadie se sienta privilegiado de pertenecer a una “inmensa mayoría”, es lo peor que a uno le puede ocurrir. Inmensa mayoría de paletos…