Archivos de la categoría ‘Conclusiones’

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La vida ya no es una lucha. La han convertido en un concurso hipócritamente incruento y aburrido de poses y mentiras.
En un video global de protagonistas mediocres, un desfile de egos injustificadamente inflados en un desesperado intento por parecer interesantes a alguien.
La ignorancia intentan vestir de ingenio barato y comicidad.
Y los mensajes de oportunistas y falsos gurús llena librerías de éxitos de ventas y memes con frases estúpidas en las redes sociales. De lectores que elevando a rango de mesías a un idiota, pretenden aplacar con esas frases la vergüenza de su cobardía a la soledad.
Los humanos no son luchadores, solo son víctimas que inspiran «likes» y mariconas plañideras gritando al mundo sus bondades que no tienen.
A la mierda.

 

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Pongamos que dios existe.
Pongamos que si algo existe, es que algo lo creó.
El dios que creó a dios, es un ser superior a dios.
Es pura semántica, no creo en dioses ni su divinidad, de ninguno, de nadie. Podría escribir «el inventor que inventó a dios»; pero en el imaginario popular un dios se entiende a la perfección para estas disquisiciones.
¿Dónde está ese ser superior a dios?
¿Por qué no rezarle a él? Y al otro superior, y al superior del superior…
A lo absurdo e irracional se le llama infinito para tranquilizar la ignorancia y la imposibilidad de saber.
Y así no hay quien folle.
Es imposible buscar el origen plausible, un inicio que explique esto que respiramos, pisamos, comemos, cagamos, dormimos, follamos, morimos, matamos, envidiamos, equivocamos, tememos e ignoramos.
No se puede explicar la existencia de dios y ninguna existencia que carezca de origen.
Ni la del mismísimo universo, que fue creado por alguien, si existe realmente tal enormidad infinita.
Dios y el universo son infinitas imposibilidades y extravagancias.
El planeta y el universo que conocemos, solo son una serie de azares demasiado lejanos en el tiempo para encontrar su génesis.
Y se ha perdido tiempo y esfuerzo en conocer algo que no tiene razón de existir. Si no hay origen, no hay existencia.
Hasta los sueños tienen su momento de nacimiento y un creador.
Hay un fallo cuántico, reiterativo, eterno e irresoluble en la creencia de un dios y un universo infinito (y por lo tanto eternos y poderosos).
Ambas cosas solo me parecen restos intuidos de algo que el cerebro humano, ineficaz para estas cosas, no nos permite imaginar.
Tal vez somos los restos de un ser que ha muerto durante el sueño y nada tiene explicación o lógica.
Tal vez todo esto, sea ese instante de agonía eterna de algo que muere.
La inexistencia no puede explicar la existencia.
El universo y dios solo pueden conciliarse en mi pensamiento como algo absurdo.
El sueño de un ignorante con pocas luces.
La necesidad de creencias nace del miedo, y el miedo se aplaca con promesas de eternidades y metempsicosis.
Ahí, en el miedo, reside la imperfección, la improbabilidad y la inexplicable existencia (inexistencia) de dios y el universo infinito.
El miedo metafísico es irracional, intuitivo, y todo lo que con él tiene que ver, es también irracional y desesperado. Es lógico que se inventen mitos para tapar esos agujeros de ignorancia, de angustia.
Jesucristo junto con otros profetas y santones, fue uno de los casos hagiográficamente documentados (a posteriori) de paranoia. De miedo.
La evolución, la geología y la física cuántica, intentan explicar lo presente; pero no el origen o inicio. Porque de la nada, nada se puede crear.
Es tan simple, que es frustrante.
Y no se podrá explicar jamás, porque nos falta alguna dimensión o visión que nos permita encontrar un origen demasiado profundo, o demasiado desplazado del eje del pensamiento que el cerebro humano no puede gestionar.
Es un serio conflicto metafísico que sin miedo, sin necesidad de creer en supersticiones, es inconciliable con la razón.
Y entonces duermo, y todo pierde importancia. Porque los mundos oníricos, carecen de explicación; pero son infinitamente más inquietantes, más angustiosos. No quiero saber nada de ellos cuando estoy despierto, porque podría morir sin saberlo y convertirme en dios creador. En un inventor de mundos imaginarios durante ese instante eterno de muerte.
El origen eres tú y tu pensamiento, tu cuerpo, esos muslos que esconden la Vagina Todopoderosa que es mi única creencia. Mi única afirmación y prueba de existencia de algo tangible, penetrable y lamible.
Tanta inexistencia para al final decir que te quiero.
Locos escritores…

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Y esta imagen me recuerda que soy un bulto insignificante que no alcanza a recortarse contra el cielo. Porque soy nada, soy mierda.
Opaco sobre opaco.
Sublimación de lo anodino.
Así no hay forma de trascender.
Mi autoconocimiento es la humillación perfecta.
Soy mi mejor enemigo.

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En Telegramas de Iconoclasta.

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Lorca escribió de un reloj: «suena oscuramente». Yo le añadiría: «circular y quietamente». Tanto tiempo y tan poca distancia recorrida… Ser reloj es maldición, ser yo es absurdo.
Me parece bien.
Ambas cosas.

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Todos los seres, los que existen y los imaginarios, necesitan y deben tener su momento de tristeza.
Es la forma de trascender, de afrontar que la vida se acaba y evocar lo que se vivió y lo que resta en un momento de íntima soledad.
A pesar de la luz y el color.
Ser importante para uno mismo, independientemente de lo que ocurra alrededor.
Es nuestra tristeza, nuestro momento.

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En Telegramas de Iconoclasta

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La infamia, el agravio, es un impuesto más que se empieza a pagar al nacer.
No es algo personal, la vida te jode sin ninguna familiaridad.
Así que, como la experiencia es un grado, jode a quien puedas, impersonalmente, claro.
Sin favoritismos o sensiblerías.
Es gratis y es tu derecho.
(Abogados por un Mundo Peor, si es posible que sea peor)

 

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Hay tanta felicidad.
Tanto entusiasmo por vivir intensa y alocadamente.
Por ser eternamente jóvenes…
Hay tanto derroche de energía para ser felices y vivir la vida loca, que siento náuseas. Me empacha tanta felicidad desaforada.
La banalidad de las vidas felices no es deprimente, es simplemente aburrida como un programa de televisión.
Y se me escapa una risa pérfida quiera que no; porque sé que sus intrascendentes alegrías acaban cuando las baterías de sus teléfonos móviles se agotan.
Porque todo vuelve a su lugar cuando el teléfono se apaga. Se acaba el escaparate de la risa tonta.
Lo que más o menos viene a decir que su absoluta intrascendencia en la oscuridad, en su vulgar intimidad; es mi hostil, comedida y desenfadada satisfacción.
Soy el contrapeso a la felicidad barata en la humana faz.

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La chusma se ha escandalizado porque en el rodaje de una película, un adiestrador intenta meter a un perro en una piscina con agua. No le pega, sino en brazos lo tranquiliza a la vez que intenta dejarlo resbalar por el plástico de la piscina para filmar una escena en el que el animal nada.
Los sedientos de notoriedad (protectores a ultranza de animales), ambiciosos como el cáncer con las células y los idiotas sensibleros de las redes sociales que no tendrían reparo alguno en vender a sus hijos o a sus padres desnudos en internet por un nuevo teléfono móvil; han creado del video casi un delito, una amoralidad punible según su criterio barato de ignorantes.
A lo mejor se piensan que los perros nacen con el gusto por rescatar a gente, por esnifar maletas para encontrar droga o por seguir rastros, y no necesitan que nadie los fuerce.
Como al niño que no le gusta el agua, y sin embargo, se le fuerza. Debe aprender a nadar porque le puede ir en ello un día la vida.
Esto apesta a mierda, el olor de la hipocresía y el oportunismo.
Es lo que tiene la tecnología barata de consumo y entretenimiento para las masas de ganado humano: te muestra sin pudor lo más repugnante de los votantes y ciudadanos de pro.
Esos que corren como ratas para ver esas películas ñoñas, de alto impacto emocional donde un perro es elevado a rango de mártir y santo. Películas con las que se pondrá de manifiesto su sensibilidad bondadosa y asumirán cada escena como real, o cuanto menos, posible.
En las noticias, un adulto de veintinueve años es tratado de «hombre» si es asesino y de «joven» si es víctima o ha realizado algo loable. Asquerosos y repugnantes seres parciales, periodistas que son perros-guardianes de las normas que impone el poder… Repugnante y denodadamente parciales.
Yo siempre he sido «hombre», no recuerdo haber sido joven, porque miro al mundo a través de las rendijas de la puerta de un calabozo.
A mí me suda la polla quién gobierna en EEUU de América; pero está visto que hay europeos a los que no les da igual, lo digo por las manifestaciones europeas contra Donald Trump.
Como si la polla del presidente americano fuera tan larga y pudiera atragantar a algún europeo.
Es lo que tiene la globalización mediática: de los penes lejanos, pequeños y poco agraciados; hace fenómenos de la industria del porno que provocan el temblor de culos y coños de gente muy lejana.
Los únicos que deben preocuparse por la pequeña verga de Trump, son los mexicanos. Y no de la de Trump, si no de la de su corrupto presidente. Porque si no estuviera podrido, le habría dicho hace meses, que «el muro fronterizo lo va a pagar tu puta madre». Pero claro, el Peña es demasiado corrupto, y lo que interesa es trabajar en él para que se hagan mejores túneles que los que hay ahora y hacer así más seguro el tráfico de drogas. Con lo cual, se llevará un más alto porcentaje de lo que es la única y gran industria mexicana.
Si hubieran existido redes sociales y blogs, los campos de exterminio nazis se hubieran convertido en objeto de una fuerte polémica medio ambiental por la cantidad de polución que provocaban. Y se hubieran hecho virales un sinfín de videos de gente ardiendo, soldados dando la mano bondadosamente a un judío bebé antes de quemarlo con el ripio: «No te lo vas a creer; pero aún hay esperanza». Así como tuits de buenos ciudadanos lamentando tales y masivas incineraciones, bendiciendo a los quemados y expresando su piedad y dolor intenso.
Gracias a las redes sociales y al ansia de los idiotas por parecer buenos y correctos, de las tragedias hacen simpáticas anécdotas donde nadie pide sangre. Nadie pide venganza.
Como si la sangre que les corre por las venas fuera de rumiante. O savia…
Qué vergüenza ser humano…
A finales del año pasado (hace apenas un mes) Siria recuperó una de sus ciudades al Estado Islámico: Alepo. Y en ese mismo instante comenzó el terror y la preocupación internacional por las represalias hacia los radicales islámicos que quedaron en la ciudad. Como si no fuera bueno asesinar a asesinos y más en una guerra.
Políticos de mierda… Hipócritas asquerosos…
Esto deberían arreglarlo los israelíes, ellos sí saben. Tienen huevos.
La ley del Talión es justicia pura.
El año ha comenzado triste y gris, como todos. Tampoco soy tan ingenuo para creer que un año puede ser mejor que el otro; porque el hecho es que cada año va a peor. Cada año cuesta más soportar esto.
Cada año la hipocresía y la moralina, se hacen más pegajosas, como mierda que no te puedes despegar de la suela del zapato.
La vida es una mierda y no mueren los que debieran.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.