Archivos de la categoría ‘Humor’

Es que me encuentro con cada caso patológico… Y lo peor es que en este medio rural, apenas hay gente. Está visto que tengo imán para la miseria humana.
Paseaba yo feliz oliendo el apestoso aire cargado de aromas putrefactos de estiércol y me crucé ante un gordo sentado en uno de los bancos de madera con las piernas estiradas invadiendo parte del angosto camino, con gorra Salomon sudada hasta el desagrado, fumando con vanidad y dejando caer la ceniza sobre su poderoso pecho. A su lado había una bici y el velocímetro indicaba que había alcanzado los 46 Km/h.
Y resulta que la velocidad está limitada a 20 putos Km/h. Por dios…
La envid… La indignación por esa falta de civismo me impulsó a ser héroe con la esperanza de que hubiera cerca algún policía hembra y me la chupara por ser tan buen ciudadano.

-Perdona. Eso no está bien. ¿No sabes que es peligrosa esa velocidad en una vía peatonal?
Miró al cielo tomando paciencia y contestome:
-¿»Cuála» velocidad? Estoy sentado.
-La que indica el velocímetro de tu bici.
-Vale, te juro que no lo haré nunca más.
Me sentí bien, era una respuesta correcta.
Mientras le santiguaba díjele:
-Ego te absolvo, cabronazo.
Se encogió de hombros, dio una aparatosa calada al cigarrillo y lanzó la colilla sin querer entre mis pies.
Emprendí mi camino de nuevo un poco defraudado porque ninguna policía estaba allí para practicarme una felación de recompensa ciudadana.
El ciclista debió hablarle a un cuervo que se oía graznar por allí, a mis espaldas oí que decía con aburrimiento:
-Hijo puta…

“En boca cerrada no entran moscas”.
No es una metáfora de listillos de taberna y sabios beodos. Es literal.
Se podría decir que Yo y las moscas compartimos el mismo gusto por los lugares.
Precioso…. Soy deprimentemente singular.

El pacifismo es una filosofía y práctica derivada de la ganadería, adaptada meliflua y bucólicamente (sin mencionar los mataderos) al ganado humano.

Sí, ya sé que la salud de las abejas mide la calidad del ecosistema; pero si me vuelve a pasar otra abeja bajo las napias, la aplastaré sin piedad.
La abeja Maya fue otra (como La casa de la pradera) de tantas cosas insustanciales que han hecho de mí el insensible incrédulo que hoy soy; con una vanidad tal que, no me libraría del infierno si existiera.
Bueno, no solo la abeja Maya… También los cómics para melindrosos en los que no muere nadie y visten los calzoncillos por fuera, como Superman, Batman y todo el melifluo y gay universo Marvel.
Doy gracias a la existencia de Milo Manara y cómics como Creepy, Vampus, Dossier Negro, 30 Días de noche, Sin City, El arte de la guerra, etc…
Sin ellos, no sería el animal que soy.

¿Sueñan las feministas atómicas y recalcitrantes con acosos, discriminaciones, tocamientos, violaciones y con ser madres por culpa de un espermatozoide salido de pene?
¿Sueñan con todo eso para luego hacer un tuit ilustrado con pelos de sobaco que sea la hostia puta de retuiteado y con miles de likes?
(De la misma forma que, por ejemplo nacionalistas, soberanistas o independentistas de territorios con una economía más o menos de bienestar y demasiado tiempo libre; sueñan con ser subyugados u oprimidos y llamar así a Robin de Locksley para nada; por puro capricho de niño bien con un buen coche y una universidad que le vende un título.)

Benditos los caracoles, su autosuficiencia sexual, su casa a cuestas y su absoluta falta de electricidad para lloriquear.

Y por favor, borrad esa sarcástica sonrisa del rostro. Los caracoles además, no son transexuales, son otra cosa que no os voy a decir porque no quiero ser maleducado e incorrecto.
Eléctricos borregos de eléctricos tiempos de eléctricos mensajes.
Con lo fácil y refrescante que es decir: “Vete a la mierda”.

Iconoclasta

En Telegramas de Iconoclasta.

Existen las cosas y los seres. Y muy a menudo no puedo distinguir qué es qué.
No falla mi percepción, es que hay cosas que no deberían hablar y así no hay quien folle.

Desfallecido estaba Dios de tanto crear un error sobre otro que, con ignorancia y desidia formaba la argamasa que los unía.
Y dijo para convertir la torpeza, la vanidad y la pereza en sabiduría: “Mis designios son inescrutables”.
Y así hizo dogma del engaño y la hipocresía.
Y a sus errores más íntimos ordenoles escribir torpes páginas de hazañas divinas.
Como una peste la vulgaridad y la envidia se extendieron entre todos aquellos fallos que creó a su imagen y semejanza. Y creyeron aquellos así, en un dios todopoderoso porque eran desdichados y conscientes de que al final les espera la muerte; pero con el inescrutable dios la muerte se convierte en diversión puesto que hay otra vida más allá.
Y así aquella inmensa población de errores sumó a su vulgaridad y envidia, la cobardía.
Desfallecido está Dios de tanto crear, de tanto velar por sus errores.
Eso dicen sus secuaces, la realidad es que sufre un ataque de desidia aguda y no encuentra la solución a todos sus errores “inescrutables” cometidos. Así que Dios simplemente, tiene una mirada imbécil perdida en el vacío y un hilo de baba que se le descuelga del labio inferior.
La aleatoriedad y la usura del poder rigen las vidas de sus errores.
Unos pocos: sacerdotes, reyes, jueces y otras ladillas del poder, han sido y son los crupieres de un sórdido casino donde los jugadores nacieron perdedores.

Esto es la explicación teológica de los “misteriosos” designios de Dios.
Para los que sabemos de la historia y tenemos una noción de la biología humana, simplemente pensamos que solo una cohorte de subnormales endogámicos sentó las bases de esta repulsiva sociedad y estamos jodidos por unos cuantos hijos de puta que son inferiores a mí.
Cuando te mueres, te haces mierda. Es de una simpleza refrescante y liberadora. Imaginar que tuviera que soportar la misma mierda de ahora en el más allá me da escalofríos y diarrea.
Y que no suene un puto reguetón cuando mueras, porque no puedes vomitar, se te queda dentro como es lógico.

Iconoclasta


Foto de Iconoclasta.

“Womanhood: La Realidad Desnuda” de Laura Dodsworth, es un álbum fotográfico de cien vulvas y las anécdotas e historias de las mujeres que han posado.
“Ninguna parte del cuerpo inspira amor y odio, y miedo y lujuria de la misma manera que la vulva”.
“Nuestro principal punto de referencia es el porno en internet. Por eso las mujeres, especialmente las jóvenes, se comparan con una vulva pulcra, suave, rosada y ‘perfecta’. Pero las tenemos de todas las formas, tamaños y colores; ninguna es igual a otra”.
“Como las vulvas están escondidas y son tan misteriosas nos cuesta vérnoslas a nosotras mismas”.
“Hay mujeres que han visto la suya por primera vez en el visor de mi cámara. Para algunas no fue gran cosa, las hay que comentaron lo bonita que era y otras me preguntaron si eran normales. Aunque se hubieran visto antes en un espejo, mirar una fotografía es mucho más claro. Lo sé ¡por mi propia foto!”.
(Laura Dodsworth)

Y de aquí a una nueva disciplina adivinatoria: la coñomancia.
Por los pliegues de vuestros coños, os conoceréis, dijo Yahvé.
La autoayuda a través del coño: si te sientes mierda, mírate el coño un buen rato a ver que pasa.
Será muy metafísico, rompedor, liberador y todo lo que quieran; pero los coños me gusta verlos en el contexto sexual. Charlar con ellos es absurdo y desagradable.
Y a mí los coños no me inspiran amor, temor u odio.
Ni los veo misteriosos, soy bastante relajado en el aspecto anatómico humano.
Todo artista o quien cree serlo, defiende sus obras y les da una razón por la cual pueden ser interesantes. Es normal, porque ser artista conlleva una insoportable dosis de narcisismo, rayana en la metástasis de la estética y la ética. En cuanto a la ética, me refiero al “todo vale para vender”.
Lo cierto es que hay demasiada gente que cree serlo: artista.
Los coños me encantan; pero para hablar, comprender y aceptar a una persona, prefiero mirarla al rostro. Si tienes la suficiente habilidad, no necesitas mirar atentamente sus genitales para entenderla.
Lo del gran desconocimiento y misterio de la vagina (y por tanto vulva) de sus usuarias y dueñas, es un mito de lo más idiota, un amarillismo útil para vender más ejemplares de performance sin gracia alguna, más que la de la oportunidad del momento #metoo. No hay ya coño que no haya sido retratado por la cámara del teléfono de su dueña o espejo que no los haya reflejado.
En definitiva: yo no hablo con coños (los beso, los lamo, los penetro, los toco, los muerdo, me los como, me hacen babear). Hablo con sus dueñas y observo sus rostros, fascinantes ademanes y sus escotes. Ya superé (nunca sentí vergüenza o incomodidad, es pura retórica) el cacareado hasta el aburrimiento “tabú sexual”.

Vaya, resulta que ahora, el voyeur o el que mira como un tipo se folla a su esposa masturbándose, se llama “relator”.
No jodas con la semántica…Políticos y la mierda que tienen en su cerebro…
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Uno de los «relatores» más famosos en el mundo del arte: Dalí.
No es malo ser relator, es algo que simplemente ocurre.