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Solo era necesario un día de agosto nublado con un viento refrescante para exfoliarme la piel de las pringosas y viscosas excrecencias del calor y su mediocridad, dejándomela tan áspera como era habitual en mí. Mi piel es como la del jabalí, no necesita más cuidados que unas garrapatas y pulgas.
Paso de las babosadas de los idiotas (están muy lejos de tener las cacareadas propiedades de la baba de caracol) que te pringan y luego se queda la piel asquerosa, con costras que te has de arrancar con un cuchillo.
Se está tan bien, que malditas las ganas de regresar a casa. Incluso he hablado de banalidades con una vaca antipática para retrasar la vuelta.

–¿Qué te sorprende, Jade?
–Nada, solo me callo.
–No me lo creo, tú nunca harías algo así.
–Eso tampoco es cierto, si estás haciendo una mamada no puedes hablar.
–Está bien, suéltalo de una vez.
–Estoy caliente.
–Siempre, como yo. ¿Y qué más?
–Pues follemos y dejemos de hablar.
–Primero quiero saber qué callas, ya me has liado.
–Anoche me hice amiga de una bollera y después de hacernos unas tijeras en su casa, me entró hambre y le desgarré el cuello. Y me he dejado en la mesita de la cama el monedero con mis tarjetas y carnet de identidad…
– Pues sí que lo pasaste bien para olvidarte algo tan importante.
–Estuvo bien; pero como se colocó con unos cuantos ácidos en el pub, al tragarme parte de su sangre me he colocado.
–¡Vamos! Te acompaño a su casa y recuperas tus cosas antes de que la policía se entere. Y a la vuelta paramos a beber algo y tomar unas tapas.
–¿De verdad no te importa cuando mato a un humano?
–Solo me preocupa que algo salga mal para ti, Jade.
–Te quiero, Ico.
–Y yo más, Jade. Tanto, que serás tú la que cierre la tapa de mi ataúd.
–¡Oh, qué romántico, cabrón! Escritor tenías que ser.
–Bueno… También me gusta que te hayas olvidado las bragas. Tu culo es más suave al tacto.
–Ico… Dime que de verdad me quieres, estos tripis me están dando un poco de bajón.
–Claro que te quiero mucho, muñeca de culo respingón. Salgamos a tomar el aire.
–¡Estás loco! Te voy a comer.
–¡Bah! Tienes mejoras cosas que comer que mi carne añoja; pero vigila los condimentos.
–Ico…
–Dime y levántate ya, cotorra.
–¿Quieres ver como meo en la calle y me haces una foto de frente?
–No me hagas reír, lobita putita.

Es que conducir con mascarilla marea y se suma al mareo propio que produce el viajar en un medio de transporte; y si se suma al miedo, y si se suma a la mansedumbre, y si se suma a la ignorancia y si se te empañan las gafas, yalascagao.
Los docudramas de la prensa fascista son como los anuncios de tráfico, groseros y burdos; pero persistentes.
La larga enfermedad es el fascismo que ha robado todo asomo de libertad al pueblo. Una larga enfermedad, degenerativa que requiere una cirugía muy agresiva: extirpación y eliminación de los desechos fascistas.

Yo no sé si es farlopa o maría. O incluso las dos cosas, porque dinero y tiempo tienen para, entre encarcelamientos y acosos con excusas coronavirianas, pegarse unos buenos tiritos y fumarse unos buenos porros.
Y claro, se les escapa a veces chistes entre sonrisas de deficientes, que dicen cosas como “España”, “desarrollado” o “crecerá” entre otras anomalías cerebrales que se les ocurre.
Y como siempre hay buitres que trabajan en la prensa del fascismo esperando alguna mentira que publicar, pues eso, publican el chiste de los drogadictos ya citados como si fuera algo interesante o incluso verosímil.

Sinceramente, a mí se me escapaba la risa al leer la noticia, como al “atleta” fumando su porro de la risa, sin duda alguna.
Lo que ocurre es que la prensa fascista pretende fabricar dramas para el Nuevo y Normal Gobierno Penitenciario Español del Coronavirus, de tal forma que al ver el dramón que se ha montado un tío con la marihuana, los que están encarcelados y con la prohibición de respirar, vean catárticamente que no es nada lo que tienen que soportar. Que es mucho más duro darle a la maría, pegarse un buen viaje a Japón y volver descansado.
Aunque el coste sea una pequeña “depre” que con otro peta de la risa quedará curada.

Es lo que tiene la endogamia de la España Profunda, se lo pasan bien con cualquier cosa y con cualquier muñeco con forma de indigente.
Siempre habrá una comarca como Las Urdes, donde continúa la producción de monstruos de forma fabril.
Y eso de que no tienen covid, como les oiga su adorado muppet, les dirá que “una mierda”: “¿Cómo no vais a tener coronavirus, cabestros?”, les dirá con divertida indecencia.

Al igual que el cerdo de Franco, que ya no sabía si se cagaba o meaba, el nuevo y normal Caudillo del Nuevo y Normal Gobierno Penitenciario Fascista Español, instalado en su lerda ignorancia, busca adjetivos con los que florear su retórica analfabeta. Y resulta que no rasca pie con bola.

No existen las democracias atenuadas, existen las dictaduras. Cuando se roba la libertad, se asesina a los enfermos graves por impedir su tratamiento, se prohíbe el mínimo movimiento para el sustento y se dictan días y noches de prisión, la “democracia atenuada” es un concepto que solo puede salir de un cerebro podrido cultivado en el analfabetismo y en el nazismo, tal vez enfermo de Alzheimer; pero si está enfermo, que lo metan en un albergue de ancianos locos y dejen que se infecte de lo que quiera que lo podría matar para que no sufra.

“Democracia atenuada” no existe ni tiene sentido cuando un gobierno prohíbe incluso la respiración. España es ahora una dictadura genocida y penitenciaria.

Y que se meta sus eufemismos de analfabeto de mierda por el culo, como un buen supositorio.

De ahí la tontería que hacen algunos de chupar la mina del lápiz antes de escribir, algo intuían dichos cabestros, no sabían el qué; pero su pequeño cerebro de reptil lo aconsejaba.
Se va a hacer muy popular el lápiz de nuevo.
Además, como de las orejas llevan colgado un bozal, el lápiz allí situado también, les hará parecer carpinteros o albañiles aportando exotismo a la mediocridad fascista.
Ahora podrían incorporar el celebrado test en los billetes moneda para que cuando los cuenten (tengan pocos o solo uno) tener la seguridad de que están o no infectados de lacovid. Y lo mismo en los documentos de papel, periódicos y libros, porque es muy frecuente que se lleven el dedo a la lengua para pasar páginas.
Es como si algunos, aún estuvieran traumados con el chupete, o tal vez nunca tuvieron semejante artilugio.
Todo sea por el control exhaustivo de las reses humanas.

Cuanto más les dan más les gusta; se parecen a algunas mujeres maltratadas por sus maridos. Y a muchos españoles, que parece que sin dictador y con libertad, no acaban de sentirse cómodos de forma ya tradicional.
Es puro fetiche.
O sea, para esos que no acaban de entender por falta de inteligencia y/o hábito de lectura he querido decir: que el español necesita a Franco o al Caudillo que ahora gobierna y que le prohíban respirar y ser encarcelado para poder vivir con cierta comodidad su cobardía y pereza innata. ¿Mejor así?
¿Quién cojones se acuerda de Mao el dictador, padre y sacerdote del fascismo comunista oriental? ¿Son homos o normales los de la foto?, con bozal no se distingue. Se les ve, aparte de un tanto cabestros, como muy, muy… (aquí una carita meándome de risa, pero una de esas lluvias doradas que hacía tiempo que no hacía).
Es alucinante… Bueno, mejor que suden con su parafilia dictatorial que se pinchen anabolizantes. Al menos pierden dignamente y le dan una oportunidad a gente decente capaz de apreciar el respirar como un ser humano y la libertad.

El fascismo, al ser un producto de la endogamia, tiene la carencia de la inteligencia.
La inteligencia para crear una vacuna que sirva para vacunar y la inteligencia necesaria para pensar que si la vacuna no vacuna, no es vacuna.