Archivos de la categoría ‘Humor’

Mi hijo y yo conocemos a uno de esos mediocres que no se quitan el bozal en todo el día, que están siempre recelosos de quien se les acerca, se encierra en su casa si teme haber tenido contacto con algún infectado por coronavirus… Y lo que es más divertido: ¡Está vacunado!
Y va el cabestro y da positivo por coronavirus. ¡Jajajajajajaja!
Mi hijo y yo no podemos parar de reír, es mucho más gracioso que escuchar o leer noticias de mierda.
Incluso, yo que soy abstemio, me voy a dar a la bebida para celebrarlo y continuar la juerga.
La justicia divina es muy cachonda.
Menos mal que además de cárcel, extorsión y ruina, a veces el coronavirus y sus fascistas nos traen algún buen chiste.
Se lo merece por mediocre aplaudidor y ciudadano ejemplar de mierda.
¡Me partoooooo…!
¡Muuuuu!
Cabestros…

Pareciera que el cielo ha exprimido unas naranjas al final de su jornada.
Bueno, todos tenemos nuestros caprichos y vicios.
A los que tengan virtudes, que les den por culo por beatos.
Putos santos…

Encontrar cosas buenas es una tarea ingrata e infructuosa. No soy negacionista (palabra muy de moda en la era del bozal y el pánico al resfriado del coronavirus), simplemente pragmático.
Digo que las cosas buenas aparecen por casualidad; muy distinto a la causalidad que solo trae cosas malas.
Si te empeñas en buscar cosas buenas, por mucha espiritualidad que le eches, te sentirás timado y luego mierda.
Que tú mismo te times, es lo peor que puede acontecer.
Los amores aparecen de improviso, cuando menos piensas en ello. Aunque yo preferiría una buena pluma o reloj de lujo.
No es solo por materialismo, es que inevitablemente el amor da dolor de cabeza y te pasas el día masturbándote para combatirlo. Si no te haces pajas no es amor, es amistad, es tu médico o, simplemente estás viendo una de esas películas españolas que necesita subtítulos, porque no saben pronunciar y no te enteras de lo que los actores rajan sin cesar. ¿Dónde fueron a parar las clases de dicción?
A pesar de ello, no puedo evitar caer en los dulces y mortificantes brazos (de mujer, no jodamos que hoy dan por hecho que todos los machos son maricas) del amor cuando toca por una absurda casualidad.
En el fondo soy un romántico. ¡Qué asco!

Iconoclasta

¿A qué precio se encuentra actualmente una cría humana, de pongamos, unos seis meses; vacunada con sus cinco dosis contra el coronavirus, el sarampión, la varicela, el tétanos, la polio y la tuberculosis. Sea de la raza que sea (aunque preferiblemente europea) y que tenga completas sus extremidades y operativo el cerebro? Y por supuesto, garantizada hasta el año o hasta que haya demostrado su capacidad para caminar por sí sola.
Sea cual sea, las crías humanas han triplicado su precio.
Deberían ir más baratas ya que gracias a la maniobra del coronavirus mundial, han muerto muchos progenitores y hay superávit de crías humanas.
Pero no es así, el tráfico de humanos (sobre todo crías) es como el mercado del oro, está siempre en alza. Comprar un humano da prestigio y exclusividad dado su precio si está sano y no se dedica al tráfico de órganos.
Lo que es seguro, es que a los compradores no les importará apenas nada, por su riqueza y natural corrupción, se pueden permitir todo tipo de gastos por muy costosos que sean.
Tras la compra los exhibirán en insta, tiktok, tuiter y feisbuc, cosa que provocará muchos “me gusta” y muy pronto el dispendio de la compra de la cría humana, quedará amortizada y los amos admirados por su poder, dinero y ternura que proporcionan al cachorrito.

Iconoclasta

¿Qué ocurre cuando sabes de memoria dónde está cada mancha de la pared? Hay conocimientos que humillan.
La vida es demasiado larga y corres el riesgo de convertirte en coral.
¿Sería valioso entonces? No lo creo, no creo en nada bueno que pueda ocurrir.
¿Por qué no se callan? Que dejen de hablar y reír sus banalidades.
Tengo un límite.
Y no suelo ejercitar la paciencia.
Hay días que agradecería morir y esos días no muero. Cuando agradezca vivir, moriré.
Con los demás no ocurre, solo me pasa a mí; y sinceramente, agradezco la exclusividad aunque me dé mierda.
Es que hay tanta vulgaridad… Se agradece también la muerte de los otros.
Me gusta mi nula capacidad para respetar y soportar al prójimo. Me hace algo menos humano, más digno a juzgar por lo que sé de la chusma.
Es más fácil no ver que no escuchar. Aunque tampoco hay mucha diferencia, porque si tienes los ojos cerrados al final los abres para conocer a los idiotas que hablan, para identificar con precisión a quién debes despreciar y así comenzar tu nueva lista del día de aciagos deseos.
También pienso que los filos están infra utilizados, deberían dedicarse a tareas más higiénicas.

Iconoclasta

¡Eh! No todas son esclavas, idiota.
Algunas son putas y a mucha honra. Y eligieron graciosamente, en lugar de ganar una mierda durante un día entero, ganar una mierda en tan solo una hora.
A ver si alguien se va a pensar que todas las putas viven mal y son esclavas de un chulo.
Además, a la vez que la abogacía, es el trabajo más descansado y con el que más dinero se gana empleando el mínimo tiempo. A los borrachos les hacen el trabajo en apenas medio minuto, imagina la pasta.
Llamarlas esclavas es desacreditar a las putas. Tanto hablar de tolerancia y la prensa trata a las putas como si fueran carne de matadero.

Solo era necesario un día de agosto nublado con un viento refrescante para exfoliarme la piel de las pringosas y viscosas excrecencias del calor y su mediocridad, dejándomela tan áspera como era habitual en mí. Mi piel es como la del jabalí, no necesita más cuidados que unas garrapatas y pulgas.
Paso de las babosadas de los idiotas (están muy lejos de tener las cacareadas propiedades de la baba de caracol) que te pringan y luego se queda la piel asquerosa, con costras que te has de arrancar con un cuchillo.
Se está tan bien, que malditas las ganas de regresar a casa. Incluso he hablado de banalidades con una vaca antipática para retrasar la vuelta.

–¿Qué te sorprende, Jade?
–Nada, solo me callo.
–No me lo creo, tú nunca harías algo así.
–Eso tampoco es cierto, si estás haciendo una mamada no puedes hablar.
–Está bien, suéltalo de una vez.
–Estoy caliente.
–Siempre, como yo. ¿Y qué más?
–Pues follemos y dejemos de hablar.
–Primero quiero saber qué callas, ya me has liado.
–Anoche me hice amiga de una bollera y después de hacernos unas tijeras en su casa, me entró hambre y le desgarré el cuello. Y me he dejado en la mesita de la cama el monedero con mis tarjetas y carnet de identidad…
– Pues sí que lo pasaste bien para olvidarte algo tan importante.
–Estuvo bien; pero como se colocó con unos cuantos ácidos en el pub, al tragarme parte de su sangre me he colocado.
–¡Vamos! Te acompaño a su casa y recuperas tus cosas antes de que la policía se entere. Y a la vuelta paramos a beber algo y tomar unas tapas.
–¿De verdad no te importa cuando mato a un humano?
–Solo me preocupa que algo salga mal para ti, Jade.
–Te quiero, Ico.
–Y yo más, Jade. Tanto, que serás tú la que cierre la tapa de mi ataúd.
–¡Oh, qué romántico, cabrón! Escritor tenías que ser.
–Bueno… También me gusta que te hayas olvidado las bragas. Tu culo es más suave al tacto.
–Ico… Dime que de verdad me quieres, estos tripis me están dando un poco de bajón.
–Claro que te quiero mucho, muñeca de culo respingón. Salgamos a tomar el aire.
–¡Estás loco! Te voy a comer.
–¡Bah! Tienes mejoras cosas que comer que mi carne añoja; pero vigila los condimentos.
–Ico…
–Dime y levántate ya, cotorra.
–¿Quieres ver como meo en la calle y me haces una foto de frente?
–No me hagas reír, lobita putita.

Es que conducir con mascarilla marea y se suma al mareo propio que produce el viajar en un medio de transporte; y si se suma al miedo, y si se suma a la mansedumbre, y si se suma a la ignorancia y si se te empañan las gafas, yalascagao.
Los docudramas de la prensa fascista son como los anuncios de tráfico, groseros y burdos; pero persistentes.
La larga enfermedad es el fascismo que ha robado todo asomo de libertad al pueblo. Una larga enfermedad, degenerativa que requiere una cirugía muy agresiva: extirpación y eliminación de los desechos fascistas.

Yo no sé si es farlopa o maría. O incluso las dos cosas, porque dinero y tiempo tienen para, entre encarcelamientos y acosos con excusas coronavirianas, pegarse unos buenos tiritos y fumarse unos buenos porros.
Y claro, se les escapa a veces chistes entre sonrisas de deficientes, que dicen cosas como “España”, “desarrollado” o “crecerá” entre otras anomalías cerebrales que se les ocurre.
Y como siempre hay buitres que trabajan en la prensa del fascismo esperando alguna mentira que publicar, pues eso, publican el chiste de los drogadictos ya citados como si fuera algo interesante o incluso verosímil.